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martes, 8 de febrero de 2011

Equipo grande, equipo pequeño

Por Halftown
El Atlético de Madrid dejó a su máximo goleador de la pasada temporada comiendo pipas en el banquillo del Camp Nou, y salió con los dos laterales izquierdos de la plantilla uno delante del otro con la remota esperanza de trastabillar a Dani Alves y Leo Messi. Derrotado desde el túnel de vestuarios, el equipo pasó de puntillas por Barcelona y marchó contento de haberse llevado menos goles de los 3,18 que lleva de promedio en liga el FCB.

En San Mamés, el Athetic recibía a un Sporting que jugó con diez desde el minuto 15. Si ya Bilbao es una plaza jodida con once, hay que ser el rey del catenaccio para resistir con diez durante hora y cuarto. El Sporting no lo es, y se acabó llevando tres.

Podríamos hablar ahora de un Athletic que acumula victorias en 2011, en el que Javi Martínez y Llorente llevan los galones, Toquero vuelve a ser más pesado que un dantzari en slow motion e incluso Muniaín parece que ha abandonado sus tics de canterano revulsivo para ser ya el mejor sub-21 español a falta de que Bojan y Canales comparezcan. Sin embargo, en FNF no estamos para hacer la crónica del partido, sino para contar lo que pasó después del tercer gol. Y es que en lugar de celebrarlo, Carlos Gurpegui se fue corriendo a la banda para hablar con Joaquín Caparrós.

Estajanovismo para el Camp Nou

Gurpegui probablemente nunca habría llegado a jugar en Primera si no hubiese sido por nacer en Pamplona y caer en el Athletic, ni habría sido internacional de no existir las selecciones autonómicas. Mediocentro de intendencia, es uno de esos jugadores que entusiasman a la afición local por compensar con estajanovismo su falta de talento con el balón en los pies. Quizá esa necesidad de sudar más que el resto fue la que le llevó a dar positivo en un control antidoping en 2002.

El caso es que poco después de la charlita con Caparrós –ese entrenador italiano nacido en Andalucía-, el escudero navarro se fue a realizar un saque de banda. Amagó una y otra vez hasta el árbitro le sacó una tarjeta amarilla por perder tiempo. Y ahí reside precisamente el el porqué de este post: Gurpegui forzó la tarjeta para cumplir sanción por acumulación de amarillas en el próximo partido del Athletic en Mallorca, y así poder estar listo, dentro de dos semanas, para visitar al Barcelona.

Mientras muchos equipos -la pobreza de espíritu del supuesto tercer equipo de España incluida- tiran el partido del Camp Nou y se centran en la otra liga, Gurpegui no sólo no se borra de un partido imposible, sino que hace todo lo que está en su mano para no perderse esa batalla. Una muestra de que en el fondo de su alma, digan lo que digan las estadísticas, los de Bilbao se creen capaces de competir con el mejor equipo del mundo.

A pesar de haber empatado este año en Copa, es probable que el Athletic se vuelva del Camp Nou con un saco de goles tan o más grande que el del equipo de Quique Sánchez Flores. Al menos nadie podrá decir que no lo intentaron.

sábado, 22 de mayo de 2010

De “jabato” a pieza disecada

Por Sopenilla
Que conste en acta que este artículo fue concebido antes de que Joel y Raúl García celebrasen el triunfo en la UEFA embutidos en sendas camisetas de Sergio Asenjo. Y es que la historia reciente del portero palentino daba pie para que FNF se ocupara de ella con independencia de que una parte de las miradas colchoneras en Hamburgo se posara en la habitación donde el palentino convalecía de su última operación de rodilla.

Una historia repleta de crueles paradojas. Como las que rodean al fútbol, un juego tan pasional que no deja espacio para la justicia poética. Sólo así se entiende que un resultado pueda ser tan ilógico como inmisericorde. Algo semejante sucede con los porteros, el gremio peor tratado –aficionados al margen– en un deporte colectivo en el que sus individualidades son las que más pesan. Para bien o para mal. Añádase a ese cóctel tan explosivo las burbujas de los especuladores de este negocio, y tendremos ante nosotros el cúmulo de factores que explican -extradeportivamente hablando- el auge y el declive de un meta como Sergio Asenjo.

El símil es de lo más acertado. Como buen cazador, el de San Juanillo sabía de antemano que adentrarse en la ribera del Manzanares lo iba a poner en el punto de mira. Lo que no podía sospechar, allá por agosto del pasado año, es que el cambio de coto no sólo le situara delante del gatillo sino que le obligara a mudar de naturaleza. En apenas unos meses, “Jabato” –como se le conoce en los Anexos– ha pasado de ser una presa codiciada a erigirse en una pieza lista para ser disecada.

De la puerta grande a la puerta de atrás

Carlos Suárez, quien tras su piel de gestor gusta de esconder la de padre resignado ante el hijo que alcanza la mayoría de edad, le recomendó repetir estancia en Zorrilla, al menos un año más, como meta titular del primer equipo. El consejo fue en balde, dado que la voluntad del canterano estaba ya mediatizada por la avaricia de sus representantes: Zoran Vekic y Fernando Redondo. La exhibición a última hora en el Ruiz de Lopera no dejó de ser, por tanto, una salida por la puerta grande.

La marcha de Leo Franco hacía que el frente estuviera despejado, por más que en el horizonte se avistasen unos ligeros nubarrones en la figura de todos aquellos que, desde el filial atlético, llevaban tiempo haciendo cola para ocupar la portería del Calderón. Nada que, aparentemente, pudiera suponer contratiempo alguno. Roberto Jiménez no había atesorado suficiente experiencia en Primera tras su paso por Huelva, mientras que Joel no era rival posible. Sólo la presencia David de Gea podía suponer un mínimo incordio que bien cabía solucionar mediante un año de fogueo en tierras sorianas.

La negativa del de Illescas a ser moneda de cambio en un trueque a tres bandas encendió la primera señal de peligro. Aun con todo, no había miedo. Ni siquiera haber estado a la sombra del madridista Felipe Ramos como internacional había sido inconveniente para triunfar en las secciones inferiores de la “Roja”.

Sin embargo, los malos resultados de principios de campaña hicieron que la timidez natural del palentino volviera a relucir. La misma que se ocultaba tras su flequillo filetudo de sus tiempos como juvenil blanquivioleta, cuando la resignación era la mejor terapia para hacer frente a las mofas de sus compañeros de residencia por su ligero sobrepeso.

A día de hoy, con una operación de menisco y otra de ligamento cruzado en año y medio, la posición de Sergio Asenjo en el mercado está más debilitada que nunca. Su proceso de venta al mejor postor nacional o extranjero, que se había acelerado a la par que la irrupción de David de Gea, se encuentra por tanto detenido a la espera de que los caprichos del fútbol concedan al palentino una nueva oportunidad.

martes, 13 de octubre de 2009

Fabricar De Geas por 200.000 'pelas'

Por Lola Dirceu
Todo los periódicos hablan de la irrupción De Gea. Todos llaman a Diego el Ruso -rubicundo ex portero del Atleti y entrenador de guardametas de las divisiones larva- para recabar detalles sobre el fecundo vivero rojiblanco en cuestiones de arqueros. Todos le ponen la alcachofa a Bastón (que ejercita a Asenjo y a los porteros del primer equipo y cuyo hijo Borja apunta alto, pero de delantero) para detallar la eclosión porteril a orillas del Cerro del Espino. Casi nadie se acuerda de un hombre honesto, cabal y trabajador, que tiene gran culpa de este big bang de guantes imberbes.

Gracias a su buen hacer, su paciencia y magisterio, un puñado de críos -desgarbados y ametrallados por el acné- han sido internacionales en sus categorías y hoy día se puedan ganar cojonudamente la vida en esto tan cainita llamado fúbtol.

Se llama Ángel Jesús Mejías Rodríguez. Nació en Tembleque, Toledo, hace ya bastante. Pasó por el Osiris, el Diter Zafra y por algún equipo del subsuelo antes de recalar en el Atlético Madrileño cuando amanecían los 80. Con premura, dio el salto al Atleti, cuyo arco estaba siendo guardado por despropósitos como Aguinaga, Ubaldo Matildo Fillol (experto en cristos en el uno contra uno), Belza o Pereira, aquel geyperman venido del Valencia que ganó la Recopa parando penalties.

Gracias al proverbial malditismo en la portería rojiblanca, el bueno de Meji, el Mejillón, se hizo con el número 1 de aquella camiseta Puma de algodón (antes Meyba). A su lado, Tomás Reñones, Balbino, Ruiz, Juanjo, Arteche, Clemente Villaverde, Landáburu, Quique Ramos, Marina, Votava, Muñeco Pedraza, Juan José Rubio (otro día dedicaremos un post al Pollo Rubio, que regenta un bar en Usera), un menda llamado Hugo Sánchez...

El Meji tuvo sus momentos de gloria y también cantadas de las que luego lloras en el vestuario. Jugó intermitentemente (13 temporadas, 109 partidos de Liga), pero ganó dos Copas del Rey y una Supercopa de España, trofeos que quizá jamás ganen ni Kun ni Forlán.

Tentáculos Mejías
Hasta Héctor del Mar, el hombre del gol, se rindió a sus paradones para bautizarle Ángel Jesús Tentáculos Mejías. “Además, Angel es una bellísima persona, que le pregunten a Luis Aragonés y a otros muchos entrenadores, como el malogrado García Traid. Cuando estaba en activo me recordaba mucho a Miguel Ángel, el gato del Real Madrid.Tenía unos reflejos increibles. Dominaba el cuerpo y las distancias, y en los tiros a bocajarro era muy bueno”, evoca. Si tiran de hemeroteca Marca, Meji estuvo a punto de firmar por el Barcelona en un tiempo en que Urruti y Artola habían dejado huérfano el arco culé.

Pero aquello jamás cuajó. Pasaron los años y Mejías permaneció como tercer portero durante los primeros años del gilismo hasta su retirada en el Rayo Majadahonda (1994). Posteriormente, se sacó el carnet de entrenador y ahora se gana la vida entrenando a los cancerberos del Atleti B, de los juveniles, de los de 3ª... Se ha hartado de afilar los músculos y las estiradas de Falcón (hoy en el Celta), Pichu Cuéllar (Sporting), Bernabé (en el Salamanca), Juanma, Galán, Basilio, el prometedor Joel, el mencionadísimo De Gea... Y todo por apenas 1.200 euros al mes.

Para más inri, en este Atleti de susos, gilmarines y cerezos-cenizos, Mejías se sitúa en incomodísima bisagra: Abel, rival en los palos en los 80, está de primer entrenador; Bastón, un tipo que jamás jugó en el primer equipo por mucho que los periódicos se empeñen en hablar del ex portero rojiblanco, (lo máximo, el Madrileño y sus mejores tardes en el Burgos), entrena a los arqueros del primer equipo, y Diego, alto y rubio como la cerveza, quizá más fotogénico, se lleva los laureles como hacedor de cancerberos... cuando lleva cuatro días en el Atleti en comparación con la trayectoria de Angel Mejías. Por favor, señores periodistas. Cuando tracen el recorrido histórico de la meta rojiblanca, cuando analicen qué se cuece en las escalas inferiores del Atleti llamen al de Tembleque y entérense de quién se lo curra, en silencio, por 200.000 míseras pesetas...

jueves, 8 de octubre de 2009

Nostalgia FC


Por Halftown

[El fútbol indoor está creciendo en España a base de morriña de los 90 y un poquito de realidad paralela a lo Regreso al futuro: Iván y Alfonso Pérez triunfando por fin en el Madrid, Juan Sánchez Pichichi en Valencia, Bonano levantando un título para el Barça… Y, a todo esto, Arsenio a los mandos del Superdépor. No me digan que no pinta bien la cosa.]

Primero fue Hollywood. Ante la sequía creativa de los guionistas, que les había empujado a crear cosas tan espantosas como aquel Kazaam protagonizado por el mismísimo Shaquille O’Neal, decidieron cambiar el envoltorio a los guiones antiguos, y empezar a vendernos remakes como churros: Psicosis, La Pantera Rosa o El Planeta de los Simios son algunos de los ejemplos. Se trataba de darle una mano de pintura a unas cuantas historias antiguas, y vendérselas a una nueva generación de espectadores. Luego la cosa se complicaría, y llegarían las precuelas, los spin off, los reboots

A alguien se le ocurrió que lo mismo se podría hacer con el fútbol, y en 2008 se creó la Liga de Fútbol Indoor compuesta por ex jugadores de Primera.

Obviamente, el paralelismo entre producciones cinematográficas y jugadores de fútbol hay que hacerlo con cuidado: si, por ejemplo, un adolescente de 2009 no pudo ver al Superdépor de los 90, de poco sirve que vaya a ver a los chicos de Arsenio hoy.


Sin embargo, el fútbol indoor es un sobrino del fútbol que está creciendo rápido en España. Y es que la fórmula se basa en el factor nostalgia de la generación X. Históricamente, una vez que un futbolista se retiraba, pasaba de ser una estrella sobre el césped a ser un ciudadano anónimo en la calle. Gracias a la liga de fútbol indoor, uno puede seguir estirando el chicle y disfrutar un poco más de sus ídolos de infancia. Cómo molaría hacer un remake de episodios clásicos como los tacos de Simeone en la pierna de Guerrero, el penalty de Djukic o un Tenerife-Madrid en la última jornada.

Carrerilla

A nivel internacional, el tema empieza a tomar carrerilla: casi coincidiendo con el Mundial de Alemania, en 2006 se montó la primera Copa del Mundo de fútbol indoor. El resultado fue como en el fútbol de toda la vida: ganó la Brasil de Aldair, Ricardo Rocha, Zetti o Cesar Sampaio. Los otros participantes fueron la Argentina de Caniggia y Maradona o la Holanda de Witschge y Aaron Winter. Una España con gente como Buyo, Donato, Milla o Busquets padre, aprovechó el factor campo para hacerse con el subcampeonato.



En el verano de 2008, adelantando por poco a los once del tiki-taka, la España de indoor, con Fran –al que se le ve el cartón- y Julen Guerrero –cuyas adolescentes fans deben ser ahora madres- a la cabeza, se llevó la Eurocopa contra Rusia, para cabreo mayúsculo del cretino de Valery Karpin.

La liga indoor, patrocinada por la yesera Placo, se prepara para su tercera temporada con varios retos por delante. El primero de todos, conseguir ampliar el número de equipos de nueve a por lo menos dieciséis. Es cierto que están los equipos grandes, pero faltan clásicos de la pasada década como el Tenerife al que Josep Lluís Núñez le impuso la insignia de oro y brillantes, el Zaragoza de la Recopa o, qué demonios, el Compos de Caneda.


El segundo desafío es conseguir atraer a más estrellas; el MVP de la temporada pasada fue Amavisca, Busquets fue el segundo portero menos goleado y el pichichi recayó en Juan Sánchez… con Ramis e Iván Pérez en el top ten de goleadores. ¿Dónde están los Romario, Caminero o Finidi? O, puestos a hacerlo verdaderamente friki, ¿por qué no fichar a Prosinecki, Karembeu o Roberto Ríos?


El tercer y último punto es expandir la base de patrocinadores: a día de hoy, pocos y semi desconocidos. El fútbol indoor puede ser un soporte fantástico para todas esas marcas cuyo público objetivo son los hombres entre 35 y 50 años, desde champús anticaída hasta remedios para la obesidad, pasando por vitaminas, viajes o coches familiares. El potencial de desarrollo es enorme.

Como nos cuenta el mismísimo Julen en su diario, el 15 de enero de 2010 vuelve a rodar el balón bajo techo, y, tal y como en el fútbol real, todos intentarán quitarle el trono al Barça. Aunque este FCB, con Bonano, Sergi o Cuéllar de titulares, parece cualquier cosa menos imbatible.

lunes, 15 de junio de 2009

En fútbol, condón contra el Sida en África

Por Sole Leyva
En Yoff, una barriada en las afueras de ese puzzle de barriadas que es Dakar, la capital de Senegal, en cuyos mercadillos las falsificaciones de las zamarras del Madrid y Barcelona valen cinco euros al cambio -con un poco de barro impregnado, eso sí-, vive el padre Joaquín, un salesiano de un pequeño pueblo de Zamora, que hace dos décadas cogió los zarríos y se marchó a África de misionero. Lo que en principio se planteaba como misión religiosa pronto adquirió visos más humanitarios.

Desde que se asentó en Dakar, el padre Joaquín, achaparrado y directo, trata de educar a las jóvenes generaciones en la lucha contra el Sida, la ablación y la malaria. Su mejor arma contra el VIH, tras los condones, es sorprendente: el fútbol.

En este país que vio nacer a Diouf y Keita, donde el 40% de la población es analfabeta, aprender a leer, tener nociones de cálculo, conocer la importancia de la higiene y cómo prevenir, es como tener un fondo de pensiones en un banco suizo. Atraer a las clases a los jóvenes, sin embargo, es chungo. Los chavales prefieren apurar sus primeros años de adolescencia en las calles, buscándose la vida, o aprendiendo un oficio con apenas ocho años.

Pero el fútbol, como en muchos países de África, es una atracción irrefrenable para la chavalería, que sigue con pasión a 'Los Leones', aquella sorprendente selección que batió a su conquistadora Francia en el partido inaugural del Mundial de 2002 -la celebración de aquella victoria acabó con numerosos muertos en Dakar-. "El fútbol es una manera de atraerles, de que vengan a clase", explica este salesiano, única mota blanca en la negritud de este barrio de Dakar, muy cercano a la playa donde frecuentemente varan ballenas, entre mugre y plásticos esparcidos por la arena.

El padre Joaquín les atrae con el fútbol, les organiza entrenamientos y competiciones, y aprovecha que se los mete en la saca para introducirles en el catolicismo y enseñarles a leer, cubriendo con una ligera patina de conocimiento esa ignorancia que les convierte en uno de los países africanos con una de las tasas más altas de infectados por Sida y un número altísimo de casos de ablación. La educación es el mejor antídito contra esa tradición ancestral de sajar los genitales femeninos a las chicas con 12, 13 o 14 años.

Las decenas de niños que van a la escuela, flanqueada por un enorme campo de fútbol de arena con montículos y hoyos como si fuera una playa, tienen los ojos grandes y nunca te piden dinero, ni siquiera caramelos. Te extienden la mano como signo de amistad. Como mucho te piden que les saques una foto para poder verse luego, entre risas. Conocen la Liga española, a sus jugadores, al detalle.

"Yo quiero jugar en el Real Madrid, pero ahora soy del Atlético, no tiene mal equipo, Simao, Kun Agüero", decía en francés el verano pasado Omar, de 16 años (en la foto), al que la Fundación del Atlético de Madrid le había regalado la camiseta de Colsa (vaya tela, sí, pero al menos era la oficial) durante una expedición al país de jóvenes adolescentes de la Comunidad de Madrid. Los chavales madrileños se descalzaron las botas de montañero y jugaron un partido mezclados con los locales, unidos también por el otro profiláctico contra el Sida.