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lunes, 14 de noviembre de 2011

Gorras y cabezones

Por snedecor
A veces a la UEFA se le ocurren cosas interesantes. Cargarse la Intertoto fue una de ellas; intentar aplicar un Fair Play financiero puede ser otra. Y establecer un reconocimiento para todos aquellos futbolistas que han disputado al menos 100 partidos internacionales con su selección es uno de esos detalles sencillos y casi insignificantes pero que contribuyen a ofrecer una imagen amable de un organismo que, por definición, está siempre bajo sospecha.

Tampoco son unos dispendios excesivos: unas cuantas medallas conmemorativas y un cargamento de gorras de los chinos (?) no descuadran ningún presupuesto, y menos aún el de la UEFA. Pero la importancia del reconocimiento no está en lo material (ya dijo Zubizarreta, clásico como pocos, que al menos esperaba que no le obligaran a ponerse la visera por la calle), sino en el propio gesto. Ya sea porque en Europa aún hay muchos países en pañales, bien porque en otros la competencia es brutal, o quizás porque hasta hace quince años sólo se jugaban los partidos estrictamente necesarios, no hay muchos jugadores centenarios: en total, en el listado publicado por la UEFA a finales de agosto aparecían 111 nombres de 37 naciones.
Todos y cada uno de ellos bien merecen un homenaje, aunque sea algo cutre.

La mayoría de federaciones, siguiendo el consejo de la UEFA, han optado por hacerlos en los prolegómenos de algún partido que jugaran como local. Quieras que no, todo luce más en un estadio lleno de gente que conoce a los homenajeados y que está dispuesto a aplaudirlos. Sin embargo, la RFEF, que es muy suya (muy de Villar, se entiende), consideró que ni Liechtenstein ni Escocia tenían suficiente pedigrí para sacar a sus 4 centenarios a saludar al público de Las Gaunas o del Rico Pérez, y prefirió esperar al amistoso de Wembley.

Pero se ve que alguien lo pensó mejor y no encontró del todo correcto organizar una celebración así fuera de casa y precisamente el día en el que los ingleses rinden tributo a sus caídos en la 1ª Guerra Mundial. Porque no cabe en el mismo acto honrar a miles de muertos en una guerra y a un puñado de futbolistas 100 veces internacionales. Y porque no fuera a ser que se malinterpretara todo y aquí algún zopenco se pensara que el minuto de silencio era por la desaparición de Raúl de la selección y que las amapolas representaban la cagada de Zubi en aquel partido contra Nigeria.

Y como Costa Rica tampoco parece el escenario ideal para estos homenajes, y vaya usted a saber cuándo volveremos a jugar un partido decente en casa, al final todo se redujo a un sencillo acto en un salón de ídem, reservado únicamente a gente del fútbol y periodistas (importante la distinción en estos tiempos que corren). Algo descafeinado, cerrado al público en general cual vulgar cena de empresa, y en el que además faltó uno de los galardonados. Todo un éxito de organización, vaya.

Raúl no va, y nadie dice nada

Andoni Zubizarreta, Iker Casillas y Xavi Hernández recogieron el jueves su medalla y su gorrita (elemento que, por respeto, desde la jubilación de Iñaki Sáez la RFEF no debería usar). Raúl González no, porque no quiso. Así de simple. Se trataba sólo de un homenaje a varios de los grandes de nuestro fútbol por haber llegado a la redonda cifra de 100 partidos internacionales. Por cuenta de la UEFA, porque ni siquiera está ideado por la Federación Española. Algo totalmente aséptico y que no debería tener más lecturas que el reconocimiento a un mérito adquirido.

Sólo se trataba de ir, poner una sonrisa aunque fuera falsa y marcharse. Pero Raúl no fue. No creo que su presencia en Las Rozas para un acto así supusiera ninguna tensión insoportable para nadie. Cierto que Zubi es un futbolista retirado, que Iker y Xavi son miembros en activo de la Selección y que Raúl es una especie a medio camino, pero nadie iba a interpretar esto como una humillación pública a un jugador que debería tener asumido que ciertos tiempos ya no volverán. Nadie salvo, por lo que parece, el propio Raúl.

Allá él, y en su conciencia quede. Porque en una semana de parón por los compromisos internacionales, nadie con dos dedos de frente se cree que el Schalke 04 (con 9 jugadores convocados por sus respectivas selecciones) no permitiera que Raúl se ausentara un día para recoger un merecido premio, por mucha doble sesión de entrenamiento que tuvieran programada. Porque ese compromiso amistoso que se comentó que debían preparar no era más que una pachanga con los jugadores de los equipos juvenil y sub’23 del club de Gelsenkirchen. Pero aquí nadie dice nada del desplante del otrora siete de España, y no sé muy bien por qué. Igualito que las trincheras que se excavan cuando Del Bosque se muestra reacio a recibir la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, oiga. Mismo caso, distintas reacciones mediáticas. Me lo expliquen.

En fin. Si nada se tuerce, el año que viene Puyol (97 partidos con el de Wembley) alcanzará la centena de encuentros internacionales. Xabi Alonso (91) y Fernando Torres (90) están a las puertas de hacerlo, y Villa y Sergio Ramos (81 internacionalidades cada uno) lo tienen a tiro. Más pronto que tarde habrá que organizar otro sarao para darles la gorra (que mira que tiene cojones la cosa) a todos ellos. Veremos dónde está y dónde se mete entonces el cabezón de Raúl.

sábado, 9 de mayo de 2009

Casillas, icono del desastre

Por Pedro Sousa
Las cámaras acompañan el desastre del Real Madrid de los últimos seis años con la cara de Casillas. La fotografía, el vídeo, internet, la imagen en definitiva, ha encontrado el icono del héroe derrotado y el guardameta blanco clava en cada hecatombe el papel trágico que le depara su historia en el fútbol.

Ni Raúl, ni Guti, ni Ramos gravitan a la altura que requiere la trama. La caída, desde su altura, es un pequeño resbalón, una rotura de cadera en la ducha. Y ni Marcelo, ni Lass, ni Robben, ni Van der Vaart viven la misma dimensión de la tragedia.

Casillas es el San Sebastián asaeteado por los goles que aparece al día siguiente en las páginas de deportes de los periódicos y abre los sumarios de los informativos. Las manos en la cabeza, la cabeza cabizbaja, palabras de rabia, el vendaje de las muñecas, la cara manchada de césped. Casillas condensa lo que requiere la imagen de la derrota: el mejor portero del mundo, próximo al llanto.

El otro Casillas, el que aparece en Google levantando la Eurocopa, celebrando alguna de las dos últimas ligas o salvando al Madrid en su última final de la Champions, aún con rostro de adolescente, contribuye sin quererlo a reforzar la tensión dramática de la escena. Casillas, su imagen, es Federer llorando en la final del Open de Australia; es Cañizares gimiendo sobre su toalla roja en la final de la Champions de 2001; es Gail Devers arrastrándose hasta la meta de la carrera de 110 metros vallas de los Juegos de Barcelona.

La imagen que hace falta para convertir al Barça de Guardiola en el mejor equipo de la historia.

jueves, 23 de abril de 2009

"Voy a soñar con esta carne"

Por Sebastián Dulbeca
De los próximos fichajes madridistas lo sabemos todo: marca del neumático de repuesto, asistencia a misa, ubicación de su próxima tienda, orgasmos fingidos... Curiosamente, aún es un misterio lo que engullirán tras la lechuga aliñada y el arponazo de macarrones.

Eso que gana el indestronable restaurante El Bulli al estar a 200 kilómetros de Barcelona y abrir sólo la mitad del año. En cambio, el bufé oficioso del último Real en versales fue su archienemigo en la capital: Santceloni. Cocina fusión (¿fashion?) frente a la grasaza que lubrica malamente tanta tertulia futbolera.

Desplazadas a escasos metros del Bernabéu Castellana abajo; segregadas del común de los mortales por un menú de más de 150 euros, las estrellas de Florentino satisfacían sus paladares mientras manchaban el mantel de revelaciones y complicidades. Amortiguadas, eso sí, por el sonido de los cubiertos y el celo propio de un personal que replicaba con profesionalidad las medidísimas salidas de tono del dueño, Santi Santamaría.

Se entiende así que jamás fuese noticia que Beckham (buen degustador de la tabla de quesos; Victoria optaba por la merluza a la plancha) y Alejandro Sanz compartieron comanda y después quién sabe si fiesta a propuesta del manager del cantante. O que escapara del dominio público el conciliábulo en plan Operación Galaxia (valga la redundancia) celebrado en cierta ocasión por Raúl y Figo. Casillas, Helguera y Zidane, tímido hasta para pedir el agua, iban más por libre. Como Martinsa, que tanteó allí mismo a Enrique Cerezo la compra de los terrenos del Calderón.


Aunque entre tanto esplendor en la mesa la anécdota más jugosa la protagonizó Ronaldo. Poco después de escenificar en París su célebre no boda, apareció con su nueva hembra en el reservado del local. Leer la carta les llevó poco tiempo. Pidieron cinco platos por cabeza (jarrete de ternera para terminar). Él -¡por supuesto!- declinó el plan. La sorpresa vino casi a la hora de la factura.

Con el siguiente partido. Con otra fiesta de cumpleaños. Con una reserva en el vecino Hesperia. Con las mil cosas que el brasileño podía tener en ese momento en la cabeza, y tras sacar del bolsillo 6.000 euros en billetes de 100 y 50, comentó:

-Ha estado todo muy bien. Voy a soñar con esta carne.

Ya en el parking fue preparando el terreno. Conducía ella.

Safari al revés

Ahora toca reencontrarse con la imagen congelada de Ronaldo en la vuelta de las semifinales del Campeonato Paulista: 0-2 frente a Sao Paulo y final contra el Santos el domingo. Ojos de feliz digestión (al cuerno ese otro michelín sin guía). Boca con la anchura exacta de gol (seis dentelladas desde su reaparición con el Corinthians). Brazos en aspa (inválidos dentro del área y doblemente diestros entre platos). Asistencia y gol tras galopar a 36 km/h. La manada de nuevo tiene hambre. Y apunta a Sudáfrica.

Sería su quinta aparición en la fase decisiva del gran juego cuatrienal. Una proeza reservada a usureros de su propio cuerpo: el mexa mexicano Antonio Carbajal (1950-1966) y el todocampista teutón Lothar Matthaus (1982-1998). Un prodigio acientífico en el caso de un definidor feliz en el exceso.

No hace mucho era un convaleciente. La llamada de la Selección parecía remota. Su silueta de crack que tres veces hizo crack causaba rechifla. ¡Como si en el Brasil de Dunga sobrase talento! Ahora esas rodillas con cremallera soportan buena parte de las aspiraciones verdeamarillas.

Suerte que el máximo realizador (15 tantos) en la historia de los Mundiales siempre quiere más. Lo mismo otro plato que el enésimo desafío.