








Por Sopenilla

Por Sopenilla
cuestión de principios. Lo que los periodistas ven como una forma de amontonar hasta siete jugadores por detrás del balón, el propio técnico lo revierte en una variante que ayuda a flexibilizar el sistema según se tenga o no el esférico. Al fin y al cabo, estamos hablando del mismo hombre que puso de medio centro de la Selección a Roberto Ríos. No hay peor falacia –que diría Léon Bloy– que la de «para gustos, los colores». Así que resulta más útil quedarse con la copla de un gol encajado –un escuadrazo del sevillista Cala desde 40 metros– en cuatro partidos.
en la vida, a veces puede más el constante que el talentoso. Ni él ni su hermano Rubén han coincidido nunca sobre un terreno de juego. Pero, quién sabe. Si al paso que vamos, el experimento de verle en el mediocentro funciona tan bien como para dejar al equipo en Primera, el doble pivote pucelano de la 2010-2011 puede llamarse Baraja y apellidarse Baraja.
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ue exigía su aceptación continuó manteniendo inalterable el discurso con el que aterrizó sobre el José Zorrilla. Un acto de fidelización que podía resquebrajarse en un vestuario con caras nuevas; en una afición consciente de las diferencias entre 1ª y 2ª; o en una prensa habituada a ejercer de entrenador. Dos temporadas salvando la categoría sobre la bocina, la segunda con una victoria en las últimas doce jornadas, empezaron a activar las alarmas sobre la falta de credibilidad de su mensaje. De tal modo que, al inicio del siguiente curso futbolístico, la misma “vieja guardia” que le empujó al estrellato lo dejó en la estacada. La misma afición que volvió al campo gracias a él, lo abandonó cuestionando su labor al frente de una plantilla rejuvenecida y competitiva. La misma prensa, en definitiva, acostumbrada a disfrutar con sus ruedas de prensa, comenzó a retorcer sus declaraciones.
Por Pedro SousaLa misma guerra de entradas, aunque con menos tensión, se vive en una de las eliminatorias para el ascenso a Segunda División que se jugará este fin de semana, la del Alcoyano-Cartagena. El equipo portuario se impuso el pasado domingo en casa 2-1 y los alicantinos deben ahora ganar en su campo para lograr la meta que llevan buscando toda la temporada.
Las aficiones están viviendo la eliminatoria con deportividad, pero la cercanía de las dos ciudades (menos de dos horas en coche) ha provocado tal demanda de entradas en casa del vecino que el enfrentamiento del domingo, el de la vuelta, el que decidirá qué equipo de los dos estará el año que viene en la categoría de plata, puede derivar en violencia.
La situación, de momento, no llega a tanto. La directiva del Cartagena cedió al Alcoyano 1.000 entradas para que sus aficionados pudieran presenciar el partido de ida en el estadio Cartagonova, con capacidad para 15.000 espectadores. Los billetes se agotaron en un par de días sin ningún tipo de problema. A cambio, el conjunto alicantino debía ceder para el encuentro en El Collao, más pequeño, con 4.500 plazas, otras 500 entradas.
Las dos directivas estuvieron de acuerdo pero, después del ajustado marcador del domingo, el Alcoyano ha estado esta semana pensándose romper el compromiso y reducir la cifra de su intercambio. Finalmente, la directiva alicantina cumplió su palabra y envió 496 entradas al Cartagonova el miércoles. Los aficionados cartageneros hicieron noche junto a las taquillas del estadio para poder comprar alguna de las pocas disponibles. Había tanta gente haciendo cola de madrugada, que se decidió adelantar el horario de las taquillas porque la oferta quedó pronto cubierta. El jueves, antes de que saliera el sol, ya estaba todo el papel vendido.
Sin papel en taquilla
Pero Alcoy está cerca. Se calcula que el mismo jueves, unos dos centenares de aficionados del Cartagena se desplazaron a Alcoy para comprar entradas para no socios en el primer día que se ponían a la venta. Los billetes también se acabaron en media hora.
Después de 21 años en Segunda B y cuatro ascensos frustrados a Segunda División, la afición inventó pronto otra alternativa. La eliminatoria ha desbordado todas las previsiones y en los foros ya se fija un nuevo objetivo. No se utiliza cartografía militar pero algunos seguidores del Efesé (como se conoce al Cartagena) han colgado sucedáneos en las páginas no oficiales del equipo.
El blanco es un monte contiguo al Collao. El campo, que apenas tiene gradas o muros que impidan la visibilidad desde fuera, se ubica en la depresión de un pequeño valle. La orografía se levanta junto al terreno de juego (como se aprecia en la imagen superior), en especial, un monte de 200 metros en el que ya están empezando a congregarse los cartageneros. Varios aficionados han ido a inspeccionar la zona de avanzadilla y los mapas, fotos y recomendaciones para asaltar la orografía hacen presuponer que la campaña de primavera será numerosa. Desde lo alto no se presencia todo el césped, pero algunos ya han quedado para pasar la noche en el monte, con saco y tienda de campaña. Para los jugadores debe ser una sensación extraña pero el domingo, unos 700 seguidores del Cartagena presenciaran el partido junto al terreno de juego y, unos 1.000, desde arriba.
Infiltrados del Alcoyano avisan en los foros cartageneros que las autoridades alicantinas han tomado nota de la idea y ya han dado parte a la Policía de Alcoy para clausurar los accesos. Al parecer, el monte tiene dueños y estos no están por el espectáculo. Pero hay tanta hambre de felicidad en la afición del Cartagena, tanta necesidad de quebrar un destino plagado de desastres, que los cartageneros dicen que van, aunque sea para tocar la palmas desde la autopista.
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