He querido titular este artículo ‘memoria sentimental’ por una sencilla razón, carece de cualquier rigor periodístico, no he buscado fuentes ni he cotejado datos, simplemente se basa en recuerdos, así que adelanto mis disculpas ante aquellos puristas que puedan descubrir algún error de fechas o contenidos. La verdad es que me da realmente igual. Fernando Gabriel Cáceres fichó por el Real Zaragoza en la temporada 1993/94. Su entrenador, Víctor Fernández, se había consolidado en el puesto después de que Alfonso Solans senior confiara en aquel jovencísimo preparador, con una carrera futbolística mediocre, para salvar al equipo del descenso a Segunda División. Objetivo que logró en el último suspiro, en una agónica promoción frente al Murcia.
Por aquel entonces, la ley Bosman no estaba vigente, el cupo de extranjeros residía por entero en el lobby suramericano. Los elegidos eran los siguientes: El uruguayo Gustavo Poyet -una ganga que costó menos de 30 millones de pesetas-, que se confirmaba como un gran llegador tras unos inicios desoladores; el argentino Darío Franco -elegido mejor jugador de la última Copa América y futbolista más destacado de la anterior campaña- se recuperaba de una gravísima lesión que le impediría para siempre jugar en la élite y un joven insolente con futuro, cedido por el Real Madrid, que sería uno de los mejores delanteros de Europa: Juan Eduardo Esnaider. Aquel equipo que empezaba a jugar muy bien al fútbol necesitaba apuntalar la defensa y aquel verano fichó a un central de 24 años llamado Fernando Cáceres, procedente de River.
El negro destacaba por una extraordinaria colocación, que limaba sus deficiencias técnicas. Nunca era el mejor del partido, pero sus actuaciones lograban que aquella defensa tan vaporosa fuera solvente, especialmente cuando este anárquico y fabuloso equipo atacaba con tres puntas. En los tiempos en los que se habla del doble pivote o, incluso del trivote, aquel Zaragoza jugaba con Aragón como único organizador. Ganaba todos sus partidos en La Romareda, incluso llegó a golear en aquella temporada a los dos grandes (6-3 al Barca del Dream Team y 4 a 1 al Real Madrid) y, como genial escuadra mediana, solía perder fuera.
¡Qué gol, Dios santo!
Tras ganar la Copa del Rey en los penaltis, en una final épica con el Celta de Cañizares, el equipo se preparó para disputar la Recopa de Europa. Cáceres nunca se lesionaba y fue una figura fundamental en el trascurso de las eliminatorias. Sufrió en la dura remontada ante el Feyenoord y aguantó con galones de capitán general el 3 a 0 de la ida en el campo del Chelsea. En la final, esperaba el Arsenal. Para la historia, el gol de Nayim, aunque fue Cáceres quien mantuvo a raya el empuje de los británicos.
Aquella temporada, con el equipo en descomposición, un Víctor Fernández discutido y con dos prometedores delanteros aun verdes (Morientes y Dani) el Zaragoza sufriría para mantenerse en Primera. Había que hacer caja y se vendió a Cáceres, creo que al Boca Juniors. El jugador volvería pronto a España por un precio mucho más elevado de mano del Valencia. Poco después, ficharía por el Celta de su antiguo entrenador y acabaría dignamente su carrera en Europa.
Vayas donde vayas, negro, que te vaya bien.









