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miércoles, 16 de marzo de 2011

Nada bajo palos

Por Halftown
Edwin Van der Sar ha decidido cerrar la tienda a los 40 años. Sólo Seedorf le ha sobrevivido de aquel Ajax campeón de Europa en el 95. Como Ferguson pasa varios pueblos del mediocre polaco Tomasz Kuszczak, antes de navidades el United se dejó algo más de 3 kilos en el fichaje del danés Anders Lindegaard, que a sus 26 años se gana la vida parando balones para el Aalesunds FK noruego. La idea de encontrar un clon de Peter Schmeichel era tan bonita, que tuvo que ser el propio Schmeichel quién durante una entrevista puso al chavalito danés de vuelta y media. Los malpensados dirán que es envidia de la gorra a lo Benji Price que luce Lindegaard, o quizá celos porque a su hijo Kasper –el heredero de pedigrí- se le pasa el arroz parando balones en clubes de mierda, por mucho que este año por fin se haya hecho con el puesto de titular en el renqueante Leeds United.

En Londres el panorama es desolador. El Chelsea sigue convencido de tener a uno de los cinco mejores porteros del mundo en Peter Cech, y lo cierto es que el checo no ha vuelto a ser el mismo desde que en 2006 le fracturaron el cráneo de un rodillazo.

Asumiendo que Abramovich va a dejarse la pasta en otra cosa, el que tiene una patata en el horno con el tema porteros es el amarrategui del Camp Nou, antiguamente conocido como Arsène Wenger. La diferencia con United y Chelsea es que el Arsenal está necesitado de un portero ya. ¿Ya? Ese es el error, que estaba necesitado de un portero desde el mes de septiembre pasado. Que lleva buscando un portero toda la vida.

Un navarro mediocre y un cuarentón meón

Históricamente, el Arsenal ha sido un equipo de mucho cañonero curtido en mil batallas y un alférez torpe y borracho guardando la santabárbara. Con todo, en los últimos veinte años los gunners han ganado títulos a pesar de Seaman, Almunia o Lehmann.

Este año, en una nueva exhibición de chocheo, Wenger empezó la temporada con Manuel Almunia de titular. El portero español, titular varias temporadas con los gunners, es un portero del montón que por algún motivo le hizo tilín al excéntrico alsaciano. Su caso recuerda al de Nacho Novo, que era un ídolo en el Rangers y para volver a España tuvo que irse a un equipo de la mitad baja de la tabla. A Almunia, si quisiera volver, tampoco se le iban a rifar los grandes.

El plan B de Wenger no tardó en pasar a ser su plan A: se llamaba Lukasz Fabianski, y se trataba de un polaco que llegó al Arsenal en 2007 sin jamás lograr imponerse a una medianía como Almunia. Una lesión de éste acabó por darle la portería de los gunners, pero cuando por fin parecía que lo iba a conseguir, una lesión de hombro le dejó KO para el resto de la temporada.

Su sustituto fue otro polaco, Szczęsny, que lo hizo relativamente bien hasta que junto al francés Koscielny protagonizó en plena final de Copa un dueto propio del Lago de los Cisnes que acabó por costarle el título al Arsenal. Como Seaman en la final de la Recopa con el Zaragoza o Lehmann en la final de Champions contra el Barça, Szczęsny entró por la puerta grande en el panteón gooner de porteros incompetentes.

La nula competencia le mantuvo en el puesto, hasta que en la primera parte del partido en Barcelona se dislocó el dedo y pasará parado el próximo mes y medio.

Con Almunia de titular de emergencia –pese a la nula fe que Wenger le tiene- el pasado fin de semana ante el United se tuvo que sentar en el banquillo un chaval de 19 años llamado James Shea. Da la casualidad de que otro míster con un agujero bajo palos, Fabio Capello, ya tuvo que convocar a Shea el pasado verano ante la avalancha de lesiones entre los pocos y espantosos porteros ingleses.

Shea había sido prestado a mediados de febrero al Southampton, donde no le dio tiempo a debutar al ser llamado a filas por Arsène. En un alarde de mano izquierda, el mago alsaciano dejó claro ante los medios que Shea venía como fondo de armario, ya que el club buscaba una cesión para ser suplente de Almunia.

Y fue entonces cuando la cosa tomó tintes surrealistas: Jens Lehmann, que ya fue portero del Arsenal -donde se llevaba a hostias con Almunia- lleva retirado desde el final de la temporada pasada, y pasa el tiempo preparándose para ser entrenador y comentando partidos. Nadie sabe bien si él ha entonado el si tu me dices ven, o si Arsène, en un nuevo tour de force, le ha devuelto los guantes. En cualquier caso, denle credibilidad al rumor: en la Wikipedia ya aparece Lehmann como jugador del Arsenal.

La guinda sobre el pastel de otra temporada fallida de la academia de Arsène Wenger podría ser un portero cuarentón que meó durante un partido de Champions League. Menos mal que el Arsenal ya está eliminado.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los juguetes rotos de Arsène Wenger

Por Halftown
Que Arsène Wenger ha transformado al Arsenal no lo cuestiona nadie. En las terrazas de Highbury antes y del Emirates ahora ya nadie canta el clásico One nil to Arsenal. Cuando Wenger aterrizó en Londres –Arsène who?, tituló The Evening Standard-, se encontró con un equipo conocido por su defensa recitable de carrerilla –Dixon-Adams-Keown-Winterburn-, un par de los mejores jugadores ingleses en el ocaso –Platt y Wright- y un nueve y medio holandés rebotado del Inter. A ellos añadió un descarte del Milan, un defensa rubio con coleta que había jugado a sus órdenes en el Mónaco y al extremo izquierdo del mejor equipo de
Europa, y en su segunda temporada logró un doblete histórico.

De un tiempo a esta parte, el Arsenal ha cambiado su modelo de negocio, y ha preferido gastarse la pasta en hacer un estadio nuevo que en llenar de figuras el antiguo Highbury. Arsène ha sabido adaptarse a los tiempos, y ha montado un sistema por el cual ficha chavales talentosos a granel (bien bordeando lo ilegal, bien a golpe de talonario) y revende a los mejores por un pastizal. El Arsenal se ha convertido así en un club de fútbol que genera beneficios. El problema: el precio de la transformación ha sido renunciar a ser competitivos sobre el campo. Así que probablemente lo más meritorio es que hoy, después de cinco años sin un título que llevarse a la boca, nadie parece cuestionar la figura de Wenger, y prensa y público gunner se entregan de la mano, cumbayá, al integrismo wengeriano: In Arsène we trust.

Aunque si los propios aficionados gooners no cuestionan a su entrenador, nosotros tampoco lo haremos. Sin embargo, en FNF queremos escapar de las ideas precocinadas, e igual que en su día desmontamos el mito del Sevilla, hoy hacemos lo propio con el mito de Wenger, el mejor scout de Europa. Porque todos nos acordamos de Cesc, de Anelka o de Diaby, pero la lista de Wenger es mucho más larga. Por eso es por lo que decimos, alto y claro, que por cada conejo blanco que saca de su chistera el mago Arsène, hay una ristra de juguetes rotos detrás.

Jugadores vacíos

Antes, mucho antes de que Reina, Alonso, Luis García, Cesc y Torres salieran en “Españoles por el mundo”, el hijo de unos inmigrantes
gallegos en Alemania fue llamado a filas por el Arsenal. Alberto Méndez jugaba en un equipo alemán de quinta división cuando Wenger se enamoró de él. Al llegar a Londres para firmar el contrato Méndez, con más brutalidad alemana que mano izquierda gallega, le dijo a Wenger que sólo le había visto jugar una vez, que encima lo había hecho mal, y que si estaba seguro. Le repitió la pregunta hasta tres veces. Al final, Arsène le hizo firmar un contrato por cuatro temporadas, que el chaval se pasó íntegras en la grada. Tras pasar por Racing de Ferrol y Terrassa, Méndez apura sus últimos años como futbolista en Alemania. Los sábados por la tarde, cuando ve al Arsenal por Internet, mira la foto de su presentación, junto a Overmars y Petit, y se pellizca para convencerse de que no fue un sueño.

El dios Arsène volvió a dar muestras de humanidad cuando cometió dos veces un error llamado Christopher Wreh. Convencido de la valía del delantero por su propio primo, el mismísimo George Weah, Wenger se lo llevó a Mónaco, donde no pasó de fondo de armario.
Una vez en el Arsenal, Arsène intentó el tour de force llevándose al desconocido nigeriano a cubrir las bajas de Wright y Bergkamp. Y así fue como Christopher Wreh participó en el doblete gunner de la 97/98. Diez años después, Wreh había jugado en casi todas las divisiones inferiores de Inglaterra, más Holanda, Escocia, Arabia e Indonesia. Ha tenido su propia banda de música y hasta un blog en el que cuenta batallitas de su época en el Arsenal. Probablemente acabe sus días metido en política, si algún día su primo consigue salir elegido presidente de Liberia.

Con Anelka demasiado verde para la titularidad, había que buscar soluciones para la delantera. Llegado como regalo de Navidad de 1998, Diawara era un delantero que, a los 23 años, tenía a priori un currículum demasiado magro en Francia como para aspirar a jugar en el Arsenal. La prueba es que jamás marcaría un gol como gunner… ni después como marsellés, ni en el PSG, ni en el Blackburn Rovers ni tampoco en el West Ham. Tuvo que ser en el Racing de Ferrol –uno se pregunta si Wenger es accionista del club gallego- donde, tres años después de su último gol, el delantero africano volvió a encontrar el camino de la red. Después de pasar por Qatar, Turquía y Chipre, este año comparte plantilla bizarra con Alvaro Mejía y Paco Pavón en el Arlès-Avignon de la Ligue 1 francesa. Por increíble que parezca, Wenger sacó una plusvalía de 500.000 libras por semejante delantero sin gol.

Pero Arsène no siempre consigue hacer caja con sus errores. Francis Jeffers fue Rooney antes que Rooney. Un gol cada tres partidos jugados con el Everton parecían una razón suficiente para que el Arsenal pagase 8 millones de libras por él -tres menos de lo que desembolsó el Chelsea por Lampard el mismo verano- y le ofreciese 25.000 libras a la semana. Con Henry y Wiltord por delante, Jeffers sólo fue capaz de marcar cuatro goles en cuatro temporadas como gunner. Jeffers está hoy en el paro tras ser despedido por su último club, el Sheffield Wednesday, después contribuir al hundimiento del club en la tercera división del fútbol inglés.

Igual que Jeffers, Aliadière llegó jovencito al Arsenal. Igual que Jeffers, Aliadière es delantero. Igual que Jeffers, Aliadière está hoy en el paro.
Y eso que la carrera del delantero francés empezó en el mismo lugar que la de los dos mejores delanteros franceses de la historia del Arsenal: Clairefontaine. Aliadière, en cambio, se olvidó el olfato goleador en casa, y nunca se convirtió en el delantero que prometía ser. Después de heredar de Fabio Rochemback el dorsal 10 del Boro, el jugador se rompió la rodilla mientras pasaba una prueba con el West Ham este mismo verano, y lucha por recuperarse a tiempo para volver al circo en el mercado de invierno.

Hay una ristra enorme de jugadores a elegir, pero la historia se repite en casi todos los casos.
Los jugadores rebotados de los grandes equipos europeos suelen hacer una carrera digna en equipos mediocres. Del Arsenal, en cambio, todos salen vacíos, sin fútbol en sus botas. Como si Wenger les hubiese robado el talento. O como si nunca lo hubiesen tenido.