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martes, 20 de abril de 2010

La elegancia impostada de Guardiola

Por Nick Panzeri

Cuando la noche caía sobre Milán, Guardiola volvió a hacerlo. "Nos enfrentamos quizás al mejor entrenador del mundo", dijo para definir a Mourinho en la rueda de prensa previa a las semifinales de Champions. El ideólogo del mejor fútbol de la historia, inclinándose ante el referente del mal gusto, de los malos modos, del resultadismo más rancio.

Sólo tres días antes, el técnico culé elevaba a los altares de la táctica a Pochettino, que apenas hace sus prácticas como técnico en el Espanyol, y se entregaba a su habitual sesión de cremita con su gran rival en Barcelona, al que calificaba de "equipo de gran entidad con un campo maravilloso".

Antes, todos y cada uno de los entrenadores rivales del Barcelona, al margen de estilos o clasificaciones -incluído Pellegrini, cuyo trabajo "es escandalosamente bueno"- fueron pasando por la sala de masajes del de Sant Pedor, al que por supuesto devolvían los elogios personalmente en el besamanos previo a cada partido.

Pero la fórmula parece agotada por repetitiva y por previsible. La credibilidad del discurso felador de Guardiola ha expirado y sólo sus jugadores parecen seguir creyendo la técnica motivadora de su entrenador. Suficiente, dirán; el Barça lo sigue ganando todo. Cierto, pero el hastío que invadió a gran parte de esa misma plantilla en la decadencia de la era Rijkaard puede asomar en cualquier momento si no renueva el discurso.

Hasta entonces, los técnicos que todavía se enfrenten al Barcelona esperarán su correspondiente ración de halagos. Incluso Clemente, que quizás se juegue la salvación contra el Barcelona en la última jornada de Liga, esperará que Guardiola proclame su universalidad para convencer a su presidente de su renovación. El problema es que para entonces ya nadie se tomará en serio estas ruedas de prensa.

lunes, 10 de agosto de 2009

(Yo soy) Espanyol, Espanyol, Espanyol

Jarque, "oh, capitán mi capitán"
Por Sebastián Dulbeca
Con las rayas del descodificador en la vertical de su uniforme, fuera de foco en la Liga más bicefálica (por decir algo) de los últimos tiempos, el Espanyol ejerce de perfecto tapado, de canciller de la clase media, de equipo-valle por mucho que al Atlético le facilitara hoy la campaña de captación de socios del próximo curso.

Sucede que también existen al menos 10 + 1 razones para animar, creer e identificarse con el Espanyol. No es tan Bartleby el periquito como lo pintan.

1) Conexión con Obama. Mauricio Pochettino firmó como entrenador el 20 de enero. Ese mismo día tomaba posesión del cargo el nuevo presidente norteamericano. ¿Vidas paralelas? Tal vez: el argentino celebró sus primeros 100 días en el banquillo dos puntos por encima del descenso ¡después de 17 jornadas! La distancia después fue el doble. De los últimos 41 puntos en liza sumó 23.

2) Nuevo estadio. Sería excesivamente cruel (un centenariazo sin final de por medio) que el recinto de 40.000 butacas y cuatro estrellas UEFA levantado entre Cornellá y El Prat no disfrutase del estreno que se merece: en Primera División. Ningún club del mundo ha ejercido en 12 años de local en tres campos diferentes: Sarriá, Lluís Companys y éste que inauguró el Spanish Liverpool el 2 de agosto con una goleada en contra. Entonces el éxodo ha merecido la pena. Fue el único partido en el que Jarque ha llevado el brazalete de capitán.

3) Maldita estadística. Con menos remates y asistencias que nadie en la calculadora de La Sexta, toca enfrentar el peso de los datos con lo intangible: Tamudo, De la Peña, Luis García y la fama de equipo pelotero acreditada en el pasado próximo por los blanquiazules (para otro día quedan pendiente de discusión los cambios de camiseta: del ajedrez al lavado a la piedra).


4) Catarsis de Dinamarca
. El rondo interminable al que España redujo la Eurocopa ganó su primer partido en Aarhus (13/10/2007). Aquel encuentro lo encaminó el Raúl de Santa Coloma, lo cerró el debutante Riera y lo acabó junto a ellos Luis García. Ni el Madrid (Casillas y Sergio Ramos) ni el Barça (Xavi e Iniesta). Sólo el Valencia (Albiol, Marchena, Joaquín y Albelda) aportó más nombres a la gesta.

5) Dos UEFAS perdidas. La aspirina mecánica de Leverkusen (1988). Palop y sus brazos Boomer en Hampden Park (2007). Y en medio un río de lágrimas que brota a 11 metros de la línea de gol. Solidaridad obliga.

6) Éxitos en la Copa. No hubo penaltis en las finales frente al Atlético (1999/2000) y el Zaragoza (2005/06). Doble victoria contra pronóstico. Y algún momento para el zapping de fin de año.



7) Espíritu emprendedor
. Barcelona se quedó pequeña desde el principio. Debut en el extranjero en 1914-15: 1-2 contra el Benfica y 1-4 frente a una selección de Lisboa. Giras por América y Europa Central en los años 20 para financiar obras en la tribuna. Participación activa en la puesta en marcha y profesionalización de los torneos de verano (locales y foráneos) en los 80. Con reconocimiento: Sarriá es la sede de Italia, Brasil y Argentina en el Mundial’82.

8) Galacticidio. El florentinato comenzó a pudrirse en lo deportivo y en lo simbólico cuando Camacho hizo sitio a Beckham y Raúl en el banquillo del Olímpico de Montjuic. Fue justo antes de presentar su dimisión. Frente a aquellos mismos fondos con cartelones se consumó la debacle blanca (ya con Queiroz). Final de Copa: 2-3 frente al Zaragoza (12/03/04).

9) Rivalidad. El Barça necesita un contrapeso local más allá de la insustancial Copa Catalunya. En el último derbi volvieron a aparecer bengalas. En la vuelta, el Espanyol silenció el Nou Camp. Era colista. Nadie más ha ganado allí en la presente liga.

10) Historia. El Espanyol figura entre los 10 clubes fundadores del primer Campeonato Nacional de Liga (1929) . Ostenta, además, el honor de haber anotado el primer gol oficial de la competición: José Pitus Prats, minuto 5, frente al Real Unión de Irún (10/02/1929).

11) Jarque. En FNF somos poco amigos de los homenajes, ya que poco puede decirse después de que todos los grandes medios se pongan con el asunto. Si acaso, se nos ha ocurrido rescatar esta pieza del baúl de los recuerdos y añadir al jóven capitán como otra de las razones para creer en el equipo en tiempos de oscuridad, la luz que brille cuanto todas las demás se apaguen, la razón número 11. Descanse en paz.