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viernes, 22 de enero de 2010

El chupete de Paquirrín

Miguel Bujalance
Minuto 66.El Zaragoza es incapaz de ganar al colista, que encima juega con uno menos. Humberto Chupete Suazo, goleador chileno fichado en el mercado invernal para salvar al equipo del descenso, es sustituido por Arizmendi. Parte de la grada, mosqueada por la inoperancia de los maños, empieza a gritar con sorna: ¡Paquirrín, Paquirrín! La gran reputación de Suazo en Chile hace que, sorprendidos, varios periodistas intenten contactar desde América con el hijo de la Pantoja.

Antes de nada, debo decir que, de entre todos los personajes del mundo rosa que, como nacidos de la huerta de Amanece que no es poco, deambulan sin explicación lógica, Paquirrín es mi favorito. Jugador efímero de la cantera del Real Madrid y sufridor doliente de las vacaciones con María del Monte y su madre, Kiko no está muy contento con la comparación.

El chico que quiso ser estrella blanca ha vivido entre los fogones de Cantora y los cubalitros de Sevilla, ahogado por unos hermanos bellos y esplendorosos. Y eso debe ser muy complicado. Según publica el periódico andino La Cuarta, información que también recoge la web de fans de Isabel Pantoja, Francisco José Rivera Paquirrín se ha negado a hablar del tema. "José no tiene ninguna vinculación con Chile, por lo que no va a hablar del tema", declaró presuntamente María Navarro, representante del príncipe del pueblo, que además se mostró indignada porque el vulgo llama "Paquirrín" a su cliente, cuando ese apodo había sido borrado tras su vigoroso salto hacia la pubertad.

Se desconoce la reacción de Suazo ante el curso de los acontecimientos. Sus kilos de más y su calva frontispicia no impiden que en el club maño se espere mucho de él. Además, su cuerpo tatuado muestra la suficiencia del que sabe que pronto estarán las cosas en su sitio.

Bien es cierto que las estadísticas poco tienen que ver con ese físico escoltado por barriga cervecera que trotaba por La Romareda el domingo. Anotador histórico de Colo-Colo, referente ofensivo del atractivo Chile de Bielsa y máximo goleador en la liga mexicana son argumentos suficientes para confiar en él. Si marca, estoy seguro que Paquirrín se alegrará. Yo, si tuviera cuenta en Facebook, haría una página de fans del dúo Paquirrín/Suazo. Quizás se me haya adelantado alguien.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Mi memoria sentimental: Fernando Cáceres


Por Miguel Bujalance
He querido titular este artículo ‘memoria sentimental’ por una sencilla razón, carece de cualquier rigor periodístico, no he buscado fuentes ni he cotejado datos, simplemente se basa en recuerdos, así que adelanto mis disculpas ante aquellos puristas que puedan descubrir algún error de fechas o contenidos. La verdad es que me da realmente igual. Fernando Gabriel Cáceres fichó por el Real Zaragoza en la temporada 1993/94. Su entrenador, Víctor Fernández, se había consolidado en el puesto después de que Alfonso Solans senior confiara en aquel jovencísimo preparador, con una carrera futbolística mediocre, para salvar al equipo del descenso a Segunda División. Objetivo que logró en el último suspiro, en una agónica promoción frente al Murcia.

Por aquel entonces, la ley Bosman no estaba vigente, el cupo de extranjeros residía por entero en el lobby suramericano. Los elegidos eran los siguientes: El uruguayo Gustavo Poyet -una ganga que costó menos de 30 millones de pesetas-, que se confirmaba como un gran llegador tras unos inicios desoladores; el argentino Darío Franco -elegido mejor jugador de la última Copa América y futbolista más destacado de la anterior campaña- se recuperaba de una gravísima lesión que le impediría para siempre jugar en la élite y un joven insolente con futuro, cedido por el Real Madrid, que sería uno de los mejores delanteros de Europa: Juan Eduardo Esnaider. Aquel equipo que empezaba a jugar muy bien al fútbol necesitaba apuntalar la defensa y aquel verano fichó a un central de 24 años llamado Fernando Cáceres, procedente de River.

El negro destacaba por una extraordinaria colocación, que limaba sus deficiencias técnicas. Nunca era el mejor del partido, pero sus actuaciones lograban que aquella defensa tan vaporosa fuera solvente, especialmente cuando este anárquico y fabuloso equipo atacaba con tres puntas. En los tiempos en los que se habla del doble pivote o, incluso del trivote, aquel Zaragoza jugaba con Aragón como único organizador. Ganaba todos sus partidos en La Romareda, incluso llegó a golear en aquella temporada a los dos grandes (6-3 al Barca del Dream Team y 4 a 1 al Real Madrid) y, como genial escuadra mediana, solía perder fuera.

¡Qué gol, Dios santo!

Tras ganar la Copa del Rey en los penaltis, en una final épica con el Celta de Cañizares, el equipo se preparó para disputar la Recopa de Europa. Cáceres nunca se lesionaba y fue una figura fundamental en el trascurso de las eliminatorias. Sufrió en la dura remontada ante el Feyenoord y aguantó con galones de capitán general el 3 a 0 de la ida en el campo del Chelsea. En la final, esperaba el Arsenal. Para la historia, el gol de Nayim, aunque fue Cáceres quien mantuvo a raya el empuje de los británicos.

Al año siguiente, el equipo perdió la chispa y empezó a acomodarse. Esnaider era fichado por el Madrid y la cuesta abajo de extraordinarios jugadores como Pardeza e Higuera (mi ídolo, con su barriga cervecera y maradoniana) resultaba inevitable. Permítanme una licencia: la primera vez que acudí a un estadio fue para ver al Zaragoza jugar contra el Real Madrid en el Bernabéu. El equipo maño se adelantó con gol de Higuera, el Madrid remontó con tres goles (dos de penalti, muy dudosos, debo decirlo) y, en el último minuto, Higuera marcó un gol absolutamente maravilloso. Qué gol, dios santo. Recuerdo estar sentado en la parte más alta y barata con unos amigos, primerizos todos en el estadio, junto a un tipo que me atufaba con su puro y gritaba una y otra vez: ¡Arbitro, cucaracha! La poesía de fútbol.

Aquella temporada, con el equipo en descomposición, un Víctor Fernández discutido y con dos prometedores delanteros aun verdes (Morientes y Dani) el Zaragoza sufriría para mantenerse en Primera. Había que hacer caja y se vendió a Cáceres, creo que al Boca Juniors. El jugador volvería pronto a España por un precio mucho más elevado de mano del Valencia. Poco después, ficharía por el Celta de su antiguo entrenador y acabaría dignamente su carrera en Europa.
Vayas donde vayas, negro, que te vaya bien.

lunes, 27 de julio de 2009

Las mil penas de Pennant

Por Miguel Bujalance
La temporada pasada, se especuló con que Jermaine Pennant podría acabar en el Santiago Bernabéu. Eran meses maravillosos, en los que hasta yo podría haber fichado por el Madrid de Calderón...

Al final, Pennant, defensa-centrocampista indefinido del Liverpool, que jugó cedido la temporada pasada en el Porstmouth, ha fichado por el Real Zaragoza. Es el primer jugador inglés que va a jugar en el club aragonés y las dudas sobre su rendimiento deportivo son grandes, dada la tradicional facilidad de los jugadores de la pérfida Albión para estrellarse en la Liga... y la de Pennant en particular para salir escaldado de todos los clubs que pisa.

Nacido en el seno de una familia de origen jamaicano en una humilde barriada de Nottingham, Jermaine hizo todo lo posible para no ser jugador de fútbol. Su indisciplina chocó con sus condiciones naturales, si bien no impidió que se convirtiera en el jugador más joven que debutó con la camiseta del Arsenal hasta la llegada de Cesc. Su estilo, anárquico y desenfadado, le valió el apodo de Penninho.

No cuajó dentro del código deontológico de Wenger, ya que tenía la sana costumbre de llegar tarde a los entrenamientos y tuvo que hacer las maletas. En 2004 fue traspasado al Birmingham, donde tuvo un incidente con la policía cuando le pillaron borracho como una cuba conduciendo su Mercedes. Tras el descenso del equipo, fichó por el Liverpool. Hizo una temporada digna, aunque algo irregular, que le valió el respeto de Anfield. En esa época fueron famosos sus cabreos con Steve McClaren por no convocarle para jugar con Inglaterra -tan sólo ha jugado con la selección sub 21- y puede presumir de haber sido el mejor jugador de la final de la Champions que los reds disputaron con el Milán en 2007.


Sin duda, el lío más divertido en el que se ha metido el bueno de Pennant se produjo unos días antes del partido de Champions que enfrentó al Liverpool con el Barcelona en 2007, cuando la tela de araña de Benítez asfixió el talento blaugrana. La policía tuvo que intervenir cuando las cervezas y los puñetazos volaban en un karaoke del Algarve portugués durante una concentración.

La bronca empezó cuando Bellamy se empeñó en cantar Angels de Robbie Williams con Riise y éste se negó. Para que luego digan que los noruegos no tienen sensibilidad. Ciertamente, Pennant dijo: "Ésta es la mía". Y se armó parda. Luego llegó la policía y todo se calmó, aunque como el agua de fuego tarda en evaporarse, ya en el hotel, Bellamy -con el corazón partío- empezó a atizar a Riise con un palo de golf.

Según informó el inefable Mirror, Bellamy, Dudek y Pennant fueron los jugadores más castigados por el club cuando trascendió el escándalo. Por supuesto, los reds eliminaron al Barca. Ahora nadie duda de que Bellamy mereció pena mayor. Dicen que la música amansa a las fieras, pero lo de Robbie Williams o no es música o actúa como exfoliante de adrenalina. Yo creo que Pennant es más de los Jackson Five.

El angelito de la banda derecha ya está en Zaragoza. Si jugará bien, no lo sé, pero seguro que escucha buena música. Quizás se arranque con una jota a lo Fernando Esteso si el equipo hace una buena campaña.

martes, 2 de junio de 2009

¿Quién se atreve a fichar a un gafe?

Por Nick Panzeri
De todos los estigmas posibles, si hay uno nefasto para la carrera de cualquier futbolista es el de gafe. Puedes ser Maradona que, si te cuelgan esa etiqueta, tu carrera está jodida. No es que todos los entrenadores sean tan supersticiosos como Luis Aragonés, pero, con la de jugadores que hay, ¿por qué fichar a un gafe?

La última jornada de Liga colocó este cartel a dos jugadores de contrastada calidad: Oliveira y Sergio García, unidos por el mal fario. Juntos ya vivieron el drama del descenso hace 12 meses con el Zaragoza y de nuevo sobre el campo han padecido la caída a Segunda del Betis.

Da igual que fueran los mejores de su equipo durante toda la temporada y que en el partido decisivo lo dieran todo (Oliveira marcó el estéril gol del empate el domingo como el pasado año anotó los dos goles que tampoco sirvieron en Mallorca para salvar al Zaragoza). El hecho es que estaban sobre el campo. Y dos descensos consecutivos son motivo más que suficiente para ser incluido en el club de los gafes.

Si en realidad esa cifra se eleva a tres descensos en otros tantos años como sucede con Sergio García (también perdió la categoría con el Levante hace dos años), más te vale buscar equipo en la liga neozelandesa.

La gesta de García le sitúa a un paso del rey de los descensos: Navarro 'el Mono' Montoya, que perdió la máxima categoría con Extremadura, Mérida, Tenerife, Chacarita y Nueva Chicago. De hecho, su salida de España después del tercer descenso tuvo algo que ver con el dichoso cartel de gafe que ya colgaba de su espalda visible para cualquier presidente despistado. Saltó el charco para borrar su fama, pero sólo necesitó otro par de temporadas para recuperarla, ya de manera definitiva, en Argentina.

Pero el síndrome del gafe no sólo está ligado a descensos y a jugadores de reparto. También puede afectar a las grandes estrellas. Ballack, con su número 13 a la espalda (¡a quien se le ocurre!), perdió las tres finales que jugó el pasado año con el Chelsea, también la de la Eurocopa contra España y se perdió por lesión la del Mundial de Corea y Japón. Antes, en el año 2000, perdió con el Bayer Leverkusen las finales de Champions y Copa, además de quedar segundo en la Bundesliga. Quizás por todo ello Hiddink decidiera dejarlo en el banquillo el sábado en la final de la FA Cup. Y quizás para acabar con este mal fario lo sacó en la segunda parte para hacerlo partícipe de la victoria.

Porque el síndrome del gafe tiene antídoto. Y Sergio Fernández creyó dar con él. El central de Osasuna es otro de los gafes más ilustres de nuestro fútbol. Acumula tres descensos con otros tantos equipos: Sporting, Celta y Zaragoza, con el que además se marcó un gol decisivo en la última jornada.

Caer con Osasuna esta temporada habría sido letal para él. Quizás por eso, y con el drama a la vuelta de la esquina, decidió que la mejor solución era quitarse de enmedio. Lo hizo provocando una clamorosa expulsión ante el Sevilla que le impedía jugar la penúltima jornada en el Nou Camp. Osasuna ganó, pero todavía tenían que ganar al Real Madrid en Pamplona. Para entonces, Camacho parecía haberlo entendido todo y dejó fuera de la convocatoria al central, titular hasta entonces siempre con él. El resultado ya lo saben y Sergio respiró más tranquilo.