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viernes, 27 de enero de 2012

De copas y recuerdos

Por snedecor
Suerte tenemos de que el icono de esta Copa del Rey trabaje para Caja Círculo y no para, es un decir, el Banco Santander, el BBVA o similar: a estas alturas tendríamos la publicidad del Súper Depósito Pablo Infante (habría que darle alguna vuelta más al nombre, lo sé) hasta en la sopa. En cualquier caso, los 15 minutos (largos) de fama que está acumulando el capitán del Mirandés servirán para que la gesta de su equipo no caiga en el olvido. Porque ya es seguro que dentro de unos años, cuando las cámaras hayan dejado de acudir a su oficina de Quincoces de Yuso (hasta ese pueblo se está haciendo famoso), seguiremos acordándonos de aquel modesto equipo de Segunda B que se plantó en unas semifinales de Copa. No recordaremos el año, puede que confundamos alguno de los rivales que dejaron en el camino, pero tendremos fresca en la retina la imagen y la historia de ese calvo genial capaz de colocarte una hipoteca y liquidar a un Primera en menos de doce horas.

Pablo Infante, su reluciente calva y su anodino trabajo en un banco son el pasaporte del Mirandés a la eternidad. Pase lo que pase en semifinales (y sobre todo si pasa el que por lógica no tendría que pasar) el equipo burgalés ya ha hecho historia, pero convendremos todos en que hay historias de la Historia que se nos graban en la memoria y otras que sólo quedan anotadas en los libros, esperando que alguien las encuentre. Y sólo hay que bucear un poco en nuestras mentes para encontrar los ejemplos. Porque si hablamos de carrerones coperos de equipos de Segunda B, el primer nombre que nos viene a todos a la cabeza es del Numancia. ¿Por qué? ¿Porque llegó a cuartos eliminando a tres primeras a ida y vuelta, y llegó a poner en apuros a todo un Barça? ¿Sólo por eso?

Pues no. Su gesta se nos grabó a fuego simplemente por el nombre del equipo, Numancia, por todo el significado histórico que atesora. Dos mil años después, la heroica resistencia de un pueblo diminuto frente a un gigante invasor, esa historia que todos aprendemos en el colegio y que contribuye a formar nuestro espíritu hispano más patriótico (?), se trasladó al escenario donde se disputan ahora esas batallas: un campo de fútbol. Imposible no emocionarse. A eso sumémosle que aún no he conocido a nadie que tenga algo en contra de Soria (factor importante para que la simpatía por el equipo se contagie a todos los rincones del país) y que en pleno estallido de la liga de las estrellas un veterano trotamundos del fútbol modesto accedió a grabar la experiencia con su cámara casera para un programa de televisión, y nos encontraremos con todo un fenómeno mediático imposible de olvidar. Puro marketing directo al corazón.

Matagigantes en el olvido

El ejemplo más reciente de que la memoria es selectiva y caprichosa (y tremendamente influenciable por los medios) lo encontramos en Alcorcón. ¿Qué diferencia al equipo de Anquela del histórico (este sí y con todas las letras) Real Unión que consiguió la misma hazaña un año antes? Pues que el 4-0 de la ida se logró ante el primer proyecto del segundo advenimiento de Florentino, que el Marca (vaya usted a saber por qué) estaba como loco por meterle mano al ingeniero Pellegrini y que alguien tuvo la feliz ocurrencia de bautizar el revolcón como “alcorconazo”. De ahí en adelante, cualquier eliminación vergonzante nos remitirá a aquella mágica noche en Santo Domingo. Ni Real Unión ni Toledo (matagigantes original) tuvieron tanta suerte, aunque al menos el nombre de este último sonará cada vez que alguien abogue por volver a las eliminatorias a partido único.

Todo esto viene a cuento de que la hazaña del Mirandés tiene un precedente que (casi) nadie recordaba y que a todos nos ha hecho levantar la ceja con una mezcla de desconocimiento e incredulidad. Porque al revisar los libros en los que queda grabada toda la Historia nos hemos encontrado con el ejemplo contrario, el de una de esas grandes historias que no llegan a calar en el imaginario popular: la historia del Figueres, primer equipo de Segunda B en plantarse en unas semifinales coperas (lo del Deportivo Logroño en el 31 me permitiréis que no lo cite). Sólo han pasado 10 años, pero apuesto a que nadie sería capaz de dar un solo detalle de aquella gesta sin tirar de hemeroteca, y eso que por el camino derrotó al Barcelona.

Que el de Rexach fuera uno de los Barças más olvidables de la historia, que esa eliminación fuese en la primera ronda, en casa y a partido único, que luego apeara “sólo” a Osasuna, Novelda y Córdoba antes de caer dignamente ante el Deportivo… todo contribuye a la falta de un referente mediático que ayude al gran público a recordar su historia. Porque esa copa no es la del Figueres, sino la del Centenariazo. ¿A que esa nos suena más?

Porca miseria llegar hasta donde nadie había llegado jamás para que sólo te recuerden cuando alguien te iguala, pero ya se sabe: unos nacen con estrella y otros estrellados. Y si tras la aventura copera Numancia y Alcorcón llegaron al fútbol profesional (y el Mirandés parece estar en buen camino), al Figueres la vida tampoco le ha sonreído desde entonces. Adquirido en 2006 por el dueño de una casa de apuestas online, el club acabó trasladado a Castelldefels y fue refundado en 2007. Hoy está en Regional Preferente y nadie parece apesadumbrarse demasiado porque, seamos sinceros, al Figueres nadie lo recuerda. No le hubiera venido mal tener en su plantilla a un empleado de banca. O a un corredor de seguros. Algo.

martes, 17 de mayo de 2011

Iván De la Peña: balance de un hype (II)

Por Halftown
Iván debutó por fin con los mayores en la primera jornada de la 95-96. El Barça las estaba pasando putas en Zorrilla, y Cruyff decidió darle minutos. Bajo la atenta mirada de su padre Agustín, De la Peña participó en el primer gol y marcó el segundo. Cruyff calmó los ánimos del personal señalando que para que brillase De la Peña, tenía que haber jugadores como Popescu que hiciesen el trabajo sucio.

Al final, Iván fue junto a Figo lo único rescatable de una pésima temporada en la que el Barça acabó tercero, por detrás de Atlético y Valencia. Cruyff saltó por los aires un 19 de mayo, con la temporada a punto de acabar. Su sustituto fue el inglés Bobby Robson, un tipo con más mano izquierda pero menos personalidad que Cruyff, que acabó claudicando a la voluntad general –incluida la del nuevo crack azulgrana, Ronaldo- y tuvo que poner a De la Peña sobre el césped.

El media punta cántabro venía de fracasar junto a su amigo Raúl en los Juegos de Atlanta, donde Clemente le dejó sistemáticamente en el banquillo mientras le ponía verde en la prensa porque no defendía. Meses después, el de Barakaldo haría debutar a Raúl con la selección absoluta. De la Peña no debutaría hasta muchos años más tarde, mucho después de la marcha de Clemente.

El Barça de Robson se sostuvo en pie a base de genialidades de Ronaldo, muchas veces servido por De la Peña. Sería la segunda y última gran temporada del Pequeño Buda en el Camp Nou: cuando Van Gaal aterrizó y Ronaldo se quitó de en medio, Iván perdió su razón de ser. Capello le alababa, Valdano le deseaba, e incluso Samaranch se lo recomendó a Agnelli para la Juve. Pero De la Peña era un borrón en la libreta del holandés, y su condición de símbolo para prensa y afición fue utilizada por Van Gaal para hacer una exhibición de autoridad al sentarle en el banquillo. Los títulos dieron la razón al holandés, y De la Peña fue vendido a precio de oro a la Lazio de Sergio Cragnotti.

A los 26 en el paro, a los 28 internacional

La aventura romana se le dio mal a De la Peña: las lesiones le sacaron del once, y después Sven Goran Ericksson le consideró incompatible con el intocable Mancini, de quien se decía que hacía las alineaciones al sueco. El equipo carburaba y ya saben aquello de que squadra che funziona non si tocca. El caso es que un año después, Iván estaba cedido otra vez al borde del Mediterráneo, esta vez en Marsella. Un equipo grande en una liga de segunda fila. El escenario idílico para reencontrarse con su futbol. Pero no: De la Peña volvió a caer en un equipo resacoso, en este caso después del escándalo de compra de partidos que dio con el club en segunda, y por si fuera poco se rompió el peroné al poco de empezar la temporada. Así fue como Lo Pelat sumó su segundo fracaso consecutivo fuera de casa.

Por ello fue por lo que pidió volver a casa, allí donde seguía siendo una promesa, donde cien mil gargantas coreaban cada uno de sus pases. Incluso renunció a la mitad de su ficha, unos 300 millones de pesetas. Lamentablemente para él, Iván se encontró con el primer proyecto de Joan Gaspart, y el Barça acabó haciendo una temporada ridícula en la que Lo Pelat rascó poca bola. La afición, en cambio, seguía con él, dejando claro que su rollo con De la Peña iba mucho más allá de lo racional. A su favor corrieron los petardazos de proporciones épicas que pegaron el resto de fichajes de la temporada: Gerard, Overmars, Alfonso, Petit… nombres que todavía hoy, diez años después, provocan escalofríos al aficionado blaugrana. Iván se puso la camiseta azulgrana por última vez el mismo día que Guardiola decía adiós al Camp Nou. Los dos volverían, cada uno bajo su propia circunstancia.

Después de otra temporada en blanco en la Lazio, el que un día fue aclamado como nuevo mesías del futbol mundial llevaba cuatro temporadas sin dar señales de vida. Cragnotti le dijo arrivederci, y el jugador se encontró en el paro con 26 años y padre de un niño llamado Iván. Libre para negociar su próximo contrato, la insistencia de Valdano y la lógica mercantilista que rige las acciones de Florentino Pérez –y el in your face que supondría para el barcelonismo- hicieron que el Madrid se plantease su fichaje.

Brillante perico

Al final su destino fue el Espanyol, donde por fin se sintió indispensable y nadie le exigía otra cosa que facilitar los goles a otro Raúl, Tamudo. Su fútbol no había evolucionado, como si no hubiese sacado aprendizaje alguno de sus múltiples fracasos. Sin embargo, en el Espanyol su juego por fin marcaba las diferencias; ya defendería alguien por él. Incluso Javi Clemente organizó el equipo en torno a él. Como premio a su buen papel, Luis Aragonés le hizo ponerse la camiseta de España en 2005, casi una década después del debut de su amigo Raúl.

Cuando por fin brillaba la estrella de Lo Pelat, las lesiones la han extinguido. Ni siquiera el tratamiento a base de placenta de yegua que se hizo en Belgrado le sirvió de nada. Este año no ha podido jugar más que media hora contra el Villarreal. Para el recuerdo deja una Copa del Rey y un par de partidos brillantes en el Camp Nou vestido de perico.

En el momento del adiós, ¿qué queda de Iván De la Peña? Fue el bajito original, el jugador que sirvió de inspiración a los Xavi, Iniesta y compañía que vendrían después. Por mucho que en Barcelona su calidad sea motivo de consenso entre culés y pericos, con Lo Pelat queda el regusto de lo que pudo ser y no fue. De un chaval que siendo adolescente tenía el mejor último pase del mundo (nada menos y nada más), y se pasó su carrera viviendo de él. Jamás entendió eso que sus herederos comprenderían muy bien: que a veces el camino más rápido al gol no es una línea recta.

Al final Cruyff tenía razón: De la Peña era joven, pero no estaba lo bastante preparado.

jueves, 27 de agosto de 2009

El anti Guardiola ya espera

Por Sebastián Dulbeca
Tres veces, tres, negó la pasada temporada San Pep su imagen de maniquí inarrugable. Y con las mismas palabras que regaló fuera de la sala de prensa (las celebraciones en el Camp Nou no cuentan): cero.

1) Al inicio de Liga respondió con mirada láser a un Eto'o en trance de gol. Hubo (re)indulto y abrazo on the rocks cuando en el Nou Camp amenazaba infarto. Luego pasó lo que pasó y arrivederci, Samu.

3) Casi al final del campeonato puso mueca de interruptus tras el tanto del único Llorente delantero centro -vasco por dentro y amarillo por fuera- con el que aún no ha quinieleado -y debería- Del Bosque.

2) Justo entre un momento y otro, el 1 de octubre de 2008, comenzaba sin saberlo él siquiera la carrera a lo Cacho con la que luego explotaría en semifinales de Champions con el gol de Iniesta. Aquel pistoletazo de salida responde por Mircea Lucescu (Bucarest, 1945) y aguarda a Guardiola para disputarle mañana la Supercopa de Europa.

A falta de saloon, nada mejor que Mónaco, donde ya celebró el acierto de Jardel frente al Real Madrid (2000), para dirimir un pique timbrado en los vestuarios del Olympiyskiy Stadium. Escaseaba el glamour allí aquella noche, pese a la visita ilustre. Barcelona y Shakthar Donetsk (Samba Donetsk, en feliz subrayado del jogo bonito por parte de La Sexta) colisionaban por entonces en el grupo C de la máxima competición continental. Con fuerza pareja: 1-0 en el minuto 87; ¡1-2 en el 95!, previa epifanía en manga corta de Messi.

Al técnico rumano del equipo local (es un decir: hay croatas, checos, polacos, brasileños... y ucranianos como Chygrynskiy El Deseado), un hombre que como jugador alcanzó la misma gloria que un callista, se le descompuso el cuerpo tan rápido como se le multiplicó el verbo: italiano, español y hasta el dialecto de Ozores ("......... fair play ........ darla para atrás") para vocear que la remontada era ilegal. Que el resultado se explicaba por la falta de deportividad (en referencia a una acción en la que había un jugador suyo supuestamente lesionado). Que vencer así no era "digno" de un conjunto como el blaugrana.

Pep micrófono delante. Pep centro de la diana. Pep caída de párpados. Y adiós.

La cara de Pepe mete el micro ahí Gutiérrez y el nombre de Lucescu no volvieron a resultar familiares hasta el partido de vuelta. Entonces el ex del banquillo de Pisa, Brescia (casualidades de la vida: la squadra en la que se jubiló Guardiola), Reggiana, Inter y Galatasaray decidió cobrarse lo que creía suyo: 2-3.

Fue la única derrota del Barça en la presente edición de la Copa de Europa (¡jugó hasta Cáceres!) y el pasaporte para una Copa de la UEFA que, en Estambul, en el tiempo extra y en su última convocatoria con tal nombre, levantó delante del Werder Bremen con toda justicia.

Lucescu y Guardiola. Una buena oportunidad para sacar el dichoso seny...

viernes, 17 de julio de 2009

"En el fútbol está prohibido ser cobarde"



Por Sebastián Dulbeca

Diga lo que diga Butragueño, ese doctorando en Metafísica, dios es del Barça. Y no se trata de un ser superior de los que condesciende para propiciar un triplete. Durante la presente temporada, semejante providencia se ha limitado a manifestarse a favor de Guardiola.

Aunque un momento de traviesa omnisciencia bien pudo permitirse cuando Valdano llamó a Romario futbolista de dibujos animados. Para entonces dios, Yoichi Takahashi, todopoderoso autor manga y culé confeso, ya había puesto a jugar a Oliver & Benji.

Éste es el tributo indisimulado de FNF a quien logró enganchar con un relato de inspiración balompédica incluso a miles de aquéllos que jamás se habían acercado a una pelota.

La historia de amistad entre un centrocampista virguero que ha acabado de blaugrana -al principio vestía de blanco New Team- y un guardameta de estampa retro fue primero cómic. Después Capitán Tsubasa, título original, arrasó en la tele como anime nocillero y premonitorio de Lost: dedo hundido sobre el rewind, acción con dosificador y personajes rápidos de identificar sobre el terreno. Yoichi Takahashi (Tokio, 1960), dibujante con vocación de jugador, es ejemplo de talento, disciplina y versatilidad, cualidades valoradas en ambos oficios.

"Lo que más me atrae del fútbol es que es un deporte que se puede jugar con ideas bastante libres y en el que está prohibido actuar de forma cobarde o innoble. Es un arte hecho con absoluta libertad. En ese sentido, se parece a dibujar. No me gusta, en cambio, que ganar o perder dependa a veces de la calidad de árbitro."

Takahashi y Japón viven a su propio ritmo: el del trabajo. Las declaraciones aquí recogidas -y un autorretrato que no tiene precio- han llegado por correo electrónico en el plazo convenido: tres meses después de enviar el correspondiente cuestionario. Son respuestas que la traducción involuntariamente relaciona con el credo del Nou Camp: "Trabajo en equipo y circulación con pases precisos".

En cinco ocasiones ha visitado el estadio en busca de placer, de confraternización, de inspiración el firmante de otras obras con balón dividido como Hungry Heart y Golden Kid. "Me ha costado mucho plasmar la diferencia de estilos de juego. Sigo los partidos importantes de cualquier liga y también el fútbol femenino y de categorías inferiores". ¿Y hay algo que no le haya interesado abordar en este contexto? "Sí: los temas relacionados con el dinero", ataca estos tiempos de bizness con tacto cruyffista.

Curiosamente, Takahashi tropezó con el fútbol en ausencia del otro dios barcelonista: el del entorno. "Yo era un simple koukou (estudiante de instituto) cuando seguí por televisión el Mundial de Argentina'78. Me aficioné al fútbol al descubrir lo divertido que podía ser". Una competición que aún hoy se evoca como espejo de infamia ayudó a nacer a Capitán Tsubasa. "Perseguir tu sueño es maravilloso", verbaliza Takahashi el milagro.

jueves, 11 de junio de 2009

"Ibra ni es delantero, ni es muy bueno"

Por Rocheteau
Todo comienza en un urinario de Barajas. Terminal 4. Zona de embarque H. Según entras al baño, exactamente los dos meaderos que quedan a la derecha. Mientras me lavo las manos (lo juro. Todo lo que se cuenta en esta crónica ocurrió el domingo 31 de mayo entre las 11.30 y las 12.00). Entra un chico negro, pantalón corto de marca y hortera, botas de deporte caras y horteras, sudadera Gucci aceptable, gorra calada y hortera. Me hubiese gustado cambiar la lista de prendas por un adjetivo que pudiera describirlo. Pero no existe.

Samuel Etoo viajaba a París para enlazar con Bélgica. Allí se entrenaba la selección de Camerún para la Copa África, que valdrá, por primera vez, también como clasificatoria para el Mundial 2010 [los leones indomables lo son más que nunca. No leones, sino indomables. Otto Pfister, el entrenador, se piró harto a dos semanas del campeonato y pusieron a Tommy N'Kono. Resultado, una derrota frente a Togo, un empate ante Marruecos y un posible adiós humillante en el que les queda frente a Gabón, la revelación. Mentes malévolas dirán que es el resultado de meter 22 Etoo's en un vestuario]

[Obviamos el preludio de la conversación y los quétal, los estudiasotrabajas, los quégorramáschula... Sólo precisamos que la conversación tuvo lugar a la salida del urinario]

Rocheteau: Samuel, ¿te vas o te quedas?
Etoo: Samuel Etoo se queda. En ningún sitio del mundo voy a jugar mejor que aquí. Lo tengo todo.
FNF - ¿Qué habéis tenido este año que no tuvieseis el pasado?
Etoo - Un entrenador. Guardiola piensa todavía como un jugador. Ésa es la diferencia. Y luego también se puede plantear la pregunta al revés.
FNF - A Ronaldinho le va a encantar si le damos la vuelta.
Etoo - Bueno, mira su año en Milán. Y el nuestro aquí.

[Tras limpiar y envainar su espada, volvemos al futuro de Samuel. Y la cosa tiene mérito. Hace dos semanas todavía no había saltado la posibilidad de que Ibrahimovic recalase en Barna]

FNF - O sea, que no te vas
Etoo - Mira, yo soy negro, pero no necesito dinero.
FNF - Eso seguro. Lo uno y lo otro.
Etoo- [Mira hacia el horizonte]
FNF - ¿Y a Ibrahimovic cómo lo ves? A mí me parece un jugador impresionante.
Etoo - Ibrahimovic no es impresionante. Ese chico no es un delantero.
FNF - ¿?
Etoo - Que no, que mete 20 al año y 14 de penalti. Es bueno, no muy bueno. Y no es un delantero. [Este año Ibra ha marcado en el Inter 25 goles en Liga. Dos de ellos de penalti].
FNF - ¿?
Etoo - [Siempre mirando al horizonte] Para jugar en un grande hay que tener cojones.

[Aparece un chico temblando. Ha reconocido a Etoo. Le palpa. Mira a su padre antes de llorar. Tiene 20 años y se comporta como uno de tres en un ataque de histeria. Además le está jodiendo la entrevista a FNF. Llama a su hermana y se la pasa a Etoo.

Etoo - Hola
Hermana: ----
Etoo - Que sí, que soy yo, un negro de ojos verdes que quiere conocerte...
Hermana: ---- [a la hermana no se le oye. El hermano sigue llorando y palpando a Etoo. FNF toma cartas en el asunto, le saca cinco fotos al chaval junto a su pantocrator y lo envía con su padre]

FNF - ¿Y qué pasó con el Madrid?
Etoo - Yo era merengue. De verdad. Fui a ver a Florentino. Si me hubiese dicho que me querían, habría aceptado irme al Depor un año. Pero me dijo que allí mandaba él. Que era el patrón. Y que yo tenía que irme a La Coruña. Yo le dije: Tú mandarás en el Real Madrid. Pero Etoo no tiene patrones [La mirada seguía clavada en la fila de airbuses. Parece Obama].
FNF - ¿Cómo ves su vuelta al Madrid?
Etoo - Yo creo que va a ser un fracaso. Misma gente, misma actitud, mismos errores.
FNF- Oye, y volviendo a los fichajes, ¿a quién te traerías tú al Barca?
Etoo - A Forlán. Mañana mismo. Es mucho mejor que Agüero.
FNF- Es bueno. Nadie le pega igual con las dos piernas. ¿Pero tú crees que es lo que os hace falta?
Etoo - Mil veces más que Ibrahimovic. Ese chico no es un delantero. Forlán sí.

Resumen, según Etoo: El Barca dejará ir a su número nueve, que le costó sólo 12 millones, ha marcado 30 goles en Liga, el primero en la final de la Champions y es el delantero que más y mejor defiende del mundo, por un posturitas. Lo bueno es que el posturitas, otro gran humilde, piensa lo mismo de Etoo. Y que el único que no cambiará será el Barca: con uno o con otro, tendrá una bomba lapa adosada al vestuario.

jueves, 4 de junio de 2009

Valentín Ceaucescu y la dictadura del Steaua

Por Miguel Bujalance
El Steaua de Bucarest llevaba un lustro desafiando al fútbol occidental. Había vencido contra pronóstico al Barça en la final continental (1986), lo que le convirtió en el primer equipo del bloque comunista en ganar la Copa de Europa. Intentó repetir tres años después, pero fue barrido por el Milán de Sacchi. Nada sería igual.

A primeros de enero de 1990, el ministro de deportes rumano, Mircea Anghelescu, prometió que los mejores jugadores del país, entre los que se encontraban los luego españoles Hagi y Lacatus, podrían jugar en el extranjero. La presión era muy grande. L'Equipe había desvelado el drama del fútbol rumano con una serie de artículos. El país asistía al fin de una era. Una semana antes, Nicolae y Elena Ceaucescu eran ejecutados tras ejercer un control absoluto sobre Rumanía durante décadas.
Valentín era un hombre extraño. Estudió Física en Reino Unido con una beca gubernamental que sólo tuvo una convocatoria. Las malas lenguas de Bucarest decían que era adoptado. Cometió el error de casarse con Irina Borila, historiadora de arte de origen judío e hija de un ministro. Elena Ceaucescu odiaba tanto a su nuera que mandó destruir la facultad donde había estudiado.

Este infeliz, atado a una jaula de oro y a unos conflictos familiares a lo Falcon Crest con hoz y martillo, tenía una obsesión: el fútbol. Valentín se hacía llamar presidente de honor del Steaua. En el año de mayor gloria del fútbol rumano, 1986, el Dínamo osó hacer sombra al Steaua y peligraba el campeonato. Según declaró Mircea Lucescu, entrenador del Dínamo y seleccionador nacional, Valentín le obligó a retirarse del banquillo de su club. "Si te resistes, mañana desencadenaré una campaña de prensa contra ti". Por supuesto, aquella temporada el Steaua ganó la liga.

Durante años, su equipo estuvo imbatido en el campeonato rumano. Este presidente entraba en los vestuarios, prohibía salir a determinados jugadores a competir al extranjero y manipulaba resultados. Años después se supo que los contrarios salían relajados para no cabrear al Hijísimo.

L'Equipe también desvelaría el fraude de la última final de Copa ceaucescuniana. El Dinamo de Bucarest (equipo de la Securitate, la polícia secreta local) empataba a uno con el Steaua, cuando el vigente subcampeón de Europa marcó en fuera de juego a tres minutos del final. El árbitro anuló el tanto. Valentín Ceaucescu ordenó inmediatamente que su equipo se retirara.

Obviamente el Dinamo recogió la Copa por incomparecencia de su rival. Al día siguiente, la Federación Rumana proclamaba al Steaua campeón por 2 a 1.

FNF no ha averiguado qué pasó con el árbitro. Esperamos que no acabara en el Danubio.

lunes, 1 de junio de 2009

El triste destino del soriano que tumbó a Guardiola


Por Lola Dirceu
Empecemos con las coordenadas temporales y espaciales, como los malos redactores que no saben cómo darle al start de la escritura: 31 de agosto de 2008, estadio de Los Pajaritos; el recién ascendido Numancia abre la primera jornada de Liga contra el Barça; al timón blaugrana, un bisoño Pep Guardiola vestido de marca y de dudas. De entrada, y por decisión suya, en el césped ya no crece la mala yerba que sembraron Ronaldinho y Deco. Inquietante…

La prensa catalana miraba con lupa el estreno del dandi de Santpedor, con un currículo de entrenador como si a un novato con la L le dan el coche de Jenson Button (difusores incluidos). Enfrente, ya se sabe, el Numancia y toda su retahíla barata de símiles más sobaos que una poligonera asomando tanga; que si Viriato, que si irreductibles como galos, que si un presupuesto que no da ni para marcas blancas del Ahorramás… Rueda el balón, pasan los minutos y la muralla no cae. El Numancia se parapeta atrás, se afana en los marcajes y espera que suene la flauta. Y sonó.

Un balón traído por el moncayo se lo come al unísono la defensa del Barça, Valdés y su guitarra incluidos. Perita en dulce que fue transformada en volea en el minuto 12 por un muchacho llamado Mario Martínez. Hasta aquí todo normal a no ser porque era el primer soriano que mojaba en Primera División, el zagal que a sus 23 años cuenta con la nómina más baja de la categoría, un muchacho que vivió detrás de la portería pajarita (gradas supletorias por aquel entonces) aquella histórica eliminatoria de Copa frente al Barcelona en 1996 dándole al bombo con sus colegas del Frente Rojillo. Venganza consumada.

Ayer, echado el telón de la Liga, el bucle de las 38 jornadas se tornó amargo para Mario. El Numancia, su Numancia, bajó a Segunda, él fue sustituido en el minuto ochenta y tantos y unos tibios aplausos acompañaron su camino a los vestuarios. Nada que ver con aquella semana en la que tiró por el váter la puesta de largo de Guardiola.

A su madre, dependienta en una tienda de ortopedia, le llegaron muchos paisanos a felicitarla por el gol de su cachorro y, de paso, le pedían nuevas prótesis para Puyol, Márquez y demás defensas cantarines. A su padre, histórico del Numancia que nunca saboreó las mieles de Primera, el móvil le echaba humo. En el Mesón El Ventorro, las rondas corrían en honor al chaval; en la tienda de deportes Hortelano recortaban las fotos del Marca donde se le honraba con generosidad tipográfica, toda Soria se congratulaba del paisano…Y la prensa catalana echaba a la hoguera al inexperto Guardiola. Grandes pitonisos los que aventuraban un destino fatal para Pep.

“No puedo dar un paso sin que la gente me felicite”, señalaba Mario al diario As en feliz resaca. Pasados ocho meses, la elipsis ha traído a Guardiola Copa, Liga y Champions. Mario no volvió a marcar más en toda la temporada, y quizá jamás regrese a Primera (tiene contrato con el Numancia hasta 2011). Siempre le quedará un orgullo de haber dado una pedrada en la cara a aquel Goliat que aún no había dado el estirón. Si alguna vez están justificadas las batallitas, Mario tiene una muy gorda que contar a sus nietos.

martes, 26 de mayo de 2009

Cita con la inflexión 18 años después

Por Halftown
El 15 de mayo de 1991, es decir hace la friolera de dieciocho años y unos días, el Manchester United y el FC Barcelona se veían las caras en una final europea. La cita, en Rotterdam. El título en juego: la ahora difunta Recopa de Europa.

Después de dos décadas de mediocridad, el Manchester United empezaba a recuperar el orgullo. Aquel 1991, y entrenado por un Ferguson entupetado en la época, el United venía de una temporada con mejor juego que resultados: en liga, había quedado sexto, dos puntos por detrás de sus vecinos del City, y en Copa de la Liga, pese a haber machacado al Arsenal 2-6 en Highbury, había caído en la final contra el Sheffield Wednesday de segunda división. Su camino a la final de Rotterdam había sido más sencillo de lo esperado: Montpellier y Legia de Varsovia habían sido sus rivales en cuartos y semifinales.

El Barça de Cruyff era un equipo que empezaba a hacer soñar a los culés después de una sequía importante. De la misma manera que el Pep team de este 2009, se acababa de imponer con comodidad en Liga después de cinco títulos seguidos del Madrid de la Quinta del Buitre. En las rondas previas se había deshecho, con más épica que magia, de Dínamo de Kiev y Juventus. En la eliminatoria con los italianos, Zubizarreta había recibido una tarjeta que le inhabilitaba para la final, lo que dejaba la portería blaugrana en las manos del mismísmo Carles Busquets, padre del actual medio del Barça.

El United salió al campo con camisetas Adidas blancas con rayas rojas, una especie de negativo de la equipación del Liverpool, y sin publicidad. El uniforme del Barça eran unas camisetas Meyba azul eléctrico espantosas y el pantalón habitual azul marino, que para más INRI muchos jugadores se ajustaban por encima del ombligo.

La estrella, Hughes

Los ingleses sacaron un once de transición entre el equipo gris de los 80 (Robson, McClair) y el dominador de los 90 (Ince, Irwin, Sharpe). La gran estrella de la temporada estaba siendo el delantero galés, ex del Barcelona de la triste época de Venables, Mark Hughes. Hablando de galeses, al fondo de la plantilla del United aparecía ya un extremo zurdo todavía menor de edad llamado Ryan Giggs.

Cruyff sacó su equipo tipo, con las dos notables ausencias del lesionado Stoitchkov y el ausente Zubi, lo que significaba tener a los pantalones largos de Busquets bajo palos y al futuro yernísimo Angoy en el banco.

El partido en sí no quedará para la historia del fútbol. Después de una primera parte de mutuo respeto, en el minuto 67 Mark Hughes empujaba a la red un cabezazo de Steve Bruce, con media salida de Busquets incluida.

Siete minutos más tarde, un pase genial de Bryan Robson dejaba a Hughes mano a mano con el suplente de Zubi, y el segundo del United subía a los LED del electrónico de Rotterdam.

En el 78, una falta lejana fue convertida por Ronald Koeman, de la misma manera que lo haría un año más tarde, en Wembley, para darle al Barça la primera Copa de Europa de su historia.

En el verano de 1991, poco después de ese partido, el ManU empezó a cotizar en Bolsa. En los culés, la siguiente pretemporada se incorporó a la primera plantilla un chavalito delgado llamado Pep Guardiola. Aquella noche holandesa, el United se llevó el trofeo a casa, pero para ambos clubes supuso un punto de inflexión que les lleva, casi dos décadas después, a encontrarse en otra final europea.

miércoles, 13 de mayo de 2009

70 días de ‘agit prop’ del Athletic



Por Nick Panzeri
Aunque España no es (todavía) la Rusia bolchevique, el tiránico dominio del Barça durante todo el año tiene algo que ver con el régimen zarista. Y para derrocarlo, las bases rojiblancas se han volcado en una campaña de agitación propagandística que abarcada todos los soportes: prensa, televisión y, sobre todo, internet.

Cuando hace 10 semanas el Athletic se ganó una plaza en la final de la Copa, en Bilbao dejaron de tener sentido el resto de cosas. El cambio histórico de lehendakari estaba bien, pero no había partido. Los foros sobre la cita copera triplicaron a los del relevo en Ajuria Enea. Y la comunión Athletic-copa acumula un millón y medio más de entradas (4.720.000) en internet que la que forman Patxi López-lehendakari (3.280.000) según Google.

Pero para derrocar una tiranía hacía falta algo más que opinar. Había que actuar. Había que conseguir que la población, los aficionados vizcaínos creyeran. Que se lo creyeran. Y en Bilbao tiraron de imaginación como arma para su revolución.

Los vídeos inundaron la red con propuestas geniales. Unas anónimas y otras oficiales. Entre las primeras no podía faltar una referencia a William Wallace, el independentista escocés que inspiró Breveheart y es todo un ídolo en Euskadi.

En este caso (ver vídeo de arriba), los internautas responsables del montaje (en realidad hay varios, incluído un tráiler) convirtieron a través de sus subtítulos a Fernando Llorente en el Mel Gibson de la película.



Entre los oficiales (ver segundo vídeo), destaca uno de los spots de promoción que durante la última semana ha emitido la ETB. Los jugadores del Barça como los marcianos protagonistas de Mars Attacks que pretendían invadir la tierra.

Setenta días después, el objetivo se ha cumplido. No queda nadie en Vizcaya que no crea que el Athletic pueda ganar la Copa. Las 20.000 personas que asistieron a su último entrenamiento en Bilbao dan fe.

Briconsejos para Endica



Por Lola Dirceu
Ya nadie recuerda que no hubo boicot al himno español en la final del 84 por una luctuosa razón: siete aficionados del Barça perdieron la vida en Ledanca, Guadalajara, al volcar su autocar camino del Bernabéu. El bus en cuestión chocó con un camión militar que provenía del cuartel de El Goloso, y que al reventar una rueda, colisionó y tumbó el bus azulgrana. De producirse hoy tan desgraciado accidente, a saber qué tribunas de opinión nos desayunábamos... "Ataque kamikaze a los nacionalismos periféricos", "la beligerancia del Estado Español llega hasta por carretera"...

Aquella tragedia quedó aún más diluida con el epílogo Mortal Kombat que liaron entre los Clos, Migueli, Urtubi, Argote, De Andrés y demás karatecas rodeados de maderos (sí, de marrón, y con un bigote más amazónico que el Mauricio, el de Aída). Lo mejor vino desde la grada. Se arengaba, textualmente, lo que sigue: "¡Goico ataca, Maradona se hace caca!".

Entre la tragedia anterior a la final y el tatami postrero que se montó, Endica Guarrochena (así se escribía, con "c" y "ch") acertó a meter el único gol del partido. Con la victoria, engrosó el santoral rojiblanco junto a San Mamés, aunque en los cromos de Panini fue gudarizando su grafía en años sucesivos: "Endika Guarrotxena Arzubiaga, delantero, nacido en Bilbao en 1961", ponía con proliferación de "k" y "tx". En su haber león, sólo metió 23 tantos en 165 partidos de Liga, discreto guarismo. Tras el Bocho, recaló en el Valladolid, Mallorca, Hércules, Benidorm, Ceuta...

En 1998 volvimos a saber de él porque asomó su jeta como concejal en Sopelana (bella playa) de HB y miembro de su Mesa Nacional. Ese mismo año condenaba un ataque ¿pepero? a la sede de HB en el barrio getxotarra de Romo. Ahora, además de afilar los músculos de tiernos gudaris como profesor de gimnasia en Vizcaya, lidera la plataforma ESAIT en pro de la oficialidad de las selección nacional de Euskadi. Desde su puesto, ha dado unas consignas para mañana joder la marrana, antes de la final, a ese Estado español que aprieta las costuras del mapa de la gran patria vasca. Si no tiene muchas ideas para el boicot, aquí van algunas.

Briconsejos: cuando Su Majestad asome su mentón borbónico por el palco de Mestalla y suene la Marcha Granadera que los maulets del Barça y los viejos Herri Norte y Abertzale Sur del mismísimo Bilbao entonen estos lyrics para inspirar ese himno huérfano de palabras. Puta España, alzad los brazos carceleros del Estado Español, que nos vuelve a reprimir...

Los cánticos irán acompañados de un mosaico gigante doble: de un lado, la estelada catalana con la cara en 3-D de Pepe Rubianes (que en paz descanse) y su famoso aforismo; del otro, un mapa gigante del País Vasco con esas flechas (sin yugo) que reclaman el retorno al terruño de todos y cada uno de los mihijoesunpresopolítico que andan encarcelados por esos guantánamos ibéricos.

Yo que Endica hubiera propuesto que la final se jugara en Gibraltar, por escenario neutral y porque los monos con barretina e ikurriña podrían hacer un tifo de la hostia que cubriría la Roca (como esas perfomances que hace el artista Cristo) y que al día siguiente veríamos desde el Meteosat. Si gana el Athletic, o sea, si se aparezca San Sabino Arana tres millones de veces, que tomen gabarra Atlántico abajo para celebrar el fiestón en los sótanos de Marruecos con la gente del Frente Polisario, amigos en el dolor. O si se van un poco más allá que lo festejen en Palestina. Ah no, en Palestina no, que nos dice Johan Einstein, corresponsal de FNF en Oriente Medio, que por allí son del Barça y arrean unas patadas de kárate que ni Tarzán Migueli.

sábado, 9 de mayo de 2009

Casillas, icono del desastre

Por Pedro Sousa
Las cámaras acompañan el desastre del Real Madrid de los últimos seis años con la cara de Casillas. La fotografía, el vídeo, internet, la imagen en definitiva, ha encontrado el icono del héroe derrotado y el guardameta blanco clava en cada hecatombe el papel trágico que le depara su historia en el fútbol.

Ni Raúl, ni Guti, ni Ramos gravitan a la altura que requiere la trama. La caída, desde su altura, es un pequeño resbalón, una rotura de cadera en la ducha. Y ni Marcelo, ni Lass, ni Robben, ni Van der Vaart viven la misma dimensión de la tragedia.

Casillas es el San Sebastián asaeteado por los goles que aparece al día siguiente en las páginas de deportes de los periódicos y abre los sumarios de los informativos. Las manos en la cabeza, la cabeza cabizbaja, palabras de rabia, el vendaje de las muñecas, la cara manchada de césped. Casillas condensa lo que requiere la imagen de la derrota: el mejor portero del mundo, próximo al llanto.

El otro Casillas, el que aparece en Google levantando la Eurocopa, celebrando alguna de las dos últimas ligas o salvando al Madrid en su última final de la Champions, aún con rostro de adolescente, contribuye sin quererlo a reforzar la tensión dramática de la escena. Casillas, su imagen, es Federer llorando en la final del Open de Australia; es Cañizares gimiendo sobre su toalla roja en la final de la Champions de 2001; es Gail Devers arrastrándose hasta la meta de la carrera de 110 metros vallas de los Juegos de Barcelona.

La imagen que hace falta para convertir al Barça de Guardiola en el mejor equipo de la historia.