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lunes, 9 de mayo de 2011

This is not Scotland

Por Halftown
Desde el momento en que alguien encontró el paralelismo, la cosa cogió carrerilla: el duelo por el título entre Barça y Madrid había convertido la liga española en una copia del mano a mano que protagonizan Rangers y Celtic en Escocia. Así que como el campeonato español era cosa de dos –a pesar de que el Madrid perdió hace mucho cualquier opción realista de llevarse el título- el símil escocés siguió utilizándose libremente entre prensa, aficionados y otras yerbas.

Efectivamente hay dos equipos que sobresalen del resto, pero aparte de eso ¿de verdad la liga escocesa es como la española? No. La realidad es que esta temporada en Escocia es un mano a mano entre los dos equipos de Glasgow, sí, pero a diferencia de lo que pasa en España, éste es un duelo a cara de perro hasta el final.

La liga escocesa, para empezar, funciona de manera distinta a la española. Al no haber suficiente potencial como para organizar un campeonato con veinte clubes competitivos, la Premier League escocesa cuenta con sólo doce escuadras. La temporada está dividida en dos fases. En la primera fase, cada club juega tres veces contra cada equipo. Después de haber jugado un total de 33 partidos, la liga se parte en dos cuadros, uno con los seis mejores y otro con los seis peores. Cada equipo juega entonces otros cinco partidos, uno contra cada equipo de su cuadro. Es decir, un cirio.

Este año, otra vez, los dos equipos de Glasgow se reparten el pastel. Otra vez. Desde que la Scottish Premier League fue creada como tal, en el 98, los dos se han repartido las dos primeras plazas de la clasificación, excepto cuando el Hearts se coló tras el Celtic en la 2005-2006. En esas doce temporadas, cada uno de los dos clubes se ha llevado seis ligas a casa.

¿Hay esperanza para los católicos?

Así las cosas, este año Celtic y Rangers dilucidaban algo más que otro título de liga. Era el desempate. En cada uno de los cuatro derbis de Glasgow, el Old Firm, se pone en juego el título. Al menos en teoría. Porque hasta el miércoles pasado, con dos partidos ganados y un empate en los duelos directos, los católicos lo tenían blanco y en botella para llevarse otro campeonato a casa.

El calendario era fácil para los dos –es decir, no se volvían a ver las caras antes del final del campeonato- así que la única esperanza de los Rangers pasaba por esperar un milagro. Se habían puesto líderes tras machacar al Motherwell, pero el Celtic estaba un punto por detrás con un partido menos.

El milagro sucedió en Inverness, una espantosa ciudad al norte de Escocia, no demasiado lejos de celebérrimo lago Ness.

Allí, ante un equipo que no se jugaba gran cosa –salvo probablemente un maletín cortesía de los Rangers en caso de campanada- el Celtic se desfondó. La derrota, merecida, les dejaba fuera de la carrera por el título.

El pasado fin de semana, el guión se cumplió sin sobresaltos: el Rangers pasó por encima del Hearts y el Celtic ganó fácil en Kilmarnock. Este martes los protestantes vuelven a jugar en casa, mientras los católicos viajan a Edimburgo a visitar precisamente al Hearts. Por sorprendente que parezca, hay esperanza para los católicos: este martes el Rangers recibe al cuarto clasificado, el Dundee United, que ya se llevó los tres puntos de Ibrox Park el pasado 2 de abril.

Así las cosas, la tensión en Escocia, convenientemente alentada por el trasfondo religioso, va mucho más allá de las bravuconerías que intercambian Madrid y Barça: en enero se creó un grupo en Facebook para pedir el fusilamiento de Neil Lennon, entrenador de los católicos. A 500 personas les gustó la idea hasta que la página fue cerrada. En abril, un artefacto explosivo fue enviado por correo al propio Lennon.

En esto, afortunadamente, España tampoco se parece a Escocia.

sábado, 8 de mayo de 2010

El abuelo Simpson, mejor jugador de Escocia

Por Lola Dirceu
La pugna por la Liga entre Real Madrid y Barcelona ha ahondado la fosa mariana que les separa del resto de sparrings. De tal suerte bipolar, que el torneo español más se asemeja a la Scottish Premier League que a un emocionante y democrático campeonato. Allí se ha producido un hito poco común: el galardón a mejor jugador de la campaña 2009-2010 ha recaído en David Weir, defensa y captain de los Glasgow Rangers y estandarte de esa selección que debería jugar con kilt. Hasta ahí todo normal si no fuera porque es un defensa revientapiedras... y porque tiene 39 tacos.

Imaginen el nivel de la competición. Es como si a una mezcla de eterno Chichi Creus sumada a la calidad de Amadeo Carboni le dieran el MVP. De descojone. Molaría ver a Weir perseguir por el campo a Messi (sería como una vieja detrás de su bolso robado) o tratando de adivinar por dónde te abanicará el flequillo Cristiano Ronaldo antes de que te hipnotice con una bicicleta.
Proverbialmente, la Liga del lago Ness y el whisky ha sido un campeonato rocoso, lluvioso, feo con dos efes y menos atractivo que ir a visitar a la familia. Pero también ha tenido jugadores talentosos que han ganado el mismo galardón con el que este año han ungido al abuelo Weir. Gordon Strachan, Brian Laudrup o Henrik Larsson antecedieron al stopper y abrillantaron algunos de los mejores derbys entre Rangers y Celtics.

El ejemplo de Shunsuke Nakamura, elegido mejor pelotero en 2008, no vale como ejemplo, que el japo luego llegó al Español y el pufo fue gordo: 12 partidos, ni una mala palabra ni un buen pase. El premio al mejor jugador del year lo otorgan la pléyade de los periodistas de fútbol del país. Sus crónicas deben molar inventando nuevos adjetivos para los cero a cero, los cerrojazos, el ímpetu y las guadañas que siegan piernas ante el jaleo de la grada.

Olvidado en una gasolinera

El abuelo Weir, que aquí ya no podría jugar ni la Liga indoor de veteranos, es una institución que lleva ganándose los haggis desde el años de los Juegos de Cobi. Nació en Falkirk en 1970, en el corazón de la Escocia que no sale en las guías de viaje. Tras pasar por el equipo local (con un estadio en el que solo puede sentarse 1.000 espectadores), recaló en el Hearts de Midlothian. Lo mejor de su carrera se lo llevó el Everton por 200.00 libras de montante de fichaje (una ganga) en 1999. “El Liverpool estaba interesado en mí, y yo estaba comprometido con ellos. Pero se adelantó el Everton y estoy más que feliz de estar aquí”, declaraba entonces. Tras ocho temporadas con los vecinos desgraciados de Merseyside, ni una triste final de la FA Cup en su curriculum. Marcó un total de 10 goles, casi todos llovidos desde el córner o por oleadas del último minuto.
Según Wikipedia, renegó deprimido en 2002 de la selección de su país por culpa de la brasa que le dio Berti Vogts tras su nefasta actuación frente a las islas Feroe. Quedaron empate a dos y el billete para jugar la Euro de Portugal 2004 se esfumaba. Con 63 entorchados, David ocupa lugar de honor (octavo) entre los que más han vestido la zamarra por la que mataría William Wallace. El primero es un tal Kenny Dalglish.

Curiosamente, Weir ha saboreado las mieles del éxito cuando ya te hacen descuento en la RENFE y te ceden asiento en el Metro. Desde 2008, ha ganado seis títulos con los protestantes de los Rangers. Dos Ligas, dos Copas y dos Copas de la Liga. Por cierto, el lunes Weir cumple 40 castañas. Felicidades. Y que por esas Highlands del señor no se lo dejen olvidado en una gasolinera como al abuelo de los Simpson.