miércoles, 21 de septiembre de 2011

El enigma Matthäus (I)

Por snedecor
Que para ser un gran entrenador no hace falta haber despuntado al máximo nivel como jugador es algo que hace tiempo que quedó meridianamente claro. Y que haber sido un gran jugador no es garantía de éxito en los banquillos, también es de sobra conocido. Lo triste es ver que una estrella a la que creías perfectamente capacitada para triunfar desde la banda se estrella una y otra vez, valga la rebuznancia, y aún así sigue disfrutando de unas oportunidades que están vedadas para la inmensa mayoría de quienes nunca pudieron pasar de Tercera.

Pocos astros del balón tenían más pinta de entrenador cuando jugaban que Lothar Matthäus, el sucesor de Beckenbauer, ese todocampista que acabó de líbero ordenando desde la cueva el juego del Bayern y la selección alemana. Un auténtico líder, con carisma y visión de juego, el tipo que más partidos ha disputado en la Copa del Mundo, que todavía hoy tiene el récord de internacionalidades con su selección y que se dio el gustazo de ser nombrado mejor jugador de Alemania con 38 tacos (esa del 99 no era la mejor Alemania, es cierto). Cuando se retiró en Estados Unidos, en el 2000, parecía cantado que su futuro estaría en los banquillos de su Bayern y de su Selección; una década después, acaba de ser despedido por enésima vez y todavía sorprende que alguien le ofrezca un trabajito.

Quizás el famoso pisotón de Juanito le dejó unas secuelas que sólo afloraron tras su retirada. No lo sabemos. Pero el caso es que el Matthäus entrenador no sólo no ha conseguido llegarle a la suela de las botas al Matthäus futbolista, sino que encima posee el nunca bien ponderado don de acabar a la gresca allá por donde pasa, un don que justifica la existencia de blogs como FNF e inspira la creatividad (?) de sus autores.

"Ven a Belgrado si tienes lo que hay que tener"

Para empezar, unos pocos meses en el Rapid de Viena en la 2001/2002 se saldaron con su despido tras un cruce de declaraciones en las que el ídolo germano acusaba al club de impagos y arremetía contra la afición vienesa. Era sólo el aperitivo de lo que sería su carrera en los banquillos.

A mitad de la temporada 2002/2003 llegó a un Partizán líder, y con él conquistó la liga serbia y jugó la liguilla de la Champions tras eliminar al Newcastle, amén de encontrar a su tercera esposa. Su exitosa etapa en Belgrado acabó abruptamente apenas un año después de empezar, y los motivos personales con los que justificó su dimisión en primera instancia resultaron ser una oferta de la Federación húngara para dirigir a la selección magyar. Pero después de su espantada no tardaron en salir a la luz los flecos de su contrato con el club serbio. Para hacer más atractiva su oferta, los dirigentes del Partizán le habían ofrecido al bávaro un sobresueldo en forma de comisiones por los contratos de patrocinio obtenidos por el club gracias a su presencia, así como un porcentaje de las ventas de varios jugadores con cierta proyección.

Tras despedirse, Matthäus denunció al Partizán por no pagarle lo pactado por esos conceptos (unos 600.000 euros sólo por el traspaso de Igor Duljaj al Shaktar, además de otras comisiones que, según él, había perdonado anteriormente para no enturbiar sus relaciones con el club). Y desde Belgrado poco más o menos que le retaron a que fuera personalmente a cobrarlo, si tenía lo que hay que tener.

Para entonces Lothar acababa de ganarle un juicio al Bayern a cuenta del dinero de su partido homenaje, y había firmado un acuerdo judicial con el Rapid de Viena para solventar sus diferencias económicas. Como decían los periódicos serbios de la época, tal vez Matthäus haya equivocado su profesión: le hubiera ido mejor en una agencia de cobros.

lunes, 12 de septiembre de 2011

12 de septiembre

Por snedecor
Nadie de los que lo vivimos podremos olvidar (voluntariamente al menos) dónde estábamos ni qué estábamos haciendo aquel fatídico 11 de septiembre de 2001. El deporte en general, y el fútbol en particular, tampoco. Para la historia quedará que, mientras el horror se iba apoderando de todo el planeta, incapaz de apartar su mirada de aquellos dos colosos reducidos a polvo y escombros, a un cementerio de más de tres mil almas, la UEFA decidió que los partidos de Champions de aquel martes se disputaran con normalidad, sin más atención a lo sucedido que un protocolario y vergonzoso minuto de silencio.

El día 12 se impuso la cordura y ningún balón echó a rodar en el viejo continente. De esto probablemente nos acordamos casi todos. Pero lo que no es tan conocido es que, a miles de kilómetros de aquí, un equipo de fútbol estadounidense sí saltó al campo en una decisión que todavía hoy es motivo de debate.

Kansas City Wizards (hoy Sporting Kansas) tenía que jugar en Lima un encuentro de la extinta Copa Merconorte contra el Sporting Cristal peruano. El día 10 la expedición había dejado un país orgulloso y tranquilo, y al día siguiente se despertó en un hotel del extranjero viendo por la tele como su nación sufría su peor ataque desde Pearl Harbour. Es difícil imaginar las situaciones de nervios y tensión que vivieron aquellos jugadores y técnicos que, como el mítico guardameta Tony Meola, tenían familiares en la ciudad de Nueva York a los que era imposible localizar por el colapso de las telecomunicaciones. Todos ellos estaban a salvo, pero quienes estaban entonces en Perú no tenían modo de saberlo.

Aquel fue un largo día para los miembros de Kansas City Wizards, pero fue sólo el principio de su odisea. La CONMEBOL, organizadora del torneo, mostró aún menos sensibilidad que la UEFA y no se pronunció en contra de la disputa del encuentro del día 12. Después de varias conversaciones con el Departamento de Estado norteamericano, el cuerpo técnico decidió jugar el partido según lo previsto. Estaban virtualmente atrapados en Perú debido al cierre del espacio aéreo estadounidense y los técnicos pensaron que al menos el partido sería una distracción para sus futbolistas. Un poco de ejercicio físico podría servir para liberar algo de tensión y cansar los músculos lo suficiente como para poder conciliar el sueño.

No todos los jugadores entendieron la decisión. Varios de ellos, sobre todo los más veteranos como Peter Vermes o el propio Meola, no estaban por la labor de jugar, pero al final aceptaron el designio de su entrenador Bob Gansler como si fuera el del mismísimo comandante en jefe George W. Bush.

Los unicos norteamericanos sobre un terreno de juego

Pero estaba claro que no era el día para jugar al fútbol, o al soccer, o lo que fuera. De hecho los Wizards fueron el único equipo deportivo de EE.UU. que disputó un partido en aquellas trágicas horas posteriores a los atentados. El ambiente en el Estadio San Martín de Porres fue muy distinto al que los equipos estadounidenses estaban acostumbrados a sufrir en sus viajes a países latinos. Las medidas de seguridad en torno al campo fueron excepcionales, y tanto los aficionados peruanos como los futbolistas del Sporting Cristal se mostraron extremadamente respetuosos con unos jugadores que, evidentemente, no estaban en condiciones de afrontar un partido competitivo como aquel. Los locales vencieron por 2-1, pero el resultado, como es lógico, fue lo de menos.

El regreso a Estados Unidos tampoco fue sencillo. Las restricciones aéreas hicieron que el equipo pasara varios días en el país andino, intentando entrenarse con cierta normalidad pese a estar sumido en un estado de desconcierto casi total provocado por las confusas noticias que recibían sobre cuándo podrían volver a su país. Primero se habló de que los aeropuertos de EE.UU. tardarían dos semanas en abrirse al tráfico internacional; luego los propietarios de la franquicia intentaron fletar un vuelo chárter para repatriar a su equipo; y hasta se tanteó la posibilidad de volar hasta México y cruzar la frontera en autobús.

Finalmente, tras pasar tres interminables días en su hotel limeño, los jugadores fueron colocados en diversos vuelos siguiendo un estricto orden de prelación: primero los que tuvieran mujer e hijos, y luego los solteros. Cada uno por su lado, todos sufrieron las molestias de unos protocolos de seguridad que todavía no sabían muy bien qué era lo que pretendían buscar, experimentaron la psicosis colectiva de aquellos días en los que cualquier pasajero era sospechoso de ser un terrorista, y sólo cuando por fin llegaron a casa fueron plenamente conscientes de que durante su ausencia su país, y todo el mundo, había cambiado para siempre.

Ellos tampoco olvidarán jamás ni dónde estaban ni qué hicieron aquel fatídico día. Y algunos no están precisamente orgullosos: “De lo que más me arrepiento en toda mi carrera es de no haberme plantado por mis convicciones, de haber jugado aquel partido”. Palabra de Tony Meola.

jueves, 11 de agosto de 2011

De Bernard a Monsieur Bernard

Por Sopenilla
En los equipos anodinos, aquellos en los que confluye una trayectoria tan insulsa como longeva, las cosas (buenas o malas) nunca se suceden espaciadas. Por el contrario, tienden a solaparse en el tiempo, dando a entender que no hay hecho más extraordinario que el lento transcurrir de temporadas carentes de éxitos reseñables. Aunque L’Équipe sería capaz de llevar a portada a un club de la CFA 2, lo cierto es que el departamento de Maine y Loira nunca había concentrado tantas miradas desde que en el siglo XII Leonor de Aquitania diera brillo al condado de Anjou en razón de su matrimonio con Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra.

La culpa de que la ciudad de Angers haya recobrado la vida que tenía en plena Edad Media se debe al proceso judicial que ha condenado a dos años de prisión y 200.000 euros de multa a Willy Bernard, presidente y máximo accionista del SCO. Perjuicios deportivos al margen, la sentencia ha servido para ensombrecer –aún más, si cabe– el aura mesiánica que reviste a muchos directivos, sobre todo a aquellos provenientes del mundo empresarial. En España, donde la mayoría de los clubes están a la altura de las Cajas de Ahorros, la súplica es comprensible. En Francia, en cambio, parecía que el ejemplo del polifacético Bernard Tapie había cundido. La excepción, no obstante, ha venido a confirmar una regla que apunta a universal: el pelotazo no tiene fronteras.

En este sentido, poco ha importado que el conjunto blanquinegro pasara por ser una entidad saneada, y M. Bernard, por un joven emprendedor. Cuando uno aspira a imitar a Aulas, y los ingresos por subvenciones públicas no se distinguen de la facturación de tus propias empresas, la tentación no debe resultar fácilmente rechazable. Ni siquiera en el caso de que uno esté firmemente dispuesto a no mezclar el fútbol con los negocios, tal y como reconocía el acusado a la revista So Foot en mayo de 2008.

Por aquel entonces, Bernard ya figuraba como el presidente más joven del balompié galo. Una precocidad acorde con su ambición. Con 23 años, había levantado su primera compañía, ‘AB Fenêtres’, una firma dedicada a la comercialización de ventanas. Metida de lleno en plena burbuja inmobiliaria, la empresa no tardó en expandirse, alimentando consigo los planes de su propietario. Casualmente, en el momento en que se produjo su salida a bolsa, las cifras dejaron de cuadrar. Con apenas un lustro de vida, AB se declaró en suspensión de pagos. En teoría, todo se debía a la falta de crédito para hacer frente a la crisis del sector. La práctica hablaba, también por vía oficial, de una treintena de tiendas y dos centenares de empleados.

De ventanas a paneles solares

Pese al revés financiero, Bernard pudo adquirir sin problemas el Angers SCO tan sólo unos meses después de la quiebra. Instalado en el sillón presidencial, desviar fondos hacia su bolsillo fue mucho más asequible, aunque para destapar la trama hayan sido necesarios más de dos años de investigación y de escuchas telefónicas. El resultado es un sumario de ocho mil páginas que señala a ‘Next Generation’, la segunda empresa de Bernard, como el trampolín de un negocio personal que reportaba al mandatario un sueldo, según la estimación de la policía, de 50.000 euros al mes.

La nómina venía, fundamentalmente, de meter mano a las subvenciones públicas. De entrada, las que recibía el Angers SCO de parte de las distintas administraciones (Ayuntamiento, Consejo General y Consejo Regional): en total, entre las tres instituciones, casi un millón de euros anuales. Ya se ve que austeridad no es una palabra que sólo se debe predicar en el sur de Europa. En el noroeste francés, gobierno y oposición, a nivel municipal al menos, también se enfrentan por el modo en que se justifican algunas partidas presupuestarias.

El resto del salario corría a cargo del sistema de incentivos ideado desde Bruselas para impulsar las energías renovables. Tras su experiencia en el mercado de la vivienda, y quizá para justificar los folletos en los que aparecía como empresario modelo, Bernard entendió que convenía cambiar las ventanas por los paneles solares. Casualidad o no de nuevo, lo curioso es que ambas iniciativas hayan desembocado en el mismo punto. En palabras de sus responsables, tanto ‘AB Fenêtres’ como ‘Next Generation’ estaban en negociaciones para ser vendidas en vísperas de que la primera abandonase el parqué y la segunda se pusiera al descubierto como tapadera.

Lo mejor o lo peor de todo, según se mire, es que la apertura del proceso el pasado mes de abril ha coincidido con la época más dichosa del Angers SCO. Lo común, por otro lado, en algunos dirigentes. Hasta la entrada en escena de Bernard, y con la salvedad de una participación europea (UEFA) tras acabar cuarto en liga en 1972, el club acostumbraba a vagar por la Ligue 2.

Suya fue la decisión de rescatar de Toulon a Jean-Louis Garcia. Con él al frente, el ascenso ha estado más cerca que nunca. Incluso una semifinal copera, después que Girondins y Valenciennes hincaran la rodilla en el Jean Bouin. Pero el PSG, primero; y los tribunales, más tarde, impusieron cada uno su lógica.

Tras sortear un descenso deportivo a National, el SCO regresó el viernes a la competición de la mano de un técnico sin papeles y con la prohibición de realizar fichajes. Enfrente estuvo Le Havre, que se acabó llevando los tres puntos del estadio Jean Bouin. En el palco, aun a costa de haberse sentado en el banquillo de los acusados y ser todavía el máximo accionista, el que no estuvo fue Willy Bernard.

martes, 9 de agosto de 2011

El papelón inglés (II)

Por snedecor
Estábamos en 1997, en la húmeda y calurosa Malasia, hablando de la enésima decepción inglesa en un Mundial sub’20. Ironías de la vida, fue precisamente Australia, el país en el que Inglaterra había logrado sus mayores éxitos (semifinales en 1981 y 1993), quien indirectamente truncó las esperanzas de victoria de Owen y compañía. En la última jornada de la fase de grupos, cuatro goles de un tal Kostas Salapasidis (que luego tuvo un renaldinhístico paso por Compostela), tumbaron a la Argentina de los Leo Franco, Scaloni, Placente, Cambiasso, Aimar y Riquelme, enviándola al cruce de octavos contra la hasta entonces invicta y temible Inglaterra. En el preludio de lo que ocurriría un año después en Francia, la albiceleste se llevó el duelo por 2-1 y obligó a los ingleses a hacer las maletas antes de tiempo.

Fue el último gran momento de Inglaterra en un Mundial sub’20. Y para lo que han hecho luego, mejor hubiera sido que cerraran la sección.

Porque desde aquella decepción malaya del 97, Inglaterra no ha hecho nada en un Mundial sub’20. Pero absolutamente nada. Los conflictos entre Federación y clubes cada vez que hay que confeccionar una lista son tan grandes que uno sospecha que en la FA casi rezan para no clasificarse (de hecho, Inglaterra sólo ha ganado un Europeo sub’18: fue en 1993, con Robbie Fowler como estrella). Nigeria’99 se celebró en abril y, como es tradición, los clubes no liberaron a las jóvenes promesas que ya formaban parte de su primera plantilla. Por eso Alan Smith, que despuntaba en el Leeds y había sido el líder del equipo en el Europeo que sirvió de clasificatorio, no viajó a África. Ashley Cole, Andy Johnson y Peter Crouch sí pueden decir que estuvieron en el Mundial que coronó a Xavi y Casillas, pero seguro que no cuentan que su equipo fue incapaz de perforar la meta contraria en sus 3 derrotas ante Japón, Estados Unidos y Camerún.

La maldición del ataque inglés en los Mundiales juveniles se mantiene hasta hoy: sólo ha marcado un gol en sus cuatro últimas participaciones, incluyendo la cita nigeriana. Aunque más que maldición, quizás deberíamos hablar de una consecuencia lógica: sin tus mejores jugadores, todo se hace un poco más difícil.

Tras faltar a Argentina 2001, en Emiratos Árabes 2003 (el campeonato se jugó en diciembre y de aquel equipo sólo James Milner ha llegado luego a la absoluta), Inglaterra sumó dos derrotas (sin goles, por supuesto) ante Japón y Egipto, y un empate a cero con Colombia. Después de otras dos ediciones sin participar, Egipto 2009 iba camino de convertirse en el tercer mundial consecutivo en el que Inglaterra no conseguía inaugurar su casillero de goles a favor hasta que, seguramente por despiste, un desconocido delantero del Manchester City de nombre Alex Nimely lo impidió en el minuto 88 del último partido. Con ese gol la selección inglesa sacaba un agónico empate ante Uzbekistán, aunque las derrotas precedentes contra Uruguay y Ghana le impedían, una vez más, acceder a octavos de final.

Ocho que no saben lo que es un Mundial

Y así llegamos a Colombia 2011. Pese a que la FA afinó bastante su primera lista, excluyendo a varios jugadores que por calidad deberían acudir al Mundial juvenil (desde luego en el resto de países sí van futbolistas como ellos), el filtro no fue suficiente. Nada menos que 8 de los 21 seleccionados fueron requeridos por sus clubes, con la excusa de que la fase eliminatoria del Mundial coincide con el inicio de la temporada británica. Una excusa un poco cogida por los pelos, viendo el historial de tempranas eliminaciones de la selección inglesa, pero al parecer suficientemente válida como para privar a los chavales de una experiencia que, quién sabe, tal vez algún día les pueda venir bien en una cita absoluta.

La página web en la que la FA anunciaba la lista original se convirtió pronto en un sinsentido plagado de asteriscos y signos varios para indicar los cambios con respecto a la primera decisión de sus técnicos. Un batiburrillo de símbolos y notas al pie que resulta tragicómico y que debería servir de escarnio para el conjunto del fútbol inglés.

Y eso que en el campo las cosas han mejorado algo con respecto a ediciones pasadas. Vale, esta vez tampoco han marcado, pero al menos podrán jugar un partido más de lo habitual. Con tres empates a cero ante Corea del Norte, Argentina y México, Inglaterra acabó tercera de grupo y consiguió pasar de rebote a octavos de final, donde en teoría tendrá poco que hacer frente a la poderosa Nigeria.

Los chavales no tienen la culpa: al fin y al cabo, no serán ellos los que carguen con la presión de intentar ganar algún título con la absoluta, porque muy probablemente no llegarán a ella. El problema para Inglaterra es que quienes tengan que hacerlo no sabrán lo que es un Mundial hasta que se den de bruces con el de verdad.

lunes, 8 de agosto de 2011

El papelón inglés (I)

Por snedecor
Supongo que no es fácil ganar un Mundial, sobre todo si no sabes cómo se hace una cosa parecida. Por fortuna para nosotros, hace años que en España se vienen haciendo bastante bien las cosas con las selecciones inferiores, y por eso no debe ser casualidad que el año pasado en el podio del Soccer City de Johannesburgo se juntaran unos cuantos medallistas olímpicos, muchos campeones de Europa en distintas categorías y un subcampeón y 3 campeones del mundo sub’20. Sólo Valdés, Arbeloa, Busquets, Navas, Villa y Pedro desconocían lo que era estar en un gran campeonato juvenil.

Pero hoy no vamos a hablar de nuestra exitosa cantera que tantas alegrías nos sigue dando. Eso sería caer en un chauvinismo que no pega demasiado con nuestra idiosincrasia nacional, ni desde luego con la línea editorial (?) de FNF. Por eso vamos a hacer algo verdaderamente español: meternos con los ingleses.

Puede que en las islas los buenos futbolistas despunten más tarde, que los seleccionadores de las categorías inferiores se pasen más tiempo tomando pintas en un pub que recorriendo los campos del país, o puede que todo se deba a la falta de autoridad de la FA sobre sus clubes (cuando un torneo internacional coincide con parte de la temporada, cosa que ocurre con mucha frecuencia, los equipos suelen impedir que los jugadores que ya están en su primera plantilla se vayan con la selección), pero el caso es que el papel de Inglaterra en la historia de los Mundiales juveniles no pasa de mediocre.

No es que no tengan buenas promesas (cosa que también se podría discutir), es que esas promesas rara vez acuden a estas citas. Y así parece francamente difícil que algún día los inventores del fútbol puedan alcanzar en un torneo absoluto ese éxito que tanto ansían. Vale, triunfar en inferiores tampoco garantiza nada (Argentina ganó 5 mundiales sub’20 entre 1995 y 2007 y ya vemos de qué le ha servido), pero digo yo, viendo a nuestra Selección, que algo influirá.

Ni Cole, ni Barmby, ni Owen

Inglaterra no logró clasificarse para los dos primeros Mundiales Sub’20 (Túnez’77 y Japón’79), pero en su primera participación, en Australia’81, acabó cuarta tras perder con Rumanía la final de consolación. Un resultado notable sólo empañado por el hecho de que en semis había sido eliminada por unos qataríes aún más desconocidos que los componentes de aquella selección inglesa: sólo Danny Wallace (una internacionalidad) y Neil Webb (26 partidos, incluyendo el Mundial de Italia’90 y la Euro de Suecia’92) llegarían a jugar después con la absoluta.

Tras perderse el siguiente Mundial (México’83) Inglaterra volvió a clasificarse para el de la Unión Soviética en 1985. Allí, mientras los Unzué, Patxi Ferreira, Fernando Gómez Colomer, Jose Aurelio Gay, Nayim o Sebastián Losada se hacían con un meritorio subcampeonato (España perdió en la prórroga ante Brasil), sus colegas ingleses se iban a casa a las primeras de cambio, tras perder con China y México y arañar un empate a dos ante Paraguay. Si todavía se habla con sus compañeros de expedición, seguro que Michael Thomas (ex defensa de Arsenal y Liverpool) no deja de presumir de sus 2 partidos con la absoluta: es el único de aquel equipo inglés que llegó a debutar con los mayores.

Inglaterra no volvió a un Mundial juvenil hasta Portugal’91. Esta vez sí había varios jugadores que luego llegarían a la absoluta: concretamente dos, el portero Ian Walker y el mítico delantero Andy Cole. Otros futbolistas, como Steve Harkness, Lee Clark, Scott Minto o Chris Bart Williams tuvieron una larga carrera en la Premier, pero ni por esas. Encuadrada en el mismo grupo que España, Inglaterra perdió ante los nuestros el primer partido y luego fue incapaz de ganar a Siria y Uruguay, quedando nuevamente eliminada en la primera fase.

La FIFA tuvo que volver a organizar un campeonato en Australia para que los líderes de la Commonwealth hicieran otro papel digno: nuevamente semifinalistas, como en el 81. Esta vez acabaron terceros tras perder con Ghana y derrotar a los anfitriones en el tercer y cuarto puesto. Nick Barmby y Nicky Butt estaban en aquella selección de 1993, aunque con un papel muy secundario. Salvo David Unsworth, que jugó un amistoso ante Japón en Wembley en el 95, el resto missing (internacionalmente hablando, se entiende).

Para no perder las costumbres, Inglaterra volvió a faltar a la siguiente cita, la de Qatar’95. Y el punto de inflexión llegó en Malasia’97. El torneo se jugaba en junio, con las competiciones nacionales concluidas, y por ello Inglaterra llevó una selección extremadamente competitiva, con muchos jugadores que ya comenzaban a asomar en las plantillas de la Premier y que acabarían llegando a la absoluta. Allí estaban Matthew Upson, Jamie Carragher, Kieron Dyer, Danny Murphy y, por encima de todos, Michael Owen, amén de otros que no dieron el salto internacional pero sí se han dejado ver en Premier, como Jody Morris, Ronnie Wallwork, John Curtis o Jason Euell.

Pleno de victorias en la fase de grupos ante Costa de Marfil, Emiratos Árabes y México, con hat-trick de Murphy ante los árabes y un Owen estelar con un gol en cada partido. Con ocho goles a favor por ninguno en contra y la sensación de estar viendo a un candidato serio al título, sólo fallaba un pequeño detalle: que seguía siendo Inglaterra, y que aquello seguía siendo un Mundial juvenil que no se jugaba en Australia.

miércoles, 20 de julio de 2011

Temporada de huracanes

Por snedecor
En 1910, impactados por la hazaña de Jorge Newberry, un aventurero que acababa de atravesar media Sudamérica en globo aerostático, a los fundadores del Club Atlético Huracán no se les ocurrió mejor homenaje que usar uno de esos aparatos como emblema de su recién creado club.

Desde entonces al equipo se le conoce popularmente como el Globo, y por aprovecharnos de la metonimia podríamos decir que a este globo se le estropeó el quemador una tarde de julio de 2009, justo cuando estaba a punto de alcanzar la cota más alta a la que jamás había volado. Tras un espectacular campeonato, Huracán se jugaba en el feudo de Vélez Sarsfield el Torneo Clausura, pero un pajarraco en forma de árbitro chocó violentamente contra la barquilla y todo se fue al traste. Un gol mal anulado a Huracán y otro sí concedido a Vélez obviando una falta previa hizo que la gloria fuera para el equipo de Liniers y la rabia para los hinchas quemeros, que se quedaron con las ganas de levantar el primer título de su centenaria historia.

Ángel Cappa, por aquel entonces admirado comandante del Globo, perdió su habitual compostura para arremeter furioso contra el trencilla. Otros muchos le imitaron, y el ínclito Gabriel Brazenas tuvo que abandonar su puesto de trabajo en una oficina del Instituto de Vivienda de Buenos Aires y su casa en Lanús a raíz de las continuas amenazas que sufría por parte de los iracundos seguidores de Huracán. Dos años después, tras no superar las pruebas físicas de la AFA por culpa de una lesión mal curada, Brazenas sólo coge el pito (con perdón de la expresión para los lectores del otro lado del charco) para impartir justicia, o intentarlo, en pachangas de barrio y similares; el resto del tiempo lo dedica a poner ladrillos y realizar chapuzas varias.

Pero aquella aciaga tarde de julio de 2009, el primer Huracán, el auténtico, el de Buenos Aires, el Globo, comenzó una descontrolada caída en la que ni soltar el lastre de Cappa fue suficiente para impedir el estrepitoso aterrizaje del equipo en la B, consumado a principios de este mes en un desafortunado partido de promoción ante Gimnasia y Esgrima de La Plata. Como ha descendido de categoría, ahora la duda está en saber si deberíamos considerar a Huracán una tormenta tropical.

Chubasco en León

A miles de kilómetros del gran Buenos Aires, un pequeño club lucha por sobrevivir en la Tercera División española. El Huracán Z, un clásico del fútbol leonés, fue fundado en los años 50 en Trobajo del Camino (pueblo perteneciente al municipio de San Andrés del Rabanedo pero que físicamente hoy es un barrio más de la capital provincial) y jamás ha pasado del fútbol regional. A comienzos de este siglo el equipo vivió su etapa más gloriosa, en la que inauguró un campo de césped artificial y llegó a jugar los play-offs de ascenso a Segunda B. Era el año 2006 y no faltó quien pronosticara que, a no tardar, el Huracán Z competiría de tú a tú con la histórica Cultural y Deportiva Leonesa.

Cinco años después, la profecía casi se ha cumplido, y puede que hasta se quede corta: tras no pagar las cantidades reclamadas por sus jugadores a la AFE (casi 400.000 euros), esta próxima temporada la Cultu debería jugar contra el Huracán en Tercera. Digo debería porque con más de 1’5 millones de euros de deuda ya exigible y la Seguridad Social solicitando su liquidación definitiva, el futuro del primer equipo de León no parece muy halagüeño. En el esperpéntico culebrón que ha sido la agonía culturalista, el nombre de Santiago de la Riva, accionista de Profutle (la sociedad que ha llevado a la ruina a la Cultural) y a la sazón actual presidente del Huracán Z, ha sonado varias veces como posible salvador del club leonés, aunque su interés no ha llegado nunca a concretarse. Hubiera sido interesante saber cómo pretendía hacer frente De la Riva a la inabarcable deuda de la Cultural, pues durante este último mes las ha pasado canutas para encontrar un patrocinador que pusiera los 30.000 euros que el propio Huracán Z debía a sus futbolistas y poder mantener así la categoría. En cualquier caso, queda claro que el nombre de Huracán es demasiado pretencioso para un equipo que, futbolísticamente, no pasa de ser un chubasco de carácter débil.

Tormenta de verano en Levante

Mientras los otros se debilitan, un tercer Huracán comienza a cobrar una fuerza inusitada en la costa levantina. Nacido este mismo año con el ambicioso objetivo de convertirse en el tercer club de la ciudad de Valencia, este proyecto presidido por el periodista Toni Hernández buscó la forma más rápida de entrar en juego lo más arriba posible. Los dirigentes del Huracán Valencia aprovecharon el escaso apoyo que recibía el Torrellano Ilice de las instituciones locales para fusionar ambos clubes, de manera que se mantenía la plaza del Torrellano en Tercera (así como las de su prolífica cantera en las diversas categorías juveniles) y el equipo resultante se trasladaría de Elche a Valencia. Las cosas iban tan deprisa que en sus escasos 5 meses de vida el Huracán Valencia ya ha cerrado un acuerdo con el Manises CF para que éste sea su filial a cambio de compartir estadio, ha celebrado pruebas de selección para sus categorías inferiores y hasta ha visto como el fútbol griego le quitaba al que iba a ser su entrenador, el ex-valencianista Óscar Fernández.

Incluso se acaba de conocer que el Torrellano ha comprado una de las plazas que la Federación sacó a subasta en el Grupo III de Segunda B tras los descensos administrativos de Castellón y Alicante, por lo que el nuevo club pasaría directamente de no existir a militar en la categoría de bronce del fútbol español. Velocidad de vértigo la de este Huracán, que podría parecer la tormenta perfecta si no le fallara un pequeño detalle: saber si al final podrá competir o no. Porque lo que parece habérseles escapado a los promotores del Huracán Valencia-Torrellano es que, para evitar que se camuflen como fusiones lo que en realidad son compras de equipos no profesionales, la RFEF no permite fusiones entre equipos que no pertenezcan a ciudades limítrofes, y Elche y Valencia (o Manises) no son precisamente León y Trobajo del Camino. Si no hay sorpresas en el dictamen definitivo de la Federación, este nuevo Huracán corre el riego de quedarse en una mera tormenta de verano.

lunes, 18 de julio de 2011

Darío Conca y el nuevo orden mundial

Por Halftown
Algo se mueve en China. Hace algunas semanas, la prensa deportiva mundial se quedaba patedefuá cuando el Guangzhou Evergrande convirtió al argentino Darío Conca en uno de los cinco jugadores mejor pagados del mundo, al aflojarle 10,6 millones de euros por temporada.

La cifra es tan mareante que poca gente tuvo el cuajo de tirar de demagogia habitual en este tipo de operaciones. Al fin y al cabo, ¿quién no se iría a pasar unos años en Guangzhou a cambio de semejante pastizal?

A todo esto, Darío Conca es un volante argentino al que Manuel Pellegrini hizo debutar en River hace ocho años. Después de unos años cedido en Chile y Argentina, Conca acabó siendo contratado por el Fluminense brasileño. Pronto se convirtió en pieza clave del Flu, hasta el punto de que los propios aficionados brasileños le eligieron mejor jugador del Brasileirao en 2009 –por delante de Dejan Petkovic- y 2010. Hasta entonces, sólo Carlos Tévez había conseguido que la torcida brasileña le reconociera superior a los jugadores locales.

Conca se convirtió en un tipo tan importante para Fluminense que los aficionados hicieron una colecta para conseguir pagar a River los 2,8 millones de dólares que costaba su pase primero, y presionaron después al club para que renovara a su estrella, lo que sucedió a finales de 2010. Simultáneamente, ante el desinterés de Maradona por el jugador, la propia CBF tanteó la posibilidad de darle el pasaporte brasileño.

Las buenas actuaciones de Conca, sin embargo, no le sirvieron para atraer el interés de los grandes clubes europeos. En un campeonato en el que brilló muy por encima de, entre otros, Neymar, Conca jamás protagonizó una guerra de portadas entre Madrid y Barcelona. Convertido en estrella local a los veintiséis años, el argentino era demasiado viejo para el Arsenal, demasiado joven para el Milan. Ni siquiera el Oporto de Pinto da Costa, que tan buen ojo tiene a la hora de importar talento de la antigua colonia portuguesa, dio el paso de traérselo rumbo a Europa.

Evergrande, a lo grande

Y es entonces cuando entró en juego el Evergrande Real Estate Group en juego. Siguiendo el modelo español, los clubes chinos se echan en brazos de las constructoras inmobiliarias. La diferencia es que, a escala china, la cosa se traduce en pasta de verdad.

Evergrande adquirió el Guangzhou en febrero de 2010, pocos días después de que el club fuese descendido a segunda por un amaño de partidos. Desde entonces, el club ha adquirido a estrellas locales como el ex del PSV Sun Xiang y el antiguo capitán de la selección china Zheng Zhi, sino que también ha atraído a jugadores como los brasileños Muriqui o Cleo, aquel delantero que fue lo único rescatable del Partizán de Belgrado que jugó la Champions League 2010-2011.

El caso Conca puede verse como una extravagancia de nuevo rico o como el inicio de un nuevo orden en el fútbol mundial en el que los países emergentes llevan la voz cantante en la mesa de negociaciones. De la misma manera que clubes brasileños ya están igualando y en ocasiones superando las propuestas económicas de los recesionarios clubes europeos, el momento en el que los clubes chinos supondrán una oferta atractiva más allá de la pasta parece estar un poco más cerca. A diferencia de la MLS, que sólo se interesa por estrellas de 2006, los chinos están pujando por jugadores que están en el mejor momento de su carrera.

Mientras River se hundía en la B y Argentina descarrilaba por enésima vez consecutiva, Darío Conca debutó el pasado jueves con el Guangzhou Evergrande en el minuto 60 del partido que les enfrentaba al Nanchang Hengyuan. 50.000 espectadores corearon su nombre cuando marcó desde 38 metros uno de los cinco goles de su nuevo equipo, actual líder del campeonato chino.

martes, 5 de julio de 2011

Gerard: camino a la predicción

Por Halftown
“Mi hermano Gerard será mejor que yo”. La predicción es de Sergi López, quizá el juguete roto de la Masía por excelencia. Sergi era la gran promesa del Barça de los ochenta, Puyol antes de Puyol. En Can Barça desde los trece años, su carrera crecía en aquel equipo pre Dream Team hasta que todo saltó por los aires un día de lluvia, cuando fue a entrenarse a un pabellón de baloncesto y se destrozó la rodilla. Irrecuperable para el alto nivel, después de jugar veinte partidos cedido en Mallorca, Sergi acabó en Zaragoza como moneda de cambio en el fichaje de Pablo Alfaro. Tres temporadas más tarde se tuvo que retirar. En total, apenas setenta partidos como futbolista profesional.

A su hermano Gerard le fue bien muy pronto: Johan Cruyff le vio en un amistoso con el Granollers y le reservó habitación en La Masía. Todavía adolescente, Gerard ya era titular en el Barça B que mandaba Juande Ramos. Valdano se lo llevó al Valencia recién cumplida la mayoría de edad, pero su palabrería sólo duró tres jornadas a la vera del Turia y su sustituto, Ranieri, no tenía tiempo que perder con promesas.

Después de una temporada cedido en el Alavés de Mané, Gerard se encontró jugando a las órdenes de Héctor Cúper en Valencia. En aquel Valencia de Mendieta, el Piojo López, el Kily González, Djukic y Farinós, Gerard cumplió su destino, y se convirtió en el mejor jugador joven de Europa. El Valencia fue dejando por el camino a PSV, Bayern, Lazio y Barça, hasta aquella final de Saint Denis en la que implosionó frente al Madrid de Del Bosque.

Camacho premió al chaval llevándoselo a la Eurocopa de Holanda y Bélgica, donde compartió habitación con Iker Casillas.

Con todo, sólo una temporada en la élite fue suficiente para que el Barça de Gaspart invirtiera un tercio de los 10.000 millones que Florentino pagó por Figo para llevárselo de vuelta al Camp Nou. Allí se plantó Gerard con veintiún años recién cumplidos, resplandeciente el pelo engominado bajo los focos de la sala de prensa, con un contrato por 400 millones al año y una cláusula anti-Florentino por valor de 31.000 kilos. No debía sentir mucha presión cuando pidió vestir el 14 de Johan Cruyff.

Perder hasta el pelo

Dicen que su fichaje sentó como un tiro no sólo a los canteranos que esperaban su turno (Xavi entre ellos), sino también al capitán Pep Guardiola, que no podía consentir que un hype engominado cobrase más que él, santo y senyera del barcelonismo.

Para satisfacción de sus detractores, Gerard pasó cinco años en el Barça de entreguerras que le sirvieron para catapultarse al olimpo de los pavones. Los foros barcelonistas hablan de noches de alcohol y mujeres, probablemente las mismas que las de tantos otros jugadores que sí han triunfado en el Camp Nou. En cualquier caso, Gerard López no alcanzó el centenar de partidos como azulgrana antes de salir gratis destino a Mónaco.

En aquel Mónaco que venía de perder la final de la Champions contra el Oporto de Mou con Morientes de estrella –la belle epoque de los monegascos, que competirán a partir de septiembre en la Ligue 2- Gerard se volvió a estrellar: poco más de diez partidos en dos temporadas, y el que años antes había sido objeto de deseo de Milan y Manchester puso camino a Huelva.

En 2008, mientras su ex compañero de habitación en la Euro 2000 levantaba el trofeo de 2008, Gerard firmaba con el Girona. En segunda división daba la impresión de que Gerard López iba a ser capitán general, pero su estrella se fue apagando una vez más.

Después de haber jugado veinte minutos de competición oficial en todo el año, el club ha decidido romper el contrato que acababa en 2012. Con 32 años recién cumplidos, el que hace once años era el jugador más prometedor de Europa hoy es uno más en la cola del INEM. Por perder, ha perdido hasta el pelazo.

A Gerard López le queda la satisfacción de haber cumplido la predicción de su hermano.

lunes, 27 de junio de 2011

Un año perdido... ¿y algo más?

Por snedecor
Erase una vez, en un reino muy muy lejano, una selección nacional de fútbol que no le importaba a nadie. Era este un equipo modesto en el panorama futbolístico internacional, de esos que están para rellenar las fases de clasificación, una escuadra que parecía incapaz de competir con sus todopoderosos vecinos continentales y que jamás acudía a las grandes citas balompédicas. Una selección humilde, sin apenas profesionales, porque en aquel país el fútbol todavía no era un medio para ganarse el pan, entrenada por uno de esos seleccionadores que llevan toda su vida en el cargo, porque sencillamente no hay más o porque, si los hay, ni siquiera en su propia Federación confían en que las cosas puedan mejorar con un cambio de técnico. Seguro que os hacéis una idea del tipo de equipo del que estamos hablando.

Pues contra todo pronóstico, y a pesar de sus muchas limitaciones, esa selección dejada de la mano de Dios estuvo acariciando durante varios meses el sueño de clasificarse para su primer Mundial. Pero esta no es la típica historia de un equipo que parte desde el más absoluto desahucio para acabar levantando la moral de todo un país, porque este país del que os hablo nunca se había preocupado demasiado de su selección de fútbol, y tampoco lo hizo cuando estaba tan cerca de la gloria. No, esta es la historia de un sueño mucho más modesto, el de un grupo de humildes futbolistas que, en silencio y a base de orgullo y esfuerzo, fueron recortando poco a poco la distancia que les separaba de un éxito sin precedentes. Desgraciadamente, su sueño se esfumó de la manera más cruel, cuando ya lo acariciaban con la punta de los dedos, al perder un partido que estaba prácticamente ganado frente a uno de esos antipáticos equipos que al final nunca hacen nada pero que acostumbran a destrozar este tipo de ilusiones.

Hubo lágrimas y lamentos, como os podéis imaginar, aunque como digo casi nadie se enteró. Por haber, hubo hasta una inútil goleada de despedida en una tarde de San Juan que sólo sirvió para acentuar la sensación de haber desperdiciado una oportunidad histórica. Sin embargo, los más optimistas pensaron que al menos se había puesto la primera piedra, y que los resultados seguirían mejorando en el futuro. Las buenas actuaciones durante esa fase de clasificación permitieron que algunas de sus estrellas encontraran equipo en otros países, lo que debería servir para que crecieran un poco más, y además las categorías inferiores de esta selección se empezaban a codear con las grandes potencias tradicionales. Sí, quizás la presencia en el Mundial absoluto hubiera significado el chispazo definitivo para que el fútbol calara en la nación, pero si todo iba por ese camino seguro que habría más oportunidades. Lo importante era que faltaba más de un año para que se iniciara la siguiente fase de clasificación y había motivos para la esperanza. Quizás entonces sí se lograra alcanzar ese sueño imposible.

El problema es que cuando eres una selección modesta que no le importa a nadie, las cosas nunca salen como esperas. Porque si esta selección le importara a alguien, hubiera sido más difícil que todo ese año transcurriera sin disputar un mísero amistoso, sin encontrar una fecha para reunir al grupo ni siquiera para entrenar, para probar nuevos jugadores o pulir esos errores que habían dado al traste con las esperanzas mundialistas. Si esta selección le hubiera importado a alguien, incluida su propia Federación, no se hubiera desaprovechado tanto tiempo, hipotecando las opciones de clasificación para la siguiente gran cita. Pero la realidad es la que es, y con el primer partido oficial fijado para septiembre, catorce meses después del último que jugaron, parece francamente complicado que este grupo de futbolistas pueda tener opciones serias de volver a pelear por su sueño.

Puede que estéis pensando en la típica desgracia de alguna pequeña selección caribeña o africana, o tal vez de Oceanía; en definitiva, de algún país sin tradición ni recursos y con una Federación que se dedica más a ver cómo puede llevárselo muerto que a trabajar por el fútbol. Pero supongo que también habréis sospechado que si aún no he dado ningún nombre es porque, a lo mejor, ese país tan lejano del que os hablo en realidad no está tan lejos. Y quizás no os sorprenda del todo saber que esa selección que estuvo a punto de meterse en el Mundial y que después no ha vuelto a jugar un partido ni a concentrarse en todo un año no es otra que la Selección Española de Fútbol… Femenino. Que, como digo, parece que no le importa ni a la RFEF.

miércoles, 1 de junio de 2011

Piratas del Caribe 5: El Trono de la FIFA (II)

Por snedecor
Con la candidatura de Grant Wahl descartada por no poder encontrar a una sola federación que la avalase (“sí, lo que dices está muy bien y te daría mi voto, pero…”), llegamos a mayo de este año, y a esa reunión de las federaciones caribeñas promovida por Bin Hammam y Jack Warner.

El mismo Warner que dirige la CONCACAF desde hace más de 25 años, que es ministro de transportes en Trinidad y Tobago, que aparece (y sale limpio) en casi todos los escándalos de la FIFA, y el mismo Warner que preferiría que el campeón de la Champions League de su confederación no fuera mexicano. Aliado histórico de Blatter, este año decidió cambiar de amistades, al menos de cara a la galería, porque en esta historia no me extrañaría descubrir a algún agente doble. Alguno más, quiero decir. Porque si el propio Warner reveló a Blatter que Bin Hammam tenía pensado ofrecer un dinerito extra a varios dirigentes caribeños para que votaran por él (perdón, para costearles unos gastos), ha sido Chuck Blazer, durante muchos años el hombre de confianza de Warner, quien ha ofrecido todas las pruebas que demuestran los hechos.

El Comité Ético de la FIFA, un organismo autónomo (ejem) instaurado por el propio Blatter en 2006 con la misión de investigar estos asuntos (siempre que no se hubieran producido antes de su creación, lo que en su día favoreció enormemente a Warner, Blazer y Jerome Valcke, ya veremos por qué), ha suspendido cautelarmente a Bin Hammam y a Warner, citándoles para una vista definitiva del caso en el mes de julio. Blatter sale absuelto porque él sólo fue informado por Warner de que se iba a realizar ese pago teóricamente prohibido en los estatutos de la FIFA, y no tenía la obligación de denunciarlo ya que todavía no se había producido. Una vez desembolsado el dinero, Chuck Blazer sí cumplió con su obligación.

Una Visa de 60 millones de euros

Debbie Minguell y Jason Sylvester han sido los peones sacrificados en esta batalla, dos directivos de la Confederación Caribeña a los que han pillado gestionando la entrega de los 40.000 dólares prometidos por Bin Hammam a cada presidente. Parece que con fotos de los maletines, e-mails de confirmación y todo lujo de detalles, todo ello proporcionado por un abogado estadounidense contratado por Blazer.

Un hombre íntegro, este Blazer, capaz de denunciar a su jefe y sin embargo amigo (o eso creíamos) Jack Warner. O de provocar una investigación del Comité Ético sobre la presunta coalición entre las candidaturas ibérica y qatarí para traspasarse votos en la elección de las sedes mundialistas a raíz de una nota de papel que Villar le pasó a Bin Hammam. Capaz también de escribir una entrada en su blog personal alabando las bondades como anfitrionas de las autoridades de Rusia cuatro días antes de que el país fuera elegido sede del Mundial 2018 (en una votación en la que él tomaba parte), o de costarle a la FIFA más de 60 millones de euros gracias a su “modélica” negociación del patrocinio con Visa sin avisar a MasterCard, que tenía derecho de tanteo. Aquello no tuvo consecuencias para Blazer; sí las hubo para Jeròme Valcke, por entonces director de Marketing de la FIFA, que fue cesado… para convertirse unos meses después en Secretario General por recomendación del mismísimo Sepp Blatter (el que tenía que pagar la multa). El Comité Ético no existía entonces, la ética en sí parece que tampoco.

Hacia Valcke se revuelve ahora el suspendido Jack Warner, acusándole de estar al servicio de Blatter y de haberle presionado para que manifestara públicamente su apoyo y el de su Confederación al actual presidente. En un e-mail que Warner ha sacado a la luz pública, Valcke minimizaba las opciones de Bin Hammam en las elecciones y llegaba a acusar al qatarí de haber comprado el Mundial 2022; Valcke reconoce que envió ese correo pero alega que está incompleto (no sé, quizás falte el precio). Desde luego, tras 29 años paseándose por los despachos de la FIFA Warner sabe muchas cosas, y amenaza con desatar un tsunami si es apartado definitivamente del organismo.

De momento ya denuncia que lo que supuestamente ha hecho Bin Hammam en el Caribe es lo mismo que hizo Blatter en enero en África (curiosamente la CAF parece que tenía pensado votar en bloque por Blatter), y que además el suizo ya liberó un millón de dólares a favor de la CONCACAF sin contar con el permiso del Comité Ejecutivo. Warner no lo dice, pero se entiende que eso es práctica habitual y que sólo se hace para asegurarse unos votos que permitan alcanzar el deseado trono de la FIFA. Para comprar unos votos que ya no importan demasiado, porque después de toda esta película Blatter sólo compite contra su sombra. Yo de él no me fiaría.