Mostrando entradas con la etiqueta MLS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MLS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de enero de 2013

¿Y tú, de quién eres?

Por snedecor
Corría el año 1805 cuando, por mandato del presidente Thomas Jefferson, la expedición de Meriwether Lewis y William Clark cruzó las Rocosas, llegó a la costa noroeste del Pacífico y reclamó para los recién creados Estados Unidos de América unos territorios por los que pronto pugnaron también España (su primer descubridor) y Reino Unido (su primer explotador). No es cuestión de profundizar en una disputa decimonónica de la que, para no romper con las costumbres de la época, salimos perdiendo; digamos simplemente que con el correr del siglo una parte acabó siendo para Estados Unidos y otra para los hijos de la Gran Bretaña, que luego dejarían bajo administración de Canadá. En lo que a España respecta, una vez perdida la soleada California, pues para qué volver por allí.

El caso es que entre los pioneros que acabaron habitando esa zona se desarrolló cierto sentimiento identitario que se plasmó a finales del siglo XIX y principios del XX en varios movimientos políticos e incluso revolucionarios (en 1940 algunos grupos armados llegaron a cobrar peajes en las autopistas interestatales) que pretendían la independencia para un territorio que dieron en llamar Cascadia por los numerosos saltos de agua que salpican los verdes bosques que se extienden desde las estribaciones de las Rocosas hasta la costa del Pacífico, en los actuales estados de Oregón, Washington y la Columbia Británica canadiense. Un nacionalismo light que ha acabado derivando en poco más que una cuestión de orgullosa diferenciación sociocultural con respecto al resto de Estados Unidos y Canadá que de vez en cuando se hace notar, como cuando algún estado de la zona legaliza el consumo de marihuana. Aunque hay quien insiste en que el movimiento secesionista sigue latente, lo cierto es que nadie pide en voz alta la independencia real de Cascadia, aunque en Cascadia sí que alzan la voz cuando algo que llega de la lejana costa atlántica no les gusta.

Esta vez quienes han puesto el grito en el cielo han sido los aficionados al soccer, y no para celebrar un gol: más bien ha sido para evitar que se lo colaran. Quizás por aquello de la diferenciación con el resto de compatriotas, en la zona del conflicto sí hay una gran base de seguidores del balompié; seguidores que, dicho sea de paso, se sienten algo marginados por los rectores del soccer patrio. Pese a la numerosa afición existente la MLS tardó trece largos años en desembarcar en la costa noroeste (más que nada porque nadie en aquel remoto rincón parecía por la labor de poner la pasta necesaria) pero, cuando lo hizo, fue a por todas: Seattle Sounders comenzó a competir en 2009, y Portland Timbers y Vancouver Whitecaps hicieron lo propio en 2011. La apuesta de la MLS fue a caballo ganador y las tres hinchadas, enconadas rivales desde los tiempos de la NASL y encantadas de reencontrarse en la máxima categoría tras demasiados años vagando por ligas menores, le dieron aún más pasión y colorido a unas gradas más acostumbradas a ser un tranquilo merendero familiar que un ruidoso nido de fanáticos futboleros.

El nacimiento de la Cascadia Cup

Desde sus inicios la MLS ha tratado de promover rivalidades más o menos artificiales entre sus franquicias para atraer al público, y uno de los medios para conseguirlo son trofeos paralelos que se otorgan en función de los enfrentamientos ligueros de los equipos que interesa “enemistar”. Algunos de ellos los crea directamente la Liga y otros surgen espontáneamente entre los aficionados, como la Rocky Mountain Cup (entre Colorado Rapids y Real Salt Lake). Con su expansión hacia el noroeste la Liga se topó con un pique real y ya organizado: desde 2004, el equipo que más puntos sumara en el triple enfrentamiento entre Sounders, Timbers y Whitecaps en la división en la que compitieran conseguía la Cascadia Cup, un torneo ideado por miembros de las tres aficiones (que incluso habían costeado el trofeo físico que se entrega al ganador), así que la MLS se congratuló de encontrarse con el trabajo hecho.

Pero tras dos exitosos años bajo el paraguas de la MLS, alguien en la sede de la liga en Nueva York revisó sus papeles y descubrió que el nombre de “Cascadia Cup” no estaba registrado comercialmente ni en Estados Unidos ni en Canadá, e inició el proceso para poner las cosas en orden (y por “poner en orden” debe entenderse “registrarlo como propiedad de la MLS sin decírselo a nadie”). Nada nuevo, porque ya en mayo de 2012 se había apropiado sin demasiado ruido de la Rocky Mountain Cup para sacarle unas perras a Subaru por el patrocinio. Pero si bien en Colorado y Utah la gente no se había quejado demasiado, al otro lado de la cordillera se desató la tormenta: los aficionados de Cascadia se consideran (mejor dicho, son) los creadores del trofeo y han sido ninguneados y obviados por la MLS, así que se han unido en un acto sin precedentes para iniciar otro proceso de registro por su cuenta. El conflicto está servido porque, aunque la Oficina de Marcas y Patentes de los Estados Unidos sólo permite registrar la marca al creador del concepto, su uso por parte de la MLS durante estos años sin que los aficionados lo reclamaran confiere también ciertos derechos a la Liga y no está del todo claro quién llevaría las de ganar. Situación que, obviamente, se repite ante la Oficina de Propiedad Intelectual de Canadá.

Viendo cómo las reacciones van subiendo de tono e intensidad, la MLS se ha apresurado a decir que sólo actúa para proteger a los aficionados de hipotéticos piratas, y achaca el conflicto a una mala comunicación de sus intenciones. Aceptaríamos barco de no ser por el precedente de la Subaru Rocky Mountain Cup y porque se muestra decidida a presentar batalla para poder explotar comercialmente la Cascadia Cup sin interferencias: ya ha dejado caer que si los hinchas se hacen con la marca registrada no permitiría asociar a ella los demás elementos propiedad de la MLS (por ejemplo, imágenes o los nombres reales de los equipos). Los cascadianos, que niegan tener interés comercial alguno, critican que la MLS haya querido hacer negocio a sus espaldas con algo que les pertenece y apelan a su orgullo regional para resistir las afrentas de los advenedizos de la costa Este. De aquí a plantarse otra vez en las autopistas sólo hay un paso.

sábado, 2 de junio de 2012

Cinderella Team

Por snedecor
Aún no ha llegado a la final como el Quevilly, ni siquiera a semifinales como nuestro Mirandés, pero en un año en el que los modestos parecen haberse puesto de acuerdo para llevarse todos los focos en las copas de medio mundo, la industria americana ha decidido lanzar su propio remake y se ha sacado de la manga a su Cenicienta particular: el Cal FC. Cierto es que su nombre y su escudo (un diminuto balón es el único detalle añadido a la bandera oficial del estado de California) quedan un poco sosos si los comparamos con los de otros modestos que también se han plantado en los octavos de final de la copa estadounidense (como por ejemplo los San Antonio Scorpions o los Dayton Dutch Lions), pero ya se sabe que los remakes yanquis suelen cojear por algún sitio.

La historia del Cal FC es la de un equipo aficionado fundado en 2010 que milita en la US Adult Soccer Association (USASA), un conglomerado de torneos locales y estatales que forman parte del quinto y último escalón (o el primero, según se mire) del complejo sistema del soccer federado americano: poco más que una Sunday League inglesa, algo menos que una Tercera española. Pero pese a su humilde realidad, sin traje ni chándal oficial y jugando con camisetas viejas prestadas por los Chicago Fire hasta hace literalmente cuatro días, el Cal FC se ha metido en octavos de final de la US Open Cup, el torneo futbolístico más antiguo de Estados Unidos (la de 2012 es su edición número 99), tras derrotar a los Kitsap Pumas campeones de la PDL (cuarta división) por 1-3, a los Wilmington Hammerheads subcampeones de la USL Pro (tercera categoría) por 0-4 y a los Portland Timbers de la MLS (primera división de Estados Unidos) por 0-1.

En octavos el Cal FC viajará Seattle para enfrentarse a unos Sounders que han ganado las tres últimas ediciones del torneo y que teóricamente deberían poner punto final al cuento de hadas. Aunque en la copa nunca se sabe, y en América menos todavía: este año la mitad de los equipos de la MLS han caído eliminados en dieciseisavos, la primera ronda en la que participaban, y todos ante equipos de divisiones inferiores. Eso sí: el triunfo del Cal FC el pasado miércoles en Portland supuso la segunda victoria en 16 años de un equipo aficionado frente a uno de la MLS, y eso es lo que ya convierte en noticia las andanzas de este modesto club, que ha superado las tres rondas fuera de casa (matiz importante aunque en USA la incomodidad de jugar a domicilio no la genere el público rival sino los interminables desplazamientos) con la garra y épica que se le presuponen a este tipo de conjuntos, pero también con largos ratos de buen juego.

Algo que se entiende algo mejor en cuanto se araña un poco la superficie de la historia: pese a su condición de equipo amateur, los héroes del Cal FC no son colegas treintañeros de Thousand Oaks (condado de Ventura, cerca de Los Ángeles, al sur de California) que se juntan por las tardes para echar una pachanga. En su mayoría se trata de viejas jóvenes promesas de la zona (el más veterano tiene 26 años) que en su día no tuvieron la ocasión de llamar a puertas más importantes, o que lo hicieron y fracasaron en su intento de ganarse la vida con el fútbol. Algunos fueron descubiertos por el entrenador del Cal FC mientras buscaba talentos para otro singular club del sur de la frontera del que ya hablamos en FNF, los Murciélagos de Guamúchil, pero en la plantilla también hay antiguos internacionales juveniles y hasta algún extranjero que llegó a Estados Unidos para jugar en la MLS y que acabó siendo cortado por la franquicia que le fichó basándose sólo en los informes de algún ojeador iluminado.

Un entrenador por Facebook

Ahora todos ellos esperan que su trayectoria en esta US Open Cup les ayude a encontrar una nueva oportunidad en el soccer profesional: ése y no otro es el objetivo real del Cal FC toda vez que en EE.UU. no existen ascensos deportivos. Como dice su entrenador, “si en el mes de agosto aún están jugando para mí es que algo habré hecho mal”. Un entrenador que ni siquiera puede dedicarse por completo a ellos, puesto que sus obligaciones laborales le hacen perderse muchos fines de semana de competición. De hecho no pudo estar en el banquillo en la primera ronda copera, empezó a preparar la segunda desde Alemania dando indicaciones a través de Facebook y antes del partido contra los Timbers sólo pudo juntar a sus chicos para un único entrenamiento. Para qué más, visto el resultado.

Pero para él este equipo y esta copa también han sido una especie de revancha: hace tres años dos franquicias de la MLS rechazaron su ofrecimiento para entrenarlas porque no tenía experiencia ni siquiera como técnico ayudante. “No sabía que se necesitara haber sido ayudante de alguien para poder entrenar a un equipo”, respondió, fiel a su estilo franco y provocador. Ante ese doble portazo en las narices, y haciendo gala del típico espíritu emprendedor americano, el tipo tiró por la calle de en medio y fundó su propio equipo, el Cal FC, para demostrar al mundo sus cualidades. Con un par.

Valiente y sintomática decisión de un hombre con merecida fama de bocazas arrogante y que nunca ha mostrado excesiva consideración por los técnicos, ni siquiera ahora que ya es uno de ellos: “Les dije a los chicos que si cambiar la forma en la que juegan es ser entrenador, no quería ese trabajo; fueron ellos mismos y ELLOS ganaron”, tuiteó (mayúsculas incluidas) para restarse importancia tras la histórica victoria en Portland. Su fijación viene de lejos: en los círculos futboleros de la bahía de San Francisco aún se recuerda aquella avioneta que sobrevolaba durante los partidos el estadio de San Jose con una pancarta a lo Ruiz Mateos que decía “Fire Calloway” (echad a Calloway). Por aquel entonces el inglés Laurie Calloway era el entrenador de los Earthquakes, que aún se llamaban Clash (muchas cosas han cambiado desde 1997), y el que alquilaba la avioneta era… uno de sus propios jugadores.

Puntualicemos. El que alquilaba la avioneta era el más mediático de sus jugadores. El más mediático y, probablemente, el mejor de los jugadores estadounidenses de la época: Eric Wynalda. El mismo Eric Wynalda que después de varios años granjeándose una polémica imagen de fantoche tras los micrófonos fundó el Cal FC para darse a sí mismo una oportunidad como entrenador que nadie más le ofrecía y que está aprovechando a las mil maravillas, aunque sólo baje a la banda cuando sus compromisos como comentarista televisivo se lo permiten. Eric Wynalda; la estrella mediática que, en definitiva, justifica que hablemos de este remake hollywoodiense de la Cenicienta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Montreal? No, gracias.

Por snedecor
Dicen los estudios que Montreal es una de las ciudades con mejor calidad de vida de toda Norteamérica. Un lugar próspero, grande pero tranquilo, con el encanto de la Europa más añeja, situado en un entorno natural privilegiado y con una variada e infinita oferta cultural para deleite de habitantes y turistas. Vale, en Montreal se habla mayoritariamente francés, pero nadie es perfecto. En todo caso, se trata de un lugar aparentemente ideal para vivir si encima trabajas en lo que se supone que te gusta. Y suponiendo que lo que te gusta es el deporte, miel sobre hojuelas, ¿no?

Pues no. O al menos, no todos piensan igual. Verano tras verano y traspaso tras traspaso, Enrique Cerezo no se cansa de repetir que los futbolistas juegan donde quieren jugar, pero eso en la MLS no se aplica. La semana pasada, justo después de que Los Angeles Galaxy amortizaran por fin con un título su enorme inversión en Beckham, Robbie Keane y compañía, Montreal Impact comenzó a formar su plantilla en el Expansion Draft. Como ocurre cada vez que un nuevo equipo entra en la liga, cada franquicia publicó un listado con once jugadores protegidos, y Montreal escogió a su gusto a diez futbolistas de entre todos los demás (eso sí, debían ser de 10 equipos distintos). Ni siquiera tenía que negociar, sólo seleccionarlos y respetar sus contratos actuales. Tú, tú, tú y tú, haced las maletas que os venís a Montreal, ese lugar donde se vive tan bien. Así de fácil, como quien cambia cromos en la plaza del pueblo.

Lo bueno que tienen los cromos es que, por lo general, no se quejan al cambiar de manos. Y hasta ahora los futbolistas de la MLS tampoco lo hacían, pero parece que los técnicos del Impact han ido a dar con los más sensibles. Ya antes de que se hicieran públicos los nombres de los 10 elegidos, uno de los que más sonaba, el delantero internacional por EE.UU. Brian Ching, dejó caer en una entrevista que a sus 33 años no estaba por la labor de irse a jugar a Quebec. Tras una brillante carrera en la liga y con un jugoso contrato de 375.000 dólares anuales, prefería jubilarse antes que verse obligado a jugar para otro equipo. Por muy bien que se viva en Montreal.

Ching llevaba ocho temporadas en el mismo equipo y el único movimiento que había experimentado era el que llevó a toda la franquicia desde San Jose a Houston en 2006. Tras largos años de espera, Houston Dynamo inaugurará por fin su propio estadio a mediados de 2012, y el ariete hawaiano dijo que si Montreal le escogía y no podía vivir ese histórico momento sobre el campo, se retiraría para poder estar como miembro del staff técnico de la franquicia texana. Pero en Canadá creyeron que Brian Ching iba de farol y no dudaron en seleccionarlo. Una semana después, aún no se sabe si el jugador acabará cumpliendo su amenaza, y la historia sigue coleando.

Sin embargo, los directivos del Impact debieron ver que otro de sus fichajes, el lateral zurdo Seth Sinovic, iba más en serio, porque no han tardado ni cinco días en mandarlo de vuelta a Kansas. Su caso es diferente: fue cortado por New England Revolution a comienzos de 2011 y tuvo la suerte de ser repescado a mitad de temporada por Sporting Kansas City, el equipo de su ciudad, en el que por fin jugó y se destacó como uno de los mejores laterales jóvenes de la liga.

Llegado el Expansion Draft, Kansas prefirió asegurarse la permanencia de otros jugadores, dejó a Sinovic en el taco de los cromos repetidos y Montreal decidió llevárselo. Pero a sus 24 años, los 32.000 dólares que cobra anualmente no le compensaban, según él, un traslado tan lejos de su familia y amigos. Antes jubilarse que jugar por cuatro duros fuera de su entorno. Por muy bien que se viva en Montreal.

Así que ante la segunda amenaza de retirada de uno de sus nuevos fichajes, el General Manager del Impact no tardó en negociar un intercambio (de cromos) con Sporting Kansas: les ha devuelto al atribulado Sinovic a cambio de llevarse al centrocampista Davy Arnaud y palmar algo de pasta. Sí, el nombre del nuevo no engaña. Esta vez en Montreal han preferido ir a por alguien con raíces francófonas. Por si acaso.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Pinceladas de calidad

Por snedecor
Igual que los Cleveland Cavaliers apostaron por LeBron Raymond James por, entre otras cosas, ser de Ohio, puede que la condición de texano de Dane Brekken Shea pesara mucho para que fuera elegido en segunda posición del Draft 2008 por FC Dallas. Como King James, Brek Shea fue directo a la liga profesional sin pisar el campus: tenía 17 años cuando firmó con Adidas y la MLS un contrato garantizado por 3 temporadas, con un sueldo creciente que llegaría hasta los 100.000 dólares.

Sí, no son los números de una estrella de la NBA, pero ya hemos hablado de los sueldos del soccer. Al menos a nuestro protagonista le ha ido mejor que a LeBron en Cleveland: han ganado los mismos títulos (cero) y de momento él todavía puede pasearse tranquilo por la ciudad que lo acogió.

Eso sí, a diferencia de los Cavs, Dallas no fichó al prometedor adolescente como piedra angular para un nuevo proyecto, porque Shea no era “The Chosen One” y porque cualquiera diría que a los directivos del club eso de “proyecto” les sonaba a chino. La franquicia llevaba años vagando sin rumbo por la MLS y así habría seguido de no ser porque, como si de la típica película americana se tratase, a mitad de temporada un peculiar entrenador con un turbulento pasado aterrizó en el hundido equipo para, poco a poco, comenzar a transformarlo en un bloque ganador.

Pero la del viejo Schellas Hyndman es otra historia. Mientras el entrenador moldeaba el equipo a su imagen y semejanza hasta llevarlo contra todo pronóstico a la final de la Liga en 2010, Shea fue creciendo como jugador y como persona. Seguramente confundido por su metro noventa de altura, durante sus dos primeros años en Dallas Hyndman lo probó de delantero, de mediocentro, de lateral e incluso de central, hasta que a principios de esta temporada la lesión de su estrella, el mediapunta colombiano David Ferreira, le obligó a recomponer el equipo.

Brek Shea, zurdo él, pasó entonces a jugar como centrocampista en banda izquierda y, para sorpresa de muchos (también de Hyndman) explotó definitivamente. Técnico, potente, con gran disparo, en los 29 partidos que lleva jugados este año ha anotado ya diez goles (algunos espectaculares), pero sobre todo ha dejado la sensación de ser un jugador diferente. Carismático y de aceptable nivel, probablemente sea la única esperanza tangible a la que pueda agarrarse una deprimida selección yankee que en 2010 echó a perder su gran oportunidad para que la tomaran definitivamente en serio.

Expresionismo tejano

Pero si hablamos de él aquí no es por su prometedora carrera futbolística, que también (noo, mentira), sino por su particular manera de emplear el tiempo libre. Mientras Hyndman todavía le estaba buscando un hueco en el once, Brek Shea se cansó de pasarse las horas muertas jugando a la Play, de tatuarse citas bíblicas o de probar mil y un peinados como cualquier estrella de su edad, y decidió compaginar esas actividades con otra bastante menos habitual en un joven pelotero: compró unos óleos y convirtió su garaje en un estudio de pintura.

Sus primeros pasos con los pinceles fueron los típicos de todo principiante, pequeños cuadros figurativos de temática floral, pero muy pronto su trazo perdió concreción hasta desembocar en algo que podríamos situar dentro del cajón de sastre que es el expresionismo abstracto americano. Ahí o en cualquier estantería de Ikea, claro, que esto es arte moderno y eso queda al gusto del observador. Sus obras, que podemos contemplar en su web www.leftfootstudio.com, transmiten la misma fuerza que este texano desborda sobre el césped, aunque de momento sólo las vende en subastas benéficas organizadas por la Fundación del FC Dallas. Sobre lienzo o madera, en formatos cada vez más grandes, el Brek Shea pintor apuesta por sugerentes combinaciones cromáticas cargadas de energía. Puro arte… o no. Cuestión de gustos, ya digo.

Su agente (el futbolístico) ya ha dejado caer el interés de varios equipos europeos por su fichaje, y nos surgen las eternas dudas. ¿Está preparado para dar el salto al ultracompetitivo fútbol del viejo continente? ¿Se convertirá realmente en la figura que necesita su selección? ¿Afectará el viaje a la decadente Europa a su obra pictórica? ¿Habrá una etapa azul, o roja, o lo que sea, de Brek Shea?

Siendo honestos, si en el campo alcanza el nivel mostrado por otro texano con vocación de artista, el jugador del Fulham y rapero ocasional Clint Dempsey, podrá darse con un canto en los dientes. Y de pintura reconozco que no entiendo. Pero por si acaso destaca más de lo esperado en cualquiera de sus pasiones, quizás no sea mal momento para invertir en alguna de sus todavía asequibles obras, antes de que la cotización de su firma (en un contrato o sobre un lienzo) se dispare. Quién sabe, a lo mejor el día menos pensado pegamos el pelotazo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

12 de septiembre

Por snedecor
Nadie de los que lo vivimos podremos olvidar (voluntariamente al menos) dónde estábamos ni qué estábamos haciendo aquel fatídico 11 de septiembre de 2001. El deporte en general, y el fútbol en particular, tampoco. Para la historia quedará que, mientras el horror se iba apoderando de todo el planeta, incapaz de apartar su mirada de aquellos dos colosos reducidos a polvo y escombros, a un cementerio de más de tres mil almas, la UEFA decidió que los partidos de Champions de aquel martes se disputaran con normalidad, sin más atención a lo sucedido que un protocolario y vergonzoso minuto de silencio.

El día 12 se impuso la cordura y ningún balón echó a rodar en el viejo continente. De esto probablemente nos acordamos casi todos. Pero lo que no es tan conocido es que, a miles de kilómetros de aquí, un equipo de fútbol estadounidense sí saltó al campo en una decisión que todavía hoy es motivo de debate.

Kansas City Wizards (hoy Sporting Kansas) tenía que jugar en Lima un encuentro de la extinta Copa Merconorte contra el Sporting Cristal peruano. El día 10 la expedición había dejado un país orgulloso y tranquilo, y al día siguiente se despertó en un hotel del extranjero viendo por la tele como su nación sufría su peor ataque desde Pearl Harbour. Es difícil imaginar las situaciones de nervios y tensión que vivieron aquellos jugadores y técnicos que, como el mítico guardameta Tony Meola, tenían familiares en la ciudad de Nueva York a los que era imposible localizar por el colapso de las telecomunicaciones. Todos ellos estaban a salvo, pero quienes estaban entonces en Perú no tenían modo de saberlo.

Aquel fue un largo día para los miembros de Kansas City Wizards, pero fue sólo el principio de su odisea. La CONMEBOL, organizadora del torneo, mostró aún menos sensibilidad que la UEFA y no se pronunció en contra de la disputa del encuentro del día 12. Después de varias conversaciones con el Departamento de Estado norteamericano, el cuerpo técnico decidió jugar el partido según lo previsto. Estaban virtualmente atrapados en Perú debido al cierre del espacio aéreo estadounidense y los técnicos pensaron que al menos el partido sería una distracción para sus futbolistas. Un poco de ejercicio físico podría servir para liberar algo de tensión y cansar los músculos lo suficiente como para poder conciliar el sueño.

No todos los jugadores entendieron la decisión. Varios de ellos, sobre todo los más veteranos como Peter Vermes o el propio Meola, no estaban por la labor de jugar, pero al final aceptaron el designio de su entrenador Bob Gansler como si fuera el del mismísimo comandante en jefe George W. Bush.

Los unicos norteamericanos sobre un terreno de juego

Pero estaba claro que no era el día para jugar al fútbol, o al soccer, o lo que fuera. De hecho los Wizards fueron el único equipo deportivo de EE.UU. que disputó un partido en aquellas trágicas horas posteriores a los atentados. El ambiente en el Estadio San Martín de Porres fue muy distinto al que los equipos estadounidenses estaban acostumbrados a sufrir en sus viajes a países latinos. Las medidas de seguridad en torno al campo fueron excepcionales, y tanto los aficionados peruanos como los futbolistas del Sporting Cristal se mostraron extremadamente respetuosos con unos jugadores que, evidentemente, no estaban en condiciones de afrontar un partido competitivo como aquel. Los locales vencieron por 2-1, pero el resultado, como es lógico, fue lo de menos.

El regreso a Estados Unidos tampoco fue sencillo. Las restricciones aéreas hicieron que el equipo pasara varios días en el país andino, intentando entrenarse con cierta normalidad pese a estar sumido en un estado de desconcierto casi total provocado por las confusas noticias que recibían sobre cuándo podrían volver a su país. Primero se habló de que los aeropuertos de EE.UU. tardarían dos semanas en abrirse al tráfico internacional; luego los propietarios de la franquicia intentaron fletar un vuelo chárter para repatriar a su equipo; y hasta se tanteó la posibilidad de volar hasta México y cruzar la frontera en autobús.

Finalmente, tras pasar tres interminables días en su hotel limeño, los jugadores fueron colocados en diversos vuelos siguiendo un estricto orden de prelación: primero los que tuvieran mujer e hijos, y luego los solteros. Cada uno por su lado, todos sufrieron las molestias de unos protocolos de seguridad que todavía no sabían muy bien qué era lo que pretendían buscar, experimentaron la psicosis colectiva de aquellos días en los que cualquier pasajero era sospechoso de ser un terrorista, y sólo cuando por fin llegaron a casa fueron plenamente conscientes de que durante su ausencia su país, y todo el mundo, había cambiado para siempre.

Ellos tampoco olvidarán jamás ni dónde estaban ni qué hicieron aquel fatídico día. Y algunos no están precisamente orgullosos: “De lo que más me arrepiento en toda mi carrera es de no haberme plantado por mis convicciones, de haber jugado aquel partido”. Palabra de Tony Meola.

viernes, 21 de mayo de 2010

Plan Marshall contra la ansiedad futbolera

Por Halftown
Los trankimazines para luchar contra la ansiedad por
la falta de fútbol tendrán que esperar hasta después del Mundial. Apenas unas horas después del presumiblemente soporífero Inter-Bayern que cierra la temporada en Europa, al otro lado del charco, al borde del lago Michigan, se disputa otra final: la de la Sister Cities International Cup.

La idea del torneo es de este año, pero lo de hermanar a la capital de Illinois con otras ciudades es una especie de secuela del Plan Marshall con el que Eisenhower se aseguró que medio mundo le debiera una al Tío Sam. O dos. La lista la inauguró Varsovia, que cuando firmó el acuerdo con Chicago, allá en 1960, era un proyecto de ciudad sobre el solar que dejó a su paso la Luftwaffe.

Para la primera edición de la Sister Cities International Cup, el anfitrión Chicago Fire ha invitado a tres clubes de campanillas (en su día): Legia de Varsovia, Estrella Roja de Belgrado y París St Germain. La primera semifinal, entre polacos y yugoslavos, se saldó con un 1-0 para los de Belgrado, que está a años luz del equipo de los Savicevic, Prosinecki o Pancev que se merendó la Copa de Europa del 91. El morbo del partido era ver en directo a Jakub Kosecki, hijo de Roman Kosecki, fracasado extremo polaco del Atleti de la era Gil, pero ídolo en Chicago.

Y es que Kosecki formó en el 98 una dupla terrible con el ex del Mérida Jerzy Podbrozny y llevó al club a lograr el doblete. Los Fire pasan por ser, como anuncian sin una pizca de falsa modestia en su web, uno de los clubes más importantes de la Major League Soccer norteamericana. En su vestuario han disfrutado de un ocaso dorado clásicos básicos como Jorge Campos, Hristo Stoichkov, Cuauthemoc Blanco o Julio César Wanchope.

La otra semifinal, en cambio, prometía más miga sobre el césped. En una esquina, el equipo local, capitaneado por el ex del Fulham Brian McBride, que a sus casi 38 años es capitán general en el Toyota Park, el estadio de los Fire. En la otra esquina, el club más odiado equipo de Francia, el París St Germain, que al menos tuvo la decencia de dejar a su mejor jugador, Erding, en casa. Las demás vedettes parisinas, Makélélé, Giuly y Coupet, estuvieron de cuerpo presente.

Una vaca en la portería

Como los americanos no entienden el deporte sino como un pretexto para montar un show alrededor de él, la semifinal Fire-PSG incluyó barra abierta organizada por la cervecera Miller, una tanda de penalties con un balón gigante y una vaca de portero (o portera) y una fiesta post-partido con vodka Absolut y Red Bull a tutiplén, suponemos que para ahogar en alcohol el bodrio futbolero.

¿Y el partido? Las crónicas dicen que se lo llevaron los franceses al trote cochinero, con un gol en el minuto 15 y poco más. El equipo anfitrión se fue al descanso sin hacer un tiro a puerta.

La esperadísima final, a todo esto, el próximo sábado a las 3 de la mañana hora española.

En FNF queremos apoyar este tipo de torneos de la galleta con pretensiones, y hemos hecho los deberes pensando en 2011: la buena noticia es que la lista de ciudades hermanadas con Chicago es larga, y va desde Atenas a México, desde Osaka hasta Casablanca o Milán. No me digan que las próximas ediciones del trofeo, con Olympiakos, Pumas o WAC de Casablanca, no prometen emociones fuertes. De hecho, para abrir boca, el próximo día 30 visita Chicago el todopoderoso AC Milan, otro equipo que cruzará el Atlántico con todas sus decrépitas estrellas. Total, en Estados Unidos también se puede ver el Mundial por la tele.

jueves, 16 de abril de 2009

Beckham escapa de la Muerte

Por Sebastián Dulbeca
El tan efímero como deportivamente suicida paso de David Beckham por la Major League Soccer (MLS) y su posterior huida al Calcio representan la maniobra de marcha atrás más singular del marketing contemporáneo. El entorno del propio interesado no se ha cansado de pregonar que tras la vuelta a Europa solo está el deseo de retomar el pulso competitivo. ¿En un plantilla que iba a disputar (es un decir) la UEFA y que bien podía haber sido patrocinada por Just For Men?

Sin recurrir a datos, la aspiración de tornar a la Selección inglesa tampoco oculta la evidencia: el perfecto reclamo publicitario no ha sido todo lo útil que se presumía en la liga más necesitada de vender imagen y en el país que sirve de escaparate al resto del mundo. El fiasco apunta a materia de tesis si se tiene en cuenta que ya antes que el spice boy algunos cracks mundiales (Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Best…) emprendieron la aventura americana. Con idéntico resultado, a tenor de la mínima audiencia televisiva del torneo que los reclutó.

Eran los años de la North American Soccer League (NASL), el primer intento serio por implantar el bárbaro balompié en EEUU. Se prolongó desde 1967 hasta 1984. Tal vez demasiado tiempo para lo que en realidad fue: una rutilante acumulación de excesos (magnates al frente de los clubes, celebrities y groupies) y rarezas (el césped sintético sustituye por primera vez al natural).

Como icono máximo de aquella competición abortada figura el Cosmos, una suerte de escuadra pregaláctica (los mencionados Pelé y Beckenbauer, Neeskens, Carlos Alberto, el maquiavélico Chinaglia, etc. pasaron por allí) propiedad de la Warner Bros. que ganó el campeonato en cinco ocasiones. Y más importante: obró el milagro de congregar semanalmente a 50.000 neoyorquinos alrededor de un balón no ovalado.

Aunque también habrá quien anteponga la anécdota y prefiera quedarse con el recuerdo de la cardiaca tanda a la que se recurría siempre en caso de empate: shoot-out. Muerte súbita. Rudimentario Gol de oro. 32 metros y cinco segundos para anotar. Cuestión de supervivencia. Cuestión de oportunidad. ¿Se hubiera mostrado Beckham infalible?