
Si en la primera parte de la temporada el hype futbolero se llamó Gareth Bale, de navidades a esta parte el jugador del que todos hablan se llama Radamel Falcao García. Para los aficionados argentinos, El Tigre. O, como a él le gusta, Falcao a secas.
Mientras que la temporada pasada ya avisó con un golazo de tacón al Atleti, este 2011 se ha confirmado después de hacerle al Villarreal cuatro goles en medio partido.
A pesar de su nombre, Falcao nació en Santa Marta, el mismo puerto al norte de Colombia que alumbró al Pibe Valderrama, probablemente el jugador colombiano más famoso de todos los tiempos, en España por obra y gracia de la mano de Míchel. Hijo de un antiguo defensa colombiano, a los once años su padre le consiguió una prueba con el club que monopolizaba el talento joven antes de que existiera YouTube: el Ajax de Amsterdam. Al final –al revés que en la carrera de otro colombiano salido del Ajax, Johnnier Montaño - el sentido común se impuso y el chaval acabó dándole al balón en el Millonarios de Bogotá, el mismo club que vio a Di Stéfano antes de convertirse en Don Alfredo.
Después, el padre se lo llevó a otros millonarios, los de River Plate, donde recién salido de la adolescencia, en 2005, le dejaron al mando de la artillería junto a otro pibe, Gonzalo Higuaín. El Tigre y el Pipita empezaron a enchufar un gol tras otro, hasta que Falcao se destrozó los ligamentos de su rodilla derecha al machacar el balón en la red de San Lorenzo.
Se pasó los siguientes diez meses recuperándose de la lesión, y mientras tanto se dedicó a estudiar periodismo, a unirse a los Campeones de Cristo y a escuchar al grupo de rock cristiano los Locos por Jesús. Aunque suene chungo, los secretarios técnicos de toda Europa prefieren fichar a un tipo cuya vida fuera del campo se parece más a la de Kaká que a la de Faustino Asprilla.De pareja de Bodipo a sustituto de Bendtner
Cuando volvió de su lesión, Radamel siguió a lo suyo: meter goles. Pasó todo 2007 haciendo bueno a su entrenador, el Cholo Simeone. Tanto llamó la atención, que el adorador de la Virgen del Puño Augusto César Lendoiro ofreció 12 millones a River para traérselo a la playa de Riazor. Al final, River prefirió hacer caja enviando a Marco Rubén a Villarreal. O quizás fue decisión del chaval, que no se veía haciendo pareja con Bodipo, y ansiaba seguir al Pipita Higuaín camino de Chamartín.
Al final el más rápido fue Pinto Da Costa, sin duda con el lyonés Jean-Michel Aulas el presidente europeo que mejor entiende el lado mercantil del futbol. La operación se cerró en 7 millones de euros, los mismos que había pagado unos años antes por Lisandro López, al que colocó en el Olympique Lyonnais a cambio de 24 millones de euros. A todo esto, River rechazó los 12 millones de Lendoiro para acabar vendiéndole por 7. Luego todavía se preguntan por qué Argentina está como está.Después de la sensacional temporada del Oporto y en especial tras su póker de goles al Villarreal, Falcao aparece en las quinielas de todos los equipos que necesitan un pistolero. Aparece en color rojo en la lista de Arsène Wenger, aburrido de formar fraudes como Carlos Vela o Nicklas Bendtner. Ya lo quiso hace tres años, y quizás ahora, después de que Cesc Fábregas se preguntase en voz alta el otro día si el Arsenal quiere ser un club formador o ganador, se plantee fichar a una garantía de gol como Radamel Falcao. Tweet
