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martes, 24 de mayo de 2011

Season finale en FNF (2)

Por Halftown

5- Lillo volvió a fracasar: nueve puntos sobre treinta y seis posibles. Fue despedido después de recibir en casa ocho goles del Barça de su amigo Guardiola. Después del partido dijo no sentir vergüenza por el resultado.

4- Dos mulás y una mula: Málaga y Getafe vieron cómo les llovían sendos muchimillonarios árabes. El Racing en cambio se buscó a un indio reconocido por sus pufos a lo largo y ancho de la Commonwealth. Además de hacer un revival de Bienvenido Míster Marshall y protagonizar un maravilloso remix de David Guetta, Ali Syed sigue sin pagar su deuda. La diferencia entre un magnate y un mangante.

3- España optaba a organizar dos mundiales. Ángel María Villar consiguió que no nos diesen ninguno. En un discurso que debería aparecer en YouTube como cara B del I Have A Dream de Luther King, el lehendakari del fúrbol español hizo un ridículo épico. Pobres portugueses, habrían tenido más opciones si hubieran puesto de portavoz a Miguel el del Valencia recién salido de un garito.

2- Los underachievers nunca fallan: Wenger se volvió a quedar sin un titulo que llevarse a la boca. Fábregas se ciscó en sus muertos vía Twitter. El Atleti, después de ganarle al Inter de Benítez la Supercopa de Europa, se inmoló hasta hacernos creer que Diego Costa es mejor que Forlán. En lo individual, a algunos como Gourcuff ya ni les esperamos y a otros como Iván De la Peña les dijimos adiós con la boca pequeña.

1- Vuelven los 90 en Segunda B: la próxima temporada se pueden cruzar en la tercera categoría del futbol español Albacete, Tenerife, Oviedo, Lleida, Alavés, Cádiz y Burgos. Falta que Manolo Escobar vuelva con "Goles Son Amores". Esperemos que el Olympique de Marsella no se lleve la Champions como en el 93.

martes, 17 de mayo de 2011

Iván De la Peña: balance de un hype (II)

Por Halftown
Iván debutó por fin con los mayores en la primera jornada de la 95-96. El Barça las estaba pasando putas en Zorrilla, y Cruyff decidió darle minutos. Bajo la atenta mirada de su padre Agustín, De la Peña participó en el primer gol y marcó el segundo. Cruyff calmó los ánimos del personal señalando que para que brillase De la Peña, tenía que haber jugadores como Popescu que hiciesen el trabajo sucio.

Al final, Iván fue junto a Figo lo único rescatable de una pésima temporada en la que el Barça acabó tercero, por detrás de Atlético y Valencia. Cruyff saltó por los aires un 19 de mayo, con la temporada a punto de acabar. Su sustituto fue el inglés Bobby Robson, un tipo con más mano izquierda pero menos personalidad que Cruyff, que acabó claudicando a la voluntad general –incluida la del nuevo crack azulgrana, Ronaldo- y tuvo que poner a De la Peña sobre el césped.

El media punta cántabro venía de fracasar junto a su amigo Raúl en los Juegos de Atlanta, donde Clemente le dejó sistemáticamente en el banquillo mientras le ponía verde en la prensa porque no defendía. Meses después, el de Barakaldo haría debutar a Raúl con la selección absoluta. De la Peña no debutaría hasta muchos años más tarde, mucho después de la marcha de Clemente.

El Barça de Robson se sostuvo en pie a base de genialidades de Ronaldo, muchas veces servido por De la Peña. Sería la segunda y última gran temporada del Pequeño Buda en el Camp Nou: cuando Van Gaal aterrizó y Ronaldo se quitó de en medio, Iván perdió su razón de ser. Capello le alababa, Valdano le deseaba, e incluso Samaranch se lo recomendó a Agnelli para la Juve. Pero De la Peña era un borrón en la libreta del holandés, y su condición de símbolo para prensa y afición fue utilizada por Van Gaal para hacer una exhibición de autoridad al sentarle en el banquillo. Los títulos dieron la razón al holandés, y De la Peña fue vendido a precio de oro a la Lazio de Sergio Cragnotti.

A los 26 en el paro, a los 28 internacional

La aventura romana se le dio mal a De la Peña: las lesiones le sacaron del once, y después Sven Goran Ericksson le consideró incompatible con el intocable Mancini, de quien se decía que hacía las alineaciones al sueco. El equipo carburaba y ya saben aquello de que squadra che funziona non si tocca. El caso es que un año después, Iván estaba cedido otra vez al borde del Mediterráneo, esta vez en Marsella. Un equipo grande en una liga de segunda fila. El escenario idílico para reencontrarse con su futbol. Pero no: De la Peña volvió a caer en un equipo resacoso, en este caso después del escándalo de compra de partidos que dio con el club en segunda, y por si fuera poco se rompió el peroné al poco de empezar la temporada. Así fue como Lo Pelat sumó su segundo fracaso consecutivo fuera de casa.

Por ello fue por lo que pidió volver a casa, allí donde seguía siendo una promesa, donde cien mil gargantas coreaban cada uno de sus pases. Incluso renunció a la mitad de su ficha, unos 300 millones de pesetas. Lamentablemente para él, Iván se encontró con el primer proyecto de Joan Gaspart, y el Barça acabó haciendo una temporada ridícula en la que Lo Pelat rascó poca bola. La afición, en cambio, seguía con él, dejando claro que su rollo con De la Peña iba mucho más allá de lo racional. A su favor corrieron los petardazos de proporciones épicas que pegaron el resto de fichajes de la temporada: Gerard, Overmars, Alfonso, Petit… nombres que todavía hoy, diez años después, provocan escalofríos al aficionado blaugrana. Iván se puso la camiseta azulgrana por última vez el mismo día que Guardiola decía adiós al Camp Nou. Los dos volverían, cada uno bajo su propia circunstancia.

Después de otra temporada en blanco en la Lazio, el que un día fue aclamado como nuevo mesías del futbol mundial llevaba cuatro temporadas sin dar señales de vida. Cragnotti le dijo arrivederci, y el jugador se encontró en el paro con 26 años y padre de un niño llamado Iván. Libre para negociar su próximo contrato, la insistencia de Valdano y la lógica mercantilista que rige las acciones de Florentino Pérez –y el in your face que supondría para el barcelonismo- hicieron que el Madrid se plantease su fichaje.

Brillante perico

Al final su destino fue el Espanyol, donde por fin se sintió indispensable y nadie le exigía otra cosa que facilitar los goles a otro Raúl, Tamudo. Su fútbol no había evolucionado, como si no hubiese sacado aprendizaje alguno de sus múltiples fracasos. Sin embargo, en el Espanyol su juego por fin marcaba las diferencias; ya defendería alguien por él. Incluso Javi Clemente organizó el equipo en torno a él. Como premio a su buen papel, Luis Aragonés le hizo ponerse la camiseta de España en 2005, casi una década después del debut de su amigo Raúl.

Cuando por fin brillaba la estrella de Lo Pelat, las lesiones la han extinguido. Ni siquiera el tratamiento a base de placenta de yegua que se hizo en Belgrado le sirvió de nada. Este año no ha podido jugar más que media hora contra el Villarreal. Para el recuerdo deja una Copa del Rey y un par de partidos brillantes en el Camp Nou vestido de perico.

En el momento del adiós, ¿qué queda de Iván De la Peña? Fue el bajito original, el jugador que sirvió de inspiración a los Xavi, Iniesta y compañía que vendrían después. Por mucho que en Barcelona su calidad sea motivo de consenso entre culés y pericos, con Lo Pelat queda el regusto de lo que pudo ser y no fue. De un chaval que siendo adolescente tenía el mejor último pase del mundo (nada menos y nada más), y se pasó su carrera viviendo de él. Jamás entendió eso que sus herederos comprenderían muy bien: que a veces el camino más rápido al gol no es una línea recta.

Al final Cruyff tenía razón: De la Peña era joven, pero no estaba lo bastante preparado.

lunes, 16 de mayo de 2011

Iván De la Peña: balance de un hype (I)

Por Halftown
“Están todos locos”, bramó Johan Cruyff. El entrenador holandés se acababa de enterar de que José Luis Núñez, había renovado el contrato de Iván De la Peña por ocho temporadas sin que ni siquiera hubiese debutado en primera división.

El fichaje de De la Peña por el Barça se hizo como se hacían las cosas en 1990: un sobre lacrado, un informe hecho a máquina, un ojeador que ve un partido, una visita a los padres del chaval, probablemente en Los Peñucas, el restaurante de la familia en el barrio pesquero de Santander. Oriol Tort, el enviado de Núñez, no lo tuvo fácil: a mitad de operación se metió el Madrid, que mandó a Paco Gento –cántabro como el chaval- para convencer a la familia De la Peña. Al final, la comparación entre la Masía y la pensión que ofrecía entonces el Madrid acabó por convencer a la madre, Maite, de que el sitio de su hijo estaba junto al Mediterráneo, y así aterrizó en Barcelona Iván De la Peña en agosto de 1991.

En aquella Barcelona recién despertada del Dream Team, la masa culé decidió que sería el Pequeño Buda quien llenase el hueco que había dejado Stoitchkov como líder espiritual del barcelonismo. El primer problema del chaval fue el mismo hombre que le dio la oportunidad de debutar: Johan Cruyff. El holandés tenía dos problemas con la irresistible ascensión de De la Peña: uno, eclipsaba a su hijo Jordi (“la técnica de De la Peña es mediocre porque no sabe tocarla con las dos piernas. Jordi sí.” dijo en Catalunya Radio) y sobre todo porque amenazaba con robarle el protagonismo al propio Johan.

Cien mil personas y un Pequeño Buda

Su cabeza rapada –que causaba furor entre la chavalería barcelonesa- le distinguía de los demás y José Mari Bakero, peso pesado de aquel vestuario, le colgó el apodo de Pequeño Buda. El futbolista siempre defendió que era una cuestión de comodidad, aunque es obvio que su look le hacía sobresalir del resto; otros jugadores como Fadiga o Nakata, por ejemplo, se tiñeron el pelo en los mundiales de 1998 y 2002 para que los ojeadores se fijasen en ellos. Tampoco pareció casual que Iván se echase como novia a Lorena, hija del antiguo jugador del Barça Asensi.

En cualquier caso, la estrategia funcionó: la presión mediática y la falta de resultados del equipo seguían azuzando el hype del media punta cántabro. Pronto llegaría también la publicidad -ese spot sobre los JASP en el que De la Peña conducía un Renault Clío- y la obsesión de Valdano con llevarse al chaval a Chamartín. En el otoño de 1995 la canción de moda en el Camp Nou era el “I-ván-De-la-Pe-ña” a ritmo de “Antón Pirulero”. Que cien mil personas coreen tu nombre cuando eres un mocoso es de esas cosas que le agrandan el ego a uno… hasta el punto creer que no queda nada por aprender.

Como su vida, el juego de De la Peña era vertiginoso: vivía obsesionado con convertir cada balón que tocaba en un pase de gol. Ni corría rápido, ni robaba balones, ni la pegaba fuerte, ni iba de cabeza. No entendía el tiqui, sino el taca. Pero generaba ilusión, y eso bastaba.

lunes, 10 de agosto de 2009

(Yo soy) Espanyol, Espanyol, Espanyol

Jarque, "oh, capitán mi capitán"
Por Sebastián Dulbeca
Con las rayas del descodificador en la vertical de su uniforme, fuera de foco en la Liga más bicefálica (por decir algo) de los últimos tiempos, el Espanyol ejerce de perfecto tapado, de canciller de la clase media, de equipo-valle por mucho que al Atlético le facilitara hoy la campaña de captación de socios del próximo curso.

Sucede que también existen al menos 10 + 1 razones para animar, creer e identificarse con el Espanyol. No es tan Bartleby el periquito como lo pintan.

1) Conexión con Obama. Mauricio Pochettino firmó como entrenador el 20 de enero. Ese mismo día tomaba posesión del cargo el nuevo presidente norteamericano. ¿Vidas paralelas? Tal vez: el argentino celebró sus primeros 100 días en el banquillo dos puntos por encima del descenso ¡después de 17 jornadas! La distancia después fue el doble. De los últimos 41 puntos en liza sumó 23.

2) Nuevo estadio. Sería excesivamente cruel (un centenariazo sin final de por medio) que el recinto de 40.000 butacas y cuatro estrellas UEFA levantado entre Cornellá y El Prat no disfrutase del estreno que se merece: en Primera División. Ningún club del mundo ha ejercido en 12 años de local en tres campos diferentes: Sarriá, Lluís Companys y éste que inauguró el Spanish Liverpool el 2 de agosto con una goleada en contra. Entonces el éxodo ha merecido la pena. Fue el único partido en el que Jarque ha llevado el brazalete de capitán.

3) Maldita estadística. Con menos remates y asistencias que nadie en la calculadora de La Sexta, toca enfrentar el peso de los datos con lo intangible: Tamudo, De la Peña, Luis García y la fama de equipo pelotero acreditada en el pasado próximo por los blanquiazules (para otro día quedan pendiente de discusión los cambios de camiseta: del ajedrez al lavado a la piedra).


4) Catarsis de Dinamarca
. El rondo interminable al que España redujo la Eurocopa ganó su primer partido en Aarhus (13/10/2007). Aquel encuentro lo encaminó el Raúl de Santa Coloma, lo cerró el debutante Riera y lo acabó junto a ellos Luis García. Ni el Madrid (Casillas y Sergio Ramos) ni el Barça (Xavi e Iniesta). Sólo el Valencia (Albiol, Marchena, Joaquín y Albelda) aportó más nombres a la gesta.

5) Dos UEFAS perdidas. La aspirina mecánica de Leverkusen (1988). Palop y sus brazos Boomer en Hampden Park (2007). Y en medio un río de lágrimas que brota a 11 metros de la línea de gol. Solidaridad obliga.

6) Éxitos en la Copa. No hubo penaltis en las finales frente al Atlético (1999/2000) y el Zaragoza (2005/06). Doble victoria contra pronóstico. Y algún momento para el zapping de fin de año.



7) Espíritu emprendedor
. Barcelona se quedó pequeña desde el principio. Debut en el extranjero en 1914-15: 1-2 contra el Benfica y 1-4 frente a una selección de Lisboa. Giras por América y Europa Central en los años 20 para financiar obras en la tribuna. Participación activa en la puesta en marcha y profesionalización de los torneos de verano (locales y foráneos) en los 80. Con reconocimiento: Sarriá es la sede de Italia, Brasil y Argentina en el Mundial’82.

8) Galacticidio. El florentinato comenzó a pudrirse en lo deportivo y en lo simbólico cuando Camacho hizo sitio a Beckham y Raúl en el banquillo del Olímpico de Montjuic. Fue justo antes de presentar su dimisión. Frente a aquellos mismos fondos con cartelones se consumó la debacle blanca (ya con Queiroz). Final de Copa: 2-3 frente al Zaragoza (12/03/04).

9) Rivalidad. El Barça necesita un contrapeso local más allá de la insustancial Copa Catalunya. En el último derbi volvieron a aparecer bengalas. En la vuelta, el Espanyol silenció el Nou Camp. Era colista. Nadie más ha ganado allí en la presente liga.

10) Historia. El Espanyol figura entre los 10 clubes fundadores del primer Campeonato Nacional de Liga (1929) . Ostenta, además, el honor de haber anotado el primer gol oficial de la competición: José Pitus Prats, minuto 5, frente al Real Unión de Irún (10/02/1929).

11) Jarque. En FNF somos poco amigos de los homenajes, ya que poco puede decirse después de que todos los grandes medios se pongan con el asunto. Si acaso, se nos ha ocurrido rescatar esta pieza del baúl de los recuerdos y añadir al jóven capitán como otra de las razones para creer en el equipo en tiempos de oscuridad, la luz que brille cuanto todas las demás se apaguen, la razón número 11. Descanse en paz.