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martes, 17 de noviembre de 2009

Jesús Navas y la maldición del Cono Sur.

Por Lola Dirceu
Aparecen como cometas. Deslumbran con toda suerte de gambeteos, rabonas y pinceladas pintureras. Parten cinturas a su paso y se ponen sombreros de ala ancha tirados desde la grada tras meter gol. Les idolatran como santos aparecidos. Se forran. Se lo gastan. Al tiempo que caen los años, pasan de entrenar y riegan sus noches con oloroso, amontillado y tangas que asoman por rabadillas de discoteca. En plena madurez de su carrera, se ponen pochos. La desidia y la abulia se apodera de ellos y los halagos se tornan insultos, abucheos y pitadas cada vez que tocan el balón. La palabra compromiso es una lección que se perdieron: estaban de pellas escuchando flamenquito en el Ferrari.

Desconozco las coordenadas exactas, pero existe un Triángulo de las Bermudas futbolero en el cono sur de Andalucía. Trazando toponimia tan esotérica, abarcaría desde Dos Hermanas a Jerez de la Frontera, pasando por el Puerto de Santa María, la califal y taurina Córdoba y el Barrio de Santa Cruz (sortilegio que se extiende hasta la currista localidad de Camas). De tal suerte, que todo aquel muchacho que nace allí con natural donaire para el balompié, gasta rápido su talento y casi nunca abraza eso tan esforzado de la regularidad y la constancia, la ansiada "larga trayectoria en la elite".

A Jesús Navas le ha costado muchas subidas por la banda -así como regatear sus problemas de ansiedad­- llegar a la selección española. Es sin duda, uno de los mejores estiletes del fútbol europeo. Es tímido, gasta mirada azul piscina, tiene un motor inagotable y calidad de sobra para dar y meter chicharros como extremo derecho. No es exhibicionista y no busca la complicidad impúdica con la grada. Tan amueblada la cabeza como las botas.

La pregunta es: ¿durante cuántos años desplegará toda la esencia que lleva en su menudo cuerpo? ¿Cuándo se apoderará de su talento la vaguería del que todo lo tiene, el ahí me las dén todas de los que han saciado cuenta en el banco y artes amatorias? El de los Palacios cumplirá el próximo sábado 24 años. A esa edad, algunos paisanos también acapararon titulares y portadas..., pero su carrera ha acabado como la fiesta de Halloween interrumpida por Lopera.

Como Pinedita, al que Maradona ungió como sucesor en la temporada 92-93 (¿presa de algún efluvio?). El bueno de Pineda nació en Córdoba, a una parada del AVE de Sevilla. Tras el Extremadura y el Carolinense, colgó las botas sin homenajes. Ahora intenta regresar por la vía del carnet de entrenador, porque lo más reseñable de su carrera sólo trae a colación la mencionada anécdota junto a barrilete cósmico. Algo parecido le pasó a Luis García Tevenet, otro aparición estelar tan efímera como el cometa Halley. Al menos su carrera tuvo mayor chance, con el Atleti de segunda, Las Palmas y el Orihuela como destinos más memorables. Carlitos fue un extremo más ratonil, con el mérito de haber ganado una Copa del Rey con el Mallorca de Eto'o y Manzano.

Albertini llegó a decir de José Mari Romero Poyón (sic), que era “el mejor delantero del mundo”. Tras dejar tirado al Atleti que se fue al infierno en 2000, en el Milan dejó claras todas sus indolencias. Ahora repta por el Nastic tras estafar al Villareal y a su ¡¡amado Betis!! El caso de Reyes es de todos conocido. El Arsenal pagó un dineral por el de Utrera. Se fue a Londres a que sus colegas le trajeran a España todos los megadeportivos que su nómina le procuró. Ganó una Liga, pero la bruma de Londres nada tiene que ver con la luz de Triana. Volvió, tuvo chispazos en el Madrid calderoniano (una Liga más) y se fue al Atleti, que vistó su compromiso, lo cedió al Benfica. Vuelta al Manzanares, que le paga cuatro millones de ficha. ¿Su futuro? Pues puede que el mismo que el de Joaquín: camino de acabar antes de tiempo convertido en una medianía, en un qué pasó con... Lo tiene oscuro Joaquín, que chupa banquillo a la espera de que se canse Pablo Hernández. La carrera del portuense tiene los mismos derroteros que la de Diego Tristán. Al de La Algaba su vida noctámbula le estropeó su fichaje por el Madrid. Livorno, West Ham... Rarezas exóticas para conocer ciudades y hacer caja. Ahora se divierte en el Cádiz, donde le perdonarán todo.

Otro Diego, Dieguito, iba para crack en Carranza junto a Mágico González. Hoy es bailaor, tan barrigudo como cuando jugaba. El almeriense Diego Capel debería llamarse Diego Tropel por su atropellada manera de acometer la portería rival, cabeza sepultada en el pecho marca de la casa. Que se corrija, que pinta cesión al Hércules. De momento, de la maldición al-andalusera se libra Sergio Ramos. 23 años, 54 entorchados internacionales y jugando en un sitio que no es el suyo. Pero ojo, que la música de viento ya suena en el Bernabeu cada vez que deja desguarnecido ese carril derecho que no es el suyo.