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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los juguetes rotos de Arsène Wenger

Por Halftown
Que Arsène Wenger ha transformado al Arsenal no lo cuestiona nadie. En las terrazas de Highbury antes y del Emirates ahora ya nadie canta el clásico One nil to Arsenal. Cuando Wenger aterrizó en Londres –Arsène who?, tituló The Evening Standard-, se encontró con un equipo conocido por su defensa recitable de carrerilla –Dixon-Adams-Keown-Winterburn-, un par de los mejores jugadores ingleses en el ocaso –Platt y Wright- y un nueve y medio holandés rebotado del Inter. A ellos añadió un descarte del Milan, un defensa rubio con coleta que había jugado a sus órdenes en el Mónaco y al extremo izquierdo del mejor equipo de
Europa, y en su segunda temporada logró un doblete histórico.

De un tiempo a esta parte, el Arsenal ha cambiado su modelo de negocio, y ha preferido gastarse la pasta en hacer un estadio nuevo que en llenar de figuras el antiguo Highbury. Arsène ha sabido adaptarse a los tiempos, y ha montado un sistema por el cual ficha chavales talentosos a granel (bien bordeando lo ilegal, bien a golpe de talonario) y revende a los mejores por un pastizal. El Arsenal se ha convertido así en un club de fútbol que genera beneficios. El problema: el precio de la transformación ha sido renunciar a ser competitivos sobre el campo. Así que probablemente lo más meritorio es que hoy, después de cinco años sin un título que llevarse a la boca, nadie parece cuestionar la figura de Wenger, y prensa y público gunner se entregan de la mano, cumbayá, al integrismo wengeriano: In Arsène we trust.

Aunque si los propios aficionados gooners no cuestionan a su entrenador, nosotros tampoco lo haremos. Sin embargo, en FNF queremos escapar de las ideas precocinadas, e igual que en su día desmontamos el mito del Sevilla, hoy hacemos lo propio con el mito de Wenger, el mejor scout de Europa. Porque todos nos acordamos de Cesc, de Anelka o de Diaby, pero la lista de Wenger es mucho más larga. Por eso es por lo que decimos, alto y claro, que por cada conejo blanco que saca de su chistera el mago Arsène, hay una ristra de juguetes rotos detrás.

Jugadores vacíos

Antes, mucho antes de que Reina, Alonso, Luis García, Cesc y Torres salieran en “Españoles por el mundo”, el hijo de unos inmigrantes
gallegos en Alemania fue llamado a filas por el Arsenal. Alberto Méndez jugaba en un equipo alemán de quinta división cuando Wenger se enamoró de él. Al llegar a Londres para firmar el contrato Méndez, con más brutalidad alemana que mano izquierda gallega, le dijo a Wenger que sólo le había visto jugar una vez, que encima lo había hecho mal, y que si estaba seguro. Le repitió la pregunta hasta tres veces. Al final, Arsène le hizo firmar un contrato por cuatro temporadas, que el chaval se pasó íntegras en la grada. Tras pasar por Racing de Ferrol y Terrassa, Méndez apura sus últimos años como futbolista en Alemania. Los sábados por la tarde, cuando ve al Arsenal por Internet, mira la foto de su presentación, junto a Overmars y Petit, y se pellizca para convencerse de que no fue un sueño.

El dios Arsène volvió a dar muestras de humanidad cuando cometió dos veces un error llamado Christopher Wreh. Convencido de la valía del delantero por su propio primo, el mismísimo George Weah, Wenger se lo llevó a Mónaco, donde no pasó de fondo de armario.
Una vez en el Arsenal, Arsène intentó el tour de force llevándose al desconocido nigeriano a cubrir las bajas de Wright y Bergkamp. Y así fue como Christopher Wreh participó en el doblete gunner de la 97/98. Diez años después, Wreh había jugado en casi todas las divisiones inferiores de Inglaterra, más Holanda, Escocia, Arabia e Indonesia. Ha tenido su propia banda de música y hasta un blog en el que cuenta batallitas de su época en el Arsenal. Probablemente acabe sus días metido en política, si algún día su primo consigue salir elegido presidente de Liberia.

Con Anelka demasiado verde para la titularidad, había que buscar soluciones para la delantera. Llegado como regalo de Navidad de 1998, Diawara era un delantero que, a los 23 años, tenía a priori un currículum demasiado magro en Francia como para aspirar a jugar en el Arsenal. La prueba es que jamás marcaría un gol como gunner… ni después como marsellés, ni en el PSG, ni en el Blackburn Rovers ni tampoco en el West Ham. Tuvo que ser en el Racing de Ferrol –uno se pregunta si Wenger es accionista del club gallego- donde, tres años después de su último gol, el delantero africano volvió a encontrar el camino de la red. Después de pasar por Qatar, Turquía y Chipre, este año comparte plantilla bizarra con Alvaro Mejía y Paco Pavón en el Arlès-Avignon de la Ligue 1 francesa. Por increíble que parezca, Wenger sacó una plusvalía de 500.000 libras por semejante delantero sin gol.

Pero Arsène no siempre consigue hacer caja con sus errores. Francis Jeffers fue Rooney antes que Rooney. Un gol cada tres partidos jugados con el Everton parecían una razón suficiente para que el Arsenal pagase 8 millones de libras por él -tres menos de lo que desembolsó el Chelsea por Lampard el mismo verano- y le ofreciese 25.000 libras a la semana. Con Henry y Wiltord por delante, Jeffers sólo fue capaz de marcar cuatro goles en cuatro temporadas como gunner. Jeffers está hoy en el paro tras ser despedido por su último club, el Sheffield Wednesday, después contribuir al hundimiento del club en la tercera división del fútbol inglés.

Igual que Jeffers, Aliadière llegó jovencito al Arsenal. Igual que Jeffers, Aliadière es delantero. Igual que Jeffers, Aliadière está hoy en el paro.
Y eso que la carrera del delantero francés empezó en el mismo lugar que la de los dos mejores delanteros franceses de la historia del Arsenal: Clairefontaine. Aliadière, en cambio, se olvidó el olfato goleador en casa, y nunca se convirtió en el delantero que prometía ser. Después de heredar de Fabio Rochemback el dorsal 10 del Boro, el jugador se rompió la rodilla mientras pasaba una prueba con el West Ham este mismo verano, y lucha por recuperarse a tiempo para volver al circo en el mercado de invierno.

Hay una ristra enorme de jugadores a elegir, pero la historia se repite en casi todos los casos.
Los jugadores rebotados de los grandes equipos europeos suelen hacer una carrera digna en equipos mediocres. Del Arsenal, en cambio, todos salen vacíos, sin fútbol en sus botas. Como si Wenger les hubiese robado el talento. O como si nunca lo hubiesen tenido.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Esas entrañables mandarinas inglesas

Por Halftown
Si Sheffield no hubiera existido, Peter Cattaneo habría ambientado el striptease más famoso de la historia de Inglaterra en la playa de Blackpool.
Y eso que, a mediados del s. XIX, Blackpool era el lugar de reunión de la crème de la crème de la sociedad victoriana. Convertida en ciudad-balneario decimonónica, Blackpool fue el primer municipio de Inglaterra en contar con suministro eléctrico. En 1894 se inauguró la Blackpool Tower, una copia del prepucio de la Torre Eiffel que todavía hoy se recorta contra el perfil bajo de la ciudad.
Pese a que se salvó de los bombardeos de la Luftwaffe, Blackpool no pudo competir con los vuelos baratos al sol de Ibiza y Benidorm, y la ciudad se ha pasado los últimos cincuenta años esperando una nueva belle époque.

En pleno proceso de puesta al día, los Sandgrown'uns (algún fan de Tolkien dio nombre a los nativos de Blackpool) se han encontrado con la sorpresa de encontrar que su club, históricamente a la sombra de sus vecinos ricos de Manchester y Liverpool, se ha plantado en la Premier League.
De la mano de un entrenador con pinta de merendarse niños crudos, las mandarinas (quién iba a decir que el pantone de las mandarinas fuera distinto al de las naranjas) acabaron llevándose la última de las plazas que da acceso a la Premier. Nada mal para el que era el segundo club con menos ingresos de la segunda categoría del fútbol inglés. De los 7 millones de libras recaudados, casi 5 se fueron en sueldos. El pasado verano, eso sí, el club tiró la casa por la ventana al pagar 500.000 libras para asegurarse de que su estrella, el escocés a préstamo del Rangers Charlie Adam, se quedaría a jugar en Bloomfield Road.

El estadio de Blackpool, una antigualla de finales del XIX, en pleno apogeo de la ciudad, está acostumbrado a recibir a 8.000 ingleses disfrazados de mandarina. Para la aventura de la Premiership, está siendo remodelado para tener un aforo de 17.000 asientos. El problema es que los trabajos van con tanto retraso –normal: Blackpool es una de las ciudades con los salarios más bajos de Inglaterra- que el primer partido del campeonato, que tenía que jugarse en casa contra el Wigan, acabará jugándose en… Wigan.

Sin pan para hoy

El ascenso a la Premier ha sido un alivio para los dos gerentes del club, el inglés Karl Oyston y el magnate letón –sin ironía alguna; hablamos de 47º tipo más rico del Reino Unido- Valeri Belokon. Además de la pasta que suelta la federación inglesa por participar, y del talonario de Sky Sports, los patrocinadores se pelean por estampar su logo sobre el color mandarina de su camiseta. Al final se ha llevado el gato al agua Wonga.com, una web de préstamos instantáneos con una pinta tan dudosa que Línea Directa, los del anuncio del teléfono rojo con ruedas, parecen a su lado el Fort Knox.

¿Y los jugadores? De entrada, el mánager del equipo, Ian Holloway, ha tenido que inscribir a siete chavales del filial para completar el cupo de veinticinco que exige la Premier League para poder participar. Holloway, un tipo cuya carrera de entrenador había sido hasta el pasado junio tan gris como lo fue su etapa de jugador, cuenta con un puñado de obreros del balón con mucha voluntad y poco talento. Además del escocés Adam, el jugador con más pedigrí de la banda de Holloway es Jason Euell, un delantero que ha demostrado ser tan válido en Segunda como inútil en Primera. Euell, que debutó con 18 años en el Wimbledon de Vinnie Jones, jamás alcanzó el nivel que prometía. Suplente de Michael Owen en el Mundial sub-20 del 97, lo tenía todo para hacer una carrera por encima de su talento, a lo Emile Heskey. Y por qué no.
En 2004, cuando debutar con los pross ya era una quimera para él, Euell aprovechó que su padre nació en Jamaica para subirse al carro de los Reggae Boyz, y así jugar el Mundial de Alemania. Pequeño error de cálculo, en el partido de su debut (de suplente) contra Estados Unidos, Jamaica perdió todas sus opciones de clasificación. Su cuarto y último partido como internacional fue contra la Inglaterra de Michael Owen, que endosó un set a su antigua colonia. El 6-0 contra su “otro” país fue el final de la carrera internacional de Jason Euell. Totalmente sordo del oído izquierdo, Euell siempre ha creído que esa tara le hacía mejorar los otros cuatro sentidos. Al menos hoy no lo utiliza como excusa para justificar su underachivement.

A pesar de semejante panorama, y con una dosis de realismo poco habitual en el mundo del deporte, la directiva del club ya ha anunciado que no invertirá en grandes fichajes, ni en fichas astronómicas, sino en crear infraestructuras para el futuro. Se niegan a caer en el pan para hoy, hambre para mañana, que ha hundido a tantos equipos. Que pregunten en Leeds o en Murcia. Aunque sin duda el mejor resumen de la filosofía mandarina lo hace el propio Ian Holloway: “A veces, cuando apuntas a las estrellas, te acabas chocando con la luna”.

martes, 16 de febrero de 2010

Se vende equipo ascensor en quiebra

Por Halftown
Cuando te cae el marrón de administrar un club con una deuda de más de 30 millones de libras, un estadio alquilado a PriceWaterhouseCoopers a cambio de 1,2 millones anuales y cuyo único título es la Zenith Data Systems Cup de 1991, es comprensible que uno tome medidas desesperadas, como poner un anuncio de venta en el Financial Times.

Y eso que, aunque perdedores, los del Crystal tienen su historia. El Crystal Palace, el equivalente victoriano a lo que hoy llamaríamos un pedazo de invernadero, fue levantado en Londres para la Expo de 1851. Como más tarde pasaría con la Torre Eiffel, las autoridades decidieron conservarlo más allá de los seis meses de vida inicialmente previstos. En 1936 fue consumido por el fuego, y lo poco que quedaba en pie sería rematado por la Luftwaffe pocos años más tarde.

A la sombra del edificio, sin embargo, un grupo de trabajadores empezó a darle patadas al balón en sus ratos de ocio, y en 1861 formaron un club, con el que años después llegaron a participar en la primera edición de la FA Cup.

En 1905 se fundó el Crystal Palace FC, que toma sus colores de unas camisetas del Aston Villa que recibieron prestadas. Sólo en 1924 consiguieron que se construyese Selhurst Park, el estadio en el que siguen jugando a día de hoy. Para inaugurar las torres de iluminación del estadio, en 1962, el Real Madrid de Di Stéfano, Gento y compañía jugó –y ganó 4-3- el primer partido de la historia del club blanco en Londres.

Hasta 1969, el Palace tiene una larga historia luchando en el barro de las categorías inferiores del fútbol inglés. Fue en ese año, mientras los Beatles grababan su despedida en Abbey Road, cuando Selhurst Park vio por primera vez fútbol del más alto nivel.

El club sobrevivió en el alambre durante tres cursos, para después caer a plomo hasta la tercera división. Una vez en el pozo, decidieron darle una oportunidad al recién retirado Terry Venables, que les devolvió en sólo tres años a la máxima categoría del fútbol inglés. Tras el éxito, Venables sería más tarde el entrenador del Barça en la final de Copa de Europa contra el Steaua, y el seleccionador del equipo inglés eliminado por Alemania en Wembley durante la Euro’96.

“The team of the 80s”, como la prensa llamó al Palace a raíz de su ascenso, no fue tal: en 1981 volvió a bajar, y hasta el 89 no recuperaría su sitio en la élite. Gran culpa de ello la tuvieron los 27 goles que marcó un delantero llamado Ian Wright. Antes de convertirse en una leyenda del Arsenal, Wright tuvo tiempo de regalarle al Palace su único título, al enchufarle un doblete al Everton en la final de la Zenith Data Systems Cup jugada en Wembley.

Un águila calva por ídolo

La década de los 90 vio al Palace convertido en el clásico equipo ascensor, una especie de Rayo Vallecano londinense. Durante esa década, la afición de los Eagle pudo disfrutar de todo tipo de jugadores, desde los internacionales ingleses Gareth Southgate o Nigel Martyn hasta el futuro jugador del Marbella Andy Gray e incluso el mítico delantero sueco ahora reciclado en estrella internacional de póker Tomas Brolin.

Aunque sin lugar a dudas, el fichaje más grande del pequeño equipo londinense fue la llegada, en pleno verano de 1997, del extremo de la Juve Attilio Popeye Lombardo. A pesar de su limitada fotogenia y su incapacidad para aprender inglés, el italiano se convirtió rápidamente en el ídolo de la afición del Palace. Tanto es así, que The Bald Eagle, pese a haber jugado sólo una temporada y media en Selhurst Park, fue elegido en el once histórico del club. Eso sí, acabó su primera temporada como jugador-entrenador, con Brolin haciéndole de traductor ante el cachondeo generalizado de la prensa inglesa. El equipo, después de sólo dos victorias en casa en toda la temporada, acabó perdiendo la categoría.

Como sustituto de Lombardo al frente de la nave se decidió el retorno de Terry Venables, pero las deudas empezaron a pesar más que los goles. En un intento por recaudar fondos, el Palace invirtió en la llegada de los chinos Fan Zhiyi y Sun Jihai, que a falta de fútbol al menos ayudaron a cuadrar las cuentas del club. Su último ascenso a la Premier fue en 2004, y a pesar de los 21 goles de Andrew Johnson –ocho de ellos de penalty, un récord histórico en la Premier-, acabaron bajando por enésima vez.

Pasado el ecuador de la temporada 2009-2010, el Crystal Palace languidece en la segunda categoría del fútbol inglés, a sólo un punto del descenso, y con uno de los peores promedios de asistencia al estadio de toda la liga. Además, desde el pasado enero, el club ha sido puesto bajo administración pública, al estilo de aquel administrador judicial que arrastró al Atleti al infierno.

La única ilusión de los 15.000 que se reúnen todos los sábados en Selhurst Park es alcanzar los cuartos de final de la FA Cup el próximo 24 de febrero, hazaña que a punto estuvieron de conseguir –incluido un golazo de su estrella, el ex-internacional sub-21 inglés Darren Ambrose- de no haberles empatado el Aston Villa -sí, aquellos que les prestaron las camisetas- a tres minutos del final.

A falta de victoria, la buena noticia es que la no-clasificación tiene premio: 247.000 libras que la ITV pagará por los derechos del partido de desempate. Y eso, para un club sin estadio propio, con poca afición y las vitrinas tan vacías como los bolsillos, es algo para celebrar.



lunes, 26 de octubre de 2009

Todos quieren ser el Barça

Por Nick Panzeri

Contra el brillo de la Premier, fútbol. Frente a la intensidad, el frenesí y la emoción de un Liverpool-ManU, juego ofensivo, brillante y combinativo en todos los campos. Los aficionados españoles viven acomplejados por la maquinaria propagandística del torneo británico, pero no tienen nada que envidiar. Al menos de lo que sucede sobre el césped.

El partido del domingo en Anfield resultó vibrante del minuto 1 al 95, pero nunca se podría calificar de brillante. Y se trata del mejor partido de la jornada en las islas. Cualquiera que se haya podido asomar al resto de la jornada habrá percibido que, salvo Arsenal y el Wigan de Martínez, este deporte sigue anclado en los rudos 80.

Después de ver este fin de semana seis partidos de la Premier, los 10 de la Liga, cuatro del Calcio y dos de la Bundesliga, a uno no le queda duda de que el español es el campeonato más entretenido de todos, al margen del partido. ¿La razón? Que todos quieren parecerse al Barça.

La victoria de Italia en España 82 animó a los equipos de todo el mundo a seguir su bronco estilo. Más recientemente, el nefasto año 2004 ensalzó la racanería de la Grecia campeona de Europa y del Oporto de Mourinho campeón de Europa, que crearon escuela. Ahora, y sobre todo en España, lo que se lleva es el juego del Barcelona. Al Mallorca, por ejemplo, no le importó quedarse con 9 a la hora de seguir queriendo el balón y buscando la portería del Atlético… hasta que acabó empatando.

Tenerife, Xerez, Sporting, Valladolid, Deportivo, Getafe, Málaga, Villarreal, Valencia… Todos (incluidos los recién ascendidos) quieren parecerse al equipo de Guardiola. Todos acumulan gente en mediocampo para dominar el juego, para llevar la iniciativa, para buscar continuamente la portería rival. ¿Como quién? Como el Barça.

Como ninguno de ellos tiene a Xavi, Messi e Ibrahimovic, sus partidos terminan en muchos casos con discretos resultados a pesar de las decenas de ocasiones que generan cada jornada.

Además, para los más 'premieradictos', la Liga tiene hasta un equipo más británico que los propios británicos: el Sevilla, una especie de Liverpool por su intensdad pero con calidad y más vocación ofensiva.

martes, 7 de abril de 2009

Carrusel de Las Tres Culturas

Por Sebastián Dulbeca
Hojas de palma. Olor a incienso. Cera en el suelo como caprichosas estalagmitas. Y una amenaza: el titular cofrade. Sólo que este Domingo de Ramos y la víspera también fueron días de celebraciones musulmanas y judías en los estadios de Liga y Premier. Por fin blanco sobre verde el sueño de la Alianza de Civilizaciones.

Nuevo Colombino. Min. 32. Kanouté transforma un penalti. Supone el triunfo de su equipo. Y la consecución de una formidable marca personal. Con su tanto número 90 iguala a Davor Suker como máximo artillero foráneo de la historia del Sevilla.
El hombre que compró una mezquita. El futbolista que se solidarizó con Palestina. El imam que juega por Mali. Gol. Ritual incontestable.
Vicente Calderón. Min. 69. Masoud abrocha el repaso al Atlético. Se trata del jugador de Primera al que menos tardan en hacerle una falta (cada 21 min.). En ese momento decide ser él quien se tome su tiempo para anudar al defensa. Puro slow motion.

Euforia rojilla. Aplausos del rival. Y la celebración del Año Nuevo persa que se prolonga por sorpresa hasta Semana Santa.

Por alusiones: en San Mamés, Aouate hace lo que puede. Pero su compatriota Benayoun coloca líder al Liverpool en el agónico min. 95. Prodigios en Craven Cottage más propios de St. James' Park...

Luego la jornada se cierra con otra exhibición. Aparece con desprecio por el santoral quien suele: Cristiano.