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jueves, 21 de mayo de 2009

200 libras, chupitos y Essien se casó

Por Sole Leyva
Ni cura, ni concejal, ni pastor, ni funcionario, ni jefe de la tribu. Lo único que necesitó para contraer matrimonio Michael Essien, el correoso centrocampista del Chelsea, el Búfalo, el fichaje más caro del posh club después de Shevchenko -40 millones de libras-, el Toro, el más amado de Ghana, el hombre que si se presentara para ser presidente de su país, lo sería, fueron 200 libras en moneda ghanesa y unos chupitos de Schnapps (una bebida alcóholica alemana).

Así es África. Y así se casó Essien hace cuatro años. Eso al menos dice su parienta, ahora ex novia, Dela Ackumey, que lleva meses rajando en los tabloides británicos afirmando que siguen siendo matrimonio, que a ella nadie le ha pedido el divorcio, que Essien es un golfo, que ligaba por Internet con otras cuando estaba con ella, y que le puso los cuernos several times antes de que ambos dejaran la relación hace un par de años.

Ella ya sabía que al aterrizar en 2005 en las Islas, donde busconas de bustos gordos y pantorrillas de acero se acercan a los futboleros más de la cuenta, la tentación iba a ser grande para el ya de por sí descastado Essien. Así que le echó el lazo.

Asegura Dela Ackumey que Essien y ella se casaron en Anlo, al sureste de Ghana, siguiendo los rituales tribales de la zona, de etnia Ewe. Lo dicho. Essien se plantó en casa de los padres de Dela con 200 pavos de dote y una botella de licor. Los cuatro se montaron una fiestecilla y los padres dieron su bendición a la pareja. En Ghana los matrimonios funcionan así, y depende de que tribu seas, el ritual sufre leves cambios.

A ese clavo ardiendo se agarran los abogados de Essien. Después de que el árbitro noruego se hiciera el sueco en Stamford Bridge, su particular final de Champions será este verano, en los tribunales de Ghana. Los picapleitos del 'Bufalo' esgrimen que los rituales llevados a cabo por Essien no eran válidos, ya que no eran los "tradicionales" de la tribu.

Ackumey lo niega. Dice que lo que los chupitos unieron no lo separa ni Dios -de pounds ya hablaremos- y amenaza con revelar en el juicio un vídeo donde se ve a Essien pidiendo la mano de ella. Al estilo ghanés, claro.

El escándalo, pozo sin fondo para los tabloides, ha servido para conocer detalles personales de Essien bastante jugosos. Si sobre el verde es de hierro, casi inabordable, si sale victorioso casi siempre ante defensas que le sacan una cabeza, en su vida personal es un flojeras de cuidado.
Tanto como para usar a su madre para pedir perdón a su ex novia por ponerle los cuernos. O gimotear ante ella rogando otra oportunidad después de que le pillara fotos de modelos semidesnudas en su mochila de entrenamiento. Una vez, incluso, insinuó que había sido Drogba u otro de los blues el que las había metido allí para tomarle el pelo. Vaya excusa chapucera.
Según Ackumey, desde que llegaron a Londres, Essien desaparecía de vez en cuando de su lujosa casa de Surrey. Decía que iba con los del equipo. A tomar unas pints. Pero no, amigos, iba al lío en Río. Ackumey dice que le engañó más de 50 veces con dos modelos distintas. Incluso las metió en su casa, asevera. Ella aprovechó sus ausencias para centrarse en su carrera de Derecho y él, puesto a elegir, como Ericsson, prefirió la rubia a la morena, y ahora sale con Cassie, modelo y actriz. Un pibón de órdago.

Conclusión: cuando acabó el tenso partido de vuelta de las semifinales de la Champions, Essien ya sabía de qué iba eso. Era engaño.

martes, 12 de mayo de 2009

Drogba, Malouda y la Copa de los "paletos"

Por Rocheteau
Le dicen el torneo del KO. Más bien podían llamarle la copa adormidera, el tranxilium de los miércoles o el trofeo de Morfeo. Eso, en España. Allende los Pirineos, la copa sigue manteniendo ese tufillo a boxeo y barrizal, a la vida en dos carreras, a gradas supletorias y las gradas llenas de calcetines blancos y zapatos negros. A un combate de verdad, y en campo del pequeño.

Aquí, para no molestar a los señoritos de Primera, hay doble partido, sorteo de cancha y, como ni con la vuelta en el Bernabéu algunos son capaces de pasar ante el Real Unión de Irún, igual Villar nos planta el año que viene una liguilla preliminar con fase regular, no sea que...

No sea que ocurran fenómenos deliciosamente paranormales como el del sábado en Francia. Descansó la liga más emocionante de la última década para dejar paso a la final de la Copa, en el Stade de France, que los franceses intentan convertir en su Wembley. De la Copa de Francia, porque los vecinos tienen dos copas, ésta, y un sucedáneo (llamado Copa de la Liga) que a nadie le importa. La ganó, por primera vez en 50 años, un club de Segunda, el En Avant Guingamp (EAG). Un detallito: en las eliminatorias participaron, desde la primera fase, 6734 clubes, casi todos amateurs. En nuestra Copa del Rey, 83 equipos.

¿Ya hemos llegado?

Así se entiende la victoria de una escuadra de "paletos" de un recodo de Bretaña, la Armórica de Astérix, llamado Guingamp, con poco más de 8.000 habitantes y un estadio para 17.000, ni un jugador conocido, un nombre hortera ("¡Adelante, Guingamp!") y una solera de club academia que se entiende echando un vistazo a su plantilla del 2003.

En aquella añada compartieron ataque Didier Drogba y Florent Malouda (ni Drogbá, ni Maloudá, y al próximo comentarista que lo repita lo tiro al río. Segunda advertencia), que casi fríen al Barça la semana pasada. Guingamp acabó en un espectacular séptimo puesto, a tres puntitos de la Liga de Campeones, y Drogba, con 17 goles, sacó el billete para jugar en Marsella.

El EAG sacó una buena tajada y quiso comprar a Daniel Ljuboja, un delantero serbio que comparte peluquero con los canis de Sevilla, técnica con un barrenero de Milosevic y ha jugado este año con el Stuttgart como Faubert en el Madrid. No vino. La historia oficial dice que no le pagaron lo que quería. La oficiosa (y muy creíble), fue que, al llegar en tren, pidió al taxista que le llevase al centro. Después de 5 minutos, le dijo: "¿Ya hemos llegado?". "Ya hemos dado dos vueltas".

Otro tranxilium

En el año Drogba-Malouda, a un periodista listillo se les ocurrió llamarles "paysans" (campesinos o aldeanos), y los seguidores del Kop Rouge se lo apropiaron con orgullo. No hay periódico francés que no haya titulado el domingo con la palabra "campesinos".

Sobre todo porque el sábado se enfrentaron al equipo burgués de Bretaña, el Stade Rennais, que también viste de rojo y negro y que es propiedad de la familia Pinault, la más rica de Francia. Vamos, que la inesperada victoria del En Avant Guingamp, remontando un gol en contra, fue como si el Compos de antaño le hubiese ganado al Depor la final de la Copa del Rey.

Sólo que como no son saudíes, prefieren financiar museos y costear las campañas de la derecha (el presidente, Frédéric de Saint Sernin, es un ex secretario de Estado y primo del ex primer ministro Dominique de Villepin) a comprar delanteros. Hay que ver...

Mañana me sentaré a ver el Barça-Athletic. Será el segundo tranxilium de los miércoles que me trago en todo el año. Igual vale la pena. Pero su triunfo no valdrá ni una décima parte del de los "paletos" del Guingamp.