Por RocheteauAntes, las hostias en el fútbol se daban con los tacos. Después, cosas de los tiempos mediáticos, se daban cuchilladas radiofónicas. Luego pasamos a las portadas asesinas. Y ahora los duelos se libran a jeringazos. Sobre todo si se trata de dopaje.
Ahí tienen a EL MUNDO defendiendo a Contador y Marta Domínguez a golpe de entrevista jotera (quizás mejor pedrojotera), frente a las exclusivas de EL PAÍS. Y ahora, a la SER, hablando de apuñalamientos a Mourinho, y a la COPE, católica, apostólica y romana, lanzando sospechas sobre dopaje a la hora bruja.
Poco importa esta peleílla de saloon del Far West periodístico. El dopaje en el fútbol ha existido. Y por aquello de echarle un poco más de imaginación, en FNF no vamos a hablar de Sabino Padilla, ex médico de Induráin y el Athletic de Bilbao, al que por cierto quiso fichar Núñez para el Barça, ni sobre la Juventus donde Del Piero pasó de tirillas a ganador del Royal Rumble del catch, ni siquiera sobre Stam y Couto, una pareja de tipos que, la verdad, uno imaginaba dopándose con whiskies dobles y carne cruda, no con la vulgaridad de una jeringa en mano, aunque los trincaran en la Lazio por nandrolona.Nos vamos a Eindhoven, la última ciudad a la que se mudaría un brasileño con ganas de marcha. Sin embargo, allí aterrizó Ronaldo Nazario da Lima, en 1994. 1,83 cm. 75 kilos. Lo que se dice un delantero delgaducho. De allí saldrá dos años después musculado, fortachón y como un toro, que diría Jesulín.
Como explica en este artículo de rue89 Jean Pierre de Mondenard libro (autor del libro “Dopage dans le football. La loi du silence”, Dopaje en el fútbol. La ley del silencio), un médico brasileño aseguró en 1999 a Le Monde que se le sometió a un “programa alimenticio a base de creatina”.
En Italia encontramos testimonios que van más allá, como el del doctor Bernardino Santi (entrevistado por Enzo Palladini en el libro “Paura del buio", Miedo al silencio) Ronaldo estaba verdaderamente delgado y le administraron complementos, entre ellos sustancias anabolizantes para ayudar a su desarrollo físico”.Santi no era un matasanos ávido de celebridad, sino el responsable antidopaje de la Federación Brasileña de Fútbol (CBF). “Era”, sí, hasta que realizó estas declaraciones. Después lo echaron.
En resumen, según estos especialistas, a Ronaldo le dieron barra libre de esteroides anabolizantes, menos perjudiciales que la caipirinha a la mañana siguiente de su ingestión, pero letales una década más tarde. Ronaldo habría aumentado su musculatura mágicamente, como un vendedor de la teletienda anunciando chismes para los abdominales. Pero las rodillas que sostenían la nueva carlinga seguían siendo igual de enclenques.
Chutes de creatina
Los anabolizantes habrían terminado por generar problemas musculares a Ronaldo, lo que explicaría sus tres roturas del tendón rotuliano (dos veces el derecho, una el izquierdo), una lesión que, según Mondenard, apenas se da en la vida real y que en los últimos años sólo le ha ocurrido a otro futbolista, Jorge Andrade, ex del Deportivo.
Puede que sea una teoría de la conspiración, y resulta que los anabolizantes se encontrasen en mina conchita, o quizás haya algo de verdad. El caso, se explica en el libro de Mondenard, es que los dolores de Ronaldo aumentaban, y sólo conseguía mitigarlos para los partidos dándole al Voltarén, un antiinflamatorio.
Los médicos de la selección brasileña, conscientes de la importancia del Ronaldo en el Mundial de 1998, habrían subido un escaloncito infiltrándole con cortisona para que cesara la pesadilla de sus dolores. ¿Explican esos chutes (la figura retórica va con cariño, aviso para ronaldistas) la crisis epiléptica de Ronaldo horas antes de la final frente a la Francia de Zidane? No se sabe, pero sí que la cortisona puede provocar ese tipo de accidentes
¿Hemos mirado para otro lado durante mucho tiempo? ¿Y si el Real Madrid llevara razón pidiendo controles antidopaje más serios en el fútbol? Guerras mediáticas aparte, por supuesto.

