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lunes, 16 de agosto de 2010

El coronel Capello no tiene quien le escriba

Por Halftown
Steve Bull ha sido hasta hoy el internacional inglés más bizarro de la historia. Goleador infatigable en el Wolverhapton Wanderers entre 1986 y 1999, Bull
recibió la llamada de Bobby Robson para ir al Mundial de Italia después de anotar 24 goles… en la segunda inglesa. Probablemente lo que acabó de convencer a Sir Bobby fue el gol que Bull le endosó a Checoslovaquia –elegido por los fans como el 37º mejor de la historia de los pross- durante un amistoso premundialista. Al final, Bull acabó jugando cuatro partidos en Italia, la mayoría de ellos como revulsivo de aquel equipo que acabó bajo el rodillo alemán una noche en Turín.

Pero aquellos eran otros tiempos, cuando los pantalones apenas tapaban el calzoncillo y los jugadores se descubrían a pie de césped en lugar de por YouTube. En el fútbol de pay per view de hoy es impensable encontrar una situación parecida. O lo era, hasta que la semana pasada salió a escena Frankie Fielding.

Fielding es la prueba definitiva de que la selección inglesa es el hazmerreír del fútbol mundial. Y es que tener que recurrir al cuarto portero del Blackburn Rovers es síntoma inequívoco de que el barco se hunde. Con Foster lesionado y Robinson profilácticamente retirado de la selección, Capello ha recurrido a Fielding, un chaval de 22 años que se ha pasado el último año cedido en el Rochdale, de la League Two (Segunda B) inglesa.
A sabiendas de que la experiencia internacional de Fielding no iba a pasar (y no pasó) de tirarle balones a Joe Hart durante el calentamiento, se adivina cierta mala baba irónica en la decisión de Capello. Eso, o que Fielding ha sido una cortina de humo para tapar las vergüenzas del fútbol
inglés.

De las WAG a Don Juan hay un largo trecho

En cualquier caso, parece que lo de volver de Sudáfrica con un saco de goles alemanes ha conseguido remover los cimientos del football, hasta el punto de que por fin se adivina algo de luz al final del túnel: la Federación Inglesa quiere subirse al carro de la llamada “free school policy”, que el nuevo gobierno de David Cameron está preparando. Se trata de un programa mediante el cual el gobierno inglés financiará la creación de academias independientes en aquellas comunidades inglesas que así lo demanden.

A alguien en la Federación Inglesa se le ha iluminado la bombilla: el problema del fútbol inglés no es que sus jugadores tengan poco talento, sino que tienen poca educación. Son sencillamente más tontos que los demás. Sólo así se explica un caso como el de Gascoigne, probablemente el mayor talento europeo ahogado en un vaso de whisky desde George Best. Qué decir de Beckham, que balbucea el español después de haber vivido cuatro años en Madrid o de Robbie Fowler, que recibió una sanción por celebrar un gol esnifando una raya de cal. O John Terry, a quien los propios aficionados del Chelsea llaman afectuosamente “pikey”, equivalente al castizo “gitano de mierda”.
Aunque para hacerse una idea del calibre intelectual de los personajes, nada mejor que echar un vistazo a cualquiera de las celebérrimas WAGs, las novias y esposas de los jugadores ingleses.

Total, que la FA se ha marcado como objetivo la creación de “Premier League schools” donde los jugadores puedan compatibilizar el deporte de alto nivel con una base mínima de estudios. No es que se trate de que el próximo Rio Ferdinand recite el Don Juan de Lord Byron en rueda de prensa, sino de que sepan que, además de un prometedor defensa del Tottenham, Adam Smith fue un economista escocés.

Aunque sin ser tan ambiciosos, estaría bien que al menos el siguiente Beckham supiera leer algo más que los desmarques de los delanteros.

Esperemos que la cosa no quede al final en mucho ruido y pocas nueces.

viernes, 5 de junio de 2009

Jugar por Adidas (y por cojones)

Por Lola Dirceu
Peor que primas a terceros, sobrinas sin cuartos o vecinas del quinto; mucho más indigno que Poli Díaz besando la lona nada más notar una leve caricia de un sparring enclenque; más asqueroso que trincar un maletín por dejarse meter gol alegando hambre, puro vicio, necesidad, deudas de juego O pellas con el camello del barrio.

Lo más repulsivo es que un jugador de fútbol tenga que estar siempre, siempre, siempre (a no ser que esté lesionado, obviamente) por obligaciones contractuales en la alineación titular de un equipo.
Tamaña adulteración tiene un nombre (David Bekcham) un par de malhechores (Florentino-el Madrid y Adidas, tanto monta) y un damnificado (José Antonio Camacho).

Acuérdense cómo aterrizó David en el club merengue, con chaqueta turquesa miami vice y coletita de actor porno. Se aflojaron 25 millones de pavos al Manchester ¡¡¡y a jugar y apatrullar Ortega y Gasset, boutique arriba y joyería abajo!!. Que finalmente el adonis jugara en el club de Concha Espina fue debido a las tensas y arduas negociaciones con la marca de las tres rayas y las tres bandas (eso ponía en mis zapatas cuando era cani), o sea la dichosa Adidas de los huevos.

La multinacional fundada por Adi Dassler cuando a la II Guerra Mundial ya no le quedaban balas, exigió por contrato que el bello Beckham siempre fuera incluido en el equipo titular so pena de multas millonarias, extorsiones, acuerdos económicos que se van por el váter y demás plagas bíblicas.

Porque la imagen de Beckham chupando banquillo hacía caer en picado Wall Street, Cobo Calleja y hasta la rotación de Saturno. ¿Leyenda urbana? ¿Chisme de bar cuando uno va medio pedo? No señor. Lo contaba sotto voce (para darse copete o vaya usted a saber qué sustancia le hizo soltar la lengua), un alto directivo de la anterior junta del mesías Florentino. Palabrita del niño Carlos Jesús.

Lo que pasa es que ningún medio se pudo hacer eco de la imposición, porque luego Adidas cierra el grifo de dinerito y entrevistas al Marca o al As. ¿Han visto alguna noticia en El Mundo o en El País que perjudique a El Corte Inglés? Pues eso, que money rules, que la publi manda, cojones.

La liebre saltó, de repente, el 19 de septiembre de 2004, cuando a un señor con cara de angelote de Murillo y sobacos como aspesores le dio, tamaña insensatez, por ejercer como honesto profesional. Ante su bajo rendimiento, Camacho sentó al inglés. Hoy tú no sales. Aquel día en Montjuic y contra el Espanyol, los foteros no daban crédito. ¡Hostia, el Beckham en el banquillo!! ¡¡El actor principal casi no sale ni en los créditos!!.

El Madrid perdió 1 a 0, jugó de pena y Beckham saltó en el minuto 55 sustituyendo a Juanfran, el mismo menda que de volea salvó el otro día al Osasuna frente, precisamente, el Madrid. Tras el partido sonaron todas las alarmas en presidencia. ¡¡Pero qué coño ha hecho el temerario de Camacho, qué ataque de honestidad profesional le habrá entrado a este gilipollas!! decían a puerta cerrada por el Bernabéu.

A las pocas horas, el de Totana fue llamado a capítulo y flipó en colores. "¿Qué tengo que poner siempre en el once a este menda por obligación de Adidas? ¡Venga hombre!" Así que vista la desautorización hacia su persona, a las directrices de arriba, a onces titulares que se confeccionan en consejos de administración, cogió el pendingue y se piró. “Ya no puedo sacar más partido de este equipo. Es imposible que el rendimiento de los jugadores mejore conmigo», hablaba en eufemismo un 20 de septiembre, con sólo tres jornadas de Liga disputadas y una sangrante derrota en la Liga de Campeones. La prensa acerca de la espantá, argumentaba que “aún existen detalles por desvelar de su huida”.

Menos misterios, que el asunto fue meridiano. A punto estuvo Interviú de contarlo todo con pelos y señales pocas fechas después. Hablaban del choque de divos, del látigo de Camacho, del clan brasileiro, de que los jugadores se iban de farra y a rodar anuncios y pasaban de entrenar... Cierto, pero el caso Beckham fue la espoleta que se lo llevó por delante. El madridismo que corre por sus venas impide a Camacho contar toda la verdad.

«Yo comprendo que no es sencillo entrenar al Real Madrid. Es más, creo que es una de las misiones más complicadas que existen, porque no hay otro club como este», apuntó entonces Florentino Pérez. Segunda parte del sultanato florentiniano ¿en qué términos firmará Kaká, pelotero excelso, e hijo predilecto de Adidas?

jueves, 23 de abril de 2009

"Voy a soñar con esta carne"

Por Sebastián Dulbeca
De los próximos fichajes madridistas lo sabemos todo: marca del neumático de repuesto, asistencia a misa, ubicación de su próxima tienda, orgasmos fingidos... Curiosamente, aún es un misterio lo que engullirán tras la lechuga aliñada y el arponazo de macarrones.

Eso que gana el indestronable restaurante El Bulli al estar a 200 kilómetros de Barcelona y abrir sólo la mitad del año. En cambio, el bufé oficioso del último Real en versales fue su archienemigo en la capital: Santceloni. Cocina fusión (¿fashion?) frente a la grasaza que lubrica malamente tanta tertulia futbolera.

Desplazadas a escasos metros del Bernabéu Castellana abajo; segregadas del común de los mortales por un menú de más de 150 euros, las estrellas de Florentino satisfacían sus paladares mientras manchaban el mantel de revelaciones y complicidades. Amortiguadas, eso sí, por el sonido de los cubiertos y el celo propio de un personal que replicaba con profesionalidad las medidísimas salidas de tono del dueño, Santi Santamaría.

Se entiende así que jamás fuese noticia que Beckham (buen degustador de la tabla de quesos; Victoria optaba por la merluza a la plancha) y Alejandro Sanz compartieron comanda y después quién sabe si fiesta a propuesta del manager del cantante. O que escapara del dominio público el conciliábulo en plan Operación Galaxia (valga la redundancia) celebrado en cierta ocasión por Raúl y Figo. Casillas, Helguera y Zidane, tímido hasta para pedir el agua, iban más por libre. Como Martinsa, que tanteó allí mismo a Enrique Cerezo la compra de los terrenos del Calderón.


Aunque entre tanto esplendor en la mesa la anécdota más jugosa la protagonizó Ronaldo. Poco después de escenificar en París su célebre no boda, apareció con su nueva hembra en el reservado del local. Leer la carta les llevó poco tiempo. Pidieron cinco platos por cabeza (jarrete de ternera para terminar). Él -¡por supuesto!- declinó el plan. La sorpresa vino casi a la hora de la factura.

Con el siguiente partido. Con otra fiesta de cumpleaños. Con una reserva en el vecino Hesperia. Con las mil cosas que el brasileño podía tener en ese momento en la cabeza, y tras sacar del bolsillo 6.000 euros en billetes de 100 y 50, comentó:

-Ha estado todo muy bien. Voy a soñar con esta carne.

Ya en el parking fue preparando el terreno. Conducía ella.

Safari al revés

Ahora toca reencontrarse con la imagen congelada de Ronaldo en la vuelta de las semifinales del Campeonato Paulista: 0-2 frente a Sao Paulo y final contra el Santos el domingo. Ojos de feliz digestión (al cuerno ese otro michelín sin guía). Boca con la anchura exacta de gol (seis dentelladas desde su reaparición con el Corinthians). Brazos en aspa (inválidos dentro del área y doblemente diestros entre platos). Asistencia y gol tras galopar a 36 km/h. La manada de nuevo tiene hambre. Y apunta a Sudáfrica.

Sería su quinta aparición en la fase decisiva del gran juego cuatrienal. Una proeza reservada a usureros de su propio cuerpo: el mexa mexicano Antonio Carbajal (1950-1966) y el todocampista teutón Lothar Matthaus (1982-1998). Un prodigio acientífico en el caso de un definidor feliz en el exceso.

No hace mucho era un convaleciente. La llamada de la Selección parecía remota. Su silueta de crack que tres veces hizo crack causaba rechifla. ¡Como si en el Brasil de Dunga sobrase talento! Ahora esas rodillas con cremallera soportan buena parte de las aspiraciones verdeamarillas.

Suerte que el máximo realizador (15 tantos) en la historia de los Mundiales siempre quiere más. Lo mismo otro plato que el enésimo desafío.

jueves, 16 de abril de 2009

Beckham escapa de la Muerte

Por Sebastián Dulbeca
El tan efímero como deportivamente suicida paso de David Beckham por la Major League Soccer (MLS) y su posterior huida al Calcio representan la maniobra de marcha atrás más singular del marketing contemporáneo. El entorno del propio interesado no se ha cansado de pregonar que tras la vuelta a Europa solo está el deseo de retomar el pulso competitivo. ¿En un plantilla que iba a disputar (es un decir) la UEFA y que bien podía haber sido patrocinada por Just For Men?

Sin recurrir a datos, la aspiración de tornar a la Selección inglesa tampoco oculta la evidencia: el perfecto reclamo publicitario no ha sido todo lo útil que se presumía en la liga más necesitada de vender imagen y en el país que sirve de escaparate al resto del mundo. El fiasco apunta a materia de tesis si se tiene en cuenta que ya antes que el spice boy algunos cracks mundiales (Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Best…) emprendieron la aventura americana. Con idéntico resultado, a tenor de la mínima audiencia televisiva del torneo que los reclutó.

Eran los años de la North American Soccer League (NASL), el primer intento serio por implantar el bárbaro balompié en EEUU. Se prolongó desde 1967 hasta 1984. Tal vez demasiado tiempo para lo que en realidad fue: una rutilante acumulación de excesos (magnates al frente de los clubes, celebrities y groupies) y rarezas (el césped sintético sustituye por primera vez al natural).

Como icono máximo de aquella competición abortada figura el Cosmos, una suerte de escuadra pregaláctica (los mencionados Pelé y Beckenbauer, Neeskens, Carlos Alberto, el maquiavélico Chinaglia, etc. pasaron por allí) propiedad de la Warner Bros. que ganó el campeonato en cinco ocasiones. Y más importante: obró el milagro de congregar semanalmente a 50.000 neoyorquinos alrededor de un balón no ovalado.

Aunque también habrá quien anteponga la anécdota y prefiera quedarse con el recuerdo de la cardiaca tanda a la que se recurría siempre en caso de empate: shoot-out. Muerte súbita. Rudimentario Gol de oro. 32 metros y cinco segundos para anotar. Cuestión de supervivencia. Cuestión de oportunidad. ¿Se hubiera mostrado Beckham infalible?