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jueves, 10 de marzo de 2011

Hoddle tiene problemas con el sherry

Por snedecor
Que con esto de la crisis el fútbol modesto (y no tan modesto) se ha convertido en una barraca de feria ya no lo duda nadie. En esta obscena tómbola en la que los equipos exponen impúdicamente sus miserias ofreciéndose desesperadamente al mejor postor para regatear la desaparición, lo mismo te puede tocar un jeque sin fondos que un guiri de renombre con trazas de iluminado. Y como del Racing ya se habló por aquí, toca explicar un poco la delicada situación en la que se encuentra el Jerez Industrial.

Reconozco que, ya sea por un despiste imperdonable o por la mucha distancia que me separa de Andalucía, no me había enterado de que la temporada pasada, con el histórico club jerezano atravesando serias dificultades económicas, había aterrizado en la entidad un personaje tan conocido como polémico: Glenn Hoddle. No es cuestión de recordar ahora su innegable calidad en el césped ni su errática carrera como entrenador, cuyo punto culminante fue su cese como seleccionador inglés en 1999 por decir, más o menos, que las personas discapacitadas algo habrían hecho en otra vida para tener ese castigo en esta. Simplemente diremos que, tras su enésimo fracaso en los banquillos, en 2008 decidió poner en marcha una romántica y descabellada idea: una academia de fútbol para jóvenes futbolistas fracasados.

A ver. Una cosa es hacer unas jornadas como las que organizó este año la AFE con profesionales en paro, sin más interés que el de reunirlos unos días e intentar buscarles un equipo, y otra bien distinta es reclutar a una tropa de chavales desheredados del fútbol británico y pretender convertirlos en futbolistas de élite con los que hacer un negociete. Pues justo eso es el chiringuito que montó el bueno de Hoddle. Gracias a su fama consiguió la financiación necesaria y se puso a buscar futbolistas con un talento tan tan oculto que ningún club inglés había querido saber nada de ellos después de juveniles. La Glenn Hoddle Academy recogió una hornada de post adolescentes británicos que jamás hubieran pisado España salvo para emborracharse en Salou, Mallorca o Benidorm, les puso un sueldo de 400 libras mensuales y los mandó a vivir con todos los gasto pagados al lujoso enclave jerezano de Montecastillo, donde se entrenaban bajo las órdenes de reputados técnicos de las islas como Graham Rix (ex-Portsmouth). Con semejante caramelo no extraña que su web llegara a recibir hasta 2.000 solicitudes de jóvenes peloteros frustrados. Yo porque me he enterado esta semana, que si no…

Estiércol patrocinado por Ruiz Mateos

Orgulloso de su engendro, Hoddle se pasaba frecuentemente por el resort para jugar al golf y observar complacido los avances de su huerto de paquetes, mientras rechazaba (según él) numerosas y suculentas ofertas para volver a los banquillos. Pero de los 25 futbolistas de su primera cosecha (2008-2009, recordemos) apenas un puñado siguen en activo dos años después, todos en categorías menores. Se ve que el pobre Glenn no debió de dar con la semilla adecuada. O quizás fuera, simplemente, que su idea era puro estiércol. Ya me entendéis.

Paralelamente, el segundo equipo más importante de Jerez de la Frontera acumulaba deudas e impagos (el primero también, pero hoy no toca hablar del Xerez) que ponían en serio riesgo su viabilidad. Y la Glenn Hoddle Academy, cuya segunda promoción tampoco progresaba todo lo previsto jugando sólo amistosos, se presentó como una glamourosa solución para un equipo que, a mitad de la temporada pasada, empezaba ya a despedirse de la Segunda B.

En enero de 2010, Hoddle puso varios miles de euros para los pagos más inmediatos y su academia cedió a ocho de sus proyectos de cracks, pero el descenso a Tercera fue inevitable. Este pasado verano adelantó 160.000 € más para los gastos de la temporada, y la totalidad de la plantilla estaba cedida por la Glenn Hoddle Academy. Era como un Arsenal a la inversa, un club en la cuna del flamenco con 20 jugadores ingleses y dos extranjeros (españoles, claro). El “Sherry” Industrial, que para más inri está patrocinado por Dhul (una de las empresas de Ruiz Mateos en suspensión de pagos), hasta lucía la cruz de San Jorge en su segunda equipación. Y hablo en pasado porque, tras un buen comienzo de temporada, el cambio de año significó un punto de inflexión para todos.

Al parecer, a Hoddle se le acabó la paciencia y, sobre todo, el dinero. Varios jugadores no regresaron de Inglaterra tras las Navidades, y la academia no tenía liquidez para pagar la abultada factura del resort Montecastillo (se estima que anualmente cada jugador le salía a la academia por más de 50.000 €). Como el ayuntamiento jerezano se había comprometido a reintegrarle el dinero vía subvención o patrocinios, Hoddle le reclamó a la alcaldía sus 160.000 €, pero entre pitos y flautas el ayuntamiento no le ha pagado todavía un euro y sólo le ha ofrecido al visionario manager inglés un alojamiento más barato para sus chavales. Parece que el pobre Glenn no conocía las singularidades de la política municipal española: mucha promesa pero poco billete.

El domingo, tras la novena derrota consecutiva del mermado equipo, Hoddle lanzó un ultimátum al consistorio: o recuperaba su inversión antes de 48 horas o adiós muy buenas. Y como es un caballero inglés que cumple su palabra (y no cobró), se fue. Lo que quedaba de la Glenn Hoddle Academy ha abandonado definitivamente Jerez de la Frontera para volver a Inglaterra, dios sabe con qué futuro (hay planes para ubicar un nuevo centro de entrenamientos en Rustemburgo, Sudáfrica, pero mejor nos ahorramos los comentarios).

Mientras, en la ciudad gaditana, el presidente del Jerez Industrial le echa las culpas a sus opositores y busca soluciones desesperadas, como pedirle a RFEF que le deje inscribir a 22 jugadores nuevos porque los que tenía a préstamo se han largado a la Gran Bretaña. Solicitud desestimada, claro. Si el club no se presenta a dos partidos, descenderá automáticamente. Si no paga sus deudas, bajará otra categoría más. Sesenta años de historia están a punto de llegar a su fin. Pero venga, ahora en serio. ¿Alguien esperaba que esto acabara bien?