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miércoles, 23 de junio de 2010

Jong, el estalinista con ipod



Por Nunn
"El país establecido por la voluntad del pueblo / abrazando las olas con gran fuerza. / Déjanos glorificar a esta Corea por siempre / ilimitadamente fuerte y rica".

Cuando Jong Tae Se, un chico nacido y criado en Japón, escucha la letra del himno de la República Popular Democrática de Corea no puede parar de llorar. No lo ha hecho sólo durante el Mundial: cada vez que se pone la camiseta de Corea del Norte no logra contener un sollozo desconsolado. En cambio, ninguno de sus compañeros suelta ni una lágrima.
El Noticiero RCN, cercano al uribismo en Colombia, lo llamó "gallina" y "nena". Para otros, es la viva imagen del patriotismo que nadie siente en el Mundial. Pero, ¿por qué llora este tipo? Las lágrimas de Jong Tae Se han sido una de las sensaciones del campeonato. Y tienen una raíz profunda y complicada.

Jong Tae Se es japonés. Además, de tercera generación. Aunque algunos medios españoles se han empeñado en afirmar que nunca ha pisado Corea del Norte (empíricamente imposible, ya que, al menos, ha jugado los partidos de clasificación para el Mundial en Pyongyang), es cierto que es un extranjero. Pero extraño: nacido en Japón, estudió en una escuela y una universidad controladas por Corea del Norte en suelo japonés.

¿Estalinista con Hummer?

Se educó en el culto al líder Kim Jong Il con un iPod en el bolsillo. Mamó el estalinismo pudiendo comprarse un Hummer. Pero al margen de la evidente contradicción del delantero, es imposible rebatir su patriotismo hacia una nación con la que mantiene una relación casi mística.

Su madre, norconeana de corazón, vive en un país que no reconoce a su patria, con la que no mantiene relaciones diplomáticas. Ya que ella no podía somatizar tal contradicción, trató de hacer a su hijo un perfecto soldado estalinista, con una férrea educación norcoreana en la tierra del consumismo.

La colonia de norcoreanos a la que pertenece la familia del jugador se llama Chongryon, y se estableció en suelo nipón durante la ocupación japonesa de Corea, de 1910 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Cuando, al acabar la IIWW, Japón se marchó de la península y el país se dividió en dos, muchos Chongryon no regresaron, pero mantuvieron el contacto y apoyaron el gobierno comunista surgido del control soviético del Norte.


Estalinistas con tragaperras

Hoy, la colonia, a la que pertenece Jong controla buena parte del negocio del juego en Japón, al estilo de los nativos norteamericanos en los Estados Unidos. Así, cuando al delantero le llegó la hora de representar a un país, Japón, Corea del Sur y la República Popular quisieron contar con él. El chico lo tenía claro: su sueño siempre fue honrar a su madre y llevar orgulloso la bandera estrellada del que considera su país.


Unas gestiones diplomáticas le facilitaron un pasaporte norcoreano y la FIFA, ese organismo que tiene en su seno más federaciones que países reconoce la ONU, dijo que sí, que el chico podía jugar. En un Campeonato de Asia Oriental de 2007 debutó el joven: ocho goles en los dos primeros partidos. En su quinto encuentro internacional, golito a Japón; en el sexto, otro a Corea del Sur.

Sus lágrimas en el himno parecen encarnar las del desarraigo de su madre y las de muchos coreanos, del norte y del sur, que siguen combatiendo por una identidad en un país que sigue oficialmente en guerra. Eso sí: supongo que cuando le da la morriña, Jong Tae Se enciende el iPod y lo mismo se le pasa.

martes, 15 de junio de 2010

China hace la ola al Kim Jong Il team

Por Halftown (desde Pekín)
Hoy por fin debuta Corea del Norte. Los más viejos del lugar todavía recuerdan su participación en el Mundial del 66 en Inglaterra, cuando todavía se estilaba el trofeo Jules Rimet. Entonces, Eusebio solito se bastó para remontarles un 3-0 en cuartos de final y devolverles de una patada a Pyonyang. Lo que menos gente sabe es que, cuatro años más tarde, la República Democrática de Corea fue expulsada de la fase clasificatoria para el Mundial de México por negarse a jugar contra Israel.

Y es que, en Corea del Norte, fútbol y política van de la mano. No como en EE. UU., donde Obama ve los partidos de la selección desde la Casa Blanca. Ni como en España, donde ZP se encomienda a San Vicente del Bosque para que nadie se entere de las medidas anti-crisis. Ni siquiera como en Francia, donde Sarko intenta distanciarse todo lo posible del nuevo desastre futbolístico que se avecina, mientras se hace fotos con Chabal y compañía, recientes campeones del Seis Naciones.
En Corea, según la crónica oficial, su Gran Líder, el mismísimo Kim Jong Il fue el responsable de la táctica que les llevó a la Copa del Mundo. Y eso que a Corea del Norte nunca llegó el PC Fútbol.

China, al rescate

Encuadrados en pleno grupo de la muerte, el Rooney coreano, Jong Tae-Se –que gimotea como una niña al escuchar el himno nacional norcoreano-, reconoce que un empate en cualquiera de los tres partidos les sabría a gloria. Quizá para subirles la moral, el gobierno chino ha decidido apoyar oficialmente al equipo norcoreano en su aventura sudafricana, y para ello ha mandado por DHL a un grupo de 1.000 fans profesionales, que se dedicarán a apoyar a Corea del Norte durante sus partidos.

El touroperador que maneja los viajes al Mundial en exclusiva para China, China Sports Industry Group, compró 1.000 entradas para China, y otras 1.000 para la República Democrática de Corea. A día de hoy, eso sí, sólo han vendido la mitad de los billetes, lejos de los 20.000 que colocaron cuando China hizo un ridículo espantoso –ninguna victoria, ningún gol a favor, nueve en contra- en el Mundial de 2002.
Y es que una semana de viaje a Sudáfrica le sale a los chinos por el equivalente a 8.000 euros. Para que se hagan una idea, el sueldo mensual de los trabajadores que ensamblan iPads es de 293 dólares al mes, y eso después del reciente aumento de salario en la fábrica FoxConn para evitar nuevos suicidios entre el personal.

La no clasificación china para el Mundial se anunciaba un duro golpe para el chiringuito de Blatter. Sin embargo, un estudio de Nielsen afirma que siete de cada diez chinos siguen el Mundial de Sudáfrica a través de CCTV5, la cadena estatal que compró los derechos para China, y que medio mundo utiliza para ver los partidos de gratis por Internet.
Eso significa que habrá unos 850 millones de chinos pegados a la tele, a pesar de las seis horas de diferencia con Sudáfrica. Si a primera vista no debería ser un problema para las oficinas (los partidos de las cuatro de la tarde, en Pekín son después de cenar), la realidad es que dos de cada tres chinos tienen pensado quedarse despiertos a ver algunos partidos, que acaban a las 4:30 de la madrugada hora local. Así que cuesta imaginarse un aumento de la productividad en las empresas chinas durante el mes de junio.

Sin embargo, en un país donde no se puede acceder a YouTube, Facebook, Twitter o Fútbol no es fútbol, el pueblo chino ha encontrado en la Copa del Mundo una razón para la resistencia pacífica contra su gobierno: el 45% de los chinos han decidido apoyar no a Corea del Norte, sino a Brasil. Aunque luego no puedan contárselo a nadie.