Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de septiembre de 2011

Wiltord, el oportunista

Por Halftown
Oportunismo: Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones.

En un país donde el fútbol no es el deporte número uno, sorprende el encendido debate que suele levantarse cuando se plantea qué equipo fue mejor, si la Francia campeona del mundo en el 98 o la campeona de Europa dos años más tarde. Siendo dos plantillas casi idénticas, los partidarios del equipo que ganó a Italia en 2000 utilizan como principal argumento la diferencia en la delantera de los bleus : mientras que en el 98 el titular arriba fue el auxerrois Stéphane Guivarch’, que no vio puerta en todo el campeonato, en la Euro de Bélgica y Holanda fue Titi Henry el que se echó el gol a la espalda. Y sin embargo, aquella copa no acabó en los Campos Eliseos gracias a él, sino al peor delantero de aquel equipo: Sylvain Wiltord.

Nino se encontró en el momento justo en el lugar adecuado: aunque venía de salir pichichi francés con los Girondins la temporada anterior, fue a la Euro consciente de su condición de fondo de armario. El seleccionador francés, Roger Lemerre, le utilizó al principio como cambio de último minuto, de esos que sólo sirven para arañar tiempo al crono. En la final, sin embargo, Lemerre había cometido la estupidez de dar la titularidad a Christophe Dugarry, un tipo muy simpático y con cierto talento que jamás habría ido a una selección como la francesa sin haber sido sido íntimo amigo de Zinedine Zidane.

Wiltord entró a la hora de juego, pero no sería hasta el minuto 94, con Francia 1-0 abajo en el marcador, cuando Barthez sonó a rebato con un pelotazo que Trezeguet toca y Cannavaro traga, suficiente para que el delantero del Girondins enganche un zurdazo en la esquina izquierda del area que se coló bajo el cuerpo del italiano Francesco Toldo.

Alférez entre artilleros

Olvidado su affaire con Lendoiro, que gracias a Wiltord consiguió un nuevo hito al hacer caja por un jugador que jamás llego a vestirse de blanquiazul, el nuevo héroe nacional francés cruzó el canal de la Mancha para caer en el mejor Arsenal de la historia. En Highbury (seamos puristas) le recuerdan por su gol en Old Trafford, tres puntos que decidieron el campeonato en favor de los chicos de Arsène.

Al lado de artilleros como los que poblaban la delantera del Arsenal aquellos maravillosos años, Wiltord nunca pasó de ser el alférez del general Wenger. El tipo que trae munición cuando más aprieta el fuego enemigo. Aunque visto el panorama actual de rosickys y chamakhs, no sorprende que haya un grupo en Facebook que no se ruboriza en considerar al oportunista Wiltord «leyenda gunner».

Tras cuatro temporadas en Londres y antes del inicio de la cuesta abajo de Wenger & company, Wiltord volvió a volar con viento de cola al aterrizar en el Olympique de Lyon de Jean Michel Aulas. Tres títulos de campeón más tarde, Wiltord decidió cerrar el círculo en el mismo club en el que empezó su carrera : el Stade Rennais. Lo que debía ser un retiro dorado acabó en combate callejero con el entrenador del equipo, Guy Lacombe. Unas declaraciones altisonantes de Wiltord en L’Equipe acabaron con el jugador en el paro. Por primera vez en su carrera, el delantero francés caía en el lugar erróneo.

Después de dos experiencias de merde más, una en Marsella y otra en la Ligue 2 con el Metz, parecía que el final de Nino, 37 años recién cumplidos, habia llegado. Pero después de un año sin catar el balón, Wiltord juega esta temporada, su vigésima como profesional, en el máximo rival de su club du cœur, el Nantes. Una pequeña traición –los oportunistas no cargan con el peso de la lealtad- con tal de seguir jugando.

De momento la aventura le va bien en lo individual y mal en lo colectivo : aunque está jugando y marcando goles, el Nantes anda 9° con sólo doce magros puntos después de nueve jornadas. Y es que Nantes y Mónaco –donde apura su fútbol Ludo Giuly- son los dos clubes que tienen que subir sí o sí.

A final de temporada hay Eurocopa, pero Wiltord ya no sueña con jugarla. Tras la retirada efectiva de Robert Pires el pasado verano, de aquel equipo campeón de Europa hace once años quedan sólo los delanteros: Henry en Nueva York, Trezeguet en los Emiratos y Wiltord en la Ligue 2. Y de los tres, solamente uno juega al fútbol por placer.

jueves, 11 de agosto de 2011

De Bernard a Monsieur Bernard

Por Sopenilla
En los equipos anodinos, aquellos en los que confluye una trayectoria tan insulsa como longeva, las cosas (buenas o malas) nunca se suceden espaciadas. Por el contrario, tienden a solaparse en el tiempo, dando a entender que no hay hecho más extraordinario que el lento transcurrir de temporadas carentes de éxitos reseñables. Aunque L’Équipe sería capaz de llevar a portada a un club de la CFA 2, lo cierto es que el departamento de Maine y Loira nunca había concentrado tantas miradas desde que en el siglo XII Leonor de Aquitania diera brillo al condado de Anjou en razón de su matrimonio con Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra.

La culpa de que la ciudad de Angers haya recobrado la vida que tenía en plena Edad Media se debe al proceso judicial que ha condenado a dos años de prisión y 200.000 euros de multa a Willy Bernard, presidente y máximo accionista del SCO. Perjuicios deportivos al margen, la sentencia ha servido para ensombrecer –aún más, si cabe– el aura mesiánica que reviste a muchos directivos, sobre todo a aquellos provenientes del mundo empresarial. En España, donde la mayoría de los clubes están a la altura de las Cajas de Ahorros, la súplica es comprensible. En Francia, en cambio, parecía que el ejemplo del polifacético Bernard Tapie había cundido. La excepción, no obstante, ha venido a confirmar una regla que apunta a universal: el pelotazo no tiene fronteras.

En este sentido, poco ha importado que el conjunto blanquinegro pasara por ser una entidad saneada, y M. Bernard, por un joven emprendedor. Cuando uno aspira a imitar a Aulas, y los ingresos por subvenciones públicas no se distinguen de la facturación de tus propias empresas, la tentación no debe resultar fácilmente rechazable. Ni siquiera en el caso de que uno esté firmemente dispuesto a no mezclar el fútbol con los negocios, tal y como reconocía el acusado a la revista So Foot en mayo de 2008.

Por aquel entonces, Bernard ya figuraba como el presidente más joven del balompié galo. Una precocidad acorde con su ambición. Con 23 años, había levantado su primera compañía, ‘AB Fenêtres’, una firma dedicada a la comercialización de ventanas. Metida de lleno en plena burbuja inmobiliaria, la empresa no tardó en expandirse, alimentando consigo los planes de su propietario. Casualmente, en el momento en que se produjo su salida a bolsa, las cifras dejaron de cuadrar. Con apenas un lustro de vida, AB se declaró en suspensión de pagos. En teoría, todo se debía a la falta de crédito para hacer frente a la crisis del sector. La práctica hablaba, también por vía oficial, de una treintena de tiendas y dos centenares de empleados.

De ventanas a paneles solares

Pese al revés financiero, Bernard pudo adquirir sin problemas el Angers SCO tan sólo unos meses después de la quiebra. Instalado en el sillón presidencial, desviar fondos hacia su bolsillo fue mucho más asequible, aunque para destapar la trama hayan sido necesarios más de dos años de investigación y de escuchas telefónicas. El resultado es un sumario de ocho mil páginas que señala a ‘Next Generation’, la segunda empresa de Bernard, como el trampolín de un negocio personal que reportaba al mandatario un sueldo, según la estimación de la policía, de 50.000 euros al mes.

La nómina venía, fundamentalmente, de meter mano a las subvenciones públicas. De entrada, las que recibía el Angers SCO de parte de las distintas administraciones (Ayuntamiento, Consejo General y Consejo Regional): en total, entre las tres instituciones, casi un millón de euros anuales. Ya se ve que austeridad no es una palabra que sólo se debe predicar en el sur de Europa. En el noroeste francés, gobierno y oposición, a nivel municipal al menos, también se enfrentan por el modo en que se justifican algunas partidas presupuestarias.

El resto del salario corría a cargo del sistema de incentivos ideado desde Bruselas para impulsar las energías renovables. Tras su experiencia en el mercado de la vivienda, y quizá para justificar los folletos en los que aparecía como empresario modelo, Bernard entendió que convenía cambiar las ventanas por los paneles solares. Casualidad o no de nuevo, lo curioso es que ambas iniciativas hayan desembocado en el mismo punto. En palabras de sus responsables, tanto ‘AB Fenêtres’ como ‘Next Generation’ estaban en negociaciones para ser vendidas en vísperas de que la primera abandonase el parqué y la segunda se pusiera al descubierto como tapadera.

Lo mejor o lo peor de todo, según se mire, es que la apertura del proceso el pasado mes de abril ha coincidido con la época más dichosa del Angers SCO. Lo común, por otro lado, en algunos dirigentes. Hasta la entrada en escena de Bernard, y con la salvedad de una participación europea (UEFA) tras acabar cuarto en liga en 1972, el club acostumbraba a vagar por la Ligue 2.

Suya fue la decisión de rescatar de Toulon a Jean-Louis Garcia. Con él al frente, el ascenso ha estado más cerca que nunca. Incluso una semifinal copera, después que Girondins y Valenciennes hincaran la rodilla en el Jean Bouin. Pero el PSG, primero; y los tribunales, más tarde, impusieron cada uno su lógica.

Tras sortear un descenso deportivo a National, el SCO regresó el viernes a la competición de la mano de un técnico sin papeles y con la prohibición de realizar fichajes. Enfrente estuvo Le Havre, que se acabó llevando los tres puntos del estadio Jean Bouin. En el palco, aun a costa de haberse sentado en el banquillo de los acusados y ser todavía el máximo accionista, el que no estuvo fue Willy Bernard.

lunes, 2 de mayo de 2011

¿Laurent los prefiere blancos?

Por Halftown
Desde aquel fatídico día de 2006 en el que Zinedine Zidane hundió la suya en el pecho de Materazzi, el fútbol francés no ha levantado cabeza.

Muchos (¿todos?) pensamos que la culpa era de Raymond Domenech, ese entrenador incapaz, torpe sobre el campo e insufrible fuera de él. Se cuenta que su único éxito deportivo, la final de 2006, se debió a la autogestión impuesta por los jugadores y liderada por el propio Zizou a partir de los octavos de final.

Algo empezó a cambiar en Knysna, Sudáfrica, el día que los jugadores franceses se negaron a bajar del autobús para entrenar. Cuando Domenech compareció ante los medios, lo hizo como si no fuera con él la cosa. Ahí quedó claro que el revolucionario aux armes citoyens había vuelto a prender en el vestuario francés, donde –como FNF contó en su momento- los negros, los blancos y Ribéry iban por caminos separados.

Con el nombramiento de Laurent Blanc como seleccionador las cosas cambiaron. Primero el equipo empezó a producir resultados (que no juego). Luego se abandonaron las tres rayas de Adidas para abrazar el swoosh norteamericano. Incluso Ribéry hizo las paces con Gourcuff.

Lo que parecía la regeneración del fútbol francés parece a punto de saltar por los aires desde que el pasado sábado el diario online Mediapart soltó la bomba: desde la dirección técnica de la Federación Francesa se ha decidido crear cuotas en la formación y selección de jugadores. El sitio francés publica los verbatims de una reunión en noviembre pasado entre Laurent Blanc, el director técnico François Blaquart y el seleccionador sub 21 Erick Mombaerts. Lo que se desprende de la conversación es la inquietud de los tres hombres sobre dos temas concretos. El primero es la preferencia que los clubes franceses dan a los jugadores grandes y poderosos físicamente sobre los pesos pluma. El problema es que, en Francia, los tipos más grandes tienen todos la piel negra.

El segundo tema a debate es la necesidad de limitar el número de jugadores en categorías inferiores de la selección francesa que, llegado el momento, pueden optar por defender los colores de una antigua colonia francesa. El tabú aquí es que este tipo de jugadores son nacidos en las antiguas colonias francesas, o descendientes de inmigrantes en Francia.

La conclusión a la que parecen llegar los tres hombres es que el futuro del fútbol francés pasa por limitar el impacto de estas dos variables.

Como era de esperar, el tema ha prendido en la sociedad francesa, izquierdas y derechas se han rasgado las vestiduras al compás y el actual seleccionador ha tenido que salir a defenderse ante la avalancha de comentarios sarcásticos a los que se presta su nombre.

¿Y si Blanc tuviera razón?

Con la cabeza fría que nos concede el no ser franceses, analicemos las dos tesis.

1- Los jugadores grandes, fuertes, potentes y negros son mayoría en el fútbol francés, y Blanc los odia
Echando un vistazo a la lista de Domenech para el Mundial de Sudáfrica, sobre un total de veinte jugadores de campo hay doce negros. Si bien algunos de ellos –Diaby, Gallas, Diarra, Cissé- responden al estereotipo, otros como Evra, Henry, Clichy o Malouda son tan o más técnicos que sus compatriotas blancos o árabes.

Pasemos a Blanc. En la Francia campeona del mundo que él capitaneó –equipo llamado black, blanc, beur por la mezcla de razas que en él había- la infantería estaba formada por jugadores blancos (Barthez, Lizarazu, Deschamps, Petit, él mismo) mientras que los que marcaron diferencias (Zidane, Djorkaeff, Thuram) eran “extranjeros”. Si miramos a la última lista de Blanc para un partido oficial, el pasado mes de marzo en Luxemburgo, encontramos nueve negros sobre veinte, porteros excluidos. Si bien es cierto que es un 25% menos de negros respecto al verano pasado, también es verdad que Blanc ha incluido nuevos jugadores que responden al estereotipo, como Mamadou Sakho o Loïc Rémy. Todavía más, los tres negros que faltan bien podrían ser Gallas, Anelka y Henry. Los dos primeros sancionados por la FFF después del motín de Sudáfrica y el tercero sin piernas para jugar más allá de la MLS.

Conclusión sobre el primer punto: si Laurent Blanc es racista, no lo ha demostrado como seleccionador.

2- La selección francesa se debilita al contar con jugadores de doble nacionalidad en categorías inferiores
Sobra decir que Francia lleva muchos más años que España recibiendo inmigrantes de sus antiguas colonias. Y sí, basta poner un partido de la Ligue 1 al azar para darse cuenta de que, en efecto, los equipos cuentan con un número alto de inmigrantes de primera o segunda generación tanto del norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez) como del África subsahariana (Camerún, Costa de Marfil, Senegal).

Sin embargo, ¿cuántos jugadores de las colonias habrían marcado diferencias en caso de haber elegido jugar con Francia? Alguno habrá, pero al que escribe estas líneas sólo le vienen a la cabeza Didier Drogba, Seydou Keita, los hermanos Touré, Achille Emana y posiblemente Adel Taarabt. Quizá Samuel Eto’o habría podido pedir la nacionalidad francesa, quién sabe.

Yendo más allá, el fútbol francés tiene su propia Operación Triunfo futbolera desde principios de los noventa, una academia en la que se educa en el arte del balón a los mejores talentos del país: Clairefontaine. Si echamos un vistazo a los jugadores de allí salidos (tienen la lista completa aquí) nos encontramos con históricos de los bleus como Henry, Gallas, Sylvestre, Anelka, Saha, Briand, Ben Arfa o Diaby. Y ninguno de ellos es, por cierto, blanco.

Pero la pregunta es otra: ¿cuántos jugadores de esa élite de jóvenes franceses ha acabado defendiendo los colores de otra selección en lugar de la francesa? Ninguno. Los internacionales bajo otras banderas, como Benachour (Túnez), Meghni (Argelia) o Dia (Senegal), no habrían vestido de azul en la puta vida.

Conclusión a la segunda tesis: existe una mayoría de jugadores negros y árabes en categorías inferiores francesas, pero los que tienen talento acaban defendiendo la tricolor francesa. Así que aquí Blanc yerra en el cálculo.

Con elecciones presidenciales el año que viene, huelga decir que ha faltado tiempo a la ministra de deportes nombrada por Nicolas Sarkozy, Chantal Jouanno, para poner las barbas a remojar. De entrada, François Blaquart ha sido suspendido de sus funciones. Mediapart promete nuevas revelaciones en los próximos días. ¿Continuará?

martes, 11 de enero de 2011

Copa de todos, copa de pocos

Por Halftown
Contrariamente a lo que decía Platini en una reciente entrevista en la revista francesa So Foot -revista tan acojonante que merece la pena aprender francés sólo para poderla leer-, la Marsellesa es mucho más que un himno guerrero del siglo XVIII: hoy se ha transformado en una justificación de la rebeldía ocasional. Si bien es cierto que lo del aux armes citoyens se da cada día menos en un país encantado de haberse conocido, de vez en cuando se vive uno de esos días de furia con aroma a ese lejanísimo 14 de julio de 1789.

El pasado fin de semana concretamente, a caballo entre sábado y domingo, hemos vivido uno de esos levantamientos espontáneos. En el papel del poder establecido, los clubs de la primera división gabacha. Interpretando el rol de masa cabreada, los clubes de aficionados que participan en la Copa de Francia.

La Copa de Francia es muy fiel al espíritu de la Cup inglesa: puede participar cualquiera, se juegan rondas a un partido y sálvese quien pueda. En la edición de este año se llevan disputadas ocho rondas, incluyendo a 7.749 equipos repartidos a través de todas las categorías del fútbol francés hasta la Ligue 2, la categoría de plata. El pasado sábado entraban en competición los equipos de la máxima categoría, que juegan por sistema fuera de casa, siempre que su rival esté al menos dos categorías por debajo de ellos.

El viernes se abrió a lo grande la ronda de treintaidosavos: el Paris FC, el hermano pobre del Saint Germain –que ya es pobreza-, se cepilló al Toulouse en su propio estadio.
El sábado, dos clubes de quinta división (CFA 2) se ventilaron a dos primeras: el Chambery (pueblo de donde toma prestado su nombre el barrio madrileño) echó en la tanda de penaltis al Mónaco, y de paso a su entrenador, decapitado tras el partido suponemos que por orden directa de Su Alteza Serenísima Alberto. Mientras tanto en Wasquehal, un pueblecito en la frontera con Bélgica, el mismo Auxerre que ya hizo el ridículo en la Champions volvió a quedarse fuera a las primeras de cambio, esta vez contra once tíos cuyos salarios combinados no alcanzan lo que cobra CR7 por jugar una pachanga.

Danone F. C.

Lo más gordo estaba por llegar: el domingo el Olympique de Marsella, el club más popular de Francia, cayó eliminado por un recién ascendido a segunda.
La relación del OM con la Copa de Francia es un tanto bipolar: ha ganado diez, el que más, pero lleva sin levantarla desde 1989, incluyendo dos finales perdidas en años consecutivos. El domingo visitaban al Evian-Thonon-Gaillard, club del pueblecito saboyardo de Thonon-les-bains, cuyo estadio es tan ridículo que tiene que ir a jugar a Annecy, ciudad candidata a los JJ. OO. de invierno de 2018. No culpamos al aficionado marsellés por vender la piel del oso antes de cazarlo: un equipo recién ascendido a segunda, sin estadio propio y que viste de rosa no podría ser rival para el Marsella. Pero el Evian no es un recién ascendido, sino el líder de segunda, comparte presidente con Danone (Franck Riboud), y el rosa de sus camisetas no es sino parte de la etiqueta del agua Evian, marca de Danone, cuyo logo aparece en el escudo del club. Además, Riboud es íntimo amigo de Zinedine Zidane quien, junto a otros dos miembros del lobby France 98 como Alain Boghossian y Bixente Lizarazu, es accionista del club. Así que huele a club grande en construcción.
Total, que el Marsella de Deschamps se plantó en Annecy sólo para comerse tres goles bajo el diluvio universal y verse un año más, y van veintidós, sin Copa que llevarse a los labios.

Nueve víctimas después, los únicos equipos de primera que demostraron serlo fueron el PSG y sobre todo el Rennes, que machacó 7-0 a un Cannes cuya máxima estrella es el gigante checo Jan Koller, quien a los 37 años se dijo que, puestos a seguir persiguiendo un balón, qué menos que hacerlo en un sitio con sol y playa.

El Rennes espera ahora rival para los dieciseisavos, que saldrá de la eliminatoria entre dos equipos de regional: el Vaulx-en-Velin, un suburbio de Lyon, y el Jura Sud Foot, originario de la ciudad donde se producen los juguetes Smoby y cuyo gentilicio es jurassien, casi como los del parque.

Por muy bonito que suene lo de una Copa abierta a todos, al final el darwinismo futbolístico se acaba imponiendo, y siempre acaba llevándose el trofeo un equipo de primera. Lo cual no quiere decir que otros 7.748 equipos no busquen su día de furia cada año.

lunes, 2 de agosto de 2010

Ellos sí querían ganar

Canales por lo menos se llevó una camiseta FNF

Por Halftown (desde Caen)

Vaya por delante que, si hay un lugar en el que es complicado sobarles el morro a los franceses, ese lugar debe ser Caen, en plena Normandía. Y, sin embargo, durante 45 minutos España –en FNF nos resistimos a esa horterada de “la rojita”- parecía estar poniendo diez siglos de historia patas arriba.

Mira que lo avisaron antes de empezar el partido. Mientras el capitán español, el atlético Keko, hacía toda una declaración de intenciones al anunciar que en categorías inferiores lo importante no era ganar o perder, por la megafonía del estadio Michel D’Ornano se escuchaba la marcha imperial de Star Wars minutos antes de empezar el partido. Ni siquiera el aterrizaje en Francia de ese extraterrestre llamado Christophe Lemaitre ha conseguido aplacar la ira del personal al norte de los Pirineos. El aficionado francés, profundamente herido en su orgullo por los oscuros años de Raymond Domenech al frente de la selección, clamaba venganza. El imperio contraataca y esas cosas.

Y es que la ciudad de Caen tiene un componente simbólico para los franceses desde que allí montó su base de operaciones Guillermo el Conquistador, un tipo con los suficientes couilles como para juntar una flota y conquistar Inglaterra en pleno siglo XI.
La mística de Caen se mantiene entre los franceses casi mil años más tarde, incluso después de ver cómo los bombardeos aliados la dejaban hecha fosfatina durante el mes y medio que les costó conquistarla, tras haber desembarcado apenas veinte kilómetros al norte de la ciudad. La que hasta entonces había sido una ciudad medieval tardó poco en convertirse en una escombrera monumental. Tanta goma le dieron, que todavía el pasado mes de febrero tuvieron que desalojar a 20.000 personas del centro de Caen al descubrir una bomba de 500 kg en el sitio de una obra.

En lo futbolístico, en cambio, la ciudad de Caen tiene muy poca historia. El Caen acaba de emerger de la polvorienta Segunda francesa, y sólo es recordado porque su cantera ha escupido mentiras como Jérôme Rothen o Mathieu Bodmer, y a uno de los macarras que lastraron a Francia en el pasado Mundial: William Gallas.

Something to believe in

Con eso y con todo, el estadio de Caen se llenó para ver la final del Europeo sub 19. Si en España la inquietud era garantizar que había vida después de la generación xaviniesta, en Francia la obsesión era asegurar que un ridículo como el de Sudáfrica no se repetirá. Como en la canción de los Ramones, daba la sensación de que el aficionado francés necesitaba creer en que estos bleuets (literalmente, “azulitos”; en Francia también hay horteras) les devolverían el orgullo que los mayores habían pisoteado. Quizá por ello, la Secretaria de Estado para el Deporte, Rama Yade, se acercó desde París. Incluso Platini se tomó la molestia de desplazarse hasta Normandía para ver el partido. El único que faltó a la cita fue Laurent Blanc, cuya lista de pre-convocados para el amistoso Francia-Noruega (sin uno solo de los que fueron a Sudáfrica) había sido anunciada por la prensa unas horas antes.

La final en sí no tuvo mucha historia. Como suele pasar en categorías inferiores, hubo demasiados regates a ninguna parte, demasiado gesto buscando al cazatalentos en la grada. El equipo español dejó una primera parte que parecía calcada de las de sus mayores en Sudáfrica: mucha posesión, poca resolución. El medio campo español, con Thiago, Canales y Oriol Romeu, era un pinball gigante. Atrás, Bartra parecía no necesitar otro central a su lado. Un fútbol con un punto pretencioso, como si no hubiesen querido hacer sangre al rival en su propia casa, aunque es cierto que el exiguo 0-1 (gol de Rodrigo, uno de esos delanteros XL que tanto se estilan en categorías inferiores) con el que se fueron al descanso parecía más que suficiente para ganar el título.
En esos primeros 45 minutos, dio la sensación de que los franceses juveniles estaban hechos de la misma pasta que sus mayores. Ni un pase a derechas, y sus supuestas estrellas haciendo la guerra por su cuenta. Una señora no dejaba de reclamar a gritos balones à gauche, donde el realista Griezmann languidecía, medio lesionado el tobillo.

Después de la cerveza (afortunadamente con alcohol) del descanso, la cosa dio un giro de 180 grados. Los de rojo se arrastraban por el campo, entre agotados y apáticos. Así que los franceses, como poseídos por el espíritu de Guillermo el Conquistador, se liaron la manta a la cabeza. Ni siquiera un regalo del portero francés -Mandanda está creando escuela- sirvió para que España pusiera el segundo en el marcador. Después, la entrada de los lyoneses Tafer y Lacazatte incendió el partido, y el estadio D’Ornano acabó cantando el “on est champions”, inédito en la última década. Incluso por megafonía se animaron con el inevitable “We are the champions”, que sonó un poco fuera de tono por tratarse de un campeonato adolescente. Quizá eso ejemplifica mejor que nada la sed de victoria que tenían los franceses.

Mientras esperaban sobre el césped los crueles quince minutos que tardaron en entregar las medallas, los chavales de Luis Milla daban más la impresión de estar perplejos que tristes. Sólo el barcelonista Bartra -pedazo de central- se quedó de pie, agarrándose el pantalón mientras dejaba salir la mala hostia acumulada.

Dice el adagio que se aprende más de las derrotas que de las victorias. Al menos los chavales españoles habrán aprendido que, para ganar un título, hay que desearlo más que tu rival.

miércoles, 21 de abril de 2010

C'est le bordel

Por Halftown
C’est le bordel. En Francia esta expresión no tiene nada que ver con una casa de putas, sino que hace referencia a una situación caótica e impredecible. Y es que el Riberygate ha explotado desde que esta mañana le hemos puesto cara y nombre a la chica favorita del vestuario bleu. Zahia Dehar ha prestado declaración esta mañana delante de la brigada de represión del proxenetismo francesa. La debe haber interrogado la versión francesa de Jack Bauer, porque la chica ha cantado como un canario.

Lo que ha contado Zahia no ha tardado en filtrarse a los medios serios como Le Monde y Le Figaro. En FNF nos toca los pies el periodismo amarillo, pero no podíamos dejar de compartir un descubrimiento tan explosivo como el de Zahia. Esto es periodismo aprovechando la web 2.0, y lo demás pamplinas.

La chica no ha tenido mayor problema en explicar que sus tarifas van de los 1.000 a 2.000 euros por sesión (queda por ver cuánto dura cada sesión) y ha reconocido, suponemos que con un brillo de orgullo en la mirada, que gana 20.000 euros al mes con su profesión.
En cuanto a Ribéry, las cosas se ponen más negras por momentos. Hoy ha salido a la luz que no sólo han quedado en el Zaman Café de los Campos Elíseos, sino que Scarface le llegó a invitar a Munich en primavera de 2009, viaje y estancia cortesía de la casa.


Antes de compartir cama muniquesa con el aborto de galáctico, Zahia cuenta cómo hace dos años, cuando ella tenía dieciséis, se pasó por la piedra al entonces lionés Karim Benzema. Queda por ver si a) eso es cierto (a diferencia de Ribéry, Benzema no ha dicho esta boca es mía, aunque su agente niega toda relación con el asunto) y b) se puede demostrar que Benzema sabía la edad de la chica en 2008.

Por fin juegan en equipo

Y es que, a diferencia de lo que pasa sobre el terreno de juego, en los garitos de noche los jugadores bleus sí que se pasan los balones: Sydney Govou fue el tercero en discordia en conocer los neumáticos encantos de Zahia, con quien, según la declaración de la prostituta de origen marroquí, pasó una noche en marzo de este año. Eso sí, a diferencia de los otros dos, parece que el extremo del OL se sorprendió cuando la chica le pasó la factura.

Mientras el Bayern guarda silencio (ayer evitaron que Ribéry participase en la rueda de prensa pre-partido de la Champions), la federación francesa se ha lavado las manos con jabón de Marsella mediante un comunicado en el que se pone del lado de la justicia y recuerda el principio de la presunción de inocencia. Es decir, que no saben, no contestan, pero tampoco ponen la mano en el fuego por ninguno de los jugadores.

¿Y las respectivas? Porque Benzema y Govou, incluso si se confirmase su participación, son solteros. La historia de Ribéry es muy distinta, porque lleva casado unos años con su novia de adolescencia, Wahiba, por la que incluso se convirtió al Islam.

El que tiene todas las papeletas para ser el próximo en prestar declaración es Karim Benzema. Yo, si fuera el Madrid, contrataría a Jack Bauer, por lo que pueda pasar. Suponiendo que lo que ha contado la chica sea cierto, y que la Barbie gabacha de las fotos sea ella, claro.

jueves, 4 de marzo de 2010

Olés, existencialismo y porros en el Stade

Por Halftown
Por mucho que lo pinten, no es el Stade de France un estadio especial. Para empezar, porque sólo tiene doce años de historia, y para seguir porque la Historia sólo recuerda un partido allí disputado. Su mitología se resume en una gran victoria francesa, y una mano infame que valió una clasificación mundialista.

Aún así, hay que reconocer que la afición francesa, fría por naturaleza, respondió llenando prácticamente el estadio anoche. Agotados el ciclo de bonanza de su fútbol, la arrogancia natural del francés se transmuta en ironía cuando se habla del équipe de France actual.
Se respiraba apatía incluso antes de empezar el partido: los franceses salieron a calentar diez minutos después que la Selección. Cuando por fin aparecieron fue para hacer todo tipo de ejercicios físicos a palo seco, mientras los de Del Bosque afinaban su tiki-taka haciendo correr el Jabulani.

A pie de campo, paneles digitales alternaban publicidad de jamones España, de Teka y de la candidatura de España y Portugal para el Mundial 2018-2022, estos últimos realizados en esa tipografía tan creativamente bochornosa que es la Comic Sans. En los videomarcadores, un dibujo animado montaba un karaoke en el que pedía a la afición repetir mecánicamente el allez les bleus.

Cuando llegó el momento de anunciar los onces, descubrimos que Del Bosque reservaba a Xavi y a... Fernando José Torres. Juro que así lo anunciaron el speaker y el videomarcador.


Hablando del speaker, cuando se trata de fútbol de selecciones en Francia, no hay ni una ocasión en la que no se recuerde el Mundial del 98. Anoche no podía ser una excepción, y el hombre del micro aludió a la inauguración del Stade de France contra España, 1-0 gol de Zidane. Parecía que habían pasado mil años desde entonces: la Francia multicultural se ha convertido en una macedonia que juega al ralentí, y el 10 de la selección es suplente y se llama Govou. Anoche en St Denis, la ilusión era tan poca y la apatía era tan contagiosa, que ni siquiera La Marsellesa sonó con su fuerza habitual.

El final de la generación del 98

Mientras los de azul -ayer visitantes- movían la pelota y los bleus –ayer de blanco- la perseguían, los españoles en el campo se arrancaron con un crescendo de olés. Los aficionados franceses ignoraban al muñeco que les pedía aliento para los suyos. Un francés se levantó y reclamó orgullo a los suyos. Otro se encendió un porro. Alguno se sumaba a los olés españoles.

En la segunda parte España levantó el pie, y el Stade de France organizó un plebiscito sobre el responsable de la catástrofe, el hombre que ha logrado lo que ni siquiera George W. Bush consiguió: caer mal a todo un país. Domenech démission clamaba el estadio. El seleccionador galo, en otra exhibición de la inteligencia emocional que le caracteriza, quitó al último superviviente del 98, Henry, ante el abucheo general. A falta de 15 minutos tiró de populismo dando entrada a Cissé: recibió una ovación llena de sorna. La guinda del pastel fue dejar calentando a dos jugadores franceses hasta el pitido final.

Del Bosque, en cambio, sacó su mano izquierda a relucir: empezó el partido con cuatro jugadores del Madrid y cuatro del Barça, y acabó con tres y tres sobre el césped.

Sartre decía que el ser humano está condenado a ser libre. El equipo francés está condenado a hacer el ridículo en un Mundial en el que no merecían estar. Alea jacta est, Raymond Domenech.

lunes, 18 de mayo de 2009

¿Ah, pero la liga francesa existe?

Por TFM
En Francia también tenemos a nuestro Dinamo Kiev (13 veces campeón de Ucrania desde 1992). Se llama Olympique de Lyon y lleva siete títulos de liga consecutivos, más 1 copa de Francia y 1 copa de la Liga. No es el único parecido: el Lyon, como el campeón ucraniano, es el equipo con quien todos quieren jugar en octavos o cuartos de final de la Champions. Podemos contar nuestras batallitas (llegó a pasar a semifinales contra el PSV Eindhoven en 2005 y el hasta el min. 88 del partido de vuelta en San Siro, el Lyon había eliminado al Milan AC. Hasta el minuto 88...). Pero el caso es que Europa se le resiste. Una vergüenza en el país de Napoleón.

Sin embargo, seguro que no habéis caído en que, según la UEFA, somos la procedencia europea más representada en Liga de Campeones desde hace 5 años (325 franceses, 288 españoles, 253 italianos). Los mejores equipos de Europa llevan siempre a alguno de nuestros mejores representantes en su plantilla (Evra en el Manchester, Henry en el Barça, Ribéry en el Bayern, Anelka en el Chelsea, Nasri en el Arsenal, Vieira en el Inter). Otros no pueden jugar con la selección francesa pero han sido formados en Francia (Drogba en el Chelsea, Kanouté en el Sevilla). Pero no hay manera, la Ligue 1 consagra siempre al Lyon, pase lo que pase...

De vez en cuando brotan clubes desconocidos (AS Nancy) o que ni siquiera tienen estadios conformes para jugar la Champions (Lille). Mientras tanto, el Paris Saint-Germain lucha contra su inestabilidad institucional para mantenerse en primera división, el Marsella se pasea por la Champions sin pelear seriamente para ir a octavos y el Mónaco volvió a la cruda realidad tras su aventura de 2004 (finalista con Morientes, Marquez, Giuly y Evra) y acabó decimosegundo el año pasado.

Pero por fin este año hemos visto razones para esperar un cambio de rumbo. O, al menos, que la gente no se duerma. Los clubes tradicionalmente potentes (PSG, Burdeos y Marsella) han sabido rivalizar con el Dinamo Lyon. Laurent Blanc hace milagros con la plantilla del Girondins(acordaos de este nombre: Yohann Gourcuff); el PSG mezcla promesas con talento (Hoarau, Sessegnon) con pre-jubilados con experiencias para compartir (Giuly, Makelele) y el Marsella realizó unos fichajes inspirados (Ben Arfa, Bakary Koné y, por difícil que cueste creerlo, Zenden), resucitó a otros (Niang, Ziani) y acertó con un brujo belga como entrenador, Eric Gerets.

La revolución permanente.

Ahora quedan 2 jornadas y las cabezas empiezan a rodar en la República Francesa. El Rey Lyon perdió el liderato tras 7 años un 13 de abril (empate con el Mónaco). Desde entonces (y una derrota frente a su probable sucesor, el Burdeos de Laurent Blanc), se pelean arriba el Girondins y el Olympique de Marsella. Desde el sábado, los primeros tienen 2 puntos de ventaja. Todo pinta que Laurent Blanc podrá convertir el agua en vino y Burdeos será campeón por primera vez desde hace 10 años. Mientras tanto, el Lyon pelea con el PSG la clasificación para la Liga de Campeones. En estos tiempos revolucionarios, ya nadie hace caso a Jean-Michel Aulas, presidente del OL y quizás el mandatario mas odiado por el pueblo francés por sus quejas perpetuas. Nadie ama al Lyon. Por eso cayó. Le Roi est mort! Vive le Roi!

Esta temporada ha sido la del crepúsculo de los viejos ídolos y del descubrimiento de unos cuantos nuevos genios. Benzema y Gourcuff llegarán a madurez y por fin el Lyon tendrá adversarios para enfrentarse en su propia liga. Estos enfrentamientos auguran sorpresas para el año que viene en Europa y en el mundial de Sudáfrica. A pesar de un seleccionador que hizó "llorar" a Mourinho cuando, después de la derrota a Italia en la última Eurocopa, Domenech pidió en matrimonio a su novia en directo en la tele, Francia se clasificará. Y también en el Mundial rodarán las cabezas.