jueves, 27 de agosto de 2009

El anti Guardiola ya espera

Por Sebastián Dulbeca
Tres veces, tres, negó la pasada temporada San Pep su imagen de maniquí inarrugable. Y con las mismas palabras que regaló fuera de la sala de prensa (las celebraciones en el Camp Nou no cuentan): cero.

1) Al inicio de Liga respondió con mirada láser a un Eto'o en trance de gol. Hubo (re)indulto y abrazo on the rocks cuando en el Nou Camp amenazaba infarto. Luego pasó lo que pasó y arrivederci, Samu.

3) Casi al final del campeonato puso mueca de interruptus tras el tanto del único Llorente delantero centro -vasco por dentro y amarillo por fuera- con el que aún no ha quinieleado -y debería- Del Bosque.

2) Justo entre un momento y otro, el 1 de octubre de 2008, comenzaba sin saberlo él siquiera la carrera a lo Cacho con la que luego explotaría en semifinales de Champions con el gol de Iniesta. Aquel pistoletazo de salida responde por Mircea Lucescu (Bucarest, 1945) y aguarda a Guardiola para disputarle mañana la Supercopa de Europa.

A falta de saloon, nada mejor que Mónaco, donde ya celebró el acierto de Jardel frente al Real Madrid (2000), para dirimir un pique timbrado en los vestuarios del Olympiyskiy Stadium. Escaseaba el glamour allí aquella noche, pese a la visita ilustre. Barcelona y Shakthar Donetsk (Samba Donetsk, en feliz subrayado del jogo bonito por parte de La Sexta) colisionaban por entonces en el grupo C de la máxima competición continental. Con fuerza pareja: 1-0 en el minuto 87; ¡1-2 en el 95!, previa epifanía en manga corta de Messi.

Al técnico rumano del equipo local (es un decir: hay croatas, checos, polacos, brasileños... y ucranianos como Chygrynskiy El Deseado), un hombre que como jugador alcanzó la misma gloria que un callista, se le descompuso el cuerpo tan rápido como se le multiplicó el verbo: italiano, español y hasta el dialecto de Ozores ("......... fair play ........ darla para atrás") para vocear que la remontada era ilegal. Que el resultado se explicaba por la falta de deportividad (en referencia a una acción en la que había un jugador suyo supuestamente lesionado). Que vencer así no era "digno" de un conjunto como el blaugrana.

Pep micrófono delante. Pep centro de la diana. Pep caída de párpados. Y adiós.

La cara de Pepe mete el micro ahí Gutiérrez y el nombre de Lucescu no volvieron a resultar familiares hasta el partido de vuelta. Entonces el ex del banquillo de Pisa, Brescia (casualidades de la vida: la squadra en la que se jubiló Guardiola), Reggiana, Inter y Galatasaray decidió cobrarse lo que creía suyo: 2-3.

Fue la única derrota del Barça en la presente edición de la Copa de Europa (¡jugó hasta Cáceres!) y el pasaporte para una Copa de la UEFA que, en Estambul, en el tiempo extra y en su última convocatoria con tal nombre, levantó delante del Werder Bremen con toda justicia.

Lucescu y Guardiola. Una buena oportunidad para sacar el dichoso seny...

jueves, 13 de agosto de 2009

La ciudad de los mil campos


Por Sole Leyva (Salvador de Bahía)
Son las nueve de la noche. El avión se desliza suavemente a izquierda y a derecha, un bamboleo que permite divisar durante unos segundos los destellos nocturnos de la primera colonia portuguesa en Brasil. La hilera de luces en la costa, los destellos del Peleurinho -patrimonio histórico de la Unesco-, las farolas de la carretera -como ordenadas hormigas iluminadas, siempre en fila-, la negritud de los barrios pobres..., pero, ¿qué es eso? ¿esa luz cuadrada en medio de la oscuridad?

Enfocas la vista para comprobar que es lo que has pensado en un inicio. Sí. Así es. Son campos de fútbol. Por aquí y por allá. Cada poco, cada dos cuadras. De arena, de hierba, de cemento. Todos iluminados, situados a pocas calles los unos de los otros.
Da igual si en esa manzana no hay luces en las calles, si el Ayuntamiento de Salvador de Bahía, la tercera ciudad más poblada de Brasil (casi tres millones de personas), corta la luz de las farolas a determinada hora para ahorrar dinero.

Los campos se mantienen iluminados, una invitación implícita a seguir caminando el casi imposible trayecto que ayuda a escapar a los chavales de la pobreza. "Aquí el fútbol para los chicos lo es todo", me cuenta más tarde, ya en tierra, Santos, guía local. A todas horas ves a jóvenes chavales 'peloteando', entrenando para alguna competición local, muchas veces con las camisetas raídas y las botas con agujeros.
Si en otras zonas de Brasil es habitual encontrarte más personas blancas, aquí la mayoría de chavales son negros o mulatos, herencia de que esta ciudad fuera uno de los principales focos de la trata de esclavos en Sudamérica, una herencia que se trasluce en el sobrenombre de la ciudad, la Roma Negra.

Con tanta afición al fútbol, resulta extraño el escaso bagaje de sus dos mejores clubes, el Esporte Clube Bahia (El Bahía) y el Esporte Clube Vitória (Vitoria). El primero obtuvo dos títulos nacionales, la Copa de Brasil en 1959 y la última, hace 20 años, cuando ganó la Liga Brasileña. El mayor logro del otro club, el Esporte Clube Vitória, ahora en la Segunda División, fue ser finalista de la Liga Brasileña de 1993. Pese a ser siempre el segundón, su cantera es mejor que la del rival y una de las mejores del país.


Del Leão, como se le conoce popularmente, proceden futbolistas como Bebeto y Dida, ídolos en su país. Precisamente Dida fue uno de los baluartes del equipo cuando conquistó en 1993 el campeonato bahiano, que casi siempre se lleva a la saca el Bahia. Los demás equipos están muy lejos. No tienen presupuesto suficiente para discutir la hegemonía de los dos equipos, que todos las temporadas se miden en el Ba-Vi, como es conocido el derby local, que se disputa en el estadio Flonta Nova, de 66.000 espectadores, uno de los campos seleccionados para el Mundial de fútbol que Brasil disputará en 2014. El estadio se encuentra cerrado y en reformas después de que siete personas murieran en la celebración en 2007 del ascenso del Salvador de Bahia a Primera División. Se abrió un hueco en un muro de la grada y los chavales cayeron al vacío.

La misma distancia que separa a los demás equipo de la región de Bahía de los dos grandes de la capital, es la que separa a ambos de los grandes del país, El Cruzeiro, el Flamengo, El Sao Paolo, el Corinthians. Durante su visita a la ciudad me detengo en uno de esos campos, todavía lleno de charcos tras una intensa semana de lluvias. Los chavales, de unos 14 años, no parecen disfrutar jugando. No sonríen. Corren detrás del balón como posesos, casi sin orden. No hay felicidad en sus caras, sólo concentración, intensidad en busca de un futuro mejor. "todos quieren ser Bebeto", sentencia su entrenador, un tipo orondo que está mas pendiente de la conversación con sus amigos que de los chavales.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Un banderín de golf


Por FNF

Creíamos haber visto de todo en un banderín. Que si la pelota parece que se va fuera y choca contra el banderín y se queda dentro, que si un jugador lo coge como una lanza o apoya un brazo sobre él en plan chulo para celebrar un gol, que si Villa lo manda al quinto pino de una patada tras un gol en la Copa Confederaciones, hasta los huevos de que lo suyo con el Madrid no salga. Pero lo que pasó en el partido Sparta-Tewte sí que no lo habíamos visto nunca.

lunes, 10 de agosto de 2009

(Yo soy) Espanyol, Espanyol, Espanyol

Jarque, "oh, capitán mi capitán"
Por Sebastián Dulbeca
Con las rayas del descodificador en la vertical de su uniforme, fuera de foco en la Liga más bicefálica (por decir algo) de los últimos tiempos, el Espanyol ejerce de perfecto tapado, de canciller de la clase media, de equipo-valle por mucho que al Atlético le facilitara hoy la campaña de captación de socios del próximo curso.

Sucede que también existen al menos 10 + 1 razones para animar, creer e identificarse con el Espanyol. No es tan Bartleby el periquito como lo pintan.

1) Conexión con Obama. Mauricio Pochettino firmó como entrenador el 20 de enero. Ese mismo día tomaba posesión del cargo el nuevo presidente norteamericano. ¿Vidas paralelas? Tal vez: el argentino celebró sus primeros 100 días en el banquillo dos puntos por encima del descenso ¡después de 17 jornadas! La distancia después fue el doble. De los últimos 41 puntos en liza sumó 23.

2) Nuevo estadio. Sería excesivamente cruel (un centenariazo sin final de por medio) que el recinto de 40.000 butacas y cuatro estrellas UEFA levantado entre Cornellá y El Prat no disfrutase del estreno que se merece: en Primera División. Ningún club del mundo ha ejercido en 12 años de local en tres campos diferentes: Sarriá, Lluís Companys y éste que inauguró el Spanish Liverpool el 2 de agosto con una goleada en contra. Entonces el éxodo ha merecido la pena. Fue el único partido en el que Jarque ha llevado el brazalete de capitán.

3) Maldita estadística. Con menos remates y asistencias que nadie en la calculadora de La Sexta, toca enfrentar el peso de los datos con lo intangible: Tamudo, De la Peña, Luis García y la fama de equipo pelotero acreditada en el pasado próximo por los blanquiazules (para otro día quedan pendiente de discusión los cambios de camiseta: del ajedrez al lavado a la piedra).


4) Catarsis de Dinamarca
. El rondo interminable al que España redujo la Eurocopa ganó su primer partido en Aarhus (13/10/2007). Aquel encuentro lo encaminó el Raúl de Santa Coloma, lo cerró el debutante Riera y lo acabó junto a ellos Luis García. Ni el Madrid (Casillas y Sergio Ramos) ni el Barça (Xavi e Iniesta). Sólo el Valencia (Albiol, Marchena, Joaquín y Albelda) aportó más nombres a la gesta.

5) Dos UEFAS perdidas. La aspirina mecánica de Leverkusen (1988). Palop y sus brazos Boomer en Hampden Park (2007). Y en medio un río de lágrimas que brota a 11 metros de la línea de gol. Solidaridad obliga.

6) Éxitos en la Copa. No hubo penaltis en las finales frente al Atlético (1999/2000) y el Zaragoza (2005/06). Doble victoria contra pronóstico. Y algún momento para el zapping de fin de año.



7) Espíritu emprendedor
. Barcelona se quedó pequeña desde el principio. Debut en el extranjero en 1914-15: 1-2 contra el Benfica y 1-4 frente a una selección de Lisboa. Giras por América y Europa Central en los años 20 para financiar obras en la tribuna. Participación activa en la puesta en marcha y profesionalización de los torneos de verano (locales y foráneos) en los 80. Con reconocimiento: Sarriá es la sede de Italia, Brasil y Argentina en el Mundial’82.

8) Galacticidio. El florentinato comenzó a pudrirse en lo deportivo y en lo simbólico cuando Camacho hizo sitio a Beckham y Raúl en el banquillo del Olímpico de Montjuic. Fue justo antes de presentar su dimisión. Frente a aquellos mismos fondos con cartelones se consumó la debacle blanca (ya con Queiroz). Final de Copa: 2-3 frente al Zaragoza (12/03/04).

9) Rivalidad. El Barça necesita un contrapeso local más allá de la insustancial Copa Catalunya. En el último derbi volvieron a aparecer bengalas. En la vuelta, el Espanyol silenció el Nou Camp. Era colista. Nadie más ha ganado allí en la presente liga.

10) Historia. El Espanyol figura entre los 10 clubes fundadores del primer Campeonato Nacional de Liga (1929) . Ostenta, además, el honor de haber anotado el primer gol oficial de la competición: José Pitus Prats, minuto 5, frente al Real Unión de Irún (10/02/1929).

11) Jarque. En FNF somos poco amigos de los homenajes, ya que poco puede decirse después de que todos los grandes medios se pongan con el asunto. Si acaso, se nos ha ocurrido rescatar esta pieza del baúl de los recuerdos y añadir al jóven capitán como otra de las razones para creer en el equipo en tiempos de oscuridad, la luz que brille cuanto todas las demás se apaguen, la razón número 11. Descanse en paz.

viernes, 7 de agosto de 2009

La isla sin fútbol


Por Halftown
Menorca es diferente a las demás Islas Baleares. Primero, porque desde que se perdió Filipinas allá en el Desastre del 98 es el territorio español que más pronto ve salir el sol. Segundo, porque su capital, Mahón, tiene el segundo puerto natural más grande del mundo, sólo por detrás del celebérrimo Pearl Harbor.

Y tercero, porque se ha pasado la vida cambiando de manos, de cartagineses a romanos, de moros a cristianos, de ingleses a franceses -la mahonesa, según cuenta la leyenda, fue parida por un cocinero del duque de Richelieu durante un asedio a la isla- y finalmente, vuelta definitiva a manos españolas en 1802. Los menorquines, quizá para compensar tanto bandazo, son gente muy arraigada a su isla.

Hoy en día, Menorca es una isla tan pequeña como entonces: sólo cuarenta kilómetros separan la oriental Mahón de la occidental Ciudadela. O lo que es lo mismo, la isla es cuatro veces menor que la vecina Mallorca.

Fértil para otros deportes

Y, sin embargo, es una isla sorprendentemente fértil en lo que a deportistas de élite se refiere, como Sergio Llull, el prometedor base del Real Madrid de baloncesto; Paco Vallejo, segundo mejor ajedrecista español y Gran Maestro desde los dieciséis años; el judoca ciego Juan Bagur, recién campeón del mundo júnior; o la regatista Julia Rita, vigente campeona de España en la clase 470.

La vela, por cierto, es un deporte muy popular en Menorca gracias a los esfuerzos del Club Marítimo de Mahón, por un lado, y al célebre viento del norte, la Tramontana, por el otro. Además de eso, los escasos noventa mil menorquines han sabido mantener a un club, el Menorca Bàsquet, durante cinco años en la liga ACB.

Los ingleses dejaron en herencia la ginebra, pero no el balón. El fútbol en Menorca es un deporte marginal más allá de los patios de colegio. De los pocos participantes menorquines en el grupo XI de Tercera, el único equipo con un pasado digno de mención es el Sporting Mahonés.

El guineano Engonga

El club pasó seis años en Segunda B a finales de los ochenta y principio de los noventa, cuando su máxima estrella era un mediocentro de origen guineano que luego haría carrera en Primera: Vicente Engonga.

Desde su caída a la tercera división, el Sporting Mahonés ha sido un circo por el que han pasado desde jugadores de vuelta de todo como Torres Mestre –al fin y al cabo, puestos a arrastrarse por los campos, mejor hacerlo en Menorca- hasta renaldinhos como el mítico ex-milanista Iván Peñaranda.

Pues bien, en 2008 entra en escena Paco Segarra, ex jugador de Barça B, Celta y Granada, quien organiza un proyecto y consigue, dieciséis años después -gol en el minuto 93 incluido-, devolver por sorpresa al Sporting Mahonés a la categoría del bronce del fútbol español.

De manera que la directiva mahonesa se ha tenido que poner manos a la obra para montar un equipo que pueda hacer un papel digno en un grupo duro que incluye a los filiales de Barça, Valencia, Espanyol y Mallorca, y a clásicos como Sabadell, Lleida o el re-renacido Logroñés.

Segarra ha tenido que tirar de chequera para traer a jugadores como el portero Joaquín Moso (“llegó a estar una temporada en el Albacete de Primera División” reza la nota de prensa), el ex-compañero de Messi Raúl Vates y al antiguo canterano de Espanyol y Real Madrid David Sánchez.

De momento, juegan el próximo día 26 contra el Alicante en primera ronda de Copa del Rey. El fútbol empieza la reconquista de Menorca.

domingo, 2 de agosto de 2009

Que sí, que los mejores ultras del mundo son japoneses

Por Nunn
No tienes ni puta idea de que los mejores ultras del mundo están en Japón.

Piensas en aficionados Reds y te sale el Kop y el You'll never walk alone. Piensas en los mejores ultras del mundo y te vas a Italia, Argentina, España... Pero estás engañado, amigo: bienvenido al universo de los ultras del Urawa Red Diamonds, rojos y mejores que todos ellos (y estas imágenes son sólo del calentamiento del equipo)



Allá en Saitama, donde Txiki Begiristain acabó sus días de futbolista o donde Gasol y amigos ganaron el Mundial de baloncesto, se ubica una masa de japos gritones que ha llevado el concepto 'animación en la grada' a una dimensión difícilmente imaginable. Mira los vídeos: ¿se te ocurre algún campo del mundo con semejante animación?



Definitivamente, no lo hay. Los Urawa Red Diamond Supporters (no, el nombre no es su fuerte), tienen su parafernalia clásica (imágenes del Che incluidas), al estilo de los ultras europeos, pero el número de tipos gritones, su disciplina y su animosidad no tienen paragón, sea lo que sea un parangón.



Eso sí, también han aprendido lo peor de los ultras europeos a los que dejan a la altura del betún: el año pasado sancionaron con 120.000 euros al club porque los angelitos se liaron a mamporros multitudinarios contra una hinchada rival, y esta misma semana han apaleado a un par de cámaras televisivos. ¿En Japón? Sí, por lo que se ve. Y es que lo que no sea capaz de cambiar el fútbol, no lo cambia nada.

miércoles, 29 de julio de 2009

¿Quién dijo que la Supercopa era un coñazo?

Por Halftown
El pasado sábado se disputó la final del Trofeo de Campeones, la Supercopa francesa, entre el campeón de liga, el Girondins de Burdeos, y el campeón de copa, el En Avant Guingamp de la Ligue 2. El partido acabó 2-0 para el equipo que baila al son de Gourcuff, el mayor talento salido del país galo en los últimos diez años. Nada sería merecedor de un artículo en FNF si no fuese porque el partido se jugó en el estadio olímpico de la francófona Montreal ante treinta y cuatro mil canadienses ávidos de… ¿soccer?

La frikada no se queda ahí, ni mucho menos. Para empezar, porque el partido se jugó a las tres de la tarde hora de París. Y para seguir, porque el estadio de Montreal es de hierba artificial, con lo que la cosa parecía más un partido del grupo catalán de tercera que un trofeo oficial francés. Por no decir nada de lo rápido que va el balón en ese tipo de superficie... que se lo pregunten a Trévisan, el portero bretón, que se come el bote en el segundo gol girondino.

No es desde luego la primera experiencia de este tipo. Independientemente de las pachangas veraniegas que se montan los grandes clubes europeos por Asia o América, todos recordamos cuando huíamos de clase a media mañana para ver la final de la Copa Intercontinental en Tokio, cuyo MVP se llevaba un Toyota a casa. O ese Mundial en Corea con estadios llenos de aficionados a los que el fútbol ni les iba ni les venía, mientras la Hyundai hacía el agosto en pleno mes de junio.

Más en Montreal que en París

Aunque los italianos jugarán su Supercoppa 2009 en Pekín, lo que me alucina es que sea el mediocre campeonato francés el primero en exportar una competición nacional. Quizás tiene su lógica si tenemos en cuenta que ese mismo partido, de haberse jugado en el Stade de France, difícilmente habría convocado a muchos aficionados bordeleses. De hecho, la fría estadística dice que se logró batir el récord de espectadores en una final de supercopa francesa. Me gustaría saber, en cambio, cuántos lo vieron por televisión en la patrie.

Puesta aparte esta experiencia puntual, parece improbable que el fútbol francés pueda repetir este formato en otro sitio. En el resto de su antiguo imperio colonial, o bien no hay pasta en forma de operadores de televisión, o bien los aficionados acudirían en masa a silbar la Marsellesa.

Ahora que lo pienso, molaría ponerle un poco de picante a un plato tan soso como la Supercopa. El rollo de los antiguos territorios ocupados, sin ir más lejos, tiene su morbo. Esa final de la Supercopa española 2009 entre el Barça y el Athletic ante veinte mil enfervorecidos filipinos. Esa Supercup alemana en Volvogrado. Esa Charity Shield Chelsea-ManU en Gibraltar. El delirio colectivo. Todo por la pasta. The show must go on. No me digan que no se les ponen los pelos de punta.

lunes, 27 de julio de 2009

Las mil penas de Pennant

Por Miguel Bujalance
La temporada pasada, se especuló con que Jermaine Pennant podría acabar en el Santiago Bernabéu. Eran meses maravillosos, en los que hasta yo podría haber fichado por el Madrid de Calderón...

Al final, Pennant, defensa-centrocampista indefinido del Liverpool, que jugó cedido la temporada pasada en el Porstmouth, ha fichado por el Real Zaragoza. Es el primer jugador inglés que va a jugar en el club aragonés y las dudas sobre su rendimiento deportivo son grandes, dada la tradicional facilidad de los jugadores de la pérfida Albión para estrellarse en la Liga... y la de Pennant en particular para salir escaldado de todos los clubs que pisa.

Nacido en el seno de una familia de origen jamaicano en una humilde barriada de Nottingham, Jermaine hizo todo lo posible para no ser jugador de fútbol. Su indisciplina chocó con sus condiciones naturales, si bien no impidió que se convirtiera en el jugador más joven que debutó con la camiseta del Arsenal hasta la llegada de Cesc. Su estilo, anárquico y desenfadado, le valió el apodo de Penninho.

No cuajó dentro del código deontológico de Wenger, ya que tenía la sana costumbre de llegar tarde a los entrenamientos y tuvo que hacer las maletas. En 2004 fue traspasado al Birmingham, donde tuvo un incidente con la policía cuando le pillaron borracho como una cuba conduciendo su Mercedes. Tras el descenso del equipo, fichó por el Liverpool. Hizo una temporada digna, aunque algo irregular, que le valió el respeto de Anfield. En esa época fueron famosos sus cabreos con Steve McClaren por no convocarle para jugar con Inglaterra -tan sólo ha jugado con la selección sub 21- y puede presumir de haber sido el mejor jugador de la final de la Champions que los reds disputaron con el Milán en 2007.


Sin duda, el lío más divertido en el que se ha metido el bueno de Pennant se produjo unos días antes del partido de Champions que enfrentó al Liverpool con el Barcelona en 2007, cuando la tela de araña de Benítez asfixió el talento blaugrana. La policía tuvo que intervenir cuando las cervezas y los puñetazos volaban en un karaoke del Algarve portugués durante una concentración.

La bronca empezó cuando Bellamy se empeñó en cantar Angels de Robbie Williams con Riise y éste se negó. Para que luego digan que los noruegos no tienen sensibilidad. Ciertamente, Pennant dijo: "Ésta es la mía". Y se armó parda. Luego llegó la policía y todo se calmó, aunque como el agua de fuego tarda en evaporarse, ya en el hotel, Bellamy -con el corazón partío- empezó a atizar a Riise con un palo de golf.

Según informó el inefable Mirror, Bellamy, Dudek y Pennant fueron los jugadores más castigados por el club cuando trascendió el escándalo. Por supuesto, los reds eliminaron al Barca. Ahora nadie duda de que Bellamy mereció pena mayor. Dicen que la música amansa a las fieras, pero lo de Robbie Williams o no es música o actúa como exfoliante de adrenalina. Yo creo que Pennant es más de los Jackson Five.

El angelito de la banda derecha ya está en Zaragoza. Si jugará bien, no lo sé, pero seguro que escucha buena música. Quizás se arranque con una jota a lo Fernando Esteso si el equipo hace una buena campaña.

domingo, 19 de julio de 2009

Morir por un penalti

Por Sebastián Dulbeca
Los ojos en blanco de Marc-Vivien Foe y el espaldarazo de Miklos Feher regresan en bucle cada vez que un futbolista se derrumba sobre el césped a solas con su sombra. En un círculo de aire limpio de rivales sucumbieron también Antonio Puerta y el felizmente recuperado para la vida no deportiva Rubén de la Red. Una secuencia de tragedia insólita en un deporte de contacto que parece letal en acciones casi fuera de foco en los últimos tiempos y que contrasta con el caso de Reginaldo Soares. Murió hoy hace cuatro años en plena tensión competitiva: tras marcar el penalti que dio la victoria a su equipo.

Ningún telediario cumplimentó al brasileño con las imágenes de dolor y rabia que merecieron el camerunés, el húngaro y el español. Reginaldo tenía 34 años, se ganaba la vida como albañil y tenía tiempo y fuerzas para cobrar goles en el Clube de Regatas Batatateira. ¿Era entonces un simple jugador aficionado del semidesconocido estado de Ceará (noroeste de Brasil)? No exactamente. Cuentan las crónicas que sirvieron de exiguo obituario en 2005 que el punta izquierdo había jugado en casi todos los conjuntos de la periferia de su ciudad (Crato), y que en ese momento se empleaba en la potente escuadra de la manzana más populosa.

Pero que Reginaldo no era uno más en el equipo queda probado sobre todo por las circunstancias en las que falleció. El partido del torneo entre barrios contra el Beira-Río, otro club que no figura en los estadillos de la CBF, había terminado 0-0 en el tiempo reglamentario. La adversidad le hizo merecedor del encargo de cerrar con éxito la tanda de lanzamientos desde los 11 metros. Él, que siempre se negaba, asumió el papel de héroe. El devenir de la ronda deparó al final unas condiciones inmejorables. Le tocó afrontar el decisivo disparo con la misma ventaja que aprovecharon el genial Panenka o el Cesc de la Eurocopa: el gol suponía el triunfo.

Nadie sabrá nunca si lo que le atravesó el corazón fue tensión o delirio. Se ha especulado hasta el infinito con la angustia del portero en el momento del penalti (la fotografía de arriba remite a un videomontaje con ese título expuesto en Arco 2002: escondía una espiral de 20 segundos de duración en la que el tiro nunca se ejecutaba), pero no es menos cierto que quien patea merece idéntico tratamiento: respeto y piedad. Reginaldo hizo lo que tenía que hacer: anotar. Acto seguido era engullido por una marea de felicitación... y por una señal desconocida de su propio cuerpo. Se sentó a la sombra de un árbol, pidió una piedra de hielo y se desmayó.

La rápida evacuación en ambulancia no evitó su muerte. Francisca Clementino, la viuda, contó que era un hombre "fuerte y saludable". También que recientemente se quejaba de "una punzada en el pecho" por la que no accedió a visitar al médico. Reginaldo murió por un penalti. Ojalá sea el último en ese punto fatídico.

viernes, 17 de julio de 2009

"En el fútbol está prohibido ser cobarde"



Por Sebastián Dulbeca

Diga lo que diga Butragueño, ese doctorando en Metafísica, dios es del Barça. Y no se trata de un ser superior de los que condesciende para propiciar un triplete. Durante la presente temporada, semejante providencia se ha limitado a manifestarse a favor de Guardiola.

Aunque un momento de traviesa omnisciencia bien pudo permitirse cuando Valdano llamó a Romario futbolista de dibujos animados. Para entonces dios, Yoichi Takahashi, todopoderoso autor manga y culé confeso, ya había puesto a jugar a Oliver & Benji.

Éste es el tributo indisimulado de FNF a quien logró enganchar con un relato de inspiración balompédica incluso a miles de aquéllos que jamás se habían acercado a una pelota.

La historia de amistad entre un centrocampista virguero que ha acabado de blaugrana -al principio vestía de blanco New Team- y un guardameta de estampa retro fue primero cómic. Después Capitán Tsubasa, título original, arrasó en la tele como anime nocillero y premonitorio de Lost: dedo hundido sobre el rewind, acción con dosificador y personajes rápidos de identificar sobre el terreno. Yoichi Takahashi (Tokio, 1960), dibujante con vocación de jugador, es ejemplo de talento, disciplina y versatilidad, cualidades valoradas en ambos oficios.

"Lo que más me atrae del fútbol es que es un deporte que se puede jugar con ideas bastante libres y en el que está prohibido actuar de forma cobarde o innoble. Es un arte hecho con absoluta libertad. En ese sentido, se parece a dibujar. No me gusta, en cambio, que ganar o perder dependa a veces de la calidad de árbitro."

Takahashi y Japón viven a su propio ritmo: el del trabajo. Las declaraciones aquí recogidas -y un autorretrato que no tiene precio- han llegado por correo electrónico en el plazo convenido: tres meses después de enviar el correspondiente cuestionario. Son respuestas que la traducción involuntariamente relaciona con el credo del Nou Camp: "Trabajo en equipo y circulación con pases precisos".

En cinco ocasiones ha visitado el estadio en busca de placer, de confraternización, de inspiración el firmante de otras obras con balón dividido como Hungry Heart y Golden Kid. "Me ha costado mucho plasmar la diferencia de estilos de juego. Sigo los partidos importantes de cualquier liga y también el fútbol femenino y de categorías inferiores". ¿Y hay algo que no le haya interesado abordar en este contexto? "Sí: los temas relacionados con el dinero", ataca estos tiempos de bizness con tacto cruyffista.

Curiosamente, Takahashi tropezó con el fútbol en ausencia del otro dios barcelonista: el del entorno. "Yo era un simple koukou (estudiante de instituto) cuando seguí por televisión el Mundial de Argentina'78. Me aficioné al fútbol al descubrir lo divertido que podía ser". Una competición que aún hoy se evoca como espejo de infamia ayudó a nacer a Capitán Tsubasa. "Perseguir tu sueño es maravilloso", verbaliza Takahashi el milagro.