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lunes, 18 de abril de 2011

La lucidez del lateral izquierdo

Por Halftown
Joan Capdevila es un futbolista corriente que ha tenido la sabiduría (otros dirán la fortuna) de estar en el sitio justo en el momento adecuado. Con un palmarés del que no pueden presumir otros muchos, muchísimos jugadores más talentosos que él, Capdevila es el primer en reconocer su chorra en una entrevista que concedió al EL PAIS el pasado jueves.

Pero lo que llamaba la atención en la charla del lateral catalán con Cayetano Ros fue una frase que dejó caer a mitad de entrevista, y que el entrevistador no pudo (o no supo) aprovechar. Cuando le preguntaron por sus posibles sustitutos en el flanco izquierdo de la Roja, Capdevila enumeró una serie de futbolistas y cerró su lista diciendo que la suya, en realidad, no es una posición determinante.

Una reflexión acojonante, una verdad de las que pocas veces se oyen de boca de un profesional del fútbol, y algo que ninguno de los mejores laterales izquierdos del mundo dijeron antes.
Cualquiera que haya jugado al fútbol –ni siquiera hace falta haber jugado de lateral- sabe que el cometido principal de los laterales es impedir que los extremos del equipo rival generen peligro desde los costados, bien con diagonales, bien con centros al área.

La verdad es que no es tan complicado. Primero, porque destruir siempre fue más fácil que construir. Y segundo, porque hacerlo en la banda, con la seguridad que da el tener a tiro de piedra la línea de cal, es mucho más simple que hacerlo, por ejemplo, en la incertidumbre del círculo central.

No todos somos Roberto Carlos

Una posición a priori tan sencilla, y sin embargo si uno mira a los laterales de primera división hoy, la mayoría de ellos eran centrocampistas de banda en sus inicios: Salgado, Puyol, Ramos, el propio Capdevila… El posterior reciclaje al lateral que conlleva su falta de desborde hace que los jugadores que guardaban esa posición en categorías inferiores salten por los aires. Piensen por ejemplo en los dos laterales de la quinta de Xavi y Casillas campeones del Mundo sub-20 en el ’99: el derecho, Pablo Coira, después de haber estado en el filial del Espanyol cuando ya no tenía edad para esas cosas, se quedó sin club en enero después de hartarse de que el Honved de Budapest no le pagase la ficha. El izquierdo, David Bermudo, en la última década sólo ha conseguido ser titular en el Sabadell que entrena otro antiguo lateral izquierdo, Lluis Carreras.

Todo cambió en 1996, cuando el Madrid pagó 600 millones de pesetas por un brasileño que había aterrizado en el Inter un año antes: Roberto Carlos. El pequeño lateral, con unas piernas como troncos de árbol amazónico, se sirvió de ellas para revolucionar la posición en la que jugaba. El problema era cuando el Madrid perdía la pelota, el lado izquierdo de la defensa se convertía en un queso gruyère. La hemorragia la abortaban centrales rápidos como Alkorta o Pepe, pero la cosa se ponía más jodida cuando el agujero lo tenían que tapar tanquetas como Pavón o Walter Samuel.

El aficionado madridista siempre disculpó la falta de rigor defensivo de Roberto Carlos, al entender que lo compensaba con su papel en el ataque. La misma historia que le pasa ahora al Barça con Dani Alves.

El problema es que hemos hecho de la excepción el nuevo paradigma. Los Roberto Carlos, Maicon o Dani Alves son casos aparte, agujas en el pajar de los Pinillos, Corrales, Abate, Pernía y compañía.

Por eso que cuando me hablan de Roberto Carlos como el mejor lateral izquierdo jamás parido, me niego a estar de acuerdo. Un lateral tiene, ante todo, que defender. Una vez que eso está bajo control –si eso puede decirse en algún momento de los 90-, por qué no va a poder incorporarse al ataque de cuando en cuando. Pero un lateral tiene que tapar y evitar los delirios de grandeza. Hagan el favor de poner a los niños algún video de Paolo Maldini, el legendario lateral izquierdo que ni siquiera era zurdo. Seguro que él también piensa que, en el fondo, la suya no era una posición determinante.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El hombre que prefirió Pistone a Roberto Carlos

Por Rocheteau
Cuando, en 1996, Moratti ‘regaló’ a Roberto Carlos al Real Madrid, dos familias de interistas acérrimos, adinerados y neroblu hasta en la cuenta corriente, se manifestaron frente a la casa del presidente. Tengo la suerte de conocer a uno de ellos. Le tengo por alguien tranquilo. Obsesivamente interista pero delicioso en el trato. Pocas veces le he visto perder la calma. Sólo cuando un día le pregunté por un tal Roy Hodgson.

Si Uday Hussein fuese Platini, un tipo como Hodgson se habría pudrido en Abu Ghraib. No por su pelo cardado, en plan cantante de gala de fin de año de TVE en 1980, ni por sus chaquetas “has been”, sino por haber convencido a Moratti de que en plantilla tenía a un tipo mucho mejor que la bala brasileña.

Ayer, un diario deportivo madrileño intentaba hacer este mismo artículo, pero ya hasta la wikipedia es un esfuerzo excesivo cuando la pereza aprieta. Es lo que tiene el periodismo de asador (se entiende que de redactor/a jefe/a para arriba estén todos como toneles, cada entrevista es una excusa para comer de gañote): la modorra se alarga toda la tarde.

Decía el rotativo (acepción que incluye rotar sobre sí mismo) que Hodgson vendió a Roberto Carlos porque ya tenía a Gresko. En realidad, el 3 brasileiro salió del Inter en 1996 y el rubio eslovaco no llegó a Milán hasta el 2000. Lo que dijo Hodgson fue “Pistone es mejor que Roberto Carlos”. Alessandro Pistone dejó el fútbol en 2008 tras decidir el equipazo del Mons belga que no le renovaba el contrato.

Fútbol mediocre

Hodgson es el entrenador del Fulham, que esta noche le disputa al Atlético la Europa League. La misma que él perdió en 1997 (ver artículo precedente de FNF), con el Inter frente al Schalke, cuando se convirtió en el único tipo en el mundo capaz de hacer perder los nervios a Javier Zanetti.

Supongo que nadie le preguntará por su preclara decisión a propósito de Roberto Carlos en la rueda de prensa. Lástima, podría vivirse un momento tan divertido como el de la televisión italiana que hemos seleccionado en portada.

Hodgson dirige a un club mediocre con un fútbol más que mediocre, pero ha sido nombrado entrenador del año en Inglaterra, después de que Ferguson sugiriese a sus colegas que tenía que ser ÉL el nombrado. Un tipo con 20 años de experiencia en más de seis países (de la potencia futbolística de Suiza, Noruega, Emiratos Árabes, Finlandia o Suecia) y apenas ha superado el 50% de victorias en tres o cuatro. Sobre todo en el inter, lo que le valió para ser séptimo el primer año, tercero el segundo y octavo en su segunda etapa en Italia.

Lo más raro es que Hodgson sigue relacionado con el Inter. A pesar de ser el técnico peor recordado por los tiffosi y persona non grata en Milán (al menos en la Milano interista), el entrenador sigue siendo adjunto de relaciones internacionales. Hasta que lo llamó el Fulham (y no ha perdido su puesto en el club italiano, sólo ha sido congelado), se encargaba de las relaciones del Internazionale con la UEFA y el G-14.

En 2002, entrevistado por The Independent, a Hodgson se le escapó un ejemplo. Hablando sobre la calidad de las estrellas, dijo: “Quita a Zidane o a Roberto Carlos del Real Madrid y súplelos por McManaman y Salgado, y no es lo mismo”. Y se quedó tan ancho. El periodista no dijo nada. Si se lo llega a encontrar mi amigo…