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domingo, 9 de junio de 2013

Season Finale I

Por snedecor
Hubo un tiempo en el que sumar 100 puntos en liga sólo estaba al alcance de los jugones pcfutboleros (de los verdaderos maestros del asunto o de quienes reiniciábamos los partidos una y otra vez hasta conseguir que la dichosa maquinita nos concediera el resultado que deseábamos). Este Barça tiene a Messi, vale, lo que en términos futbolísticos equivale a tener delante la guía de trucos del videojuego, pero ni siquiera ha necesitado un entrenador a tiempo completo para alcanzar una cifra bestial que empieza a parecer preocupantemente habitual. Con Tito todo el año al pie del cañón (deseamos) y con el mordiente en ataque que supone el fichaje de Neymar Jr (a priori, porque a lo mejor resulta ser Nightmare Jr), quién sabe si la próxima temporada se romperá esa mágica barrera. En todo caso, tras dos años de experiencia ya nos ha quedado claro que con 100 puntos no te dan más premio que una Liga: para ganar la Champions hay que ser capaz de eliminar al Bayern de Munich en semifinales. Que luego cuando mandamos los penaltis al cuarto anfiteatro o los bávaros nos cascan siete, 100 puntos cierran pocas heridas.

A la otrora taurina hora de las cinco de la tarde, con división de opiniones en el tendido y más de un ocupante del palco de prensa pidiendo que su cadáver diera la vuelta al ruedo arrastrado por las mulillas, se despidió José Mourinho de sus tres años encabezando los carteles del Santiago Bernabéu: para el recuerdo deja buenas tardes y alguna faena de aliño (ahora “aliño” a éste, ahora “aliño” al otro). Aparte de algún que otro trofeo (y de unas cuantas cornadas traicioneras), del Madrid se lleva la experiencia, nueva para él, de cerrar una temporada sin el apoyo unánime de su cuadrilla. Cual si fuera Curro Romero, su paso por las plazas españolas ha inspirado el nacimiento entre los aficionados blancos de una nueva corriente de fieles seguidores de un arte incomprendido para la mayoría: los mourinhistas se definen desde el apego cuasi incondicional al diestro de Setúbal pero también desde la firme contraposición a la crítica y a los puristas (puristas de puro habano, o de pipa, por utilizar el elemento más característico de los abonados al coso merengue). Viendo que el empresario a cargo de la plaza no parece por la labor de continuar explorando tan revolucionario estilo, me temo que tendrán que esperar pacientemente la irrupción en el escalafón de su Morante particular. En cualquier caso, el que piense que sin Mourinho llegará la calma al ruedo de Concha Espina ni conoce al Real Madrid ni frecuenta las hemerotecas.

Cierto es que también ayudaron una increíble Real Sociedad que por momentos pareció el Brasil del 70 y un Atlético por fin al nivel que su historia y afición merecen, pero tres presidentes, dos entrenadores, dos estadios y cientos de millones de euros de deuda no han conseguido evitar que el Valencia se quede fuera de la Champions League por primera vez desde 2008 (año en el que también hubo tres presidentes, dos entrenadores, dos estadios y cientos de millones de euros de deuda, además de una Copa del Rey). Que con todo este despropósito institucional la Fundación del Valencia CF, máxima accionista del club por obra y gracia de la Generalitat Valenciana (mientras Bankia y los tribunales no digan lo contrario), colabore en la organización de un Máster Internacional en Gestión Deportiva Empresarial es poco menos que un cachondeo: sobre todo porque en su programa académico no se contempla el estudio en profundidad de su propio caso, del que tanto habría que aprender. Como a estas alturas aún no tenemos muy claro si el Valencia es de su Fundación, de la Generalitat, de Bankia o de un señor que pasaba por allí, desde FNF proponemos a los aplicados alumnos del máster que, como trabajo de fin de curso, investiguen la viabilidad de nuevas y originales fórmulas de gestión del club ché, como por ejemplo un hipotético proyecto de joint venture entre Españeta y Manolo el del bombo: peor no lo iban a hacer y al menos su compromiso y su amor a los colores quedarían fuera de toda duda.

Así, a bote pronto y a falta de todo un verano, va un pequeño parte de bajas de cara a la próxima temporada: Marcelo Bielsa y sus ruedas de prensa. José Mourinho y sus ruedas de prensa (las diera o no). Eric Abidal y buena parte de los cacareados valors del Barça. José Mourinho y buena parte del cacareado señorío del Madrid (lo tuviera o no). Juan Carlos Valerón y su magia. David Albelda y su magia (no, es broma). Jesús Navas y sus ojazos azules. Fernando Llorente y sus ojazos azules. Radamel Falcao y esos goles en Champions que nunca llegarán. Gonzalo Higuaín y esos goles en Champions que nunca llegaron. Andrés Palop y sus goles en UEFA. Ricardo y sus goles en… en contra. Manuel Pellegrini, Joaquín y en general todo rastro del jequeproyecto del Málaga (incluido el puerto deportivo). Deportivo, Zaragoza, Mallorca y sus fenomenales dirigentes (fijo que fueron al Máster de la Fundación del Valencia). Alex Ferguson y sus chicles. David Beckham y sus anuncios (aunque algo me dice que esto no lo perderemos del todo).
Ah, y San Mamés. Poca cosa.

martes, 15 de enero de 2013

El invierno del fútbol

Por snedecor
Pasan las Navidades y sus diferentes personajes cargados de regalos, y otro año más el único que de verdad sale ganando de todo este batiburrillo de envoltorios rasgados, digestiones pesadas y borracheras socialmente aceptadas es el ínclito Ken Follet. Su último engendro, El invierno del mundo, copa, Grey aparte, las listas de tochos más vendidos (y regalados), para desgracia de la Amazonia (la real, no la virtual) y júbilo de sus editores. 

Por suerte, esta vez a nadie se le ha ocurrido obsequiarme con tan magna obra. No quieran ver en estas líneas una crítica al canoso escritor galés; simplemente he llegado al límite de mi aguante, cansado de historias entrecruzadas, de guerras y viajes iniciáticos, de juegos de poder y romances imposibles entre personajes pretendidamente interesantes que, a pesar de su humilde origen, acaban siempre cruzándose con los grandes nombres de la Historia. Sí, estoy harto de la literatura como producto de consumo de masas, pero no por ello dejo de presentar mis respetos a quien, como Follet, consigue fabricar un best seller tras otro con la precisión de un maestro relojero suizo. Quienes no somos capaces de escribir ni una mísera cuartilla en seis meses no estamos en condiciones de criticar a nadie.

Viene todo esto a cuento de que el título de su último libro ha resultado inspirador, al menos para mí. El invierno del mundo, el invierno del fútbol, el fútbol en invierno. Ya pocos se obcecan en no reconocer a Messi como el mejor del mundo hasta que no haya jugado en una noche de invierno en Stoke. No creo que una gélida noche de Zaragoza o Valladolid tenga mucho que envidiar a una velada a orillas del Trent, pero sí es verdad que, si el argentino jugara en Inglaterra, tendría más posibilidades de exhibirse al relente, aunque sólo sea por una simple cuestión de calendario. Mientras en España el balón para por convenio, en la cuna de los movimientos sindicales los profesionales del asunto hace tiempo que entendieron (o les hicieron entender) que ellos no son simples proletarios, sino artistas y entretenedores que, como dicta su naturaleza, se deben al público que les paga. Así que el invierno (y las fiestas navideñas) se reciben con Boxing Day, jornada de año nuevo y, para rematar, ronda de FA Cup con los grandes en el bombo; aquí para poder librar el 23 de diciembre hubo que descabalgar, una vez más, una ronda de Copa del Rey.

Pero además de por el parón sindical, el invierno del fútbol en España viene indefectiblemente marcado por la placa de hielo del estadio de Los Pajaritos: tras el solsticio las sombras se tornan perpetuas en el fondo sur del campo soriano y sobre el sufrido verde aparece una banquisa de veinte metros de largo que abarca todo el ancho del terreno de juego, cubriendo con su resbaladiza superficie todo un área que se convierte en escenario de pifias, patinazos y carambolas varias que, como los libros de Ken Follet, acuden fieles a su cita en cuanto se agota el eco de los cantos de los niños de San Ildefonso. No hay aluminio, goma o multitaco capaz de domeñar al coloso blanco: balones, futbolistas e incluso árbitros imprudentes quedan a merced de los caprichos de la traicionera placa, tan fiel a su abono de media temporada como el más irreductible de los numantinos. El pasado domingo apareció tímidamente para el encuentro ante Las Palmas y, causalidad o no, en esa portería entraron los tres goles del cuadro local; es de esperar que en estas dos semanas sin partidos en casa haya terminado su puesta a punto y la escarcha permanezca en su sitio hasta bien entrada la primavera.

Mientras tanto, el sufrido público soriano se dispone a afrontar estoicamente y con castellana entereza los rigores de la estación, sabedor de que este año no sólo tiritarán las gradas: por primera vez en siete temporadas, el C.D. Numancia cerró el ejercicio con pérdidas. A base de descartes y de jóvenes promesas que en realidad no prometen (ni piden) demasiado, el club había conseguido ser un oasis de buen hacer en el seno de una Liga que de Profesional, al menos en los despachos, parece que tiene sólo el nombre. Pero al final ni el férreo control presupuestario que siempre ha caracterizado la larga y fructífera etapa de Francisco Rubio al frente de la entidad rojilla ha resistido a los embates de la crisis. Nada verdaderamente preocupante, apenas 140.000 euros, pero una señal más para alarmarse. ¿Cuánto más durará este invierno? Ni Follet lo sabe. Que San Saturio nos ampare.

lunes, 30 de abril de 2012

La pulga diminuta



Por snedecor
Barcelona, sala de prensa del Camp Nou, 13:32 horas del viernes 27 de abril de 2012. Sandro Rosell, presidente del F.C. Barcelona, comparece flanqueado por el director deportivo Andoni Zubizarreta y el entrenador del primer equipo de fútbol, Pep Guardiola, para anunciar que éste último ha decidido abandonar su cargo al final de la presente temporada. Es un momento trascendental para la historia del club, un adiós pactado y aceptado, en un momento de bajón pero ni mucho menos crítico, un ejemplo de transición pacífica y ordenada que queda reflejado en la solemnidad de un acto tranquilo y en el que la imagen de la institución debe quedar por encima de todo para salir aún más fortalecida.
Con su habitual dominio de la escena y la palabra y ante una audiencia rendida de antemano, Pep va explicando sus motivos para abandonar, que no son más que la manida excusa del “no eres tú, soy yo” llevada al fútbol: que si se siente vacío, que si necesita tiempo para recargarse, que si quiere hacer otras cosas y ver el fútbol desde fuera… Sólo le faltó decir que quería salir con otras personas, pero en fin, qué más da, es Guardiola. Frente a él, decenas de periodistas de medio mundo, la junta directiva en pleno y una amplia representación de la plantilla: para ser más exactos, todos los canteranos surgidos de La Masía, en perfecta representación del elemento diferenciador de la filosofía blaugrana (ya decimos que se trata de un acto institucional de primer orden). Las cámaras repasan sus rostros, serios, cariacontecidos, sabedores de que los ojos de todo el planeta están atentos a sus reacciones. Puyol fija la mirada en su entrenador, Piqué baja la cabeza, Xavi y Víctor Valdés tragan saliva...
… y entonces Messi no aguanta más y rompe a llorar. Los flashes se disparan para captar la imagen más esperada, la del astro incapaz de reprimir su emoción en el momento del adiós de quien ha contribuido decisivamente a hacerlo grande. Una pequeña pausa, una sonrisa cómplice y un cálido y paternal abrazo sellan un emotivo instante que quedará grabado para siempre en el imaginario colectivo de los barcelonistas, y que acompañará a sus protagonistas durante toda su vida.
Snif. Demasiado bonito (y almibarado) para ser cierto. La imagen más potente, la que seguramente todos los culés (y no culés) esperaban ver, jamás se produjo. Porque Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, uno de los mejores (si no el mejor) de todos los tiempos, símbolo de este Barça triunfal, no estaba allí. Desde el minuto uno su ausencia fue motivo de debate; tal fue el revuelo que sus asesores se apresuraron a lanzar un breve comunicado a través de su cuenta de Facebook: Messi da las gracias a Pep por todo lo que ha hecho pero no quiere que la prensa (cruel enemiga del futbolista desde tiempos inmemoriales) sea testigo de su emoción.
Oficialmente, Messi no quiere mostrar su pena por segunda vez en una semana después de que su imagen con la cabeza escondida en su camiseta, amargamente consciente de que si Munich se alejaba definitivamente era, en buena medida, por el penalti que estrelló en el travesaño, diera la vuelta al mundo. Gestos que humanizan a los genios y que cualquier asesor de imagen del montón sabría y aconsejaría cómo explotar. Pero Lionel dice que no y es que no, y nadie es capaz de hacerle ver que de su presencia en esa rueda de prensa sólo pueden salir beneficios para él y para su club. Extraoficialmente, Messi no fue porque no le salió de ahí.
Una estrella, ¿un adulto?
¿Quién es Messi en realidad? Sobreprotegido por su club y su entorno, siete temporadas después de su irrupción podemos decir que Messi, además del mejor futbolista del mundo, es un tipo que se salta entrenamientos cuando no juega y que por eso juega lo que quiere y cuando quiere (que se lo digan a Mendilibar), un tipo al que Ramón Besa pintaba hace cosa de un año en un extraño artículo en El País como poco más que un niño malcriado y caprichoso al que hay que aguantarle los berrinches porque Leo es así y punto, porque para eso es el mejor del mundo.
Uno repara en quienes han sido los más grandes en esto del fútbol, en los Di Stéfano, Pelé, Cruyff o Maradona, y ciertamente piensa que debe de ser difícil atar en corto a este tipo de genios: todos han hecho siempre lo que les ha dado la gana. Pero eso sí, estos 4 eran y siguen siendo bien conscientes de que son y han sido los mejores, y como tal han actuado. Perfectos conocedores de la repercusión que generan sus movimientos, genios y figuras, han sido auténticos líderes allí donde han ido, metiendo la pata a menudo (unos más que otros) pero mostrando siempre una personalidad arrolladora que les convierte en protagonistas de la noticia hasta cuando van al baño. Grandes personajes a los que se ama y se odia, y al lado de los que “la Pulga” empequeñece. Y es que Messi es ese extraño espécimen al que, siendo el número uno del deporte número uno y estando en Nueva York para un partido amistoso, Adidas decide no exhibir en su megatienda de Broadway como haría (y hace) con cualquier otro en su misma situación, porque a nadie le interesa (y menos en USA) lo que diga un tipo plano y gris como Leo.
Vale que sea tímido, vale que no acabe de gustarle eso de ser siempre el protagonista. Vale que, siendo sinceros, al final lo único que importe es que siga haciendo diabluras sobre los terrenos de juego. Pero no es que Messi no sea (ni vaya a ser) un personaje arrollador y carismático como sus predecesores en el Olimpo del fútbol: es que en Messi, a sus 24 años, ni siquiera vemos a un adulto capaz de entender sus responsabilidades y las servidumbres de ser el mejor del mundo.
En lo que sí se asemeja a esos genios es en que parece que nadie de su entorno tiene el suficiente carácter como para llevarle por el camino adecuado y obligarle a hacer cosas que no quiere hacer simplemente porque tiene que hacerlas. Porque Lionel puede llorar con la cabeza hundida en su almohada por la marcha de Guardiola, puede sentirse triste, enfadado y hasta traicionado, puede enfurruñarse como un niño y dejar de respirar, pero el tres veces Balón de Oro, el mejor jugador del mundo, la estrella máxima del F.C. Barcelona surgida de su magnífica cantera y pulida por el mejor entrenador posible, Messi, debe acudir a esa rueda de prensa. Y si es para llorar, mejor todavía.

lunes, 23 de mayo de 2011

Season finale en FNF

Por snedecor
Hay más cosas, claro. El desembarco en la Liga de los propietarios extranjeros, con distinta fortuna (en todos los sentidos de la palabra); la eclosión del árbitro español que quiso ser inglés y va camino de lograrlo (Mateu Lahoz deja jugar y se equivoca en las decisiones importantes igualito que Howard Webb); el esperpento del Hércules, que subió pagando a otros (dicen) y luego se olvidó de pagar a los suyos; o la despedida de un crack injustamente olvidado a la hora de nombrar a las grandes estrellas de la Liga (Frederic Kanouté, duende andaluz en un cuerpo de gigante africano); pero si tengo que destacar 5 puntos de esta temporada que se nos escapa entre los dedos, me quedo con estas:

5 – Los 5 partidos de la última jornada en los que se decidió el tercer equipo que retrocedía a la Liga Adelante (cruel paradoja publicitaria). La permanencia ha estado de lo más cara este año y ni siquiera 44 puntos bastaron para llegar ya de vacaciones a la última semana. Después de 37 fechas nos encontramos nada más y nada menos que con seis equipos mirándose de reojo, sabedores de que la victoria les salvaba pero pendientes de los demás por si podían librarse con otro resultado. Al final las lágrimas arruinaron las pinturas de los aficionados del Depor, que se va al hoyo tras nada menos que 20 temporadas en Primera, dos décadas en las que logró títulos, conquistó los principales escenarios del fútbol europeo y se ganó el cariño de todo aficionado no celtiña. Ahora es tiempo de analizar lo que se hizo mal (no sólo este año), llorar por los arbitrajes recibidos y temblar ante lo que se avecina, rezando para que la estancia en Segunda sea lo más corta posible (y no al estilo Tenerife). Suerte.

4 – Los 4 duelos entre Real Madrid y F.C. Barcelona que cambiaron España, tanto que tras dos semanas sin clásicos la gente tuvo que salir a las plazas a pedir más guerra. ¿O acaso pensáis que todo el lío del #15m hubiera ocurrido sin los pisotones de Arbeloa, el teatro de Alves, la locura de Pepe o la boquita de Busquets? No, la gente responde a los estímulos y Madrid y Barça elevaron la tensión entre la sociedad española hasta hacerla explotar por algo tan minúsculo como un sistema político y económico algo defectuoso. En cuanto caigamos en la cuenta de que en agosto tendremos dos nuevos enfrentamientos por la Supercopa… Ya huelo la sangre. Eso sí, esta vez la acampada que se monte en algún sitio de playa. Por el calor, más que nada. Viva la revolución.

3 – Los 3 delanteros con los que acabó el curso el Real Madrid gracias a la insistencia de Mourinho, que se ha comportado todo el año como el conflictivo hijo de un matrimonio divorciado (o en trámites). Quería su muñeco nuevo por Navidades y a pesar de que mamá Valdano dijo que ya tenía bastantes, aunque estuviesen rotos (Higuaín) u olvidados en el desván (Benzema), papá Florentino acabó comprándole un geyperman de nombre Manolito para evitar el berrinche de su nene, no fuera a ser que se fugara de la Casa Blanca a final de curso y le echaran a él todas las culpas. Luego llegó el día de enseñar los juguetes ante todo el colegio y Mou se los dejó en la mochila, pero bueno, ese es otro tema. Al final, después de meterse en todas las broncas de patio que pudo, el niño acabó enfadándose y dejó de respi... digoo, de hablar ante la prensa. Al menos nos ha entretenido. Y el año que viene, más... puede que con mamá Valdano fuera del hogar familiar.

2 – Los 2 cracks que alumbran nuestra Liga. Dejémonos de tonterías: Messi y Cristiano Ronaldo son dos bestias inhumanas. Cada uno con sus cosas, pero igualmente admirables. Justo el año en el que ya casi nadie se atreve a discutir al argentino como Mejor Jugador del Mundo, va el portugués y se ensaña con las porterías rivales, destrozando ese récord goleador en Liga que creíamos inalcanzable, porque si Ronaldo, Romario o Van Nistelrooy no llegaron, cómo iba a llegar un tipo que ni siquiera es delantero... Pues ya veis, sí ha llegado y ha pasado a Zarra y Hugo Sánchez. Sean 40 o 41, ante rivales descendidos o con marcadores decididos, son muchos goles, de todos los tipos y para todos los gustos, y no es nada fácil marcarlos. Valorémoslo, porque aunque la campaña mediática nos abrume y nos cause rechazo, él no tiene la culpa. Por su parte, Messi también nos ha dejado otro porrón de goles (lleva 52 entre todas las competiciones, uno o dos menos que Ronaldo pero a falta de EL partido), además de otra interminable lista de asistencias, regates y jugadas imposibles que lo elevan un poco más en los altares del fútbol. Olvidemos los colores y disfrutemos de esta conjunción astral antes de que a alguno se le acabe la chispa.

1 – El verano que nos espera. Porque lo mejor siempre está por venir, y el fútbol no para. Acabada esta función, se presentan unos meses cargados de citas para los más futboleros (pero los futboleros de verdad, no los del programa de la tele). Desde la final de la Champions hasta que la Liga arranque a finales de agosto, sin solución de continuidad e incluso solapándose, tendremos Eurocopa sub’21 (del 12 al 25 de junio), Mundial sub’17 (del 18 de junio al 10 de julio), Copa América (del 1 al 24 de julio), Europeo sub’19 (del 20 de julio al 1 de agosto), y Mundial sub’20 (del 29 de julio al 20 de agosto). Todo ello salpicado de rumores, fichajes, presentaciones, giras, torneos, la vuelta de Raúl al Bernabéu, la Supercopa, los amistosos de la Selección… locurón. A disfrutarlo con salud.

miércoles, 2 de junio de 2010

Leo Messi contra el dilema de D10s

Por Halftown
Echando una vista a los últimos Mundiales, no hace falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de que, como en los Juegos Olímpicos, parece haber una regla no escrita sobre la rotación de continentes. La diferencia está en que, mientras en los JJ. OO. rota el organizador, en el torneo de la FIFA el que rota es el campeón.

Con Asia, Africa y Oceanía presentes para darle color y buen rollito al tema, desde que Argentina ganó su propia Copa del Mundo en 1978, los campeonatos se han repartido equitativamente entre Europa y América, uno tú y uno yo.

Según esa lógica, en 2010 le corresponde a América llevarse el trofeo a casa. Y América todos sabemos lo que quiere decir: Argentina o Brasil, tanto monta.

Hace un par de semanas, la revista Wired publicaba una boutade en forma de regresión que pretendía anticipar el desarrollo del Mundial. Daba como campeón a la canarinha en una final contra Serbia. Dado que cuesta imaginarse al Brasil de Dunga, Felipe Melo y Luis Fabiano llevándose el gato al agua –personalmente, prefiero ni pensarlo-, parece que Argentina puede tener más chance (que dirían ellos).

A pesar de haber dejado a Cambiasso y Zanetti en casa, a pesar de llevar a Bolatti y a pesar de la cantidad de los otros múltiples bandazos que ha dado su seleccionador, siguen estando arriba Messi, Agüero, Higuaín y Tévez. Cuesta recordar a una ristra de delanteros de un mismo país que acumulen más goles que esos cuatro. Parece que Argentina puede permitirse jugar como el Barça de Cruyff, a intercambiar golpes, y salir ganador.

El personaje por encima del futbolista

Precisamente estaba viendo el otro día el documental que hizo Kusturica sobre Maradona (hay momentos en que uno ya no sabe quién de los dos tiene el ego más por las nubes) y no dejaba de pensar en que jamás veremos un documental parecido sobre Leo Messi.

Que no se me entienda mal, Diego Armando me parece tan genial con el balón como cretino sin él. Messi, sobre el campo, creo que está –a falta de ganar un Mundial- más o menos al mismo nivel.
El problema es el personaje. Mientras Maradona tiene una vida que parece sacada de una novela – suburbio infame/talento precoz y extraordinario/revancha de Malvinas/líder de la Italia pobre/drogadicto/revolucionario de boquilla/showman/milagrosa resurrección-, Leo Messi tiene poca cosa.

Como machacan los medios españoles a cada nueva hazaña del 10 del Barça, en la biografía de Messi están su problema de crecimiento y la historia de la servilleta firmada por Charly Rexarch. Y ya está. Nunca una palabra más alta que otra, nunca una novia famosa, nunca una excentricidad propia de los genios. Ni siquiera Inda se molesta en inventarle un flirteo con Abramovich para desestabilizar al personal. Los dos justificaban el precio de la entrada. Maradona en cambio trasciende el balón, es un símbolo.

El Mundial de 2010 parece la ocasión de oro de Leo para igualar al futbolista que fue Diego Armando. Para eso, al revés de lo que ha parecido hasta ahora, el hoy seleccionador tendrá que ser lo suficientemente inteligente para entender que el triunfo sobre el campo de Messi no haría sino engordar el mito de Maradó.

jueves, 27 de agosto de 2009

El anti Guardiola ya espera

Por Sebastián Dulbeca
Tres veces, tres, negó la pasada temporada San Pep su imagen de maniquí inarrugable. Y con las mismas palabras que regaló fuera de la sala de prensa (las celebraciones en el Camp Nou no cuentan): cero.

1) Al inicio de Liga respondió con mirada láser a un Eto'o en trance de gol. Hubo (re)indulto y abrazo on the rocks cuando en el Nou Camp amenazaba infarto. Luego pasó lo que pasó y arrivederci, Samu.

3) Casi al final del campeonato puso mueca de interruptus tras el tanto del único Llorente delantero centro -vasco por dentro y amarillo por fuera- con el que aún no ha quinieleado -y debería- Del Bosque.

2) Justo entre un momento y otro, el 1 de octubre de 2008, comenzaba sin saberlo él siquiera la carrera a lo Cacho con la que luego explotaría en semifinales de Champions con el gol de Iniesta. Aquel pistoletazo de salida responde por Mircea Lucescu (Bucarest, 1945) y aguarda a Guardiola para disputarle mañana la Supercopa de Europa.

A falta de saloon, nada mejor que Mónaco, donde ya celebró el acierto de Jardel frente al Real Madrid (2000), para dirimir un pique timbrado en los vestuarios del Olympiyskiy Stadium. Escaseaba el glamour allí aquella noche, pese a la visita ilustre. Barcelona y Shakthar Donetsk (Samba Donetsk, en feliz subrayado del jogo bonito por parte de La Sexta) colisionaban por entonces en el grupo C de la máxima competición continental. Con fuerza pareja: 1-0 en el minuto 87; ¡1-2 en el 95!, previa epifanía en manga corta de Messi.

Al técnico rumano del equipo local (es un decir: hay croatas, checos, polacos, brasileños... y ucranianos como Chygrynskiy El Deseado), un hombre que como jugador alcanzó la misma gloria que un callista, se le descompuso el cuerpo tan rápido como se le multiplicó el verbo: italiano, español y hasta el dialecto de Ozores ("......... fair play ........ darla para atrás") para vocear que la remontada era ilegal. Que el resultado se explicaba por la falta de deportividad (en referencia a una acción en la que había un jugador suyo supuestamente lesionado). Que vencer así no era "digno" de un conjunto como el blaugrana.

Pep micrófono delante. Pep centro de la diana. Pep caída de párpados. Y adiós.

La cara de Pepe mete el micro ahí Gutiérrez y el nombre de Lucescu no volvieron a resultar familiares hasta el partido de vuelta. Entonces el ex del banquillo de Pisa, Brescia (casualidades de la vida: la squadra en la que se jubiló Guardiola), Reggiana, Inter y Galatasaray decidió cobrarse lo que creía suyo: 2-3.

Fue la única derrota del Barça en la presente edición de la Copa de Europa (¡jugó hasta Cáceres!) y el pasaporte para una Copa de la UEFA que, en Estambul, en el tiempo extra y en su última convocatoria con tal nombre, levantó delante del Werder Bremen con toda justicia.

Lucescu y Guardiola. Una buena oportunidad para sacar el dichoso seny...

martes, 9 de junio de 2009

El mote hace al delantero


Por La KSB
Lo primero que hacen los jugadores argentinos para convertirse en promesas, y costar lo que una, consiste en: uno, parecerlo; dos, hacer que les pongan un mote y, tres, conseguir que Maradona los declare su sucesor. La teoría de mi amigo Manu -el autor del razonamiento- es tópica, pero tiene buena puntería; muy pocas veces falla.

Algo en la balada imaginaria de Villafiorita hace suponer que hay que tener suficiente rabia para patear un balón y lograr que el gol pase de espejismo a melodrama. Untado por la gloria, el futbolista, héroe descastado, pasa a ocupar ese lugar que separa la cancha del resto del mundo. Desde ahí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Eso dicen las páginas del libro que Maradona ha escrito en la cancha y cuyo primer capítulo podría titularse Los dioses también se joden (Juan Villoro dixit). O mejor dicho, los dioses también nacieron jodidos.

Hasta ahí, la balada de Villafirotita parece clara. Pero no basta con ser el héroe. Hay que vivir como héroe y llamarse como héroe. Al prócer es necesario también corearlo y bailarlo, como bailan los pueblos a sus santos.

En ese terreno, los futbolistas argentinos glosan su propia épica –el pelusa, el burrito Ortega, la pulga-. Una epopeya arrancada del arrabal y el corralito. Una pila bautismal tocada por el populismo intravenoso -y otras herencias peronistas- a la que vale la pena incorporar una nueva entrada.

Hijo de la pampa

Brian Sarmiento (Rosario, Argentina, 1990) es un volante zurdo de poca altura (1,63 metros), capaz de hacer las veces de media punta. Su pelo negro, azabache para más señas, lo emparenta con la genealogía de la pampa, aunque él dice parecer un gitano de Xérez.

A sus 17, Brian era ya todo un Martín Fierro al que algunos comenzaron llamar “el nuevo Messi”. Fiel al protocolo del halagado, el futbolista prefirió quitarse el augurio a sombrerazos -“No soy como Messi, esa es una morcilla pesada”- y concentrarse en lo suyo: salir de donde estaba.

A punta de patadón, dejó de ganar 150 euros al mes en el Estudiantes en Argentina, pasó a la alineación del Racing y de ahí al Xérez, su actual Club. Desde entonces, Brian se hace llamar Curro, Currito Sarmiento o Currito de Xérez. Su aspecto indio, gitano insiste él, lo coloca en una gesta aún más colorida en la que el mote, insisto, juega un papel fundamental.

Que algunos le llamen Machu Pichu desde la tribuna es algo que a este chico con nombre de jugador de la NBA y apellido de Facundo, el Domingo Faustino de Carrascal, no termina de gustarle. Pero, ¿cómo, si hasta baila bulerías ahora que el Xérez asciende a primera?

Aunque Currito lo intente, algo en sus palabras lo devuelve al lugar de donde salió: esa cantera del pelotazo en el que la lucha por la supervivencia es también política (y jactanciosa).

“Con mi papá teníamos que salir a buscarnos la vida, vendiendo lo que teníamos: mi bota. Ahora, las botas las regalo yo”, declaró Brian Currito Sarmiento de Xérez a una reportera de los informativos de Antena 3 el fin de semana en que se especulaba con el ascenso del Club a primera.

Aunque menor, si se quiere, contemplo la escena como si de otro episodio operístico argentino se tratara, otro tango de esos que Borges odiaba –a Funes no le gustaba jugar al futbol- y que a la grada fascina. No en vano, Maradona escogió el Nápoles, a los pies del Vesubio, para poner fin a su carrera… Es la balada imaginaria de Villafiorita, sonando a toda mecha en los altavoces de mi televisor.

jueves, 28 de mayo de 2009

Tel Aviv, noche blaugrana... y blanca

Por Johan Einstein / Desde Tel Aviv
En la playa de Tel Aviv, 4000 israelíes vibraron con la victoria del Barça ante el Manchester. En la fina arena, senyeras y banderas barcelonistas me transportaron por dos horas a Barcelona. Solo que en lugar del español o catalán se escuchaba hebreo.

Bueno, y mucho español gracias a la importante colonia argentina, que llevaba sin excepción la camiseta de su selección. La de Messi, claro. "Dale,Leo, dale!!", gritaban con tanto amor a su chico como odio al rival inglés.

Desde este digno blog envío mis disculpas al organizador de la velada en Tel Aviv, que no sé por qué diablos decidió quitar la señal de la televisión antes de la entrega de trofeos. Mi airada reacción, unida a la de los 4.000 amigos, le convencieron para que pudiéramos ver en la gigante pantalla a Puyol levantando la Copa y al genio italiano inscribiendo el nombre del club en el trofeo.

Algunos se me acercaban preguntando a quién fichará el Barça el próximo año. Que Florentino aprieta... Me río. Me descojono. Y me digo: "Sí, señor, son culés. Prefieren sufrir que disfrutar el momento".
El enemigo Cristiano

Acabada la retransmisión, el paseo marítimo de Tel Aviv parecía las Ramblas con múltiples bufandas y bocinazos de los coches. Curiosamente, y manda huevos como diría el otro, la noche del Barça coincidió con la llamada noche blanca de Tel Aviv, en la que no se duerme y el Ayuntamiento organiza actuaciones musicales y teatrales en la calle. Una noche blanca donde sólo había cules pero que se alargó hasta la llegada del sol... Blanca y culé.

Llamada de un amigo de Gaza. El palestino está contento.Felicidad máxima. Es tan culé como los israelíes que me rodean. Su ídolo es Keita, que siempre se acuerda de Alá, su protector. Se alegra por la tristeza del Cristiano. El portugués tiene todos los números para ir al Madrid. Muchos aficionados del Barça identifican al crack como nuevo enemigo, acompañando a Ramos y Guti. Cada forcejeo con Puyol le quitaba deportividad pero le sumaba gloria como digno enemigo en el futuro.

En estas tierras de Oriente, que estuvieron bajo el mandato británico, se respetaba mucho al Manchester. Pero el temor de árabes e israelíes a la armada inglesa no superaba el amor al buen futbol de los enanos Xavi, Messi e Iniesta.

Por cierto, entre el millar de israelíes que viajó a Roma para ver la final estaba el ex primer ministro, Ehud Olmert. El futbol no corrompe pero tiene una fuerza brutal. Y es que Olmert, un gran seguidor de la fuerte banda de Ferguson, prefirió estar con su amigo Don Silvio en lugar de quedarse en Israel donde por la mañana se decidia en el Tribunal Supremo un aspecto legal de su futura comparecencia por un supuesto caso de corrupcion. Vaya dia, Ehud!

"Eto'o marcó el gol de la final por su viaje que hizo a Israel con el centro Peres por la paz", chilla un chaval. Ahí está la clave de la victoria de Pep, al que aquí todos le elogian incluso más que a Messi. Ahí va la gran pregunta desde estas tierras a los expertos del blog: ¿Quién es más imprescindible, Messi o Guardiola?

jueves, 7 de mayo de 2009

De Jerusalén a Londres pasando por Roma

Por Johan Einstein / Desde Jerusalén
La semifinal de la Champions entre el superbúnker Chelsea y la alegre maquinaria blaugrana ha sido uno de los programas televisivos más vistos en los ultimos meses en Israel. Y gracias a Dios, Alá o Yahvé, sin los comentarios de un locutor vendiéndonos películas o series de relleno antes de un remate o un córner. Tiene sus ventajas no vivir en España y sufrir a los nuestros mezclando goles con autobombo en directo.

Israel. 6 de mayo 2009. Noche cálida y prometedora. Las calles, semidesiertas; los bares, llenos- en su mayoria a favor del Barça, que cuenta por estos lares con una potente peña- y las discotecas abriendo antes para acoger noctámbulos futboleros. Y 2.000 israelíes en las gradas del pijo club londinense. !!Dos mil!!

Desde el presidente de la Federación Avi Luzon hasta el seleccionador nacional, Dror Kashtan pasando por taxistas, empresarios o dentistas que pagaron una buena fortuna para viajar a Londres y presenciar a su equipo. ¿El del magnate judío Abrahamovich? No. El Barça.

Leo Messi I, santo padre

Las agencias de viaje en Tel Aviv informan de que han llegado centenares de solicitudes para la final de Roma. Entrada+viaje+noche en hotel, por un precio de entre 2000 y 2500 euros. Aunque no hay muchas entradas a la venta, les aseguro que irán muchos de estas tierras. Y allí en el circo romano se enfrentarán a un dilema existencial. No el del conflicto con los palestinos o el de un Irán nuclear cuyo presidente se excita cada noche soñando con la destrucción de Israel.

No, estoy hablando de decidir a quién quieren más, si al Barça o al United, sin duda los dos equipos más populares en Israel. Solo comparables a la primera religión del país: el Maccabi Tel Aviv de baloncesto. Aunque la numerosa colonia argentina en Tierra Santa, cuyo Santo Padre es Leo Messi I, inclinará la balanza a favor de los de Guardiola.

Algunos analistas israelíes se atrevían hoy a criticar al Barça de ayer, cachondeándose por aquello del "equipo del siglo", tras el glorioso 2-6 del Bernabeu. Pero el pueblo era y es del Barça y soy testigo por los gritos escuchados tras el golazo de Andresito.

¿Los palestinos? Del Barça en su gran mayoria y solo hace falta escuchar la narración en árabe en la cadena Al Jazzira.

Contra el Chelsea, palestinos e israelíes gritaron juntos de júbilo. Algo es algo.