martes, 21 de diciembre de 2010

Charlie Davies, goleador contra pronóstico

Por Halftown
Nacer en Manchester no siempre implica ser Red Devil, pero sí aficionado al fútbol. Pero cuando el Manchester en el que uno nace no está en Inglaterra, sino en New Hampshire, EE. UU., jugar al fútbol con un balón redondo es toda una excentricidad.

Charlie Davies es un tipo raro, en muchos sentidos excepcional. Hijo de un gambiano y una norteamericana, la vida de Davies no podía ser fácil en un lugar con un 97% de blancos como New Hampshire. Ya en el instituto, mientras sus compañeros se dedicaban a otros deportes, él enchufaba goles con los Boston College Eagles. Después de seguir goleando en la liga de desarrollo del soccer americano –esta vez con los Westchester Flames-, la lógica situaba a Davies en el roster de la Major League Soccer americana. La MLS le ofrecía un contrato de un millón de dólares por seis temporadas, pero él se tiró el farol: quería cobrar lo mismo que Freddy Adu, la entonces gran promesa del soccer americano. La MLS no entró al trapo, así que Davies se rebeló contra el sistema, agarró su maleta y se fue a Europa para cumplir su sueño de jugar en el Arsenal. A falta de oferta gunner, Davies se plantó en Amsterdam para hacer una prueba con el Ajax. Faltaban pocos días para la Navidad de 2006, pero no hubo lugar al milagro: después de dos partidos y cero goles, el propio Aaron Winter le dijo que su talento no alcanzaba para jugar en el Amsterdam Arena. Así que Davies volvió a coger su petate y firmó por un club que parecía ideal para probar su nivel: el Hammarby sueco.

En el frío de Estocolmo –no muy diferente del invierno en su New Hampsire natal- Davies explotó. Con la ayuda del uruguayo Sebastián Eguren –que marcharía a Villarreal en el siguiente mercado de invierno-, Davies superó un primer año complicado para finalmente explotar como goleador en su segundo curso en Suecia. Pese a perderse un mes de temporada por culpa de los Juegos de Pekín, el americano hizo catorce goles, suficiente para que en verano de 2009 se cerrase su traspaso al Sochaux francés. Su debut, ante el Girondins de Laurent Blanc, se saldó con una derrota de los sochaliens, pese a los dos goles de Davies.

Partido en dos

Las cosas iban por fin viento en popa para Charlie Davies. Incluso se sentía importante en su selección: había destrozado a España en la Copa Confederaciones de 2009, y tenía la clasificación para el Mundial en la mano. Acababa de disputar casi todo el partido frente a Honduras, que Estados Unidos ganó con apuros, 3-2. Era octubre de 2009, y Davies estaba en Washington, convocado para el decisivo partido ante Costa Rica. Y entonces el destino, en forma de quitamiedos de la autopista, golpeó a Charlie Davies. El coche en el que viajaba de pasajero quedó partido en dos. Una chica que iba con él murió en el acto. Davies fue evacuado en helicóptero y pasó cinco horas en el quirófano. El pronóstico: vejiga lacerada, fractura de tibia y femur de la pierna derecha, rotura del codo izquierdo, rotura de pómulo y hemorragia cerebral. Los médicos le dieron entre seis meses y un año para volver a ser persona. Charlie Davies decía adiós al Mundial, y seguramente al fútbol.

Pero Davies no es del tipo de gente que se deja llevar, y cuatro meses después de escapar con vida de aquel asiento trasero, el americano ya estaba otra vez en Francia, esta vez en el Centro Europeo de Reeducación para Deportistas de Capbreton. En su vientre, una herida de guerra de palmo y medio. En su cabeza, además de una cicatriz enorme, sólo una meta: llegar a tiempo de jugar el Mundial. No pain, no gain. A su llegada a Francia, Davies tuiteó una sola palabra: Bonjour!.

Y es que la historia de Davies no sería la misma si Twitter no hubiera existido. Como si de un programa de telerrealidad en 140 caracteres fuera, Davies comparte cada instante de su vida con las casi 80.000 personas que le siguen. Junto a estas líneas está, por ejemplo, la foto en el autobús de la selección que compartió un día antes del accidente. Pasarían dos meses hasta que Charlie Davies pudo volver a escribir en Twitter.

Es probablemente en la red social donde más de cerca se ve el cambio que ha dado la vida de Charlie Davies. El Davies post-accidente es igual de transparente –básicamente habla de fútbol, juegos de Play Station y poco más- pero ahora incorpora el componente divino a su retórica tuitera: God is great, deja caer de tanto en tanto, suponemos que en agradecimiento por sacarle con vida de aquel coche partido en dos. Todo muy celestial, como gusta al otro lado del charco. Nada que ver con Miguel García, aquel jugador del Salamanca que sufrió una parada cardiorrespiratoria en octubre, y decía bien claro en una entrevista en EL PAÍS que su vida la salvó la ciencia, y por lo tanto no tenía por qué creer en nada más allá.

Davies no pudo lograr su meta de llegar a tiempo para estar en Sudáfrica. A sus veinticuatro años, todavía está a tiempo de cumplir su sueño de fichar por el Arsenal. Primero tendrá que volver a golear en Francia. De momento el pasado fin de semana, por fin, Charlie Davies volvió a una convocatoria del Sochaux. Se quedó sin jugar. Como él mismo tuiteó tras el partido: one step at a time,

jueves, 16 de diciembre de 2010

Mike Ashley: una urraca multimillonaria e incompetente

Por Halftown
15 de Agosto de 2009. Se respiraba incertidumbre en St James’s Park. Después de muchas tardes de gloria, los aficionados de Newcastle –las urracas- volvían al estadio para ver fútbol de segunda división. El mismo césped que había sido pisado por Alan Shearer, David Ginola o Pete Beardsley estaba a punto de recibir a los jugadores del Reading. El añito en el infierno de las Urracas había empezado mal, con un empate a nada en casa del WBA una semana antes. Ya no estaban Viduka, Owen ni Martins, que escaparon de la quema tras el descenso, ni Alan Shearer, que abandonó la nave poco después. Ni siquiera estaba ya Bobby Robson, víctima de un cáncer un par de semanas antes de empezar la liga.

El que sí estaba era Mike Ashley, un hooligan con 700 millones de libras en el banco que había comprado el club en 2007. Primero se dejó un pastizal en comprar el club. Después nombró a Dennis Wise (sí, ese Dennis Wise) director deportivo, que pagó locuras por medianías –Wise fue una muesca más en el revólver de Lendoiro, que le colocó a Xisco por más de 5 kilos- e incluso admitió haber pedido la cesión del valencianista Ignacio González después de verle en YouTube. Por último Ashley contrató al legendario Kevin Keegan sólo para darle la patada poco después. Con semejante estilo dirigente, a caballo entre Jesús Gil y Ochaíta, Ashley se encontraba con Coloccini como estrella y sin ingresos de televisión de la Premier League. Desmoralizado tras el descenso, Ashley publicó un anuncio en el que pedía sólo 100 millones de libras para quitarse el club de encima. Como era de esperar, la mayoría de las respuestas que recibió venían de sus vecinos de Sunderland, que se descojonaban de la risa.

Ante la falta de ofertas, Ashley tiró de los restos de la temporada anterior y encargó a un miembro del cuerpo técnico, Chris Hughton, que devolviera al club a la Premier. Hughton, irlandés, hizo casi toda su carrera de jugador en el Tottenham de los 80, y desde su retirada fue asistente de todos los managers que pasaron por White Hart Lane hasta que fue despedido tras perder en casa con el Getafe. Desde 2008 estaba en Newcastle, donde había ayudado a Kevin Keegan y Alan Shearer, además de hacer de apagafuegos ocasional. Conocido por su perfil dialogante y sus simpatías socialistas -una especie de Del Bosque de las Islas-, Hughton también resultaba la opción más barata para el banquillo de St James’ Park.

Aquel partido ante el Reading acabó con un 3-0 para el Newcastle. Después, el equipo siguió ganando y acabó volviendo a la Premier como campeón de liga.

¿Apostar a caballo ganador?

Convertido en un ídolo local, Ashley premió a Chris Hughton con el banquillo para la temporada 2010-2011. Regalo envenenado, pues el fichaje estrella del verano fue Sol Campbell, un jugador tan de vuelta que es uno de los únicos cuatro tíos que ha participado en más de 500 partidos de Premiership. Es increíble que un tipo como Mike Ashley, dueño de marcas como Dunlop, Lonsdale y Slazenger, y capaz de perder 129 millones de libras en acciones de HSBC en 2008 sin inmutarse, sea tan reacio a rascarse el bolsillo.

Aún así, el primer partido de liga se saldó con un set al Aston Villa con tres goles de Andy Carroll, el heredero del número 9 de Alan Shearer. Carroll, una bestia parda de 1,90 que parece más un sparring de Hulk Hogan que un jugador de fútbol, sacó petróleo de la temporada en el pozo. Apenas un año después de empezar a jugar con regularidad, Carroll ya es una estrella en su país, e incluso Capello le ha llevado a la selección. Lo cual, dicho sea de paso, no es mucho decir en un país que llevó a Emile Heskey al último Mundial.

El Newcastle de Hughton y Carroll siguió coleccionando sorpresas, como el 0-1 que rascó en el Emirates, e incluso se llevó el derbi ante el Sunderland con un demoledor 5-1. Sin embargo, después de una derrota en casa del WBA -justo el estadio donde Hughton había empezado su andadura la temporada anterior-, Mike Ashley decidió prescindir del manager irlandés. No le importó que el equipo navegase tranquilamente por mitad de la tabla. Tampoco que aficionados, prensa y jugadores –esa santísima trinidad- se le echaran al cuello todos a una. Ni siquiera que Hughton llevase un 56% de victorias desde que llegó a St James’s Park, por encima de los promedios de Rafa Benítez o del mítico entrenador de la Urracas, Kevin Keegan (los dos con un 55%).

Ashley, en lo que parece la locura definitiva, ha cerrado un contrato para las próximas cinco temporadas y media con Alan Pardew, un tipo que jamás ha pasado más de tres años en el mismo banquillo y que es más conocido en Inglaterra por sus peleas con Arsène Wenger que por los éxitos de sus equipos. De momento, en Bet365 las apuestas sobre Pardew en el banquillo del Newcastle en la 2015/2016 se pagan 16/1. Y su despido antes de acabar la temporada ya se cotiza a 11/4. Sin duda una gran oportunidad de negocio para un tipo como Mike Ashley.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Jaque a Ancelotti

Por Halftown
El pasado 11 de noviembre, el Chelsea sacaba en su web un comunicado en el que anunciaba la salida del club de Ray Wilkins. En principio, podría parecer la salida de un simple asistente de Carlo Ancelotti. Pero Wilkins era mucho más que eso. Llegó a los blues en 1973, con sólo 17 años. Un año después, ya era el capitán del Chelsea. Wilkins fue una suerte de precuela de Lampard, un medio con llegada y una cierta tendencia a hacer grandes partidos contra equipos mediocres. A los 20 ya era internacional con la Inglaterra de Don Revie y en 1979, aburrido de jugar en un club perdedor como era aquel Chelsea, fue traspasado al United.

El gran cambio –y el por qué Wilkins es un personaje interesante- fue en 1984, cuando aceptó una oferta del Milan. En los rossoneri vivió la llegada de Berlusconi, pero tuvo que hacer las maletas para dejar hueco a Ruud Gullit. Al final, Wilkins pasó tres temporadas en las que jugó bastante, marcó poco, y no ganó título alguno. Sin embargo, Wilkins aprendió a hablar italiano, lo cual para un inglés, siempre atrincherados en su universal lengua, es un logro. Que le pregunten a Beckham.

Así que cuando en 2009 Carlo Ancelotti fue contratado por Abramovich para entrenar al Chelski, el entrenador italiano, que no hablaba una palabra de inglés, tiró de Wilkins para hacerle de interfaz con la banda de cockneys que lidera John Terry. Wilkins ya había sido consigliere de Gianluca Vialli, Scolari y Hiddink en Stamford Bridge, pero en esta ocasión a sus conocimientos técnicos y a su experiencia en el Chelsea se añadía su dominio del italiano.
Después de hacer un doblete en su primera temporada, como manager blue, Ancelotti reconoció la labor de Wilkins en su autobiografía: “Ray tiene la sangre azul, lleva al Chelsea en las venas. Sin él, no habríamos ganado nada.”.

La temporada 2010-2011 la empezó el Chelsea perdiendo la Community Shield frente al United. Poco a poco, el equipo se fue entonando con doce goles en los dos primeros partidos de liga y un pleno de victorias en la Champions. El pasado 10 de noviembre, un miércoles frío y húmedo, el Chelsea recibía al Fulham en un partido de trámite, de esos que sólo los verdaderos fanáticos van a ver. Aquel 1-0 fue el último partido de Ray Wilkins. El día 11, una escueta nota de seis líneas en la web del Chelsea anunciaba su salida del club.

Aprender a hostias

Sin que nadie desvele la razón del despido, de momento el rumor en Inglaterra es que Wilkins se las tuvo tiesas con Abramovich el año pasado a raíz de la eliminación contra el Inter en Champions League. Wilkins se tomó regular una crítica del ruso, y le espetó un “Si hubieses jugado alguna vez al fútbol, no opinarías así”. Resulta extraño que el ruso tarde tanto en tomarse la revancha, y desestabilice al equipo haciéndolo a mitad de temporada.

Siempre existe otra posibilidad, y es que Abramovich esté segando la hierba bajo los pies de Ancelotti. El ruso lleva meses persiguiendo a Begiristain para que sustituya al actual director deportivo del Chelsea, Frank Arnesen… quien a su vez suena como entrenador del Copenhague que quiere comprar Arkady Abramovich, el hijísimo. Abramovich padre tiene en la cabeza que, de conseguir el fichaje de Txiki, la llegada de Pep Guardiola dejaría de ser un sueño absurdo. Sobra decir que, si bien un nuevo doblete complicaría el relevo, una mala temporada de Ancelotti justificaría la contratación de un nuevo entrenador.

Sea como sea, la salida de Wilkins ha tenido un precio deportivo para el Chelsea: el equipo ha perdido diez de los últimos doce puntos en liga –incluida un petardazo 0-3 en casa ante el Sunderland- y sólo ha logrado una remontada sobre la bocina frente al Zilina. Una victoria en los últimos dos meses, que se dice pronto. El bajón llega en el peor momento, justo cuando los blues se la juegan, de aquí a final de año, con Tottenham, United y Arsenal.

En Rusia dicen que la derrota es un aprendizaje para el espíritu. El espíritu de Roman Abramovich debe estar aprendiendo un huevo esta temporada.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La Real, "como Mateo y Mateo"

Por el gordo de Minnesota
Rápido y veloz, como Kortabarria. Y como Mateo y Mateo”. Así sonaba una cuña publicitaria en la Donosti de la segunda mitad de los setenta. Años de alumbramiento de la democracia y de una Real Sociedad de aúpa, como dirían allí. Un equipo que tenía en el centro de la defensa a un central de la vieja escuela, de los que se afeitaban sin espuma y limaban espinillas. Y tan rápido al corte que su apellido se convirtió en gancho publicitario para una empresa de transportes. Era Inaxio Kortabarria, único futbolista vasco que ha renunciado a la selección española y emblema de la Real Sociedad.

Seguro que a Inaxio le habrá emocionado el regreso del derbi vasco tras tres temporadas de ausencia. Tiempo en el que el rival de siempre, el Athletic, ha sobrevivido dignamente en la élite con sólo futbolistas vascos en la plantilla. Bueno, vascos, riojanos, navarros y vascofranceses. Mientras, los orgullosos seguidores txuriurdin lamían sus heridas en Segunda División, maldecían la cadena de errores que les había llevado hasta esa situación. Con lo bien que iban las cosas no hace tanto tiempo, pensaban.

Volvamos al San Sebastián de los setenta, lleno de plomo, pasamontañas y un campo añejo, Atocha. En 1976, Kortabarría lideraba a un equipo en el que ya despuntaba un grupo de jóvenes jugadores que haría historia. Eran los Arkonada, Zamora, López Ufarte, Satrústegui y compañía, todos híbridos de clase y garra, de talento y amor por los colores de la Real. Todos, excepto López Ufarte, que acabó sus días de futbolista en el Betis, colgaron los borceguíes sin calzarse otra zamarra. Y luego estaba la mística de Atocha.

Atocha olía a sudor y sangre, a fútbol y barro. Era un gran estadio que fue demolido por viejo y pequeño para construir uno grande y sin alma. Porque en Anoeta hace frío hasta en verano, con esa pista de atletismo que parece un muro. Nada que ver con el cálido Atocha, donde el rival sentía, literalmente, el aliento a txakolí de la grada. En este estadio, hace 34 años, volvió a ver la luz la ikurriña. También era un derbi vasco y, muerto Franco, era momento de desafíos. José Ángel Iríbar e Inaxio Kortabarria, capitanes de Athletic y Real Sociedad respetivamente, portaron el emblema, todavía ilegal, al salir al campo.

¿Un txipirón británico?

Aquel equipo germinó y se convirtió en campeón de Liga. Dos veces, con Ormaetxea en el banquillo y Orbegozo en la presidencia. El equipo caducó tras muchas tardes de buen fútbol. Llegó el particular J.B Toshack , la apertura de fronteras con el aterrizaje del clan británico, compuesto por Dalian ‘txipirón’ Atkinson, John Aldridge y Kevin Richardson. Y los años de otro plomo que fueron los noventa, plomo de aburrimiento, sin aspiraciones de ningún tipo y la identidad perdida entre tanto foráneo.
Hasta que se volvió a juntar un equipo fuerte. Era la Real Sociedad de Raynald Donoueix, un desconocido francés que manejó de maravilla talentos y caracteres como los de Karpin, Kovacevic, De Pedro y un chaval que hoy es muy bueno, Xabi Alonso. La desintegración de esta plantilla fue traumática. Se vendió mal y se invirtió peor, llegando el inevitable descenso.

Ahora, con un técnico de garra como Martín Lasarte en el banquillo, la vieja Real Sociedad florece de nuevo. En cierta forma, y salvando las distancias, este equipo tiene el espíritu de aquél que ya apuntaba maneras en los setenta. Griezmann tiene el descaro y la clase de López Ufarte; Llorente posee la fuerza y el remate de Satrústegui; la amplitud de miras y el liderazgo de Xabi Prieto recuerdan a Zamora; y Bravo es el mejor portero que ha tenido el club desde la retirada de Arkonada. Eso sí, resulta más difícil buscar en esta Real al sucesor de Kortabarria. Si acaso Ansotegi, que tampoco hace amigos pero le saca más de diez centímetros a Inaxio. Ése que era tan veloz como Mateo y Mateo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

The winners of the 2010 World Cup, Catalunya?

Gibraltar: not dressed well enough for FIFA
(Photo © DM Parody (http://dotcom.gi/photos))

By Gramajo (from Gibraltar)
You might be wondering what on earth the title above is all about. However, if UEFA and FIFA had not let politics blur their vision (as especially FIFA claim they do not allow to happen within their association countries), then this title might arguably have been commonplace.

In late 2006, it was agreed that the British territory of Gibraltar were to be given provisional status into UEFA. The Spanish government at the time, who thought (and still do) that they have a right of ownership over Gibraltar, despite it being British for over 300 years, decided that this was not acceptable, as they feared that if Gibraltar got membership, it may encourage some of the bigger footballing regions in Spain (like Catalunya and País Vasco), would take heart from Gibraltar's success, and do the same, therefore savaging the national team of Spain if important players, especially those who weren't capped at the time, like Victor Valdes, chose to represent their regions who had gained UEFA, or FIFA status. Therefore, through the RFEF, they sent out a threat to UEFA and FIFA, in which if Gibraltar's application was accepted, they would pull all their teams and nation out of competitions indefinitely, in protest.

Montenegro in, Gibraltar out

Obviously UEFA, and the majority of its participating nations, knew that they valued Spain over the small territory of Gibraltar, occupied by just over 27,000 people, therefore when it went to vote, Gibraltar ended up losing their appeal, receiving just 3 votes from the 52 member nations (from England, Scotland and Northern Ireland) at the time (Montenegro were also up for appeal at this time, and got into UEFA, raising the numbers afterwards to the current 53 nations). Conveniently, UEFA and FIFA also decided to change their membership rules, to only allow countries who are members of the United Nations to be accepted, despite several of its current nations not meeting the rule, yet being allowed to stay regardless.

Said nations who are in FIFA, but not the
United Nations, include Puerto Rico, Bermuda, the Faroe Islands, Guam and Hong Kong. All of these were territories, in the same situation arguably as the likes of Gibraltar and Greenland, who were in FIFA before the rule was introduced, but nothing was done about them. Even England, Scotland, Northern Ireland and Wales are not members of the UN by themselves, although they are as the United Kingdom and Northern Ireland, represented as one, despite on the footballing field being four completely separate nations. How some of the territories could get into FIFA beforehand, but now territories on the same level as them can not, is clearly not right. In total, if the UEFA and FIFA ruling had come into force and kicked out these nations, there would be only 184 nations in FIFA (likely 185, as it would've forced the four members of the United Kingdom to merge as one, not to their choice, but something FIFA would like to happen).

This arguably blatant allowing of politics to influence its decision has effectively killed the hopes of several territories of even dreaming of getting into one of the federations. Not a good showing, considering FIFA's 'fair play' policy, usually being disregarded for financial reasons.
However, if the situation had been different, and Catalunya had subsequently got into FIFA, then they could have had a decent team on their hands, including the likes of Xavi Hernández, Cesc Fábregas, Joan Capdevila, Bojan Krkic and Gerard Piqué. They could have done some damage, and although perhaps winning the World Cup would've been a bit too much for such a side, they may certainly have gotten far. They could have beaten England at least.

Nevertheless, we shall never know what may have happened, and for many territories around the world, they'll likely never get the dream of competing even in World Cup qualifiers. All over a threat from Spain, through the RFEF in 2006.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cristiano no es imbécil, aunque todos se empeñen en que lo parezca

Por Nunn
Todos tenemos ese amigo. Es un gran tipo, un buenazo, el típico tío al que casarías con tu hermana. Ese muchacho que, eso sí, pierde los papeles un poco cuando juega al fútbol. Se pica, siempre se medio pega con los otros o se pasa la puta vida protestando al árbitro. El que te avergüenza cuando conoces a la gente del equipo de enfrente, y al que tienes que
excusar ante ellos cada vez que jugáis.

Tú sabes que tu amigo es un buenazo. Incluso tontea con tu hermana pequeña y hasta te agrada la idea. Pero explícale tú a la gente que sólo lo conoce jugando al fútbol que no es como parece.

Y este párrafo absurdo nos lleva a Cristiano Ronaldo.

Bwin invitó a FNF a una mini rueda de prensa con unos escogidos bloggers. Los protas, los dos mejores jugadores del Real Madrid: Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo. Un lujazo. Una oportunidad para dejar de criticar a los periodistas deportivos que cada día se pelan de frío en Valdebebas y sacar pecho: "Verás las 'peazo' preguntas que les voy a hacer. Un Ondas no ganaré porque no trabajo en PRISA, pero un Pulitzer...", me decía.
Elaboré mi cuestionario para los jugadores. De ahí, el departamento de prensa del Real Madrid escogería tres cuestiones. En total. Para los dos. "Vale, el Pulitzer no, pero el TP de Oro...", pensaba.

Una de seres mononeuronales

Mandé un montón de preguntas, algunas buenas, otras menos inspiradas y unas cuantas algo tópicas y de relleno. El Real Madrid, claro, escogió estas últimas. Las que se dejaron fuera le daban una vuelta a la entrevista normal tipo "cómo-has-visto-el-partido" / "mejor-en-la-segunda-parte". Ayudaban a conocer a los personajes sin meterse en su vida privada. Preguntas que, quizá, hicieran pensar a los entrevistados y, quizá, les harían parecer algo más que seres mononeuronales que sólo piensan que hay que seguir trabajando para que el míster confíe en ti y que lo importante son los tres puntos y que...
Aun así, la lié un poco. A Xabi Alonso le pedí que dijera qué jugador del Barça ficharía, "pero teniendo en cuenta que tendrías que quitar a uno del Madrid". "A esa no te respondo porque luego se saca un titular y...", respondió, el muy cuco. No esperaba menos. Xabi es inteligente, irónico e inquieto. Un grande en todos los aspectos. Lo demostró. "¡A mí un Albiol!", pensé.

Y a Cristiano le hice una reflexión bastante boba. "Muchos te identifican con Mourinho en lo futbolístico. Con él juegas mucho mejor, estás más a gusto, metes más goles. Pero da la sensación de que tu identificación con él también es personal, que te sientes a gusto porque personalmente sois parecidos, tenéis caracteres similares. ¿Es así?", pregunté, más o menos. El comienzo de su respuesta aterró, según me dijeron, a quienes controlaban la comunicación del Madrid en ese momento. Paró durante dos segundos y comenzó: "Nunca lo había pensado", dijo, y después añadió que quizá tuviera que ver con que los dos son portugueses y no sé qué más. Si hubiera podido repreguntar, habríamos llegado a una buena conclusión.

Cristiano no es imbécil. Ni mucho menos.
Es padre y se ha querido hacer cargo de su hijo, y tengo la sensación de que con media hora de charla podría, más o menos, mostrar todo eso que se ve fuera del fútbol. Esa parte de su personalidad por la que, quizá, querría que Cristiano saliera de vez en cuando con mi hermana pequeña. Pero nadie de quienes lo rodean quieren que se le hagan preguntas de ésas que descartó el Real Madrid. Preguntas que no le eran incómodas, que no se metían en su vida privada. Preguntas que él, seguro, querría contestar porque así se podría ver que Cristiano no es el imbécil que, a veces, parece en un campo de fútbol.

Pero los que controlan sus apariciones públicas, todos, quieren que parezca un tipo fuerte, seguro, que habla de lo que sabe, que no duda. Que se mete en lo suyo y ya. Eso sí, si el resto del mundo sólo ve la parte de su carácter que se desarrolla en un campo de fútbol, la que hace que te avergüences hasta de un buen amigo, parecerá un imbécil toda la vida. Y explícales tú que están equivocados.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Jack ‘el pescador’ y los papúes del Hekari United

Por Sopenilla
Si algo caracteriza al fútbol como deporte de masas es su capacidad para generar expectativas. La FIFA, consciente de que esta máxima es universal y de que, por tanto, se puede traducir en billetes, decidió hace un tiempo reconvertir el formato de la Copa Intercontinental en un torneo oficiosamente denominado como mundialito de clubes. Pues bien, por primera vez en la historia, el representante oceánico en la cita del próximo mes en Abu Dhabi no procede de ninguno de los dos países que abanderan el continente, sino del vasto archipiélago que lo circunda. Hablamos del Hekari United de Papúa Nueva Guinea.

La verdad es que la pelota más redonda que conocen los habitantes de esta isla del Pacífico tiene forma ovalada. Ni tan siquiera su combinado nacional, tan alejado de las selecciones que encabezan el ranking mundial como Zurich lo está de nuestras antípodas, participó en la fase previa de clasificación para Sudáfrica. Pese a todo, antes de que los folletos de una agencia de viajes acabaran promocionándola como destino turístico y/o literario de Sánchez Dragó, Port Moresby se aseguró ser el epicentro del exotismo futbolístico que se reunirá en unas semanas en los Emiratos Árabes.

Todo sucedió el pasado mes de mayo, momento en el que el Hekari se ganó el derecho a aparecer en los espacios deportivos de medio mundo. Lo suyo fue una especie de “Alcorconazo” de ultramar. El Real Madrid de turno era, en este caso, el Waitakere United neozelandés. Los “kiwis”, dirigidos por el jugador-entrenador Neil Emblen –futbolista franquicia del Crystal Palace en los tiempos en que este histórico se dejaba ver por la Premier– partían como grandes favoritos para llevarse la OFC Champions League, tras dejar atrás en la fase de grupos al otro gran “coco” de la competición, sus vecinos del Auckland United.

En las cuatro ediciones que se llevaban disputadas de este sucedáneo oceánico de la Liga de Campeones europea, ambos conjuntos neozelandeses se habían repartido el título. Fue en la pasada campaña 09/10 cuando la participación se amplió de seis a ocho equipos, divididos en dos grupos. No se sabe si, en un guiño interesado al azar, los dos máximos aspirantes quedaron enrolados por la misma parte del cuadro. El caso es que el partido decisivo entre ambos acabó en empate (2-2), y fue la diferencia de goles lo que a la postre hizo finalista al Waitakere.

En esa última ronda esperaba el Hekari, un club con tan sólo siete años de historia que curiosamente había comenzado la competición con un empate a 3-3 en casa del Tafea de Vanuatu y una derrota en su propio feudo por 1-2 ante el Lautoka, actual campeón de Fiyi. No obstante, el representante papú se rehizo de estos malos resultados, y logró encadenar cuatro victorias consecutivas que le valieron para terminar por delante del Lautoka por tan sólo un punto de ventaja.


“O percebeiro do gol”

En esta reacción tuvo mucho que ver su delantero Kema Jack, un antiguo pescador local que finalizó “pichichi” de la O-League, empatado a siete tantos con el ariete del Auckland City Daniel Koprivcic. Dos de ellos llegaron precisamente en el partido de ida de la final, celebrado ante su público. Los 15.000 asistentes que congregó el encuentro fueron testigos de cómo los suyos afrontarían la vuelta con un 3-0 de ventaja.


El Waitakere ya tenía experiencia de remontar en el partido de vuelta de la final. Quizá por ello, desecharon la idea de recurrir a la haka o al “espíritu Juanito” como modo de suscitar cierto miedo escénico en su rival. El tempranero gol de su jugador-entrenador Neil Emblen en el minuto 3 parecía aprobar la sensatez de esa decisión. Sin embargo, Alick Maemae –la estrella salomonense del Hekari– provocó una pena máxima que supuso la tercera diana de Jack en el cómputo global de la eliminatoria. Con más de una hora de juego por delante, los locales no fueron capaces más que de poner un poco emoción a cinco minutos del pitido final, con un postrero e inútil segundo tanto.

La hazaña tuvo como recompensa un pasaje para Abu Dhabi valorado en 500.000 dólares, una financiación extra a la ya recibida por parte de la empresa petrolífera que le da nombre a la entidad papú. Todo ello, con independencia de lo que los isleños puedan hacer en los dos partidos que les restan antes de poder medirse a los dos escuadras “Internacionales”, la de Milan y la de Portoalegre: en primer lugar ante el campeón local, el Al Wahda S.C.C.; y, en caso de victoria, ante un posible rival de una terna compuesta entre el campeón asiático, africano y el Pachuca mexicano, vencedor en la edición entre equipos de la CONCACAF.

Sin duda, el histórico evento del próximo mes de diciembre ha monopolizado la agenda del Hekari, que optó por aprovechar el parón veraniego de la competición doméstica (Papua New Guinea National Soccer League) para realizar una gira de preparación por el norte de Australia. Dentro de un mes no podrán contar con el decisivo Maemae, traspasado al conjunto vanuato del Amical F. C. Quién sabe si, entonces, la figura de Kema Jack volverá a ser portada por calzarse la bota de oro intercontinental.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Escoceses, indies y futboleros

Por Bibari Maeda
El partido de España en Glasgow a punto estuvo de tener una historia diferente a la lógica de una selección que continúa, imponderables
aparte, realizando un juego exquisito por el que el único resultado posible es la victoria, aunque siempre sea por la mínima. A punto estuvo, esta vez, de romperse cualquier lógica cuando los escoceses aprovecharon las autopistas de la defensa española y recordaron, aunque fuera un solo instante, a esa selección mítica de cuando el fútbol de las islas británicas todavía iba varios cuerpos por delante.

Lo cierto, no obstante, es que Escocia es hoy una selección de jugadores de tercera fila que lleva sin lograr el pase a una Eurocopa –lo que estaba en juego en el partido de anoche- desde 1996. Y es que el fútbol escocés es un oligopolio soporífero, con los dos equipos de Glasgow repartiéndose los títulos mientras todo el Reino Unido sospecha que, de acabar integrándose en la Premier League inglesa –ese rumor eterno-, ninguno de los dos pasaría de la condición de comparsa. Un par de versiones tartan del Everton o el Aston Villa.

Afortunadamente, Glasgow es mucho más que la pesadez del Old Firm. Casualidades del calendario, en el año de esa última Eurocopa para Escocia se formó lo que a buen seguro es la banda de pop más relevante de la ciudad de Glasgow. Belle and Sebastian llevan desde entonces, con algunas pausas y silencios, brindándonos grabaciones y directos tan previsibles, tan auténticos y tan efectivos como el juego de España.

El futbolista improbable y los Honest Men

La relación de los miembros de Belle and Sebastian con el fútbol es más directa de lo que muchos grupos del indiepop patrio se atreverían nunca a confesar. Bajo la imagen de ese chico blandengue que traslada a los personajes de sus canciones a los años escolares, detrás del líder de la banda, Stuart Murdoch, se esconde un fervoroso futbolero. Quizás no tanto como Chris Geddes, el teclista apodado Beans que cuenta con su evolución futbolística a El Beanerinho, y para el que el único club existente en el mundo es el Celtic y, sólo durante minutos, cualquier equipo que juegue contra él.

La lógica de la narración dictaría que el líder de la banda fuese un ferviente admira
dor del Rangers y los dos se enzarzasen en conversaciones recurrentes sobre cuál de los dos equipos realiza un juego más británico o si la Copa de Europa de 1967 puede convalidarse para cubrir el exceso de títulos que el Rangers le saca al Celtic. Pero las cosas no son siempre como desea un narrador que se frotaría las manos con un famoso católico seguidor del Rangers.

Stuart nació en el lugar de donde nacen los grandes poetas de Escocia, en Ayr, como Robert Burns, y apoya de siempre al equipo local, el Ayr United F.C. Un modesto de la Second Division escocesa que viste de blanco y negro, y a cuyos jugadores apodan The Honest Men por un poema del mismo Burns.

Belle and Sebastian han editado recientemente su último disco, "Write about love" y, aunque es un trabajo lastrado por el ritmo cansino de la colaboración de Norah Jones y por unas letras más propias del pop cristiano que de la inocencia infantil y el buenrollismo clásico de la banda escocesa, cuenta con algún tema que bien podría formar parte de sus clásicos –y absolutamente imprescindibles discos- "If you’re feeling sinister" o "Tigermilk".

Cuenta la leyenda que incluso que organizan pachangas con otros grupos de música, y que incluso teclista, mánager y líder belleandsebastianistas juegan a fútbol sala en el pabellón de Glasgow bastante a menudo. Por mucho que nos cueste imaginar al poeta escocés Stuart Murdoch, en toda su fragilidad, vestido de corto.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Claire, Rona y Tan y otras chicas de Taiwán

Por Sopenilla
A simple vista, podría tratarse de un asunto turbio: tres chicas de Taiwán en mitad de la meseta castellana. Uno echa una ojeada a cualquier guía turística y, aparte del lechazo y el vino de Ribera, rápidamente empieza a sospechar que puedan darse otros motivos fundados para aterrizar en la ciudad del conde Ansúrez. Por suerte, el fútbol nos evita de tener que ser malpensados ofreciéndonos una justificación mucho más elevada: ¿nuestro idioma? No, la Superliga femenina.

Siendo exactos, todo comenzó con el enésimo acto de claudicación de Carlos Suárez ante Roberto Olabe. El otrora director deportivo, el mismo cerebro sobre el que gravitó la idea de importar la liga de filiales inglesa, decidió aceptar la invitación de la RFEF a participar en la máxima categoría de nuestro fútbol femenino. El prurito de sumarse a la causa conllevaba un único pero: la creación obligada de una cantera de jugadoras, algo que por entonces no pasaba de ser un solar en Zorrilla.

Sobre Ricardo Coque, uno de los empleados fieles y solícitos de la entidad pucela
na, recayó el marrón de sacar un equipo de la nada. Lógicamente el hombre hizo lo que pudo. Configuró una plantilla con arreglo a lo que sobresalía en el circuito amateur castellanoleonés y la puso a competir. El resultado fue una primera temporada tan digna como discreta, en la que las chicas entrenadas por Paco de la Fuente sumaron 11 puntos pero ninguna victoria.

De todo eso hace ahora más de un año. Acongojados por la idea de revivir el miedo escénico sufrido a lo largo de los últimos doce meses, los responsables del Real Valladolid Femenino tuvieron la feliz iniciativa de recurrir al mercado extranjero. En medio del scouting apareció Pepe Chou, taiwanés residente en Madrid ligado a las oficinas de los Anexos desde que su hijo Víctor militara en las categorías inferiores del conjunto blanquivioleta.

Su vástago no pasó del juvenil, pero lo cierto es que, por una u otra razón –quizá la natural simpatía que despiertan los orientales–. la relación de los Chou con el Valladolid salió fortalecida. Muchos todavía piensan que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Porque sólo así se explica que, en este caso, el interés mutuo en el bien ajeno aconsejase al progenitor, fotógrafo de profesión, asumir como propia la tarea de reforzar el equipo femenino.

Un representante filantrópico

Casualidades de la vida, el nivel del fútbol asiático femenino es superior al del masculino, hasta el punto de que, incluso el pequeño Víctor, recibió la llamada de la selección absoluta con tan solo 17 años. En el momento que en Zorrilla fueron conscientes de que su padre tenía entrada en la federación taiwanesa, la búsqueda se dio por finalizada. La isla de Formosa sería el vivero y Pepe Chou el intermediario. Eso sí, un agente –según fuentes del club– “muy curioso, porque no tiene ningún interés económico”.

De momento, la buena predisposición de Chou ha propiciado que tres jugadoras del lejano oriente hayan decidido apostar por el mercado europeo. Teóricamente el club no las ofrece contrato en vigor, dado que por estos lares el fútbol femenino todavía no ha alcanzado la profesionalidad. Sin embargo, según apuntan –en la intimidad y off the record– algunas de sus compañeras, el escaso presupuesto que se dedica a la sección femenina –incapaz de incluir una partida para una segunda equipación– se lo llevan las galácticas asiáticas bajo el concepto genérico de manutención.

La primera en hacer una prueba en España fue Claire (Lin Man-Ting). Al técnico le sobró un par de entrenamientos para comprobar que su nivel estaba por encima del resto. Tras resolver los flecos burocráticos con su país de procedencia, la mediapunta internacional se incorporó al RVF. Con independencia del progresivo margen de mejora que el equipo experimentó desde su debut liguero, la llegada de Claire a la vuelta de navidades hizo que los primeros puntos en el casillero no tardaran en aparecer.
La experiencia de su compatriota animó a Rona (Hsiao Chuan-Chen) y a Tan (Tan Wen-Lin) a seguir sus pasos. De este modo, bastó una llamada de su federación para que ambas recalaran a orillas de Pisuerga el pasado mes de abril, conocieran la ciudad, se dejaran seducir por sus encantos –gastronómicos y culturales– y fueran fichadas con la misma inmediatez que su predecesora.

Como cabría presuponer, la aventura de las chicas de Hualien no ha pasado inadvertida en su patria. La cadena Sanlih News reparó en su historia y las convirtió, hace un par de semanas, en protagonistas de uno de los capítulos de su programa "The Borderless World”, su particular versión de “taiwaneses por el mundo”. Al fin y al cabo, y exotismos al margen, habrá que convenir que también en el fútbol femenino las fronteras –cuando menos, las físicas– han desaparecido.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Auxerre: del Mariscal de Hierro al Capitán Bujarrón

Por Halftown
Un sitio sin mayor historia, donde el mercurio pocas veces sube más allá de la marca de veinte grados, los inviernos se pasan entre botellas de Chablis y los jugadores de fútbol pocas veces se atreven a abandonar la manga larga. Quizá es por eso que en la ciudad se estilan los caracteres fuertes, como el de la estatua que domina el centro de la ciudad: Louis Nicolas Davout. Un personaje conocido como “El Mariscal de Hierro” o el más entrañable “La Bestia”. Un mariscal invicto después de ir a la guerra con Napoleón contra Prusia, de conquistar Egipto, de hacer de coche escoba mientras volvían cabizbajos de Rusia y de evitar la conquista de París después de Waterloo. Un tipo al lado del cual el caballo de Espartero es Mi Pequeño Pony.

Hace falta mucho carácter para sobrevivir en Auxerre. Quizá es por eso que, a la hora de contratar extranjeros, el AJA Auxerre casi siempre se haya decantado por jugadores polacos. De hecho, sólo dos jugadores sudamericanos han jugado en el club, y uno de ellos, el brasileño Marcos António Elias Santos sólo aguantó diez partidos antes de marcharse al sol de Grecia.

En Auxerre casi nunca pasa nada. Sólo así se explica que el club mantuviese a su entrenador durante 44 años en el cargo. Guy Roux, uno de esos entrenadores a la antigua, mitad míster, mitad pater familias, llevó a un club de pueblo hasta lo más alto del fútbol francés. A partir del ascenso a la primera división en 1980, Roux tejió una red de ojeadores desde Marsella hasta Lille que le permitió importar a jugadores como Martini, Dutuel, los hermanos Boli o Éric Cantona. El que años después sería King Éric al otro lado del paso de Calais aterrizó en el estadio Abbé Deschamps como una promesa marsellesa de 17 años. Roux, que le describía como un jugador caractériel –de carácter cambiante y/o violento-, fue junto a Ferguson el único entrenador que supo gestionar a Cantona. Cinco años después, Éric fue contratado a golpe de talonario por el Olympique de Marsella de Bernard Tapie, ya convertido en estrella mediática e internacional con los bleus.

Las mejores páginas de la historia del Auxerre están escritas por Guy Roux. Aunque sobre el papel la gran hazaña auxerroise es la conquista del doblete la temporada 95-96, para los aficionados más veteranos no hay nada que se pueda equiparar al 3-1 que le endosaron al Milan pre-Sacchi en primera ronda de la UEFA 85-86. Aquella noche, un Milan con Baresi, Maldini y Tassotti en el campo vio cómo los delanteros franceses les remontaban un gol tempranero. La victoria se celebró en Auxerre como si del título se tratase. La huella emocional es tan profunda, que pocos recuerdan que, en San Siro, el Milan les acabó echando de la competición.

Estrellas y bujarrones

Hasta 2010, el Auxerre ha participado en dos ediciones de la Champions League. En la primera, en el 96, un equipo con Saïb,
Lamouchi, Diomède y el nigeriano Taribo West tumbó al Ajax de Van Gaal en su propia casa, y acabó eliminado en cuartos por el Borussia Dortmund, futuro campeón. En su segunda participación, en 2002, el Auxerre no pasó de la primera fase, pero antes tuvo tiempo de ganarle a la mejor versión de los gunners de Arsène Wenger, con gol incluido del senegalés cleptómano, Khalilou Fadiga.

Hoy ya no está Guy Roux, y el Auxerre ha dejó de ser hace tiempo la mejor cantera de Francia. Ahora, su capitán es Benoît Pedretti, un antiguo aspirante a Zidane que se ha quedado en Deschamps de serie B. No hace muchos años fue futurible del Madrid –siempre según la infalible prensa deportiva madrileña- y tras fracasar en Marsella y Lyon, en Francia se hizo célebre al ser tratado de petite tarlouze (pequeño bujarrón) por el presidente del Montpellier en directo por Canal Plus. En Auxerre, donde si le faltara una pierna seguiría siendo titular, Pedretti es por fin feliz.

La otra estrella local es el recién llegado Anthony Le Tallec, otro underachiever rebotado de Anfield que no hace mucho gimoteaba en la revista francesa So Foot: “Fernando Torres me ha robado mi vida”.

Será para que sus blanditas estrellas se sientan a gusto que Airness, la marca que viste al AJA, ha creado una camiseta a medio camino entre el tartan escocés y el vestuario de Tron. Nadie embutido en semejante maillot puede aspirar a digno heredero de
los Davout, Roux o Cantona. Aunque a tipos como Pedretti y Le Tallec palabras como ambición, orgullo o gloria no les suenen de nada.

jueves, 23 de septiembre de 2010

De equipo milagro a equipo maldito

Por Halftown
No han pasado tantos años, y sin embargo 1987 parece muy lejano. Fue en ese año que U2 publicó The Joshua Tree, y también fue entonces cuando la televisión americana se tiñó de amarillo Simpson por primera vez. El amarillo es también el color del submarino original, el mismo club que acaba de celebrar su centenario hundido en Segunda B: el Cádiz C. F.

Eran tiempos de dos cadenas de televisión y un solo equipo en Copa de Europa. Los únicos clubs con pay per view eran los de striptease. Aquella temporada la liga, entonces de 18 equipos, se acordó dividirla en tres liguillas al acabar la jornada 34: una por el título, otra para conseguir plazas en la Copa de la Liga, y una tercera para evitar el descenso. Mientras las volteretas de Hugo se llevaban por poco el título ante el Barça de Lineker, por abajo la cosa estaba más clara: se iban al hoyo Osasuna, Racing y Cádiz.

A la corrupción le llaman picardía

El Cádiz, que había sustituido a su entrenador por David Vidal, no sólo quedó último en la fase regular, sino que también acabó colista en el playoff para evitar el descenso. Fue entonces cuando Manuel Irigoyen, presidente del equipo gaditano desde 1978 y directivo de la Federación Española de Fútbol, se plantó en la sede de la LFP y echó un órdago al presidente Antonio Baró: dado que la Liga había aprobado la ampliación de la primera división a dos equipos más, hasta veinte, Irigoyen consiguió que sólo descendiese un equipo.

Hasta aquí la historia es extraña, pero lo que la convierte en extraordinaria es que Irigoyen logró convencer a todo el mundo de que lo más justo era que dicha plaza de descenso no fuera para el último –su club-, sino que se echase a suertes en una eliminatoria a cara de perro entre Osasuna, Racing y Cádiz. Además, después de cada partido se acordó jugar una tanda de penaltis para romper posibles empates a puntos. Lo que en su momento se achacó a la habilidad negociadora del presidente cadista –picardía, lo etiqueta la historia- no es sino otra corruptela del mundo del fútbol. Sea como fuere, los presidentes de rojillos y verdiblancos debieron de salir de aquella reunión con el alma en los pies.

El primer partido fue un empate a uno en el antiguo Sardinero entre Racing y Cádiz. En la tanda de penaltis, los santanderinos ganaron 4-3. El siguiente partido era una final para el equipo gaditano: recibían en casa al Osasuna de Michael Robinson, y la cosa acabó con idéntico resultado: 1-1. La tanda de penaltis era básica, porque si ganaba Osasuna, un empate a nada en el tercer partido mandaría al submarino al fondo. Al final, el Cádiz metió más balones en el fondo de la portería, y el Sadar se encargó de garantizar que el descendido fuera el Racing.

El submarino se mantuvo a flote varias temporadas más a base de penaltis imposibles, promociones de infarto, salvaciones en el alambre y un largo etcétera, hasta que su presidente -el mismo que se las había ingeniado para salvarle- abrió una vía de agua al dejarlo en manos del ayuntamiento primero y de Jesús Gil después. El equipo perdió dos categorías en dos años, y desde su caída en el 93, en el Carranza sólo se ha visto fútbol de Primera una temporada. Será la factura divina por la sobredosis de milagros.

Después de consumarse un nuevo descenso el pasado mes de junio, la afición amarilla se agarró al clavo ardiendo de la compra de partidos del Hércules para evitar celebrar su centenario en Segunda B. Lamentablemente para ellos, de Manuel Irigoyen apenas queda en Cádiz el nombre de una peña y un complejo deportivo municipal.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Eslovaquia, capital: Zilina

Por Halftown
El MŠK Žilina se pasó casi cincuenta años en la liga checoslovaca, incapaz de competir de tú a tú con los grandes equipos de Praga: Sparta, Slavia y Dukla. Desde la pacífica disolución de Checoslovaquia, sin embargo, el Zilina fue enviado a competir en la liga eslovaca, la Corgoň liga, y mutó poco a poco en cabeza de ratón: en dieciséis temporadas, el club ha acumulado cinco títulos de liga y tres subcampeonatos.

Hace cuatro años, el Zilina se coló en la ronda previa de Champions. El último equipo que se interponía entre ellos y la máxima competición europea era, cómo no, checo: después de dos empates a cero, fue el Slavia de Praga el que se clasificó por penaltis.
Al año siguiente, el Zilina se hizo un hueco en la fase de grupos de la última Copa de la UEFA. En un grupo con Hamburgo, Aston Villa, Ajax y –otra vez- Slavia de Praga, el Zilina logró tres puntos históricos en Villa Park. La victoria no les sirvió para avanzar a la siguiente ronda, pero sí para acabar penúltimos de su grupo, por encima de su archienemigo checo.

Después de dos años sin llevarse el título eslovaco, en 2009 aterrizó en el estadio Pod Dubňom (poco más grande que El Malecón de Torrelavega) Pavel Hapal. Hapal, antiguo zurdo talentoso que pasó por el Tenerife a mediados de los 90, consiguió sumar tres puntos más que el vigente campeón, el Slovan Bratislava, y dio al Zilina una nueva ocasión de participar en la Champions. En las rondas preliminares, esas que se juegan en el único momento en que Europa da la espalda al fútbol, los eslovacos dejaron fuera al Biorkirkara maltés y al Litex Lovec búlgaro. El problema: una vez más un equipo checo se imponía en su camino. El Sparta, en esta ocasión, no fue rival para los chicos de Hapal: tras conseguir un 0-2 en Praga, los eslovacos remataron la faena con un 1-0 en casa. Los tres goles fueron obra del mismo jugador, el nuevo héroe de Zilina: Momodou Ceesay.

El delantero del país sin fútbol

Ceesay es un delantero inesperado. Primero, porque nació en Gambia, antigua colonia inglesa y probablemente uno de los pocos países del mundo que no invitan a pensar en un jugador de fútbol. Su selección, de hecho, ni siquiera ha participado aún en una Copa de África de adultos.

Apodado Zico en su país, Ceesay es un chaval de 21 años que roza los dos metros, una especie de cruce de Nikola Zigic e Iman, la mujer de David Bowie. Después de salir campeón de Africa, de hundir a la Brasil de Anderson y Denilson en el Mundial sub-17 y de superar una lesión de rodilla, Ceesay acabó en las categorías inferiores del Chelsea. Poco le duró el sueño londinense al delantero africano, y tras Stamford Bridge se pasó dos años sin meter un gol en el Westerlo belga, que acabó cediéndolo al Zilina el pasado verano. Y en Zilina, el lugar más insólito para que un delantero gambiano se haga un hueco en el fútbol europeo, Ceesay ha explotado. Después de dos años sin ver puerta, sus goles en el último mes y medio le han colocado al frente de los favoritos para al mercado de invierno. Así se escribe la carrera de un delantero.

El miércoles debutó el Zilina frente al campeón inglés. Como en un cuento de Andersen, Ceesay tenía la oportunidad de desquitarse con el equipo que le rechazó. Al final, el Chelsea sacó los tanques a la calle para pasar por encima de las ilusiones del Zilina. Los eslovacos, eso sí, dejaron para el recuerdo su primer gol en Champions: un regalo del meta de los blues. Acaso porque cuando nació Peter Cech, Chequia y Eslovaquia aún eran el mismo país.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los juguetes rotos de Arsène Wenger

Por Halftown
Que Arsène Wenger ha transformado al Arsenal no lo cuestiona nadie. En las terrazas de Highbury antes y del Emirates ahora ya nadie canta el clásico One nil to Arsenal. Cuando Wenger aterrizó en Londres –Arsène who?, tituló The Evening Standard-, se encontró con un equipo conocido por su defensa recitable de carrerilla –Dixon-Adams-Keown-Winterburn-, un par de los mejores jugadores ingleses en el ocaso –Platt y Wright- y un nueve y medio holandés rebotado del Inter. A ellos añadió un descarte del Milan, un defensa rubio con coleta que había jugado a sus órdenes en el Mónaco y al extremo izquierdo del mejor equipo de
Europa, y en su segunda temporada logró un doblete histórico.

De un tiempo a esta parte, el Arsenal ha cambiado su modelo de negocio, y ha preferido gastarse la pasta en hacer un estadio nuevo que en llenar de figuras el antiguo Highbury. Arsène ha sabido adaptarse a los tiempos, y ha montado un sistema por el cual ficha chavales talentosos a granel (bien bordeando lo ilegal, bien a golpe de talonario) y revende a los mejores por un pastizal. El Arsenal se ha convertido así en un club de fútbol que genera beneficios. El problema: el precio de la transformación ha sido renunciar a ser competitivos sobre el campo. Así que probablemente lo más meritorio es que hoy, después de cinco años sin un título que llevarse a la boca, nadie parece cuestionar la figura de Wenger, y prensa y público gunner se entregan de la mano, cumbayá, al integrismo wengeriano: In Arsène we trust.

Aunque si los propios aficionados gooners no cuestionan a su entrenador, nosotros tampoco lo haremos. Sin embargo, en FNF queremos escapar de las ideas precocinadas, e igual que en su día desmontamos el mito del Sevilla, hoy hacemos lo propio con el mito de Wenger, el mejor scout de Europa. Porque todos nos acordamos de Cesc, de Anelka o de Diaby, pero la lista de Wenger es mucho más larga. Por eso es por lo que decimos, alto y claro, que por cada conejo blanco que saca de su chistera el mago Arsène, hay una ristra de juguetes rotos detrás.

Jugadores vacíos

Antes, mucho antes de que Reina, Alonso, Luis García, Cesc y Torres salieran en “Españoles por el mundo”, el hijo de unos inmigrantes
gallegos en Alemania fue llamado a filas por el Arsenal. Alberto Méndez jugaba en un equipo alemán de quinta división cuando Wenger se enamoró de él. Al llegar a Londres para firmar el contrato Méndez, con más brutalidad alemana que mano izquierda gallega, le dijo a Wenger que sólo le había visto jugar una vez, que encima lo había hecho mal, y que si estaba seguro. Le repitió la pregunta hasta tres veces. Al final, Arsène le hizo firmar un contrato por cuatro temporadas, que el chaval se pasó íntegras en la grada. Tras pasar por Racing de Ferrol y Terrassa, Méndez apura sus últimos años como futbolista en Alemania. Los sábados por la tarde, cuando ve al Arsenal por Internet, mira la foto de su presentación, junto a Overmars y Petit, y se pellizca para convencerse de que no fue un sueño.

El dios Arsène volvió a dar muestras de humanidad cuando cometió dos veces un error llamado Christopher Wreh. Convencido de la valía del delantero por su propio primo, el mismísimo George Weah, Wenger se lo llevó a Mónaco, donde no pasó de fondo de armario.
Una vez en el Arsenal, Arsène intentó el tour de force llevándose al desconocido nigeriano a cubrir las bajas de Wright y Bergkamp. Y así fue como Christopher Wreh participó en el doblete gunner de la 97/98. Diez años después, Wreh había jugado en casi todas las divisiones inferiores de Inglaterra, más Holanda, Escocia, Arabia e Indonesia. Ha tenido su propia banda de música y hasta un blog en el que cuenta batallitas de su época en el Arsenal. Probablemente acabe sus días metido en política, si algún día su primo consigue salir elegido presidente de Liberia.

Con Anelka demasiado verde para la titularidad, había que buscar soluciones para la delantera. Llegado como regalo de Navidad de 1998, Diawara era un delantero que, a los 23 años, tenía a priori un currículum demasiado magro en Francia como para aspirar a jugar en el Arsenal. La prueba es que jamás marcaría un gol como gunner… ni después como marsellés, ni en el PSG, ni en el Blackburn Rovers ni tampoco en el West Ham. Tuvo que ser en el Racing de Ferrol –uno se pregunta si Wenger es accionista del club gallego- donde, tres años después de su último gol, el delantero africano volvió a encontrar el camino de la red. Después de pasar por Qatar, Turquía y Chipre, este año comparte plantilla bizarra con Alvaro Mejía y Paco Pavón en el Arlès-Avignon de la Ligue 1 francesa. Por increíble que parezca, Wenger sacó una plusvalía de 500.000 libras por semejante delantero sin gol.

Pero Arsène no siempre consigue hacer caja con sus errores. Francis Jeffers fue Rooney antes que Rooney. Un gol cada tres partidos jugados con el Everton parecían una razón suficiente para que el Arsenal pagase 8 millones de libras por él -tres menos de lo que desembolsó el Chelsea por Lampard el mismo verano- y le ofreciese 25.000 libras a la semana. Con Henry y Wiltord por delante, Jeffers sólo fue capaz de marcar cuatro goles en cuatro temporadas como gunner. Jeffers está hoy en el paro tras ser despedido por su último club, el Sheffield Wednesday, después contribuir al hundimiento del club en la tercera división del fútbol inglés.

Igual que Jeffers, Aliadière llegó jovencito al Arsenal. Igual que Jeffers, Aliadière es delantero. Igual que Jeffers, Aliadière está hoy en el paro.
Y eso que la carrera del delantero francés empezó en el mismo lugar que la de los dos mejores delanteros franceses de la historia del Arsenal: Clairefontaine. Aliadière, en cambio, se olvidó el olfato goleador en casa, y nunca se convirtió en el delantero que prometía ser. Después de heredar de Fabio Rochemback el dorsal 10 del Boro, el jugador se rompió la rodilla mientras pasaba una prueba con el West Ham este mismo verano, y lucha por recuperarse a tiempo para volver al circo en el mercado de invierno.

Hay una ristra enorme de jugadores a elegir, pero la historia se repite en casi todos los casos.
Los jugadores rebotados de los grandes equipos europeos suelen hacer una carrera digna en equipos mediocres. Del Arsenal, en cambio, todos salen vacíos, sin fútbol en sus botas. Como si Wenger les hubiese robado el talento. O como si nunca lo hubiesen tenido.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La última oración de Foreman

"Mis rivales no temen perder contra mí, tienen miedo de que les haga daño"

El gordo de Minnesota
Apoyado en su esquina, el reverendo Foreman observa a su joven rival aturdido sobre la lona. Alza la mirada hacia el techo del legendario MGM, gira su voluminosa carrocería y se arrodilla para iniciar una oración. George Edward Foreman acababa de ganar a los 45 años el título de los pesos pesados ante un rival 24 años más joven. Y se convierte en el nuevo héroe americano.

Pero no siempre fue un hombre querido. Foreman era despreciado por la crítica y el público estadounidense. Alí era el bueno, Frazier el feo y Foreman el malo. Su carácter huraño, distante y en ocasiones violento tenía la culpa de su falta de carisma. Como si el que para algunos es el mejor pegador de la Historia tuviese, además, que ayudar a cruzar la calle a viejecitas.

Su azarosa vida arranca en una ciudad del estado de Texas llamada Marshall. Allí, el joven George sobresalía por su afición a lo ajeno, a la mala vida. En ese tiempo, el Presidente Lyndon B. Johnson había iniciado un programa de trabajo para jóvenes llamado JOB CORPS. Ese sería el vehículo para la recuperación social del desorientado George. Fue allí donde conoció a Doc Broaddus, su mentor, el hombre que supo conducir su incontrolable energía hacia el deporte.

Con las enseñanzas de su nuevo consejero, Foreman conseguiría su primer éxito con la medalla de oro en los JJOO de 1968, los del Black Power, los de la lucha racial. Foreman no secundó la protesta, lo que le granjeó terribles críticas de una parte de la sociedad americana: la que amaba a Muhammad Alí.

Con el oro al cuello comenzó una carrera absolutamente demoledora. Cuarenta combates, cuarenta victorias, la mitad por KO. Era una fuerza de la naturaleza, se sentía imbatible. Su único defecto era la escasa resistencia, Foreman no era amigo de los combates largos. Tampoco los necesitaba. Fulminaba los duelos por la vía rápida, como hizo en su duelo ante Joe Frazier, el hombre que había venía de ganar al gran Alí.

En una de las mayores humillaciones que se recuerdan, Foreman aplastó a Frazier en dos asaltos. El mítico Howard Cosell le puso voz al drama con aquello de “down goes Frazier” (al suelo Frazier), suplicándole que acabara ya con aquella tortura pública. Foreman había despellejado al campeón y el cinturón era suyo. La misma suerte correría poco después Ken Norton, otro ilustre al que también despachó sin contemplaciones.

Jungle Rumble en Kinshasha

Foreman era invencible, o eso parecía. Porque en 1973 se cruzó en su camino Muhammad Alí, por entonces un veterano de 32 años que buscaba recuperar la gloria perdida. El escenario elegido para el combate era único: Kinshasa, en la antigua Zaire (hoy el Congo). Allí, en el llamado Jungle Rumble, Muhammad no bailaba, no se movía como una mariposa y picaba como una avispa, no.


Alí agonizaba en una esquina, agazapado ante la lluvia de golpes del campeón. La fruta estaba madura y Foreman castigaba sin piedad al ídolo ante 60.000 espectadores que gritaban aquello de Alí Bomayé (Alí mátalo), ya sin esperanzas de victoria.

Pero en el décimo asalto ocurrió lo impensable. Muhammad resucitó y en una combinación de golpes rápidos acabó con Foreman en la lona, perdido, sin aliento. El árbitro contó hasta diez y Big George perdió el título y la confianza en sí mismo. Fue la derrota más dura de su vida, pero aprendió una lección que aplicaría muchos años después.

Tras un año de retiro, Foreman regresó y venció de nuevo a un Frazier medio ciego por la paliza que le había infligido Alí. Pero de nuevo mordió el polvo ante Jeremy Young, que le ganaría a los puntos. Tras ese combate, ya en el vestuario, Foreman sufrió un desvarío casi místico. Tiempo después contaría lo ocurrido: “Un horrible olor vino a mí. Un olor que no he olvidado. Un olor de pena...Entonces mire a mi alrededor y estaba muerto. Así fue todo”. Y vuelta a empezar.

Otra oportunidad

Foreman lo dejó todo, volvió a su Texas natal y se convirtió en un ultra cristiano. Construyó su propia Iglesia, la Church of the Lord Jesus Christ, y comenzó a predicar la palabra de Dios. Compaginaba su ferviente actividad religiosa con un gimnasio de su propiedad, mientras su vida personal era un caos (tres divorcios) y los dólares ganados con su puño de hierro se esfumaban.

Esa y no otra fue la razón del regreso de Big George al Ring en 1987, con 38 años a sus espaldas y una forma física deplorable, casi ridícula para lo que un día fue. Gordo y lento, llevaba diez años sin pelear. ¿Alguien apostaba por él? No. Es más, su regreso fue tomado con sorna por los sesudos comentaristas de la época y el público en general, pero Foreman conservaba su mejor arma, unos puños de acero. Y con ellos cercenó rivales hasta volver a luchar por el título de los pesados ante Evander Holyfield.

Le había costado cuatro años lograr esa oportunidad y no defraudó. Aguantó como un titán los doce asaltos y perdió a los puntos, pero recuperó la credibilidad y se ganó el derecho a una nuevo combate. Su imagen pública era otra, casi nadie se acordaba ya de aquel tipo altivo y desafiante. Foreman era un hombre nuevo que encarnaba el sueño americano, ése por el cual en América cualquier hombre puede hacer lo que se proponga.

Su última oportunidad llegó en 1994, 26 años después de haber sido campeón olímpico, 21 tras su combate con Alí. Michael Moorer le había arrebatado el título a Holyfield y Foreman se presentaba como la víctima propicia por edad y sentido común. El viejo dinosaurio resistió ocho asaltos las embestidas de Moorer, más ágil y menos contundente. Le bastó aplicar lo aprendido frente a Alí en el 73: resistir para vencer.

Y llegó su momento. Una derecha alcanzó la mandíbula de Moorer, que cayó como un árbol talado, incrédulo ante lo que se le había venido encima. El deporte vivía uno de esos momentos inolvidables, que lo hacen tan grande. Foreman era, de nuevo, Campeón.

Con el título de nuevo adornando su oronda figura, Foreman buscó el no va más, el más difícil todavía: Mike Tyson, el Terror del Garden. Con buen criterio, las autoridades dieron largas al viejo campeón y le obligaron a disputar el título ante el número uno del escalafón, Tony Tucker. Foreman se negó y tras dos peleas de medio pelo contra un púgil alemán, le terminaron desposeyendo de sus títulos.

Negativas que daban por finalizada su carrera. O eso parecía. Casi con 50 años inició una nueva carrera por el cinturón, derrotando a un par de sparrings. La organización le ofreció entonces la posibilidad de enfrentarse al estrafalario Shannon Briggs con una pelea en el horizonte por el título de los pesados ante, nada más y nada menos, el británico Lennox Lewis. Ante un rival que contaba trece meses cuando Foreman consiguió su primer título de los pesados, Big George aguantó los doce asaltos. En una controvertida decisión los jueces le dieron la victoria a Briggs.

Y se acabó. Foreman no ha vuelto a subirse al ring, aunque hace cuatro años anunció que estaba entrenando para regresar. Tenía 55 años… Su mujer, con excelente criterio, se lo prohibió.

martes, 31 de agosto de 2010

Más que mil victorias

Por Halftown
Hay que ponerse en su lugar: tipos ricos y famosos, que por lo general no saben hacer otra cosa que jugar con un balón. Se puede enteder hasta cierto punto el vértigo antes de la retirada. Esa punzada de orgullo que te empuja a seguir pateando el balón. Debe ser jodido anteponer la realidad del juego a la vanidad personal.

Y es que no hay cosa más triste que ver a jugadores que han hecho vibrar a uno con su talento, arrastrándose sobre el césped años más tarde. La cantinela me viene a la cabeza cada vez que veo imágenes de Ronaldo Nazario de Lima, aunque guarde el suficiente instinto asesino como para seguir haciendo goles a pesar del lastre que arrastra a la altura del estómago. Aunque lo de Ronaldo se explica porque su exilio brasileño es para él la vuelta a casa después de años pasando frío en Europa. Allí le pagan bien, entrena poco, sale de fiesta cuando quiere, y encima le ríen las gracias.
George Foreman, que se bajó del ring a los 48 años, decía que la cuestión no es a qué edad retirarse, sino con cuánta pasta en el banco. Quizá por eso el brasileño Zico, después de toda una carrera en Brasil, se marchó a Japón a llenar los bolsillos de yenes con 38 primaveras, lejos ya de sus mejores años de fútbol. Y todavía peor lo hizo el mismísimo Johan Cruyff, que no sólo se marchó a Estados Unidos a hacer lo que mejor sabe (pista: no es jugar al fútbol), sino que después tuvo el cuajo de volver a España, a vestir otra camiseta azulgrana, la del Levante, durante diez penosos partidos. Le pagaron 25 millones de pesetas por no conseguir el ascenso a Primera.

Aunque posiblemente la subespecie más deleznable es la de los jugadores con talento a los que, sencillamente, no les gusta el fútbol. El último de esta estirpe, y quizá uno de los casos más sangrantes, es el de la zurda de oro de Bilbao, Fran Yeste. Un tipo que durante su
carrera en San Mamés ha repartido magia e indolencia a partes iguales. Un jugador que, con un poco más de fuerza de voluntad, habría llegado a un equipo de Champions. Porque irse a arrastrarse a Dubai a los 36 años como Cannavaro –pese a que todavía tuvo los coglioni de jurar que se iba allí por motivos deportivos- es entendible, pero a un chaval que con treinta años da un portazo y se va a jugar a los Emiratos Árabes Unidos no puede gustarle el fútbol. O no tanto como el dinero.
Luego, eso sí, meterá goles como éste, que el Marca sacó en portada anunciando un "golazo" de Yeste. Viendo las cinturas a lo Robocop que gastan los defensas, lo mismo Cannavaro no desentona en los Emiratos...

Yeste comparte liga con Fernando Baiano, delantero que pasó por Málaga, Celta y M
urcia y que firmó un contrato en los Emiratos de 2,5 millones de euros anuales a la edad de 29 años. Aunque si de edad se trata, el récord es el del brasileño Leonardo, que después de volver a su país con el rabo entre las piernas tras fracasar en Valencia, se fue con 25 años a jugar dos temporadas en la J-League. Mucho se tuvo que aburrir allí para decidir fichar por el París Saint Germain. También es cierto que en aquella época el PSG no era el asilo de futbolistas en el que se ha convertido hoy.

Al otro lado de la balanza están ese pequeño grupo de jugadores que sabe decir adiós en el momento oportuno. Son muy pocos, pero muy grandes: Paolo Maldini, Dennis Bergkamp o Alan Shearer se fueron por voluntad propia, contra la voluntad de su clubs, y a pesar de las ofertas para irse a un retiro dorado.
Caso aparte es el de Zinedine Zidane, que lo dejó con 34 años, cuando daba la sensación de que le quedaba cuerda para, al menos, una última temporada. Su despedida en un duelo al sol con un villano como Materazzi fue impropia de un talento como el del francés.
Aunque el paradigma de retirada por todo lo alto es Frank Rijkaard, que dejó de jugar al fútbol después de ganarle la Copa de Europa a querido AC Milan cuando jugaba en aquel Ajax de 1995.

Dejamos para el final a los jugadores que han jugado en los mejores campos, han apilado título sobre título, recibido el aplauso unánime de público y prensa, y sin embargo siguieron jugando al fútbol por amor al arte, lejos de los focos y del bullicio del fútbol de élite.
Por ejemplo, es fantástico ver a un tío con dos finales y una Copa del Mundo como Aldair sigue jugando al fútbol, a punto de cumplir 45 años, en el Murata de San Marino. Lo hace porque su amigo Massimo Agostini es el entrenador del club. El mismo motivo por el que uno de los delanteros con más gol de los 90, el francés Papin, volvió a calzarse las botas en 2009, a los 46 años, para seguir metiendo goles en la décima división francesa. Al fin y al cabo, es lo que mejor sabe hacer en la vida.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Los galácticos originales cambian cartera por cantera

Por Halftown
No vamos a repetir por enésima vez la historia del New York Cosmos, una de las mayores aberraciones de la historia del fútbol, entre otras cosas porque se puede leer aquí muy bien redactadita por orden cronológico. O comprarse el documental “Once in a Lifetime” en Amazon.

Para los no iniciados, el Cosmos fue el espíritu de Florentino antes de Florentino, la acumulación de estrellas con fines más comerciales que deportivos. Pelé, Beckenbauer, Carlos Alberto, Neeskens… todos con mucha mili en la mochila y más ganas de samba que de trabajo.

La cosa es que, el pasado 1 de agosto, Pelé presidió un evento por todo lo alto –el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se dejó caer por allí- anunciando que el Cosmos renacía de sus cenizas. Contra todo pronóstico, no planea volver en su forma original -ni como sus vecinos patrocinados por Red Bull- en plan asilo para viejas glorias, sino creando una academia para chavales, con la esperanza de construir a partir de ellos un equipo. La Cosmos Academy tendrá jugadores de menos de 18 años, y además de eso el club ha adquirido la Copa NYC, un torneo de verano, y ha prometido entregar material a los colegios de la Gran Manzana para promover el soccer.

Vintage, mejor que viejo

Además de Pelé (presidente honorario durante 30 años de un club inexistente), el Cosmos 2.0 ha conseguido el apoyo de la marca Umbro. Esto es un bofetón en toda regla a Adidas, dado que con este movimiento la marca inglesa –no hay que olvidar que pertenece desde unos años a Nike- refuerza su estrategia de fútbol retro. Adidas, enredada en el patrocinio del otro club
neoyorkino, los Red Bull, pierde una ocasión de oro para llevar su marca Originals a un terreno de juego. Porque Thierry Henry y Rafa Márquez son viejos, no vintage.

El anuncio, además, se produce justo cuando la MLS americana se está planteando incluir un vigésimo equipo en la competición. Nueva York, como la mayoría de grandes capitales –y con la falta de modestia propia de quien se autoproclama “capital del mundo”- encuentra lógico el contar con dos equipos en su ciudad.

El único problema es el estadio. En su versión original, el Cosmos se vio obligado a vagabundear de un estadio a otro en busca de un hogar. Esta vez, parece que la condición sine qua non para reverdecer viejos laureles es la creación de un estadio propio. En España esto no sería mayor problema, porque recalificación por aquí, cesión de estadio municipal por allá, siempre se apaña la cosa. En cambio, en EE. UU. la administración pública no quiere saber nada del tema, así que Pelé y sus amigos tienen que encontrar a alguien que avale entre 200 y 300 millones de dólares.

Después de años de espera, parece que esta tentativa para revivir el Cosmos, construyendo la casa por los cimientos en lugar de improvisar un circo ambulante, es la buena. Ahora sólo falta que el público americano, más aficionado al show business que al deporte en sí, se anime a verlos jugar.