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domingo, 3 de junio de 2012

Season finale II


Por snedecor
1.- Acaba la temporada en la que por fin el Chelsea ganó una Copa de Europa, con doble maracanazo incluido y teniendo que llegar hasta ese mismo instante, el quinto penalti, en el que la gloria decidió serle esquiva a su anterior versión, más rica, más brillante y mucho más repelente. Porque no debe ser casualidad que este Chelsea al que otrora tanto odiamos se haya reconciliado con los dioses del fútbol precisamente el año en el que olvidó su billonaria arrogancia para mostrarnos su cara más humana. El suyo ha sido el triunfo del fútbol áspero y efectivo, el triunfo de un vestuario con el colmillo retorcido, devorador de entrenadores, feo, viejo y un poco cabrón. Como tiene que ser un campeón de Europa, al menos de vez en cuando y por higiene mental.

2.- Tras ganar su primera liga en cuatro años, doblegar al considerado mejor equipo del mundo, alcanzar la mítica cifra de 100 puntos, romper todos los récords goleadores de la Liga y conseguir que el público del Bernabéu volviera a experimentar las sensaciones de verse a un paso de la Champions, después de todo eso e incluso de algún rato de buen fútbol, de manera increíble y en lo que sin ninguna duda es todo un tiro en el pie que ríete tú del de Froilán, el Real Madrid ha renovado a José Mourinho hasta 2016. Incomprensible y seguramente nefasta decisión que supone dar continuidad a un modelo y un estilo bien definidos, ese tipo de cosas que nunca hacen los clubes con valores y señorío. Ellos sabrán.

3.- Descensos de submarinos y remontadas mañas aparte, una de las historias de la temporada ha sido la del Levante, que pasó de claro candidato al descenso a saborear las mieles de la Champions para acabar metido en la Europa League, demostrando que los viejos rockeros nunca mueren (supongo que esa inmortalidad no es tan difícil de conseguir si tu entrenador se llama JIM). Y dentro de esa historia, dos más: la milagrosa conversión mediática de Ballesteros, cuya imagen pública pasó de brutal carnicero a admirable profesional a imitar, y el culebrón de los casi-dieciocho goles de Koné. Al final, todos contentos: el marfileño queda libre del Sevilla, fichará por el Euro-Levante y presumiblemente será facturado a buen precio por el club granota, como ya pasó con Caicedo el año anterior. Los representantes de todos los delanteros negros de capa caída ya están llamando a las puertas del Ciutat.

4.- Después de cuatro años encabezando las listas de éxitos, parece que Pep Guardiola se ha cansado de la industria y deja el grupo con más aceptación de crítica y público de los últimos tiempos para irse a un retiro espiritual: como toda megaestrella que se precie, era eso o la muerte por sobredosis de tiquitaca. En espera de su regreso, de momento el Barça ha perdido el número uno y ahora la incógnita más inmediata es saber cómo reaccionará la gent blaugrana a este cambio de vocalista. Porque sí, suponemos que con Tito al mando el estilo será el mismo pero, aunque se quiera, la banda no sonará igual (como le pasó a La Oreja de Van… bueno, ese quizá no sea el mejor ejemplo). Si además Justin Bielsa también toma las de Villadiego, suena Míchel (y su elegancia de crooner) como nuevo dios del universo fan.

5.- También se nos fue antes de tiempo (o demasiado tarde, según a quién le preguntes) uno de los trencillas más conocidos de nuestra liga, y lo hizo como sólo él podía hacerlo: envuelto en una absurda polémica sobre un parte médico de incapacidad temporal que nunca existió (el parte, no la incapacidad). Lo que se dice irse a lo grande. El entrañable Iturralde González nos dejó además dos imágenes para el recuerdo. La última fue la de su sufrimiento en las gradas del Estadio Nacional de Bucarest, embutido (más que enfundado) en una camiseta del Athletic y demostrando que un árbitro también puede amar al equipo de su tierra… como bien decía Quique Pina precisamente esa misma semana. La otra imagen, la que pocos recuerdan, la compartió él mismo durante su tan inolvidable como breve experiencia tuitera: el día antes de pitar el decisivo Irlanda-Armenia de clasificación para la Euro no dudó en hacerse una foto junto a un cartel que rezaba “Please keep off playing surface” (manténgase alejado de la superficie de juego). Cuánto significado contenido en una sola instantánea. Se te echará de menos, Eduardo. O igual no. No, creo que no.

viernes, 28 de enero de 2011

3 libres y directos: ¿40 kilos por el niño Torres?

Rocheteau
¿35 millones de libras por Fernando Torres? Ésa es la oferta que el Chelsea del rácano de Abrahamovich le ha hecho al Liverpool por Fernando Torres y que los reds han rechazado. O sea, 40 millones de euros por uno de los tres mejores delanteros del mundo (Cristiano, Messi y luego el de las pecas. No, Rooney no, Fernando). Lo que me extraña es que haya suscitado debate.

Si yo fuese el nuevo presi del Liverpool le escribiría una carta con membrete a los del barrio pijo de Londres explicándole que por esa cantidad, como mucho, les haría llegar gustoso un frasquito con un chorro de esperma del de Fuenlabrada, para cruzarlo con alguna inglesa de chándal y tacones (el buen futbolista siempre nace en una familia humilde, a ser posible conflictiva y que le inculca genéticamente el horterismo poligonero).

Con suerte, igual les salía un delantero apañado para que marque los goles que falla la pereza de Anelka. Además, convertido en el Milan británico, el Chelsea necesita un baño de juventud. Que él se pire, ok. ¿Qué va a hacer el Liverpool sin Rafa Benítez? Pero ofrecer por Fernando Torres menos de lo que costó Rio Ferdinand al ManU o, más recientemente, Robinho al Manchester City es una broma sin gracia. Por cierto, un larguirucho sin currículo como Dzeko acaba de costar 32. Un niñato pendenciero como Balotelli, 28.

Torres ofrece velocidad, remate, goles… y si el Liverpool no ha ganado la Premier es sólo porque sus lesiones musculares junto a las de Gerrard lo han impedido. Con él en el campo, el Liverpool siempre tuvo números de campeón. Lo dicho, 40 kilos por el frasquito y vosotros reclutáis la spice girl, ¿hace?

Halftown
Frente al festival de la figura literaria, unos números rápidos: Torres costó 20 millones de libras en 2007. Firmó por hasta 2013 y cobra algo más de 5 millones de libras al año. Entre 2008 y 2010 sólo disputó la mitad de los minutos de la Premier. Y este año su promedio goleador es el peor desde que llegó a Liverpool: sólo suma 9 goles después de 23 partidos jugados.

Da la impresión de que, entre los años que lleva jugando a primer nivel, el desgaste de jugar solo en punta en la Premier y su propensión a las lesiones de rodilla, Fernando Torres es un jugador más veterano de lo que dice su DNI. Así las cosas, no sería raro que se le fundieran los plomos pronto, al estilo de lo que le pasó a Raúl entre 2003 y 2005… precisamente cuando tenía la edad del delantero del Liverpool.

Nadie discute que Torres ha sido una pieza fundamental en el Liverpool de estos últimos cuatro años. El equipo han sido él, Steve Gerrard y algún otro secundario infravalorado como Dirk Kuyt. Pero no es suficiente: los de Anfield están a años luz de los cinco equipos de arriba.

Desde el lado del jugador ¿por qué se iba a querer quedar un delantero de primer nivel en un equipo de segunda fila? Si Cesc se quiere ir del Arsenal porque no gana títulos, ¿Torres se va a quedar en Liverpool sin jugar Champions dos años seguidos?

35 millones de libras parece poco si el City ha pagado 32 por Dzeko, pero tampoco sería raro que Abramovich en pleno calentón subiera su puja a 40 kilos. Pasta de sobra para redecorar el equipo, que falta le hace.

El gordo de Minnesota
Cuando Enrique Cerezo tiene un micro a su alcance siempre repite la misma letanía: “los jugadores juegan donde quieren jugar”. Da igual que le preguntes por el futuro del Kun, el de Valera o el de Pantic, que ya no juega, pero por si regresa. Siempre responde lo mismo. Lo dijo mil y una veces sobre Fernando Torres, emblema del club, que acabó haciendo el petate rumbo a Liverpool. “Para ganar títulos”, se disculpó ante la afición el rubio delantero. Craso error. Por increíble que parezca, el Liverpool no ha ganado nada desde que el number nine es propiedad de Torres; el Atleti, ése equipo gafe, dos. Moraleja: el Liverpool debe aceptar los cuarenta kilos del Chelsea.

Es hora de refundar este equipo tan mítico y desnortado en los últimos tiempos. Y para ello nada mejor que ingresar una jugosa suma de dinero procedente de un rival directo (en teoría) como el Chelsea. Con esa suma se pueden fichar a dos o tres jugadores de nivel, jóvenes y con proyección. Futbolistas que sumen su ambición a estandartes del club como Gerrard o Carragher, que sí colgarán los borceguíes vestidos de rojo. Torres parece haber perdido la fe en este equipo. La marcha de Benítez fue clave, pero sus problemas físicos se han convertido en un agravante. Repetidas lesiones que merman la velocidad, su gran virtud como delantero, y que sólo le han permitido anotar nueve goles este curso.

Y, joder, ya está bien de ver al Chelsea levantando títulos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Jaque a Ancelotti

Por Halftown
El pasado 11 de noviembre, el Chelsea sacaba en su web un comunicado en el que anunciaba la salida del club de Ray Wilkins. En principio, podría parecer la salida de un simple asistente de Carlo Ancelotti. Pero Wilkins era mucho más que eso. Llegó a los blues en 1973, con sólo 17 años. Un año después, ya era el capitán del Chelsea. Wilkins fue una suerte de precuela de Lampard, un medio con llegada y una cierta tendencia a hacer grandes partidos contra equipos mediocres. A los 20 ya era internacional con la Inglaterra de Don Revie y en 1979, aburrido de jugar en un club perdedor como era aquel Chelsea, fue traspasado al United.

El gran cambio –y el por qué Wilkins es un personaje interesante- fue en 1984, cuando aceptó una oferta del Milan. En los rossoneri vivió la llegada de Berlusconi, pero tuvo que hacer las maletas para dejar hueco a Ruud Gullit. Al final, Wilkins pasó tres temporadas en las que jugó bastante, marcó poco, y no ganó título alguno. Sin embargo, Wilkins aprendió a hablar italiano, lo cual para un inglés, siempre atrincherados en su universal lengua, es un logro. Que le pregunten a Beckham.

Así que cuando en 2009 Carlo Ancelotti fue contratado por Abramovich para entrenar al Chelski, el entrenador italiano, que no hablaba una palabra de inglés, tiró de Wilkins para hacerle de interfaz con la banda de cockneys que lidera John Terry. Wilkins ya había sido consigliere de Gianluca Vialli, Scolari y Hiddink en Stamford Bridge, pero en esta ocasión a sus conocimientos técnicos y a su experiencia en el Chelsea se añadía su dominio del italiano.
Después de hacer un doblete en su primera temporada, como manager blue, Ancelotti reconoció la labor de Wilkins en su autobiografía: “Ray tiene la sangre azul, lleva al Chelsea en las venas. Sin él, no habríamos ganado nada.”.

La temporada 2010-2011 la empezó el Chelsea perdiendo la Community Shield frente al United. Poco a poco, el equipo se fue entonando con doce goles en los dos primeros partidos de liga y un pleno de victorias en la Champions. El pasado 10 de noviembre, un miércoles frío y húmedo, el Chelsea recibía al Fulham en un partido de trámite, de esos que sólo los verdaderos fanáticos van a ver. Aquel 1-0 fue el último partido de Ray Wilkins. El día 11, una escueta nota de seis líneas en la web del Chelsea anunciaba su salida del club.

Aprender a hostias

Sin que nadie desvele la razón del despido, de momento el rumor en Inglaterra es que Wilkins se las tuvo tiesas con Abramovich el año pasado a raíz de la eliminación contra el Inter en Champions League. Wilkins se tomó regular una crítica del ruso, y le espetó un “Si hubieses jugado alguna vez al fútbol, no opinarías así”. Resulta extraño que el ruso tarde tanto en tomarse la revancha, y desestabilice al equipo haciéndolo a mitad de temporada.

Siempre existe otra posibilidad, y es que Abramovich esté segando la hierba bajo los pies de Ancelotti. El ruso lleva meses persiguiendo a Begiristain para que sustituya al actual director deportivo del Chelsea, Frank Arnesen… quien a su vez suena como entrenador del Copenhague que quiere comprar Arkady Abramovich, el hijísimo. Abramovich padre tiene en la cabeza que, de conseguir el fichaje de Txiki, la llegada de Pep Guardiola dejaría de ser un sueño absurdo. Sobra decir que, si bien un nuevo doblete complicaría el relevo, una mala temporada de Ancelotti justificaría la contratación de un nuevo entrenador.

Sea como sea, la salida de Wilkins ha tenido un precio deportivo para el Chelsea: el equipo ha perdido diez de los últimos doce puntos en liga –incluida un petardazo 0-3 en casa ante el Sunderland- y sólo ha logrado una remontada sobre la bocina frente al Zilina. Una victoria en los últimos dos meses, que se dice pronto. El bajón llega en el peor momento, justo cuando los blues se la juegan, de aquí a final de año, con Tottenham, United y Arsenal.

En Rusia dicen que la derrota es un aprendizaje para el espíritu. El espíritu de Roman Abramovich debe estar aprendiendo un huevo esta temporada.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Desailly, el autobús soñado y John Terry

Por Rocheteau
Conocí a Marcel Desailly hace unos años, un día en que le vi empujando una rueda gigantesca. Una rueda empaquetada. Tamaño tractor de la Pampa. [ya sé que parece un arranque preparado y sé que para muchos resultará increíble, pero así es].

Tras las presentaciones de rigor, había dos opciones: hacer como que es muy normal que un ex jugador millonario empuje una rueda de Boeing 737 junto a un plató de tv, o preguntarle por ello. Hice esto último. Y me dijo, campechano y como dándolo por evidente: “Es para mi coche. Es que en Ghana no encuentro ruedas de repuesto”. Imagino que se desplaza por Akkra en un Hummer subido encima de otro.

Nos volvimos a ver este fin de semana. Y salió el caso John Terry. Desailly fue quien le pasó el cetro de mando en la defensa central del Chelsea, tras cinco temporadas compartiendo vestuario. Marcel era un campeón del mundo que ayudaba a dar forma a los primeros pasos de un Chelsea musculoso y ganador, y apareció por allí un tipo blanducho, con pelo de quinceañero cabroncete, fuerte y del que todos hablaban maravillas.

Todavía lo recuerda, en declaraciones a FNF: “Joder, él apenas sufrió novatadas. Era extraño pero todos lo percibíamos: desde que pisó el vestuario era ya uno de los nuestros. Pero no uno cualquiera. Cuando hablaba, daba órdenes. Y encima, conseguía reunir a los demás a su alrededor. John nació capitán”.

"Eso no se olvida"

El domingo, Marcel se preparaba a clavar otra estaca en el agujereado orgullo de Ferry, desde la televisión francesa. Pero no había ira, ni rabia, ni revanchismo. Dijo lo que sentía. Lo que había notado en el resto de caras durante sus frecuentes paseos por Stamford Bridge en las últimas semanas: “John ha perdido la credibilidad. Los demás ya no le escuchan. No le creen. Ni Joe Cole, ni Franck Lampard, ni Ashley Cole…”.

Según Desailly, el problema no es a quien se folle. Ashley Cole ha sido sancionado por subirse tías a las concentraciones “y a todo el equipo le importa un carajo. Pero John rompió algo sagrado: se acostó con la mujer de uno de sus chicos, que encima era su mejor amigo ahí dentro. Era su colega y su capitán. Y eso no se olvida”.

La cosa pinta oscura para los blues, según este tipo simpático, ahora comentarista en Francia en Canal+, y del que todavía se habla como una “leyenda” en el campo del Chelsea: “John está catastrófico en los últimos partidos. Está jodido. Y puede arrastrar consigo toda la temporada del Chelsea. Si Terry no funciona, el Chelsea tampoco”. Contra el Inter no estuvo bien. Contra el Manchester City estuvo horrible. El ManU se acerca y en la Champions podrían caer ante su antiguo entrenador, the special one, otra leyenda del Chelsea.

Según Desailly, los mejores capitanes siempre juegan en la mitad trasera del campo. “Ellos son los que tienen más regularidad. Un delantero tiene que pensar muchas veces en sí mismo, igual que un driblador o un mediapunta. Dependen de la inspiración y pasan malas rachas. Un defensa, como John, está ahí siempre, ve todo el campo, y además encarna al tipo duro que se parte la cara por todos los demás”.

--¿Terry es el mejor capitán que has tenido?
--No. Ése fue Deschamps. El mejor de todos.

Otro día, junto a Desailly, vimos pasar un autobús. Se quedó mirándolo como a un ovni disparando luces. “¡Un autobúuuus!”, exclamó. No sabía muy bien qué se podía responder a alguien que lanzase semejante afirmación y tuviese más de dos años. Opciones: a) “Sí, un autobús” b) “Sí, dile ¡hola!” c) silencio.

Esta vez, al revés que cuando la rueda, me callé. Y él solo siguió con la explicación: “Llevo años sin subirme a un autobús. Joder, daría lo que fuera por coger uno ahora mismo”. Quizás es lo que le ha pasado a John Terry. Que no es, en el fondo, más que un tipo de ésos que te cruzas en el autobús. De ésos capaces de acostarse con la mujer de su mejor amigo.

jueves, 21 de mayo de 2009

200 libras, chupitos y Essien se casó

Por Sole Leyva
Ni cura, ni concejal, ni pastor, ni funcionario, ni jefe de la tribu. Lo único que necesitó para contraer matrimonio Michael Essien, el correoso centrocampista del Chelsea, el Búfalo, el fichaje más caro del posh club después de Shevchenko -40 millones de libras-, el Toro, el más amado de Ghana, el hombre que si se presentara para ser presidente de su país, lo sería, fueron 200 libras en moneda ghanesa y unos chupitos de Schnapps (una bebida alcóholica alemana).

Así es África. Y así se casó Essien hace cuatro años. Eso al menos dice su parienta, ahora ex novia, Dela Ackumey, que lleva meses rajando en los tabloides británicos afirmando que siguen siendo matrimonio, que a ella nadie le ha pedido el divorcio, que Essien es un golfo, que ligaba por Internet con otras cuando estaba con ella, y que le puso los cuernos several times antes de que ambos dejaran la relación hace un par de años.

Ella ya sabía que al aterrizar en 2005 en las Islas, donde busconas de bustos gordos y pantorrillas de acero se acercan a los futboleros más de la cuenta, la tentación iba a ser grande para el ya de por sí descastado Essien. Así que le echó el lazo.

Asegura Dela Ackumey que Essien y ella se casaron en Anlo, al sureste de Ghana, siguiendo los rituales tribales de la zona, de etnia Ewe. Lo dicho. Essien se plantó en casa de los padres de Dela con 200 pavos de dote y una botella de licor. Los cuatro se montaron una fiestecilla y los padres dieron su bendición a la pareja. En Ghana los matrimonios funcionan así, y depende de que tribu seas, el ritual sufre leves cambios.

A ese clavo ardiendo se agarran los abogados de Essien. Después de que el árbitro noruego se hiciera el sueco en Stamford Bridge, su particular final de Champions será este verano, en los tribunales de Ghana. Los picapleitos del 'Bufalo' esgrimen que los rituales llevados a cabo por Essien no eran válidos, ya que no eran los "tradicionales" de la tribu.

Ackumey lo niega. Dice que lo que los chupitos unieron no lo separa ni Dios -de pounds ya hablaremos- y amenaza con revelar en el juicio un vídeo donde se ve a Essien pidiendo la mano de ella. Al estilo ghanés, claro.

El escándalo, pozo sin fondo para los tabloides, ha servido para conocer detalles personales de Essien bastante jugosos. Si sobre el verde es de hierro, casi inabordable, si sale victorioso casi siempre ante defensas que le sacan una cabeza, en su vida personal es un flojeras de cuidado.
Tanto como para usar a su madre para pedir perdón a su ex novia por ponerle los cuernos. O gimotear ante ella rogando otra oportunidad después de que le pillara fotos de modelos semidesnudas en su mochila de entrenamiento. Una vez, incluso, insinuó que había sido Drogba u otro de los blues el que las había metido allí para tomarle el pelo. Vaya excusa chapucera.
Según Ackumey, desde que llegaron a Londres, Essien desaparecía de vez en cuando de su lujosa casa de Surrey. Decía que iba con los del equipo. A tomar unas pints. Pero no, amigos, iba al lío en Río. Ackumey dice que le engañó más de 50 veces con dos modelos distintas. Incluso las metió en su casa, asevera. Ella aprovechó sus ausencias para centrarse en su carrera de Derecho y él, puesto a elegir, como Ericsson, prefirió la rubia a la morena, y ahora sale con Cassie, modelo y actriz. Un pibón de órdago.

Conclusión: cuando acabó el tenso partido de vuelta de las semifinales de la Champions, Essien ya sabía de qué iba eso. Era engaño.

jueves, 7 de mayo de 2009

De Jerusalén a Londres pasando por Roma

Por Johan Einstein / Desde Jerusalén
La semifinal de la Champions entre el superbúnker Chelsea y la alegre maquinaria blaugrana ha sido uno de los programas televisivos más vistos en los ultimos meses en Israel. Y gracias a Dios, Alá o Yahvé, sin los comentarios de un locutor vendiéndonos películas o series de relleno antes de un remate o un córner. Tiene sus ventajas no vivir en España y sufrir a los nuestros mezclando goles con autobombo en directo.

Israel. 6 de mayo 2009. Noche cálida y prometedora. Las calles, semidesiertas; los bares, llenos- en su mayoria a favor del Barça, que cuenta por estos lares con una potente peña- y las discotecas abriendo antes para acoger noctámbulos futboleros. Y 2.000 israelíes en las gradas del pijo club londinense. !!Dos mil!!

Desde el presidente de la Federación Avi Luzon hasta el seleccionador nacional, Dror Kashtan pasando por taxistas, empresarios o dentistas que pagaron una buena fortuna para viajar a Londres y presenciar a su equipo. ¿El del magnate judío Abrahamovich? No. El Barça.

Leo Messi I, santo padre

Las agencias de viaje en Tel Aviv informan de que han llegado centenares de solicitudes para la final de Roma. Entrada+viaje+noche en hotel, por un precio de entre 2000 y 2500 euros. Aunque no hay muchas entradas a la venta, les aseguro que irán muchos de estas tierras. Y allí en el circo romano se enfrentarán a un dilema existencial. No el del conflicto con los palestinos o el de un Irán nuclear cuyo presidente se excita cada noche soñando con la destrucción de Israel.

No, estoy hablando de decidir a quién quieren más, si al Barça o al United, sin duda los dos equipos más populares en Israel. Solo comparables a la primera religión del país: el Maccabi Tel Aviv de baloncesto. Aunque la numerosa colonia argentina en Tierra Santa, cuyo Santo Padre es Leo Messi I, inclinará la balanza a favor de los de Guardiola.

Algunos analistas israelíes se atrevían hoy a criticar al Barça de ayer, cachondeándose por aquello del "equipo del siglo", tras el glorioso 2-6 del Bernabeu. Pero el pueblo era y es del Barça y soy testigo por los gritos escuchados tras el golazo de Andresito.

¿Los palestinos? Del Barça en su gran mayoria y solo hace falta escuchar la narración en árabe en la cadena Al Jazzira.

Contra el Chelsea, palestinos e israelíes gritaron juntos de júbilo. Algo es algo.


Chelsea, a kind of blue


Por John Wyatt
Hay equipos cuyos referentes son estrellas rutilantes, otros cuya brújula está en un sistema de juego definido, algunos se refugian en la personalidad de un entrenador, otros que son presidencialistas. Y luego está el Chelsea, un equipo antipático que ha forjado su leyenda en la brega y que tiene como santos a futbolistas que prefieren el tambor a los violines. Dennis Wise, un auténtico picapiedra, un mediocentro en la mejor tradición de las islas, es el más famoso de todos ellos.

Para entender a sus aficionados hay que darse antes una duchita de realidad. Se han escrito muchas cosas sobre el Chelsea: algunas son verdad . La mayoría, no. Pocos equipos están tan maltratados por los tópicos.

El primero es el que desprecia a los de Stamford Brigde por no ser uno de los llamados «conjuntos históricos de Inglaterra». Falso. Fue fundado el 14 de marzo de 1905 en el pub The Rising Sun. Desde que en 1955 ganaban el primer título de liga, los londinenses no han parado de llenar de entorchados su sala de trofeos, entre ellos varias recopas de Europa.

Otro mito: el Chelsea es antipático porque es el equipo de los nuevos ricos. Verdadero, tan verdadero como que el Liverpool y el Man United, el City, el Newcastle, el Fulham... Todos pertenecen a magnates de la comunicación, del petróleo, de la construcción o de todas estas cosas a la vez y no se les ataca por ello.

Tercero, el Chelsea nos cae mal porque nos cae mal Mourinho. Mala excusa: el portugues ya no está, y ni su ego ni su verborrea son mayores que los de Ferguson, un dinosaurio bebedor e irrefrenable apostador a los caballos, Wenger, otro que parece que ha inventado la penicilina en sus ratos libres y, por supuesto, nuestro entrañable Rafa.

Cuarto bulo: el Chelsea es un equipo sin afición. No hay tipo en la isla que sea del Chelsea, sólo los ricos que no tienen ni idea de fútbol y van en Ferrari al campo con sus novias pijas y busconas vestidas de Chanel. Nada menos que 42.500 de estos burgueses londinenses se citan cada dos semanas en Stamford Brigde para hacerse pasar por fans del equipo de Roman Abramovich. La realidad es que la mayoría de su público viene en metro de las áreas obreras de Hammersmith y Battersea y es muy fiel: este estadio tiene la tercera mejor media de asistencia a un campo de fútbol en la Premier.

Con ese yugo implacable de la leyenda negra sobre sus cabezas, es comprensible que los inexistentes hinchas del Chelsea sean de los que aplauden el sudor y veneran el músculo por encima de todas las cosas. Vejados, incomprendidos, ninguneados, entienden su juego como una defensa de sí mismos. Luego entiendes como pueden orgullecerse de Dennis Wise, un enano con cara de pitbull rabioso que pateaba, insultaba, escupía, cabeceaba y mordía a sus rivales. En España lo conocimos cuando, en una Supercopa contra el Real Madrid, realizó una entrada de tarjeta a Savio, después le pateó, le llamó algo cuyo significado sólo conoce la working class del norte de Inglaterra y le mordió una oreja.

Sí, el conjunto más odiado de Inglaterra y alrededores se ha atrincherado en sus esencias, representadas por gente como Ted Drake, el técnico que cambió su suerte en los 50 golpeaba literalmente a sus jugadores antes de salir al campo. O Tommy Docherty, el entrenador que impuso un régimen militar para conseguir el ascenso a la Premier en 1962. O Terry Venables, el gran capitán nacido de su propia cantera. Y qué decir de John Terry, el último de una larga estirpe de soldados a contracorriente.

Si no hubiera sido por el Barcelona y un arbitraje cuanto menos discutible, este año hubieran disputado su segunda final consecutiva de Champions. Algunos dicen: se lo merecen por su fútbol rácano, por su pijerío, por esas camisetas azules, por que tienen muchos negros en el once. Ante esta postura, los blues no tienen otra opción que seguir cavando su trinchera bien profunda, apretar los dientes y seguir luchando. Equipo de ricos, antipático, sin afición, que adora a cuatro picapedreros.

Creo que empiezan a caerme bien.