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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Pasandolas moradas

Por snedecor
Mucho ha llovido desde que, allá por 1983, el Palencia se quedara a las puertas de un histórico ascenso a Primera. Entrenado por Luis Costa, el club morado acabó quinto en Segunda, a 3 míseros puntos de la gloria. La temporada siguiente descendería; desde entonces no ha vuelto a pisar la división de plata. Años vagando por Segunda B y Tercera, empresarios desafortunados, otros sin fortuna y alguno más que simplemente buscaba la suya han llevado al club (como a tantos otros) al borde del colapso.

La temporada pasada vino a ser el compendio perfecto: en el campo se rozaron los puestos de play-off de ascenso a Segunda, mientras que en los despachos un cambio de presidencia abría la caja de los truenos (porque la del dinero se la encontraron vacía). Los impagos y una importante deuda con Hacienda colocaron al Palencia al filo del abismo, y al final el club se salvó del descenso administrativo con el tiempo cumplido: el 30 de junio su nombre se incluyó en la primera lista de descendidos por impagos a jugadores, aunque al día siguiente la RFEF rectificó su decisión al comprobarse la validez de un pagaré presentado sobre la bocina.

Aquella salvación vino de una inesperada unión de antiguos enemigos que tuvo como segundo efecto la dimisión del presidente recién aterrizado. Pero por si faltaban elementos que sumar al esperpento, en aquella convulsa primera semana de julio el Porsche del mandatario saliente, Ignacio De Fuentes, apareció calcinado en su garaje: el principal sospechoso, actualmente imputado, es su antecesor en el cargo, Alberto Villegas. Villegas también está denunciado por el club por apropiación indebida, estafa y falsedad documental, delitos presuntamente cometidos durante sus turbios años de presidencia.

Más allá de incidentes cuasi mafiosos, la vida del Palencia no es precisamente bella. La deuda total ronda el millón y medio de euros (en buena parte generados por el “olvido” de Villegas, que no presentó las declaraciones de IVA durante tres ejercicios), la transformación en SAD está paralizada, el equipo bordea los puestos de descenso a Tercera y a finales de noviembre los jugadores de la primera plantilla anunciaron que no regresarían a Palencia tras el parón navideño si no se les pagaba al menos un mes de los 3 que ya se les adeudaban. Con semejante panorama, no hace ni un mes el futuro pintaba más negro que morado.

Pero aún no era demasiado tarde. Vehemente y carismático, el nuevo presidente (el cuarto en un año), Chema “Maturana” Torres es, por lo menos, un hombre de fútbol que lleva toda la vida en los banquillos y despachos del balompié provincial, y que nada más entrar en septiembre puso 200.000 euros para atender los pagos más urgentes. Nadie duda de que su único interés sea salvar al club, y quizá por eso (y por lo dramático de la situación) ha logrado aglutinar en torno a su figura a la masa social del Palencia, últimamente demasiado dividida.

Telemaratón y ayuda divina

Desde el club apuntan que con medio millón de euros podrían ir salvando los principales escollos económicos a los que se enfrentan a corto plazo. Y a falta de un mecenas que ponga dinero a espuertas (Iniesta sólo hay uno y es de Albacete), la nueva directiva ha optado por rogar esfuerzos extras a los socios (“si los 2.000 socios pusieran otros 100 euros cada uno…”) y por organizar una especie de telemaratón a partir de los contactos futbolísticos del club. El pasado miércoles se celebró una cena de apoyo a 30 euros el cubierto, rematada con una subasta benéfica. A través de Sergio Asenjo (único palentino en Primera) llegaron diversos camisetas firmadas del Atlético de Madrid, entre ellas la de Radamel Falcao. Aitor Karanka, con raíces familiares en la provincia castellana, medió para que el club merengue cediera un balón firmado por toda la plantilla y las camisetas autografiadas de Cristiano, Kaká y Casillas. El míster Ramón Calderé movió sus hilos en Barcelona para obtener la camiseta de Messi (que él mismo se acabó adjudicando por 1.150 euros) y las botas y camisetas de entrenamiento de Pep Guardiola. Jugadores como Azpilicueta, De la Bella, Aduriz, Fernando Llorente, Sergio García, Crusat o Negredo donaron sus zamarras y borceguíes, y también colaboraron equipos como el Deportivo de La Coruña u Osasuna, amén de otros deportistas y artistas locales. Incluso el flamante marido de la Duquesa de Alba, palentino de nacimiento, ofreció unos gemelos y un espejo de su amada para la subasta; por razones que se me escapan, nadie pujó por ellos.

También hubo donaciones en metálico: el legendario Isacio Calleja, campeón de Europa en 1964, puso 1.000 euros a fondo perdido. En total, algo más de 16.500 euros recaudados que podrían aumentar cuando se le dé salida a los objetos que quedaron desiertos y a otros que se espera que sigan llegando, como la camiseta del Kun Agüero. Conciertos, partidos amistosos (Depor y Athletic parecen dispuestos a jugar un triangular), sablazos a antiguos amigos y compañeros (Calderé ha pedido un generoso donativo a Sandro Rosell), solicitudes de créditos por medio de intermediarios… la directiva se aferra a todo aquello que pueda suponer un ingreso extra para, al menos, impedir la desbandada de los futbolistas. Y de momento se ha salvado el primer match-ball: gracias a la cena y a otras pequeñas aportaciones de capital privado, los jugadores han cobrado una de las nóminas atrasadas y, en principio, volverán a los entrenamientos el día 28.

Eso sí, en caso de llegar a las últimas consecuencias, una desaparición de la que de momento nadie quiere oír hablar, al Palencia siempre le quedará la opción de encomendarse a Cristo para ser resucitado. Más concretamente, al Cristo Atlético, histórico club de la ciudad del que ya se aprovechó el Palencia C.F. a finales de los ochenta para ser refundado. Entonces jugaba en Tercera y se llamaba Cristo Olímpico, y la coletilla C.O. acompañó al nombre del nuevo C.F. Palencia durante 10 años. Hoy el Cristo vuelve a estar en mitad de tabla del grupo VIII de Tercera División y hace unas semanas sus directivos recibían la visita del presidente del Palencia para tantear las opciones de colaboración. Como el símbolo de la ciudad, la imponente escultura de Victorio Macho que le da nombre (y a cuyos pies disputa sus partidos), este club de barrio humilde siempre parece dispuesto a acoger a los más necesitados. Sobre todo si visten de púrpura.

lunes, 7 de febrero de 2011

Torres, Iniesta y un palentino errante

Por snedecor
Doy fe, porque me tocó sufrirle en mis propias carnes, de que hasta los 17 años Diego León no tenía nada que envidiarles a la inmensa mayoría de sus compañeros de generación. De hecho, él era el envidiado: técnicamente superdotado, era una de las perlas de la prolífica cantera madridista, había sido campeón de Europa sub’16 y mundialista sub’17, tenía a su ciudad natal entregada a sus mágicos pies y hasta triunfaba (o eso se rumoreaba) con las chicas, con su look a lo Julio José Iglesias (?) y su esplendoroso futuro en el mundo del balompié. Pero en algún momento todo se torció. Mientras uno de sus más afamados quintos acaba de batir récords en el proceloso océano de los traspasos, en este mismo mercado invernal Diego se ha tenido que buscar las habichuelas en la tercera división alemana. Que mejor que estar en paro, como estaba desde el verano, pues ya es.

Tampoco es que la historia del palentino sea extraordinariamente anormal; en realidad, es bastante más habitual que la de aquellos que sí llegan al estrellato. Pero sí que llama bastante la atención si la comparamos con la carrera de los dos chavales que, allá por 2001, formaban junto al rechoncho Diego León el tridente mágico que nos hizo ganar ese Europeo sub’16: el paliducho Andrés Iniesta y el pecoso Fernando Torres. Podríamos ser clásicos y decir que una grave lesión truncó su brillante porvenir, pero lo cierto es que ninguno de los tres se ha caracterizado precisamente por ser inmune a las dolencias físicas. Sí, en 2003 se partió la tibia jugando con el Real Madrid C, pero la verdadera diferencia estribó en los comportamientos de los clubes y los propios jugadores. Porque mientras el Atlético tenía claro que Torres estaba llamado a convertirse en un símbolo colchonero y el Barça aplicaba con Iniesta su exitosa receta masiánica, el Madrid se embarcaba en el esperpento galáctico y comenzaba su triunfal carrera hacia ninguna parte.

De protegido de Del Bosque al Wacker Burghausen

Diego León, un protegido de Del Bosque que con 16 años ya era habitual en los entrenamientos del primer equipo (al menos cuando éste se quedaba en cuadro por las convocatorias internacionales), a los 20 se vio enclaustrado en el equipo de Tercera. Y puede que eso fuera algo razonable tras su lesión, pero era inaceptable para él y para su entorno. Así que discutió con el club, se puso el mundo por montera y se buscó una cesión al modesto Arminia Bielefeld de la Bundesliga con el objetivo de demostrar su valía. Puede que sobreestimara sus capacidades o que nadie le dijera que su escaso metro setenta y su gusto por el sobeteo de balón no tenían cabida en el físico fútbol teutón, pero el caso es que en año y medio apenas jugó un puñado de partidos, saliendo casi siempre como suplente. Dentro de lo malo, puede decir que en Alemania encontró al amor de su vida. Que ya es algo.

Tras desligarse definitivamente del club madridista, Diego comenzó un periplo en el que, si bien no ha hecho más que ir bajando de escalón en escalón, al menos ha visto mundo. Año y medio en el Grasshopper suizo, otro tanto en el Barnsley inglés (donde vivió su momento de gloria cuando su equipo tomó Anfield en un partido de FA Cup) y un añito en el banquillo de Las Palmas, sin destacar demasiado en ningún sitio, le llevaron de cabeza a la cola del paro a comienzos de esta temporada. Sin la habitual oferta del Palencia que le solía llegar todos los veranos, probó sin suerte en varios equipos alemanes, supongo que para contentar a la parienta. Finalmente, el Wacker Burghausen que entrena el mítico Mario Basler (y que va 15º en la Bundesliga 3) apostó por él en enero, y de momento Diego ha sido titular en los tres partidos que se llevan disputados desde el parón invernal.

Que a lo mejor no es lo que esperábamos en Palencia cuando fichó por el Madrid con 11 años (y después de romperme la cintura en innumerables ocasiones), pues seguramente. Pero las cosas como son: a los 27, él al menos sigue cobrando por jugar al fútbol (no mucho, imagino), mientras que yo pago mis frustraciones deportivas con el teclado. Y por la cara.