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miércoles, 2 de junio de 2010

Leo Messi contra el dilema de D10s

Por Halftown
Echando una vista a los últimos Mundiales, no hace falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de que, como en los Juegos Olímpicos, parece haber una regla no escrita sobre la rotación de continentes. La diferencia está en que, mientras en los JJ. OO. rota el organizador, en el torneo de la FIFA el que rota es el campeón.

Con Asia, Africa y Oceanía presentes para darle color y buen rollito al tema, desde que Argentina ganó su propia Copa del Mundo en 1978, los campeonatos se han repartido equitativamente entre Europa y América, uno tú y uno yo.

Según esa lógica, en 2010 le corresponde a América llevarse el trofeo a casa. Y América todos sabemos lo que quiere decir: Argentina o Brasil, tanto monta.

Hace un par de semanas, la revista Wired publicaba una boutade en forma de regresión que pretendía anticipar el desarrollo del Mundial. Daba como campeón a la canarinha en una final contra Serbia. Dado que cuesta imaginarse al Brasil de Dunga, Felipe Melo y Luis Fabiano llevándose el gato al agua –personalmente, prefiero ni pensarlo-, parece que Argentina puede tener más chance (que dirían ellos).

A pesar de haber dejado a Cambiasso y Zanetti en casa, a pesar de llevar a Bolatti y a pesar de la cantidad de los otros múltiples bandazos que ha dado su seleccionador, siguen estando arriba Messi, Agüero, Higuaín y Tévez. Cuesta recordar a una ristra de delanteros de un mismo país que acumulen más goles que esos cuatro. Parece que Argentina puede permitirse jugar como el Barça de Cruyff, a intercambiar golpes, y salir ganador.

El personaje por encima del futbolista

Precisamente estaba viendo el otro día el documental que hizo Kusturica sobre Maradona (hay momentos en que uno ya no sabe quién de los dos tiene el ego más por las nubes) y no dejaba de pensar en que jamás veremos un documental parecido sobre Leo Messi.

Que no se me entienda mal, Diego Armando me parece tan genial con el balón como cretino sin él. Messi, sobre el campo, creo que está –a falta de ganar un Mundial- más o menos al mismo nivel.
El problema es el personaje. Mientras Maradona tiene una vida que parece sacada de una novela – suburbio infame/talento precoz y extraordinario/revancha de Malvinas/líder de la Italia pobre/drogadicto/revolucionario de boquilla/showman/milagrosa resurrección-, Leo Messi tiene poca cosa.

Como machacan los medios españoles a cada nueva hazaña del 10 del Barça, en la biografía de Messi están su problema de crecimiento y la historia de la servilleta firmada por Charly Rexarch. Y ya está. Nunca una palabra más alta que otra, nunca una novia famosa, nunca una excentricidad propia de los genios. Ni siquiera Inda se molesta en inventarle un flirteo con Abramovich para desestabilizar al personal. Los dos justificaban el precio de la entrada. Maradona en cambio trasciende el balón, es un símbolo.

El Mundial de 2010 parece la ocasión de oro de Leo para igualar al futbolista que fue Diego Armando. Para eso, al revés de lo que ha parecido hasta ahora, el hoy seleccionador tendrá que ser lo suficientemente inteligente para entender que el triunfo sobre el campo de Messi no haría sino engordar el mito de Maradó.

martes, 18 de mayo de 2010

El efecto Gorosito

Por Miguel Bujalance
Cuando Néstor Raúl Gorosito apareció en Jerez en enero, el equipo iba camino de ser el peor debutante de la historia de la Primera División. Sus inicios en el club azulón no resultaron alentadores: una victoria y cuatro derrotas. Sin embargo, él mantenía un discurso optimista que provocaba la risa de periodistas y aficionados. Su peinado a lo Camarón, sus ínfulas argentinas y su desconocimiento del fútbol español presagiaban otro de los tantos haraquiris de aquellos clubes que ven la ruina económica y deportiva bajo sus pies. A falta de una jornada para acabar la Liga, sin embargo, el Xerez llegó con opcioes de concretar una de las mayores gestas deportivas que se recuerdan.

Gorosito puede presumir de un palmarés muy digno como jugador. Fue campeón con River y formó en San Lorenzo con Alberto Acosta uno de los mejores ataques del fútbol suramericano de los 90. Sus cualidades también forjaron una notable carrera fuera de Argentina. Su triunfo incontestable en la Universidad Católica de Chile, donde coincidió con Pellegrini, y su papel estelar durante dos temporadas en el Tirol de Austria lo confirman. Antes de retirarse, probaría en el Yokohama Marinos japonés.

Sin duda, un trotamundos del cuero. Un mercenario hecho de esa extraña aleación que permite destacar tanto en grandes ligas como en campeonatos de segunda fila. Con la albiceleste, Gorosito ganaría la Copa América de 1993. Por aquel entonces, los analistas le auguraban un papel destacado en el combinado nacional en la Copa del Mundo del año siguiente. Pero su puesto fue para un decadente Maradona, cuyo positivo derrumbó las expectativas de un equipo solvente que caería en el primer cruce ante la Rumania de Hagi.

El apodo de El Pipo viene de muy lejos. Su padre admiraba mucho al gran jugador Néstor Raúl Rossi Pipo y bautizó de esta manera al niño goleador que empezaría en las categorías inferiores de River. Desde su época de jugador, Gorosito mostró un gran interés por el conocimiento del juego y pocos dudaron de sus cualidades para pasar al potro del banquillo. Para aprender, Gorosito compartió en las concentraciones muchas horas con un joven Pellegrini que iniciaba su carrera de entrenador.

Palabra argentina

Durante años defendió la sabiduría futbolista del Ingeniero con la misma vehemencia con que se defiende el menottismo o el bilardismo. Además, el prestigio de las recomendaciones del veterano volante llevó a Pellegrini a San Lorenzo. La comunión entre ambos era total, hasta que el chileno fue tentado por River Plate. Aquí Gorosito vio su gran oportunidad tras colgar las botas y no dudó en alabar al chileno en el seno de la entidad bonaerense, donde era muy respetado. Durante días aguardó la llamada de Pellegrini para unirse a él en aquel reto, si bien ésta nunca se produjo. Maestro y alumno nunca coincidirían en el Monumental y Gorosito nunca perdonaría a su amigo. Los elogios del actual preparador del Xerez desaparecieron y pronto Pellegrini daría el salto a Europa, a pesar de la elegancia mostrada por Pellegrini cuando visitó Chapín hace unas semanas con su poderoso Real Madrid.

Tras ese fracaso emocional, Gorosito cimentó una irregular carrera en los banquillos. Finalmente, en 2009 recibió la ansiada llamada de River. Su misión era complicada: debía resucitar a un grande que se ahogaba en una mediocre gestión deportiva. No tuvo suerte y el equipo perdió 15 de los 33 partidos que disputó bajo sus órdenes.

Desalentado por el ambiente, Gorosito tiró la toalla. "El que venga tendrá más fuerza que nosotros. Una cara nueva va a servir de motivación para mejorar la situación del equipo, que es injusta. Por historia no merece estar donde está", declaró en su despedida. Meses después recibiría la llamada del Xerez, otro equipo desahuciado, pero carente del glamour de River. Gorosito aceptó y su palabra argentina se hizo carne. El milagro estuvo cerca. O quizás se consumó, porque su trayectoria sólo es producto de los fenómenos paranormales.

martes, 20 de octubre de 2009

The Business no la chupa a Maradona

Por Sebastián Dulbeca
Tras años de impúdico masajeo genital, de testiculina oportunamente licuada y de sobreexcitación casi embólica, al Diego todavía le dura dura. «Que la chupen, que la sigan chupando», dijo la noche del simulacro de partido en Montevideo el hombre que la única vez que necesitó Viagra recurrió al azul Palermo. Nadie ha sido capaz de espetarle a este Príapo con polera que toda Argentina no se ha dedicado a otra cosa que a mamársela desde que decidió vengar al Belgrano con el puño descalzo y la pierna enguantada. Por eso abundan en YouTube las glosas de lengua boba y afán felador.













Por eso también la andanada más cafre contra él viene de Inglaterra.

The Business ve al Pelusa de forma distinta a un apóstol de la antiglobalización o a una paloma blanca de villa miseria
. Nacida como formación en el sur del Londres de finales de los 70, mala imitación de Sex Pistols de orientación futbolera (y racista), difícilmente podría plegarse a los deseos masturbatorios de Maradona, en tanto que dice de él en su canción homónima: "Sea lo que sea que esnifes, siempre quieres más,/ ahora con putas sólo marcas,/ todo proporcionado por la mano de Dios./ Vas camino de la eliminación de la Copa,/ No has debido meterte por la nariz un cubo de farlopa,/ todo proporcionado por la mano de Dios./ Eres mierda...".



Suerte ha tenido el mítico 10 y actual ¿entrenador? -la nariz de Bilardo es alargada- de la albiceleste de que desde 2006 apenas se tiene noticia de quienes igualmente popularizaron en Hardcore Hooligan el tema England 5, Germany 1 (clasificación para el Mundial 2002: histórico putsch británico).



Si se atrevieron con la dichosa mano, a saber qué letras les hubieran inspirado otros apéndices.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Bielsa, 25.000 vídeos para volverse loco

Por Nick Panzeri
Cruyff se descolgaba recientemente invitando a Guardiola a mitigar su obsesión por los pequeños detalles futbolísticos. "Con el tiempo, si no lo deja, acabará enfermo", aseguraba en Esquire. Marcelo Bielsa lleva obsesionado con todos los detalles desde que a los 25 años decidió dejar el fútbol, en su plenitud, para ser entrenador.

Desde entonces, su organismo no ha dejado un sólo día de alimentarse de paredes y ajustes defensivos; de diagonales y desdoblamientos laterales; de aclarados a los extremos (su debilidad) y ayudas colectivas.

El pasado verano, el Loco Bielsa desveló las principales conclusiones de todo su obsesivo trabajo como entrenador. El técnico argentino reconoció haber estudiado en televisión durante su carrera como entrenador un total de... ¡¡¡25.000 partidos!!! Sólo pensarlo da miedo:
4 años, 3 meses, 9 días y 12 horas ininterrumpidas de grabaciones.

El estudio sesudo de cada fotograma le ha llevado a la conclusión de que sólo hay 28 formas de colocar un equipo en el campo, que cada conjunto tiene 11 formas de llegar al gol y que existen 17 rutinas defensivas.

De los 28 planteamientos, Bielsa se decantó hace años por un 3-3-1-3 que entiende que es el que mejor ocupa el campo y más facilita las continuas asociaciones de sus jugadores, que es la fórmula más repetida por sus equipos de esas 11 opciones que plantea su estudio y que tienen que ver con ataque directo o asociado, con los tiros libres, con maniobras individuales o con un pivote que participe de una acción con sus compañeros.

Capaz de resolver cualquier dilema táctico con la facilidad que Einstein resolvía una ecuación de primer grado, su locura se ha contagiado a todo Chile, que volverá a estar en un Mundial en 2010 en Sudáfrica. Sus frases se recopilan en blogs, los pabellones se llenan para escuchar sus ponencias con la clase polítia en primera fila y se le dedican canciones. Mientras, toda esa Argentina que se mofó de su locura durante su etapa de seleccionador por dos resultados torcidos añora su loca cordura porque ya no cree en D10s. El fútbol siempre fue una religión politeista.

domingo, 21 de junio de 2009

El día que el fútbol me salvó la vida

Por Víctor Enciso
Hacía mucho frío en aquel cuartín lleno de cabezas calientes contra la dictadura. Los hombres estaban imprimiendo unos folletos tan subversivos como su propia reunión, una cita arrancada por cada uno al temor y al disimulo de sus vidas legales, que uno no es revolucionario las 24 horas por mucho que la memoria le engañe después.
La habitación sabía a humo y parecía estar armada de ojos. ¿Cómo si no emprender aquellos ratos de sabotaje a las cañerías de Videla? El miedo. Todo se hacía de reojo y con mil oídos puestos hasta en los enemigos íntimos.

Los hombres amontonaron los papeles terminados y se los fueron repartiendo. Un paquete cada uno, algunos dos, tres, incluso. Al día siguiente extenderían el mensaje por entre las tripas de una Argentina con demasiados inviernos en 1976.
Se despidieron, salieron del zulo voluntario, miraron a las esquinas y se fueron a la noche de Bahía Blanca para esconder por unas horas aquella guerrilla de imprenta que acababan de inventar.

Andaban nerviosos. No tiene que ser fácil viajar con un pasaporte de muerte en la mochila. La ciudad era un silencio de patrullas, la típica involución de las especies que generan los golpes de Estado, esa insoportable evidencia de saber que cada transeúnte debe tener alguna razón vital para serlo.
Él tenía una muy buena.

Se acercó a su Citroën, abrió el portón trasero y camufló los paquetes de folletos en el maletero, entre unas mantas y unos cachivaches. Arrancó y tiró hacia su casa. Por un rato fue un conductor más, un argentino obedeciendo a los semáforos, como le gustaban las cosas al general. Recorrió varios kilómetros sin más novedad que la de su estómago contraído, una angustia que probaban muchos amigos suyos a diario y que ya empezaba a formar parte de sus mapas interiores. Era un runrún de capricho, como por adelantado. Y era constante, porque uno sí es revolucionario las 24 horas para la ansiedad y los terrores por venir.

Tiempo extra

Cuando estaba llegando a casa, al doblar un cruce que había tomado mil veces, vio algo raro al fondo de la calle. Forzó un poco la vista y supo que tres coches por delante del suyo el orden había plantado un control militar. Estoy muerto.
Miró casi sin querer hacia la parte de atrás del coche y enseguida volvió a poner los ojos en lo poco que le quedaba de vida. Un armatoste militar estaba cruzado en la calle y dos soldados se colocaban a los lados del vehículo que llegaba, miraban a los ocupantes y les tomaban la documentación mientras otros guardias abrían el maletero.

Cuando pasó el tercer coche, él arrancó despacio hasta llegar a la altura del puesto improvisado. Creo que pensó que su vida no había sido perfecta, afortunadamente. Pero no habría estado de más que un golpe de suerte le hubiera librado de aquella noche con pinta de ley de punto final.
El soldado de la derecha encañonó la ventanilla en un gesto de rutina inoportunamente ofensivo. Si me vas a matar, al menos tómatelo en serio, cabrón. El que venía por la izquierda tardó unos segundos en alcanzar la altura del conductor, que ya había bajado la ventanilla por si su sonrisa retrasaba en algo su destino.

El soldado se acercó, inclinó un poco la cabeza, vio al conductor y fue a ordenar a los demás que registraran el coche, pero, de pronto, volvió a mirar adentro y habló con los ojos para acabar, sin saberlo, con todas las dictaduras de la Tierra:

– ¿Pero tú no eres el del fútbol?
– Sí, sí, claro.
– ¡Qué bueno, cuando lo cuente no se lo van a creer! Hay que ver cómo jugábais, daba gusto veros. Anda, pasa, pasa y que te vaya bien. Buenas noches.

Los soldados se separaron del coche y el parlanchín despidió con una mano sonriente al conductor, que se perdió en la tiritona de las jugadas que resumen al mundo.

Me lo contó hace muchos años, ante dos cafés solos de sobremesa, Ángel Cappa.