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jueves, 24 de junio de 2010

Los Jomeini del toque

Por Rocheteau
Si hubiese escrito este artículo tras el partido ante Suiza, algunos me acusarían de ventajista. Tras el de Honduras, de oportunista. Así que lo escribo a pocas horas de jugar contra Chile. NO ME GUSTA EL TIQUI-TACA. O, mejor dicho, es el peor estilo para un Mundial: multiplicas los riesgos, tiende a un barroquismo ineficaz y, salvo en contadas ocasiones, es el mejor modo de cavar la tumba de un equipo. ¿Que cuando funciona es orgásmico? Cuestión de afinidad: en clase de Historia siempre me cayó mejor Esparta que Atenas.

España tuvo un 74% de posesión contra Suiza. De media en los dos primeros encuentros, un 66%. Una burrada. Balance: una derrota y una victoria tristona. Axioma n.1: tener el balón no significa ganar, y menos aún crear peligro. Las dos ocasiones de Suiza fueron más claras que las de España, pese a los tropecientosmil tiros que la prensa blandía como prueba de la verdad suprema.

El otro día me topé con un titular en la portada de La Gazzetta dello Sport que decía: “¿La posesión del balón es eficaz? Antídoto al modelo Barça. El efecto Mou en Sudáfrica”. La teoría italiana puede estar equivocada, pero plantea argumentos objetivos: “El porcentaje de posesión cuenta una parte de la verdad, pero no dice a qué velocidad corría el balón”.

Es decir, que tiene poco mérito tener el balón cuando el rival te lo cede. Es más, ni siquiera lo persigue. Y, por tanto, no se cansa. Brasil tuvo un 72% frente a corea del Norte en el primer partido. ¿Jogo Bonito? No. Victoria 2-1 y justita. El diario italiano lo explica con un adjetivo delicioso: “El toque de los brasileños es menos jomeinista que el de los españoles”.

Dice la Gazzetta: El tiqui-taca “es un mecanismo complejo y frágil. Necesita premeditación, velocidad, brillantez y jugadores adecuados. Si falla uno de estos elementos, la máquina se gripa y se convierte en un laborioso y barroco monumento a la impotencia”. La única rapidez de España la han puesto Villa y Torres, y ha sido criticada por sacrílega, como si quebrase los mandamientos de la Torah de Luis Aragonés.

Porque algo de religioso hay en todo esto. En España se ha establecido como una extraña supremacía moral del tiqui-taca: teoría angelical según la cual este estilo entronca con todos el bien universal de Aristóteles, el 0,7% para África, pasando por la lucha de los Jedi, los federales en la guerra de Secesión y, claro, Barack Obama, que si jugase al fútbol sería un mediocentro del Barça y criado en La Masía..

Es como si Kárpov hubiese declarado tras perder el título ante Kasparov que su apertura era mucho más arriesgada que la del ogro de Bakú. Ignoro como se dice gilipichis en ruso, pero la prensa le habría dicho: “Anatoli, macho, pues cubre tu rey y déjate de milongas”, suponiendo que se diga “milongas” en ruso.

Contraataque y buenas noches

Dice el poeta, entre toques de arpa, que cuando tienes la pelota te defiendes porque el rival carece de ella y que jugar bien es el mejor modo de llegar a la victoria. Responde Carlo Ancelotti, el entrenador menos italiano de los entrenadores italianos: “Mentira. La posesión de balón tiene sentido sólo si se culmina, o sea, si sirve para crear espacios, hueco por los costados o liberar para el disparo. Si no, es arriesgadísima. En cuanto el enemigo corta tu aburrido (y algo presuntuoso) toqueteo, se van directos al contraataque y buenas noches a tu idea”. Vamos, que el toque sirve si juegas más o menos como Chile.

Pensaréis que, claro, qué se puede esperar de un diario italiano. El caso es que, el otro día, Mazinho escribía esto en El País, refiriéndose a la Brasil del odiado Dunga: “Hay equipos que sedefienden bien, pero atacan peor; otros son buenos moviendo la pelota, pero tienen errores atrás y lo pagan. Brasil se ha planteado ser buena en las dos áreas”. ¿No suena eso a fútbol total?

Y algunos objetarán que Mazinho era un mediocentro defensivo. Como Dunga. Resulta que el martes 22, leía en L’Équipe una crítica similar a la flacidez pendular de España: "Los dos partidos dejan la impresión de que España se ensimisma a veces en un juego de pases que gira sobre sí mismo. La frontera es estrecha entre la elaboración de un remolino frenético que desorienta al adversario y esta manera de ronronear y, a menudo, de mirarse jugar. Ayer fue tan fácil que España se quedó en lo fácil. Habrá que ser menos condescendientes para llegar hasta el final". Pero hay quien dirá que los franceses nos tienen siempre inquina.

Hete aquí que el hombre que más magia ha destilado con / y sin una pelota, Diego Armando Maradona, decía esto en una charla con Olé: “Si los arcos están de costado, España hubiese ganado 10 a 1. Porque la tienen, la tienen, la tienen, pero cuando van a atacar...”

Lo que no quita, por supuesto, para que todos, menos España, estemos equivocados. Como suele ser habitual...

martes, 22 de junio de 2010

La última carambola del flipper azul

Por Sebastián Dulbeca

Repentinamente el balón apenas se intuye y al ‘tatatata’ le sobran letras.

"Pero viste lo que fue eso? ¿Pero vos te das cuenta? ¡Está vivo! ¡Gardel está vivo!".

21 de junio de 1994. Foxboro Stadium (Boston). Min. 60: 3-0. De nuevo el 10. Como en los Mundiales anteriores. En aceleración total por última vez. Y con polera color overol –comparecían Ruggeri, Chamot, Sensini, Simeone…– en lugar de albiceleste.

"No se sabía donde estaba la pelota" -y sigue-. Parecía en un ‘flipper’, pero toda la maquinita parecía azul".

Invisibilizando a Balbo, Caniggia y Redondo, el hombre que puso verbo épico donde sólo había jerga de potrero reserva toda la gloria para Diego. Para ‘su’ Diego.

"La puso en un ángulo y Maradona, acordándose de un griego que solía hablar con humildad, esta vez dijo: 'De fútbol lo sé todo".


Y en cambio nada de lo que sucedió después podían imaginárselo. El escándalo. La negación. La evidencia. La despedida. Un Viernes Santo que por supuesto no figura
en el calendario eclesiástico de Amez y Verón.

"Se prendió Maradona, se apagó para toda la tarde Grecia", remata su narración Víctor Hugo Morales. Y el camino de uno y otro desde entonces dejó de ser el mismo.

Maradona pasó de escupir su rabia en formato ‘reality gol’, delirando ante las cámaras, a tragarse la jubilación anticipada tras ser hallado culpable de dopaje (cinco sustancias estimulantes distintas fueron halladas en su sangre). Morales siguió proyectando en su garganta las hazañas de otros. Dicen que dijo el relator que aquella narración del verano yanqui fue la mejor de toda su carrera. Díficil creerlo después de su inmortal relato del 2-0 a Inglaterra.

Tres décadas y media más tarde Grecia vuelve a emparejar a ambas leyendas. El genio del fútbol mundial ahora habita el área técnica del banquillo después de malgastar varias vidas como el maldito predilecto del país y, valga la redundancia, de casi todo el orbe balompédico. Al periodista, señalado cual Judas en pleno conflicto mediático-político en Argentina a cuenta de los derechos del fútbol, se le invita a volver a su Uruguay de cuna por su apoyo a Kirchner y declaraciones como ésta: "Entre ganar el Mundial y la nueva Ley de Medios, elijo la Ley".

Para aprender sobre dioses esquivos, ídolos caídos y coincidencias cataclísmicas no siempre hay que atender al orden clásico.

miércoles, 2 de junio de 2010

Leo Messi contra el dilema de D10s

Por Halftown
Echando una vista a los últimos Mundiales, no hace falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de que, como en los Juegos Olímpicos, parece haber una regla no escrita sobre la rotación de continentes. La diferencia está en que, mientras en los JJ. OO. rota el organizador, en el torneo de la FIFA el que rota es el campeón.

Con Asia, Africa y Oceanía presentes para darle color y buen rollito al tema, desde que Argentina ganó su propia Copa del Mundo en 1978, los campeonatos se han repartido equitativamente entre Europa y América, uno tú y uno yo.

Según esa lógica, en 2010 le corresponde a América llevarse el trofeo a casa. Y América todos sabemos lo que quiere decir: Argentina o Brasil, tanto monta.

Hace un par de semanas, la revista Wired publicaba una boutade en forma de regresión que pretendía anticipar el desarrollo del Mundial. Daba como campeón a la canarinha en una final contra Serbia. Dado que cuesta imaginarse al Brasil de Dunga, Felipe Melo y Luis Fabiano llevándose el gato al agua –personalmente, prefiero ni pensarlo-, parece que Argentina puede tener más chance (que dirían ellos).

A pesar de haber dejado a Cambiasso y Zanetti en casa, a pesar de llevar a Bolatti y a pesar de la cantidad de los otros múltiples bandazos que ha dado su seleccionador, siguen estando arriba Messi, Agüero, Higuaín y Tévez. Cuesta recordar a una ristra de delanteros de un mismo país que acumulen más goles que esos cuatro. Parece que Argentina puede permitirse jugar como el Barça de Cruyff, a intercambiar golpes, y salir ganador.

El personaje por encima del futbolista

Precisamente estaba viendo el otro día el documental que hizo Kusturica sobre Maradona (hay momentos en que uno ya no sabe quién de los dos tiene el ego más por las nubes) y no dejaba de pensar en que jamás veremos un documental parecido sobre Leo Messi.

Que no se me entienda mal, Diego Armando me parece tan genial con el balón como cretino sin él. Messi, sobre el campo, creo que está –a falta de ganar un Mundial- más o menos al mismo nivel.
El problema es el personaje. Mientras Maradona tiene una vida que parece sacada de una novela – suburbio infame/talento precoz y extraordinario/revancha de Malvinas/líder de la Italia pobre/drogadicto/revolucionario de boquilla/showman/milagrosa resurrección-, Leo Messi tiene poca cosa.

Como machacan los medios españoles a cada nueva hazaña del 10 del Barça, en la biografía de Messi están su problema de crecimiento y la historia de la servilleta firmada por Charly Rexarch. Y ya está. Nunca una palabra más alta que otra, nunca una novia famosa, nunca una excentricidad propia de los genios. Ni siquiera Inda se molesta en inventarle un flirteo con Abramovich para desestabilizar al personal. Los dos justificaban el precio de la entrada. Maradona en cambio trasciende el balón, es un símbolo.

El Mundial de 2010 parece la ocasión de oro de Leo para igualar al futbolista que fue Diego Armando. Para eso, al revés de lo que ha parecido hasta ahora, el hoy seleccionador tendrá que ser lo suficientemente inteligente para entender que el triunfo sobre el campo de Messi no haría sino engordar el mito de Maradó.

martes, 18 de mayo de 2010

El efecto Gorosito

Por Miguel Bujalance
Cuando Néstor Raúl Gorosito apareció en Jerez en enero, el equipo iba camino de ser el peor debutante de la historia de la Primera División. Sus inicios en el club azulón no resultaron alentadores: una victoria y cuatro derrotas. Sin embargo, él mantenía un discurso optimista que provocaba la risa de periodistas y aficionados. Su peinado a lo Camarón, sus ínfulas argentinas y su desconocimiento del fútbol español presagiaban otro de los tantos haraquiris de aquellos clubes que ven la ruina económica y deportiva bajo sus pies. A falta de una jornada para acabar la Liga, sin embargo, el Xerez llegó con opcioes de concretar una de las mayores gestas deportivas que se recuerdan.

Gorosito puede presumir de un palmarés muy digno como jugador. Fue campeón con River y formó en San Lorenzo con Alberto Acosta uno de los mejores ataques del fútbol suramericano de los 90. Sus cualidades también forjaron una notable carrera fuera de Argentina. Su triunfo incontestable en la Universidad Católica de Chile, donde coincidió con Pellegrini, y su papel estelar durante dos temporadas en el Tirol de Austria lo confirman. Antes de retirarse, probaría en el Yokohama Marinos japonés.

Sin duda, un trotamundos del cuero. Un mercenario hecho de esa extraña aleación que permite destacar tanto en grandes ligas como en campeonatos de segunda fila. Con la albiceleste, Gorosito ganaría la Copa América de 1993. Por aquel entonces, los analistas le auguraban un papel destacado en el combinado nacional en la Copa del Mundo del año siguiente. Pero su puesto fue para un decadente Maradona, cuyo positivo derrumbó las expectativas de un equipo solvente que caería en el primer cruce ante la Rumania de Hagi.

El apodo de El Pipo viene de muy lejos. Su padre admiraba mucho al gran jugador Néstor Raúl Rossi Pipo y bautizó de esta manera al niño goleador que empezaría en las categorías inferiores de River. Desde su época de jugador, Gorosito mostró un gran interés por el conocimiento del juego y pocos dudaron de sus cualidades para pasar al potro del banquillo. Para aprender, Gorosito compartió en las concentraciones muchas horas con un joven Pellegrini que iniciaba su carrera de entrenador.

Palabra argentina

Durante años defendió la sabiduría futbolista del Ingeniero con la misma vehemencia con que se defiende el menottismo o el bilardismo. Además, el prestigio de las recomendaciones del veterano volante llevó a Pellegrini a San Lorenzo. La comunión entre ambos era total, hasta que el chileno fue tentado por River Plate. Aquí Gorosito vio su gran oportunidad tras colgar las botas y no dudó en alabar al chileno en el seno de la entidad bonaerense, donde era muy respetado. Durante días aguardó la llamada de Pellegrini para unirse a él en aquel reto, si bien ésta nunca se produjo. Maestro y alumno nunca coincidirían en el Monumental y Gorosito nunca perdonaría a su amigo. Los elogios del actual preparador del Xerez desaparecieron y pronto Pellegrini daría el salto a Europa, a pesar de la elegancia mostrada por Pellegrini cuando visitó Chapín hace unas semanas con su poderoso Real Madrid.

Tras ese fracaso emocional, Gorosito cimentó una irregular carrera en los banquillos. Finalmente, en 2009 recibió la ansiada llamada de River. Su misión era complicada: debía resucitar a un grande que se ahogaba en una mediocre gestión deportiva. No tuvo suerte y el equipo perdió 15 de los 33 partidos que disputó bajo sus órdenes.

Desalentado por el ambiente, Gorosito tiró la toalla. "El que venga tendrá más fuerza que nosotros. Una cara nueva va a servir de motivación para mejorar la situación del equipo, que es injusta. Por historia no merece estar donde está", declaró en su despedida. Meses después recibiría la llamada del Xerez, otro equipo desahuciado, pero carente del glamour de River. Gorosito aceptó y su palabra argentina se hizo carne. El milagro estuvo cerca. O quizás se consumó, porque su trayectoria sólo es producto de los fenómenos paranormales.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Un futbolista en campo contrario

Padilla, primero por la dcha., con el Cádiz de Mágico, de gira por EEUU.

Por Sebastián Dulbeca

"Tenía algunas ofertas y estuve cerca de fichar por el Villarreal, pero al final quise cumplir uno de mis sueños: volver a mi tierra, adquirir una parcela y dedicarme al olivar". Justo cuando algunos deportistas de élite sucumben al horror vacui encauzó su vida Manuel Padilla (Marmolejo, Jaén, 1954). Con 33 años y un menisco convaleciente, el central decidió que ya era hora de tornar a Ítaca. Ni siquiera la llegada de la televisión a Segunda y la insinuación de un mejor jornal le hicieron replantearse la jubilación deportiva. Tras permanecer tres temporadas en el Cádiz de Mágico González (1983-86) y otras seis y media antes en el Español pre Leverkusen, el único amarillo que de verdad le interesaba era el del oro líquido.

En la explotación familiar, entre estacas e hileras de algodón, auxiliado por sus dos hijos, también peloteros, y asumiendo discretas posiciones en su localidad natal, se ha empleado desde entonces. No le va mal, y secretamente admitirá que se encuentra más cómodo en ese mundo rural encapsulado por Pavese en La Luna y las hogueras que en la alta competición, la que le permitió girar por América o Asia y salir bien librado del virtuosismo de Schuster (aún conserva su Meyba con el número 8, intercambiada en un derbi) o de aquel Maradona que incluso le felicitó en el campo. “Es el mejor marcaje que me han hecho en España”, reconoció el Pelusa.

Curiosamente, uno y otro han estado a punto de coincidir de nuevo. Si el pasado sábado D10S hacía como que entrenaba a Argentina en el Calderón, ayer era el jiennense y ex compañero de Del Bosque en el Córdoba quien viajaba a Madrid para sumarse a una manifestación por la dramática situación que vive el agro español. Medio millón de personas secundó la tractorada organizada –por primera vez con quórum- por las asociaciones agrarias Asaja, COAG y UPA bajo el lema El campo se arruina, movilízate.

Padilla, que de profesional destacó por su aptitud táctica y sus condiciones para ir al cruce con limpieza, se subió a un autobús a las seis de la mañana y recorrió 330 kilómetros como si se tratase de la concentración de su equipo, consciente de que el partido no basta con disputarlo; tratándose de un sector, el agrario, que representa al 5% de la población activa, hay que ganarlo por goleada.

El balón está ahora en el área del Gobierno. Y los pequeños productores y los ganaderos no se van a dejar marcar por Zapatero tan fácilmente como Casillas en aquel penalti de Las Rozas.

martes, 20 de octubre de 2009

The Business no la chupa a Maradona

Por Sebastián Dulbeca
Tras años de impúdico masajeo genital, de testiculina oportunamente licuada y de sobreexcitación casi embólica, al Diego todavía le dura dura. «Que la chupen, que la sigan chupando», dijo la noche del simulacro de partido en Montevideo el hombre que la única vez que necesitó Viagra recurrió al azul Palermo. Nadie ha sido capaz de espetarle a este Príapo con polera que toda Argentina no se ha dedicado a otra cosa que a mamársela desde que decidió vengar al Belgrano con el puño descalzo y la pierna enguantada. Por eso abundan en YouTube las glosas de lengua boba y afán felador.













Por eso también la andanada más cafre contra él viene de Inglaterra.

The Business ve al Pelusa de forma distinta a un apóstol de la antiglobalización o a una paloma blanca de villa miseria
. Nacida como formación en el sur del Londres de finales de los 70, mala imitación de Sex Pistols de orientación futbolera (y racista), difícilmente podría plegarse a los deseos masturbatorios de Maradona, en tanto que dice de él en su canción homónima: "Sea lo que sea que esnifes, siempre quieres más,/ ahora con putas sólo marcas,/ todo proporcionado por la mano de Dios./ Vas camino de la eliminación de la Copa,/ No has debido meterte por la nariz un cubo de farlopa,/ todo proporcionado por la mano de Dios./ Eres mierda...".



Suerte ha tenido el mítico 10 y actual ¿entrenador? -la nariz de Bilardo es alargada- de la albiceleste de que desde 2006 apenas se tiene noticia de quienes igualmente popularizaron en Hardcore Hooligan el tema England 5, Germany 1 (clasificación para el Mundial 2002: histórico putsch británico).



Si se atrevieron con la dichosa mano, a saber qué letras les hubieran inspirado otros apéndices.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Ocho libres y directos: Maradona

Halftown
Para los que no recordamos el Mundial 86, ni veíamos el Calcio cuando sólo había dos cadenas, Maradona no es más que una letra de Calamaro. Un gordo impertinente. Un yonki endiosado. Cuando nos hablan de él, no pensamos en el gol -el genial o el tramposo- a Inglaterra, sino en ese cocainómano con mullet anunciando la Super Nintendo con la camiseta del Sevilla, o en esa celebración subidón-subidón-subidón tras un gol a Grecia en USA 94. Todavía hoy vive de las rentas de una Copa del Mundo ganada hace veintitrés años, mientras la selección argentina que dirige las pasa reputas para poder al menos participar en la del año que viene.

Sole Leyva
Me sigo quedando duro cuando veo el gol de Maradona a Inglaterra pero para mi el Pelusa lleva ya muerto mucho, exactamente desde que dejó el fútbol. Que si sus sospechosas amistades, que si se opera para perder kilos, que si le da un jama y tiene que ser ingresado, que si se choca contra una farola,...filfa. Ni siquiera me importa que le pase bajo sus órdenes a los subcampeones de las Malvinas, que si le echan o no. Allá ellos. Hace años que no me hacen vibrar, que no juegan bien al fútbol. Lo único que me importa ya del diez es su ascendencia sobre su yerno, el Kun y sus consejitos de los cojones para que se marche a Italia. Cada vez que veo su oronda figura por el palco de la caldera me entra el canguele. Entonces sí que me vuelvo a quedar duro.

Víctor Enciso
Sólo se debe estar gordo para jugar, no para entrenar. No te fíes, Diego, de la musculatura de las ideas de banquillo. Regresa al paso lento del jugador más rápido de nuestros ojos. Regresa a Riquelme. Porque si no, aunque tu Argentina se clasifique, no te llevarás a África ninguna bandera. Y eso adelgaza el ánimo. Engorda el fútbol, que nos están empezando a sonar las tripas.

Rocheteau
Andaba yo perdido por Spaccanapoli, una calle fina como una lama que divide en dos el centro de Nápoles, cuando giro a la derecha y me encuentro con un altar en la pared. Hay muchos en Nápoles, pero éste no tenía una madonna ni un Padre Pío, sino un pelo de Maradona. Un jodido cabello rizado, espeso como un cable eléctrico, curvo como una falta parabólica del enano mágico, junto a una oración dedicada al Dios zurdo. Los quioscos siguen decorados con pósters macilentos del 10, las esquinas mordidas, el azul cielo carcomido por el sol... pero los italianos que rezan a Padre Pío le dan la selección a Lippi. Tendrías que haberte quedado en el puto altar, Maradona.

Miguel Bujalance
Diego, no les hagas caso, dicen que no sabes entrenar, que no tienes experiencia o que tienes la cabeza en la luna blanca del salpicadero. Puede que tu mediocampo sea una mezcla de geriátrico y sardana, pero tú ves más que ellos y ellos no te ven. Me da igual que Heinze tenga que estar sentado en el banquillo del Tribunal Penal de La Haya o que tus porteros tengan sentimientos esquizoides. Diego, nos vengaremos en el mundial. Es imposible que un picapedrero como Dunga pueda volver a ganarte. Tranquilo, convoca de nuevo a Ayala y repesca al Mono Burgos, a Batistuta y a Caniggia. Nombra jefe de prensa a Valdano y, antes del partido contra Uruguay, desnuda a Cristina K para que la plantilla pueda desfogarse. Diego, nos reiremos del mundo en Sudáfrica. Yo creo en Dios.

Johan Einstein
A los 8 años, le descubrí. Casi tan pequeño como yo pero más gordito. Se llamaba Diego Armando Maradona y hacía maravillas con una mandarina ante 100.000 espectadores. De su talento natural no habia discusión. De su actual fracaso como entrenador, tampoco. Yo sólo me acuerdo del Pelusa que no aceptó mi petición para jugar juntos en la playa de Castelldefels. Uno de sus chicos se excusó. Dios necesitaba dormir. Y soñar que un día seria entrenador de Argentina...

Lola Dirceu
Los dioses también vuelcan zarpa en la cisterna del baño. A los dioses les graban follando con mujeres que no son la madre de sus hijas. Los dioses se hacen fotos con capos después de comer a la sombra del Vesubio. Vulnerables, coquetean con el más allá en un hospital con el corazón como un balón de Pilates. También empapan de ron las barbas de Fidel, se fuman billetes de 500 pavos con el Ché tatuado en el bíceps y alientan revoluciones bolivarianas en un photocall. Los dioses no saben de moral, ética o deontológica ni en el trabajo ni en la vida porque no les sale de los huevos. Pero cuidado, que se metan a confeccionar alineaciones en ese país donde el fútbol da más proteínas que la carne roja. Ponerse el anorak con el escudo de la AFA bordado en el pecho y seleccionar en la grama a los 11 argentinos mejor preparados para jugar al fútbol es un pecado mortal que ni Dios redime. Hasta la iglesia maradoniana reniega de su ídolo, ahora que Argentina olvida el camino a Sudáfrica o percibe la senda como un milagro. Pero una beatificación no tiene marcha atrás, aunque te sientes en un banquillo en el vulgar papel de entrenador. Así que pongan velas a San Genaro, que le den la camiseta del Napoli con la publi de Mars y le saquen de esa silla eléctrica sobre la que se asienta la ilusión de un pueblo con muchos problemas consigo mismo.

Nick Panzeri
Suele decirse en el mundo del toro que los grandes diestros no sirven para apoderados; que para construir una figura del toreo hace falta al lado un banderillero amargado por los complejos de no haber podido llegar a figura. El símil sirve para el fútbol también. Con las contadas excepciones de algún Cruyff o Guardiola de turno, los grandes revolucionarios de la pizarra son jugadores mediocres, gladiadores de medio pelo o gente que jamás se calzó unas botas de tacos: Helenio Herrera, Rinus Michels, Sacchi, Wenger, Benítez... Diferentes estilos pero carreras triunfales todas ellas en los banquillos. Es decir, ser un crack con la pelota en los pies no suele ir ligado a tener la pelota en la cabeza como necesita cualquier entrenador. A Maradona le sucede esto mismo. Es el mejor jugador de todos los tiempos, pero no sabe interpretar lo que pasa en el campo. Sus inquebrantables códigos de amistad no sirven para este cargo. Jugar con Heinze, Palermo y Schiavi por fidelidad y denostar a Higuaín (y casi a Milito) por lo mismo no sirve en un puesto donde la máxima es (y debe ser) el vender (sentar) a tu propio padre si es encesario.

martes, 9 de junio de 2009

El mote hace al delantero


Por La KSB
Lo primero que hacen los jugadores argentinos para convertirse en promesas, y costar lo que una, consiste en: uno, parecerlo; dos, hacer que les pongan un mote y, tres, conseguir que Maradona los declare su sucesor. La teoría de mi amigo Manu -el autor del razonamiento- es tópica, pero tiene buena puntería; muy pocas veces falla.

Algo en la balada imaginaria de Villafiorita hace suponer que hay que tener suficiente rabia para patear un balón y lograr que el gol pase de espejismo a melodrama. Untado por la gloria, el futbolista, héroe descastado, pasa a ocupar ese lugar que separa la cancha del resto del mundo. Desde ahí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Eso dicen las páginas del libro que Maradona ha escrito en la cancha y cuyo primer capítulo podría titularse Los dioses también se joden (Juan Villoro dixit). O mejor dicho, los dioses también nacieron jodidos.

Hasta ahí, la balada de Villafirotita parece clara. Pero no basta con ser el héroe. Hay que vivir como héroe y llamarse como héroe. Al prócer es necesario también corearlo y bailarlo, como bailan los pueblos a sus santos.

En ese terreno, los futbolistas argentinos glosan su propia épica –el pelusa, el burrito Ortega, la pulga-. Una epopeya arrancada del arrabal y el corralito. Una pila bautismal tocada por el populismo intravenoso -y otras herencias peronistas- a la que vale la pena incorporar una nueva entrada.

Hijo de la pampa

Brian Sarmiento (Rosario, Argentina, 1990) es un volante zurdo de poca altura (1,63 metros), capaz de hacer las veces de media punta. Su pelo negro, azabache para más señas, lo emparenta con la genealogía de la pampa, aunque él dice parecer un gitano de Xérez.

A sus 17, Brian era ya todo un Martín Fierro al que algunos comenzaron llamar “el nuevo Messi”. Fiel al protocolo del halagado, el futbolista prefirió quitarse el augurio a sombrerazos -“No soy como Messi, esa es una morcilla pesada”- y concentrarse en lo suyo: salir de donde estaba.

A punta de patadón, dejó de ganar 150 euros al mes en el Estudiantes en Argentina, pasó a la alineación del Racing y de ahí al Xérez, su actual Club. Desde entonces, Brian se hace llamar Curro, Currito Sarmiento o Currito de Xérez. Su aspecto indio, gitano insiste él, lo coloca en una gesta aún más colorida en la que el mote, insisto, juega un papel fundamental.

Que algunos le llamen Machu Pichu desde la tribuna es algo que a este chico con nombre de jugador de la NBA y apellido de Facundo, el Domingo Faustino de Carrascal, no termina de gustarle. Pero, ¿cómo, si hasta baila bulerías ahora que el Xérez asciende a primera?

Aunque Currito lo intente, algo en sus palabras lo devuelve al lugar de donde salió: esa cantera del pelotazo en el que la lucha por la supervivencia es también política (y jactanciosa).

“Con mi papá teníamos que salir a buscarnos la vida, vendiendo lo que teníamos: mi bota. Ahora, las botas las regalo yo”, declaró Brian Currito Sarmiento de Xérez a una reportera de los informativos de Antena 3 el fin de semana en que se especulaba con el ascenso del Club a primera.

Aunque menor, si se quiere, contemplo la escena como si de otro episodio operístico argentino se tratara, otro tango de esos que Borges odiaba –a Funes no le gustaba jugar al futbol- y que a la grada fascina. No en vano, Maradona escogió el Nápoles, a los pies del Vesubio, para poner fin a su carrera… Es la balada imaginaria de Villafiorita, sonando a toda mecha en los altavoces de mi televisor.

miércoles, 6 de mayo de 2009

El hombre de la terminal

Por Sebastián Dulbeca
Que si el número de encuentros por temporada (más el stage veraniego) es inasumible para un jugador de élite.

Que si los choques internacionales representan para los clubes la versión balompédica de la gripe porcina.

Que si la convocatoria para el partido de turno debe desgastar al futbolista lo menos posible (Guardiola: ¿estratega o cofrade del puño?).

Para remendar opiniones aparece el hombre de la terminal: Roberto Bishara.

Defiende al CD Palestino (Chile). También a la selección de los territorios ocupados. Nunca ha escuchado a ras de césped el himno de esta Champions con podómetro (un abuso de la estadística), al que haría regurgitar bips si registrase, además, los desplazamientos áereos.

Desde hace ocho años recorre los 13.198 kilómetros (a vista de Google Maps) que separan Santiago de Chile de Tel Aviv. A menudo le espera otro enlace casi intercontinental (¿Nepal? ¿Singapur?). Y las pesquisas tirando a inquisitoriales de la Policía israelí. "En octubre me retuvieron tres horas en el aeropuerto. No querían dejarme entrar. Decían que cómo venía a jugar con la selección, si Palestina no existe".

El tránsito profesional de este lateral izquierdo por el Viejo Continente se reducía a unos cuantos-bastantes transbordos en salas de embarque. Hasta esta noche. Palestina disputa su primer partido en Europa.

De entrada se impone lo simbólico: el amistoso contra el FC Bruselas (Segunda división) conmemora el 60 aniversario de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA). Pero el éxito merece ser prolongado más allá de los 90 minutos reglamentarios. Pese a que las autoridades belgas hayan designado el encuentro como de alto riesgo.

Sólo un enfrentamiento encarnaba a día de hoy el reconocimiento como estado que niega Israel y sí concede la FIFA. Fue otro amistoso (con parecido dispositivo de seguridad y Blatter presente). 26 de octubre de 2008. 1-1 contra Jordania en el estadio Faisal Husseini de Al-Ram. Palestina por fin ejercía como equipo local. Adiós al exilio en el Golfo Pérsico.

Bishara fue entonces el único futbolista del combinado no nacido en Gaza ni en Cisjordania. "Sentí emoción de jugar allí y orgullo de representar a los palestinos de fuera". Casi medio millón en su natal Chile (se dice que "en cada rincón hay un baisano"). La comunidad más numerosa fuera del mundo árabe. El impulso fundacional del CD Palestino, un club modesto capaz de pelearle el Clausura a Colo Colo el pasado diciembre y que cuenta entre sus seguidores con el Conde-Pumpido local.

Otros como Bishara han renunciado a la camiseta de su país (en 2002) para vestir la de sus ancestros. Reinvindicación en lugar de visibilidad. Hay está el documental Sueños de gol sobre el propio caso palestino-chileno. O la declaración de intenciones del argentino Darío Cvitanich: "No renunciaría a Croacia ni aunque me llamase Maradona”.

Bishara se impone un desafío ("ayudar al pueblo palestino a lograr sus derechos y su Estado") para combatir el cansancio. Dice volar "con mucho gusto" hasta donde tal reto exija. Con suerte consiguen sus compañeros (con ellos se entiende en inglés) el permiso de Israel para entrar y salir de su propia casa los días de competición. Él ya ha visitado 35 países en dos rondas de clasificación para el Mundial (Alemania y Sudáfrica), Juegos Olímpicos (Atenas), Copa asiática...

De semejante periplo recuerda: "Estábamos concentrados en Egipto para cuando falleció Yasir Arafat en París. Trasladaron allí su cuerpo antes de enviarlo a Palestina. Fue muy impactante". En otra ocasión iba para jugar a Qatar y tuvo problemas con el visado. "Me deportaron a Alemania y pude regresar a los dos días".

Bishara no se cansa de repetir que "el fútbol tiene más fuerza que las balas" y que su deporte en Palestina "es una vía de escape y un medio para decirle al mundo que existimos". Para el Israel-Palestina, por desgracia, todavía falta. Reciclando una ya de por sí reciclada campaña electoral, ahora el partido se juega en Europa.


martes, 5 de mayo de 2009

Caniggia y Marbella, maldito matrimonio

Por Lola Dirceu
Sigue siendo un rubio guapo con mala hostia, un canalla tan cegador como ese sol que remuerde la conciencia cuando sales de un after. Mantiene sus facciones de rufián del área, con cara de pocos amigos y muchas novias. Este malandro con piernas de velocista aún es venerado como un semidios en Argentina (siempre a la sombra rizada de Maradona) desde su gol a Brasil en Italia 90, chicharrito que, a la postre, hizo subcampeones a los albicelestes.

A nivel de clubes pasó por River, Verona, Atlanta, Roma, Boca Juniors, Benfica y Glasgow Rangers hasta su retirada en Qatar, donde pagan la jubilación con petrodoláres y mármol. Con el adiós, encaminó, una vez más, sus pasos hacia la mala vida, que es la que vida que mola hasta que la salud te recuerda lo contrario.

Claudio Canniggia, 42 años a todo meter, el killer de melena barriobajera, el Pájaro cabrón, la diadema más terrorífica del fútbol mundial se refugia en ese billete falso de 500 euros llamado Marbella. Busca reposo para su mente y su escurrido cuerpo, castigado por el lado salvaje de las malas compañías y la tendencia a la autodestrucción que todo buen romántico ha de tener. En cierta ocasión me cité con él, ya hace un par de Ligas. Merodeaba por el Ocean, un chiringuito glamouroso en la playa de La Siesta que despliega camas, en vez de tumbonas, para los que se acuestan de día.

En ellas, las pibas se deslizan por la entrepierna la Visa de guiris incautos que piensan que han ligado. No pidas tinto de verano, sino una lluvia dorada de Möet Chandon. Allí no suenan los Estopa sino un diapasón de chunda chunda perfecto para follar. Jamás te sientes solo: mozas de todos los colores y sin edad para casi nada, gente intoxicada por el insomnio y pandillas union jack con la quijada a tres millones de revoluciones se harán tus coleguillas a la sombra de las bibliotecas de Puerto Banús.

Caterva de golfos

Allí mismo, entre los chapoteos sexuales de la piscina comunal, traté, sin suerte, de platicar con Claudio. Tras una espera nada aburrida, Mariana, su esposa, llamó para dar largas, para disculparse, para reírse en mi careto, en dos palabras. Tras torpes explicaciones, se confesaba entre líneas: Claudio se había pirado del lugar farfullando que necesitaba descansar, que desconfía de la prensa, que no le molan los periodistas, que pasa de esa caterva de golfos con ganas de hincar las fauces a cualquier cadáver en descomposición... bla bla bla bla.

Tenía razón. Mea culpa. Quizá fui a meter los hocicos en el descanso del guerrero, a comprobar de primera mano su presunta decadencia con la excusa del probable advenimiento de Maradona como seleccionador argentino. Luego me enteré que, durante un largo periodo, peregrinó a la capital a purgar culpas, excesos. Espero y deseo sinceramente que encuentre la calma, y que la recua de aduladores que rebobinan sus proezas para tener barra libre y paella gratis, se corten un poco, que no le sangren, que no intoxiquen más su desequilibrado equilibrio, joder.

Con el brillo aúreo de su cabellera, me viene a la cabeza la maldita alineación de los que no supieron poner un digno the end al metraje de su carrera: Canito, Julio Alberto, Sergio Marrero, Gascoigne, Sandokán Juan José, un tal Maradona...



lunes, 6 de abril de 2009

A mí no me la sudan

Por Lola Dirceu
Nacía en su tonsura de Salvatore en El nombre de la Rosa, lograba el justo punto de ebullición en la inteligencia de su frente y resbala por su nariz de Napoleón antes de besar el césped por el que levitaba. Una gota eterna rodaba por el semblante de Zinedine Zidane, síntoma de que su manual de fútbol se engrasaba a toda máquina. ¿Imaginan mejor lubricante mental para visualizar pases al hueco?

Gracias a la refracción de aquel líquido divino pasando por su mirada, cierta noche en Glasgow, recibió una sandía del cielo y, por los milagros de la balística y la óptica, de una patada de kung fu incrustó la novena Copa de Europa desde Escocia hasta las vitrinas de la Castellana. Jamás una transpiración cerebral ha dado tanto resultado.

Sudores ha habido muchos. No todos igual de rentables. A muchos les humea la cocorota rapada en invierno. Roberto Carlos en Zorrilla parecía una tetera inglesa. A Camacho se le llevaban los demonios por los sobacos. Dicen que el sudor de Beckham olía a perfume. Qué triste fragancia. Me quedo con el de Maradona. Apestaba a estibadores de Nápoles, a epidermis resacosa que despide todo el whisky y la zarpa, a mantel de cuadros tiroteado por lamparones de pommodoro. Luego acumuló adiposidades y excesos, y su interior grasiento destilaba egoísmo. Sudó maravillosas malas noches junto a Edmundo y Caniggia, otra melena como una fregona recién sacada del cubo y que ahora anda por la Costa del Sol expiando culpa.A Cruyff el sudor le afilaba los mechones de su flequillo, le abrillantaba los pómulos alrededor de esa boca eternamente entreabierta y le confería un aire terrorífico, de tísico cabrón.

La mayoría de la grada pide gladiadores que suden el triunfo, o al menos semblantes churretosos que dignifiquen la derrota. “Muévete, cabrón. Con lo que ganas me tiraba yo corriendo tres días....”, les gritan. Por cabras locas que no quede. La falta de talento se enmascara con hiperactividad. Ni a Schuster, ni a Caminero, ni a Riquelme, ni a Quique Setién, ni a Valerón se les vio gotear, aunque jugaran en Écija, en un sembrao y en agosto. Lo de Guti y otros imitadores resulta distinto, ahogados los poros en gominas y caras cremas. Benditos desganados todos ellos, santos flojos. No despilfarraron una molécula de combustible en esa zona del campo donde el gol, para ser fecundado, necesita caudal justo, que no chorros.

A mí, ese tipo de peloteros, por mucho que la grada les chille la indolencia, jamás me la sudó.