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viernes, 28 de enero de 2011

3 libres y directos: ¿40 kilos por el niño Torres?

Rocheteau
¿35 millones de libras por Fernando Torres? Ésa es la oferta que el Chelsea del rácano de Abrahamovich le ha hecho al Liverpool por Fernando Torres y que los reds han rechazado. O sea, 40 millones de euros por uno de los tres mejores delanteros del mundo (Cristiano, Messi y luego el de las pecas. No, Rooney no, Fernando). Lo que me extraña es que haya suscitado debate.

Si yo fuese el nuevo presi del Liverpool le escribiría una carta con membrete a los del barrio pijo de Londres explicándole que por esa cantidad, como mucho, les haría llegar gustoso un frasquito con un chorro de esperma del de Fuenlabrada, para cruzarlo con alguna inglesa de chándal y tacones (el buen futbolista siempre nace en una familia humilde, a ser posible conflictiva y que le inculca genéticamente el horterismo poligonero).

Con suerte, igual les salía un delantero apañado para que marque los goles que falla la pereza de Anelka. Además, convertido en el Milan británico, el Chelsea necesita un baño de juventud. Que él se pire, ok. ¿Qué va a hacer el Liverpool sin Rafa Benítez? Pero ofrecer por Fernando Torres menos de lo que costó Rio Ferdinand al ManU o, más recientemente, Robinho al Manchester City es una broma sin gracia. Por cierto, un larguirucho sin currículo como Dzeko acaba de costar 32. Un niñato pendenciero como Balotelli, 28.

Torres ofrece velocidad, remate, goles… y si el Liverpool no ha ganado la Premier es sólo porque sus lesiones musculares junto a las de Gerrard lo han impedido. Con él en el campo, el Liverpool siempre tuvo números de campeón. Lo dicho, 40 kilos por el frasquito y vosotros reclutáis la spice girl, ¿hace?

Halftown
Frente al festival de la figura literaria, unos números rápidos: Torres costó 20 millones de libras en 2007. Firmó por hasta 2013 y cobra algo más de 5 millones de libras al año. Entre 2008 y 2010 sólo disputó la mitad de los minutos de la Premier. Y este año su promedio goleador es el peor desde que llegó a Liverpool: sólo suma 9 goles después de 23 partidos jugados.

Da la impresión de que, entre los años que lleva jugando a primer nivel, el desgaste de jugar solo en punta en la Premier y su propensión a las lesiones de rodilla, Fernando Torres es un jugador más veterano de lo que dice su DNI. Así las cosas, no sería raro que se le fundieran los plomos pronto, al estilo de lo que le pasó a Raúl entre 2003 y 2005… precisamente cuando tenía la edad del delantero del Liverpool.

Nadie discute que Torres ha sido una pieza fundamental en el Liverpool de estos últimos cuatro años. El equipo han sido él, Steve Gerrard y algún otro secundario infravalorado como Dirk Kuyt. Pero no es suficiente: los de Anfield están a años luz de los cinco equipos de arriba.

Desde el lado del jugador ¿por qué se iba a querer quedar un delantero de primer nivel en un equipo de segunda fila? Si Cesc se quiere ir del Arsenal porque no gana títulos, ¿Torres se va a quedar en Liverpool sin jugar Champions dos años seguidos?

35 millones de libras parece poco si el City ha pagado 32 por Dzeko, pero tampoco sería raro que Abramovich en pleno calentón subiera su puja a 40 kilos. Pasta de sobra para redecorar el equipo, que falta le hace.

El gordo de Minnesota
Cuando Enrique Cerezo tiene un micro a su alcance siempre repite la misma letanía: “los jugadores juegan donde quieren jugar”. Da igual que le preguntes por el futuro del Kun, el de Valera o el de Pantic, que ya no juega, pero por si regresa. Siempre responde lo mismo. Lo dijo mil y una veces sobre Fernando Torres, emblema del club, que acabó haciendo el petate rumbo a Liverpool. “Para ganar títulos”, se disculpó ante la afición el rubio delantero. Craso error. Por increíble que parezca, el Liverpool no ha ganado nada desde que el number nine es propiedad de Torres; el Atleti, ése equipo gafe, dos. Moraleja: el Liverpool debe aceptar los cuarenta kilos del Chelsea.

Es hora de refundar este equipo tan mítico y desnortado en los últimos tiempos. Y para ello nada mejor que ingresar una jugosa suma de dinero procedente de un rival directo (en teoría) como el Chelsea. Con esa suma se pueden fichar a dos o tres jugadores de nivel, jóvenes y con proyección. Futbolistas que sumen su ambición a estandartes del club como Gerrard o Carragher, que sí colgarán los borceguíes vestidos de rojo. Torres parece haber perdido la fe en este equipo. La marcha de Benítez fue clave, pero sus problemas físicos se han convertido en un agravante. Repetidas lesiones que merman la velocidad, su gran virtud como delantero, y que sólo le han permitido anotar nueve goles este curso.

Y, joder, ya está bien de ver al Chelsea levantando títulos.

lunes, 17 de enero de 2011

Puntualizaciones sobre Benítez

Por Rocheteau
Hoy voy a zumbarle a Rafa Benítez yo también. No porque me hayan entrado ganas de parecerme a John Carlin, qué va. Más bien es la curiosidad de experimentar qué se siente. Digo yo que tiene que ser placentero, viendo tantas personas apuntadas al pimpampún contra el entrenador madrileño.

Lo peor que ha hecho, sin duda, es ganar, que en España es de mal gusto. Ganar mucho. Ganar la final más apasionante y difícil de la historia de la Champions. Ganar con casi todos sus equipos, echando por tierra ese axioma español de que si no juegas al fútbol siguiendo los preceptos del tiki-taka vivirás como un impuro. Desafiar a los mulás del periodismo deportivo, a los Cayetano Ros, a los Ramón Besa, es una desobediencia que tiene consecuencias en forma de fatua.

Desde luego, Rafa Benítez ha cometido muchísimos errores en su carrera. Enumeraré sólo alguna de sus tropelías. Recuerdo cuando Albert Riera se fue al Olympiakos, echando pestes de él tras salir rebotado de Anfield porque había dejado de jugar. Benítez demostró ser un torpe no filtrando a la prensa que Riera había agarrado por el cuello y amenazado a un jovencillo del equipo B, Dani Pacheco.

Por no hablar de su insensibilidad. Cuando el agente de Xabi Alonso deslizó en algunos periódicos que Benítez no había permitido a su jugador acudir al parto de su mujer, Rafa erró de pleno. Bastaba haber explicado que fue él quien instó a Xabi a estar presente en el parto, pero explicándole que después de una emoción y un viaje así, lo lógico era que un compañero ocupase su puesto y él pudiese dedicarse a su familia.

Florentino intentó ficharlo

Como gestor tampoco suelen salirle las cuentas. Al Liverpool le perdonó varios millones de libras al abandonar su puesto, sabedor de la situación económica del club. Al Inter, lo mismo, para conseguir que se firmase la indemnización del resto de colaboradores de su equipo técnico.

Si hablamos de imagen pública, coincidiremos que es donde más dificultades tiene el entrenador madrileño. Por ejemplo, si hubiese filtrado que Florentino Pérez intentó ficharlo dos veces el verano en que el Madrid terminó firmando a Pellegrini, seguro que su cartel habría mejorado en algunos cenáculos madrileños.

Con el Inter de Milán se demostró de nuevo que Rafa Benítez está abocado al fracaso. Aceptó el puesto a condición de que Moratti hiciese tres fichajes con los que fomentar la competencia en una plantilla entradita en años que venía de ganarlo todo. Él, al estilo inglés, se había asegurado de pactar el sí de los jugadores y las cantidades de los traspasos de Javier Mascherano, Dirk Kuyt y Patrice Evra. Moratti faltó a su palabra. Benítez ya había dado la suya. Nunca dejó al presidente por mentiroso. Cavó su propia tumba.

Con estos pequeños ejemplos a vuelapluma uno está obligado a deducir que Benítez, a pesar de ascender a Extremadura y Tenerife, a pesar de sus dos ligas y su UEFA con el Valencia, de su Liga de Campeones con el Liverpool, de sus dos títulos en seis meses con el Inter, es evidentemente un tipo con carencias. Un entrenador que se merece que le zurren día sí y día también en los medios españoles.

Es curioso, cuando echaron a Benítez, tras 17 jornadas, Louis Van Gaal, finalista de la Liga de Campeones con el Bayern de Munich, estaba a muchos más puntos del Borussia de Dortmund que el Inter del líder del calcio. El holandés sigue entrenando al Bayern.

¿Defensivo y malo fichando?

Hay dos grandes críticas que suelen hacérsele por definición a Rafa Benítez, su juego supuestamente “defensivo” y su poco tino con los fichajes. Subjetivamente, pienso que con él al cargo, el Liverpool compró a Reina, Torres, Mascheranno, Kuyt, Benayoun, Árbeloa, Xabi Alonso… jugadores cuyo valor para el Liverpool compensa otros fichajes fallidos como Josemi, Núñez, Babel o Voronin.

Objetivamente, lo mejor es revisar esta tabla. En seis años en el Liverpool, los Reds gastaron 229 millones de libras en fichajes y vendieron por 148 millones. En la tabla falta la venta de Mascherano por 22 millones de euros al Barcelona, teniendo en cuenta que fue un activo generado por Benítez. O sea, que no son 148, sino 170 millones. La diferencia son 49 millones de euros de gasto real. En seis años. Menos de lo que sacará el Liverpool este verano cuando Torres no aguante más y se vaya. Ése es el dispendio.

Además, muchos de los fichajes fallidos que se le imputan son obra del manager Rick Parry, como Robbie Keane. Alguien me comentó un día que Rafa Benítez suele dar cinco nombres, según cinco escalones de coste, por cada fichaje. Cuando pidió a Dani Alves, llegó Jermaine Pennant. Cuando sugirió a Vidic, le trajeron a Kirgyakos. And so on…

Vayamos con el juego defensivo. Cuando a él se le menciona el tema, además del resoplido, una palabra surge como credo de su estilo de juego: equilibrio.

Es decir, reducir los riesgos. Lo primero que cabe pensar es: ¿y qué? ¿Hay un único modo de jugar al fútbol? Sólo que llamarle defensivo es ignorar la realidad. Desde luego, el planteamiento de Benítez no es ofensivo, si por ofensivo se entiende la actitud respetable pero temeraria de “lo importante es jugar bonito”. Lo que no hace es basar el ataque en la posesión del balón, idea erróneamente asociada en España a “ofensivo”. Pero tienen que sentirse fatal los Wenger, Ferguson y compañía, porque Benítez el “defensivo” acabó la temporada 2008-09 con su Liverpool como equipo más goleador.

Pero da igual. Hay tipos que siempre se llevan todas las castañas cuando hay una pelea y Benítez es uno de ellos. Se anuda peor la corbata que otros. Evita manejar y cortejar a periodistas. Y además es un tipo honesto. Quizás por eso le zurran todavía más.

lunes, 3 de mayo de 2010

Ponga un tongo en su vida

Por Halftown
Los mentideros del planeta fútbol llevaban semanas hablando de ello. Las propias aficiones laziale y red lo pedían. Los jugadores dudaban. Y alguno se resistía a creerlo.

Pero llegó el domingo, concretamente el minuto 33 en Anfield Road, y las dudas se disiparon: Steve Gerrard, hijo de Melwood, heredero de Dalglish, héroe de The Kop y capitán del Liverpool, metió un pase entre sus propios centrales para que Drogba pusiese la bola entre los palos de Reina y tres cuartos de liga en Londres.

En descargo del ocho red hay que decir que no es la primera vez que hace semejante despropósito: en la Euro 2004 desempató él solito el Francia-Inglaterra de la primera fase con otra asistencia a lo John Stockton, esta vez a Thierry Henry.


En cualquier caso, el Liverpool de Benítez, el mismo club para el que, según Bill Shankly, la Premier era su pan y mantequilla, no sólo no jugará la próxima edición de la Champions, sino que se ha dejado ganar en casa para putear a otro club. Por mucho que ese otro club se llame Manchester United.

La AS Roma no paga a traidores

A 2.189 kilómetros de allí a vuelo de Google Maps, en el Estadio Olímpico, la Lazio recibía al Inter de Mourinho, que necesitaba ganar para alejar a la Roma de la lucha por el Scudetto. Los eternos rivales romanistas, a pesar de no estar matemáticamente salvados, no tuvieron mayor problema en perder con los verdugos del Barça.

Y por si fuera poco, en el Sánchez Pizjuán el Atleti decidió que era mejor asegurarse la UEFA facilitando cordialmente el acceso a la Champions de su rival en la final de Copa. Dos penaltis provocados y sólo cuatro tiros a puerta más tarde, la misión estaba cumplida.

El tema de las pantomimas futbolísticas no es nada nuevo. Aunque cada uno tendrá su historia personal, yo recuerdo un Valladolid-Celta de principios de los 90, en el que a los dos equipos les valía el empate para quedarse en Primera. El partido se acabó convirtiendo en un infumable rondo de 90 minutos alrededor del círculo central.

El problema es que llevamos muchos años de trampas, y aparte de poner los partidos de rivales directos a la misma hora (en el caso de la Lazio, ni eso: el empate del Atalanta-Bologna se sabía antes de empezar a jugar), nadie parece tener una solución anti-tongos… y seguro que habrá sorpresas de aquí a final de temporada.

Y a mí todo esto me jode, no por red devil ni por romanista, sino porque si lo llego a saber antes, me habría forrado en Bwin…