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lunes, 9 de julio de 2012

Los damnificados de España


Por Halftown

Capdevila
El último en unirse a esta lista. El lateral catalán, titularísimo en la Euro 2008 y en el Mundial 2010, decidió el pasado verano irse a ganar pasta al Benfica. La cosa empezó a torcerse cuando el 1 de septiembre el club anunció que Capdevila no formaba parte de la lista del equipo portugués para jugar la Champions League. En Da Luz, el enésimo brasileño llamado Emerson le quitó el sitio hasta el punto de que Capdevila acabó la temporada con doce partidos en las botas. Hoy los aficionados se preguntan si había vida antes de Jordi Alba.

Senna
Marcos Senna fue, para muchos, el mejor jugador de España en la Euro 2008. Senna llegó al campeonato como el jugador más veterano del equipo, y se pasó el torneo cubriendo las espaldas de Xavi y compañía, cuando Xabi Alonso lijaba los asientos de Austria y Viena y el doble pivote aún no era el enésimo cisma nacional.
Hoy, mucha gente mete a este campeón de Europa en el mismo lote que a futbolistas irrelevantes con la selección como Donato o Catanha.

Cazorla
¿Cazorla? Se preguntará más de un lector. Pues sí, Cazorla. Convocado por primera vez para la selección en la lista de Luis para la Euro 2008, el otro asturiano de la Roja llegó a jugar cinco partidos en Austria y Suiza. Sin embargo, como su compañero en Villarreal Senna, se quedó fuera de la lista de Del Bosque para la Copa del Mundo en Sudáfrica (aunque sí estuvo en aquella miserable Copa de Confederaciones).
Un tío que ha ganado dos eurocopas y se ha quedado sin Mundial entre ambas, merece un sitio en esta lista. Porque, de pequeño, nadie sueña con ganar un campeonato de Europa.

Tamudo
Los expertos dicen que sólo 20.000 espectadores vieron el nacimiento de la España actual. Aquel 13 de octubre de 2007, Dinamarca y España se jugaban la clasificación para la Eurocopa 2008. En el equipo danés, los clásicos de siempre: Sorensen, Poulsen, Tomasson, Gronkjaër. En el español, los que hoy ya son clásicos: Casillas, Ramos, Xavi, Iniesta. Sólo que en punta no estaba ni Villa ni Torres, sino Raúl Tamudo, que marcó el primer gol de aquel 1-3. Sería su último gol con España. Mientras sus compañeros de aquella noche danesa levantaban la tercera copa consecutiva, Tamudo era presentado con el Pachuca mexicano que entrena Hugo Sánchez. Quién sabe, quizá éste se lo lleve al Madrid cuando por fin le llamen para sustituir a Mourinho.

Sergio García
Vamos a decirlo: nadie entiende muy bien qué pintaba Sergio García en la convocatoria de Luis Aragonés para la Euro 2008. Un jugador anodino, de esos que sólo una temporada ha marcado más de diez goles, al Portillo de Barcelona hay que reconocerle el mérito de haber hecho carrera en Primera. Afortunadamente, Sergio García y su coleta no llegaron a jugar un minuto de rojo en toda la Euro. Ni nunca más.

Raúl
Con él España perdía. Sin él España gana. Información, no opinión.

Joaquín
Cuando llegó Luis, su primera idea fue jugar con extremos sevillanos: Reyes por la izquierda, Joaquín por la derecha. Hoy, otro extremo sevillano, Navas, hace las veces de desatasca bandas cuando Del Bosque lo considera oportuno. “La finta y el esprín”, como anunciaba a Joaquín la megafonía del Villamarín, no ha vuelto a jugar un partido con España desde 2007. Ni falta que hace.

Albelda
David Albelda era la clave de bóveda de aquella parida monumental que Luis Aragonés llamó el “pasillo de seguridad” de España. Suyo era el puesto de escudero de los Xavi, Iniesta y Silva… hasta que Ronald Koeman llegó a Valencia. El holandés, no se sabe muy bien por qué, apartó del equipo a los veteranos Cañizares, Angulo y Albelda, que se acabó cayendo de la lista de Luis a base de no jugar. Angulo emigró a Portugal. Cañizares decidió cambiar la portería por el plató de televisión e Instagram. Koeman se fue con una Copa del Rey bajo el brazo. Y Albelda siguió jugando, pero nunca más de rojo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Gorras y cabezones

Por snedecor
A veces a la UEFA se le ocurren cosas interesantes. Cargarse la Intertoto fue una de ellas; intentar aplicar un Fair Play financiero puede ser otra. Y establecer un reconocimiento para todos aquellos futbolistas que han disputado al menos 100 partidos internacionales con su selección es uno de esos detalles sencillos y casi insignificantes pero que contribuyen a ofrecer una imagen amable de un organismo que, por definición, está siempre bajo sospecha.

Tampoco son unos dispendios excesivos: unas cuantas medallas conmemorativas y un cargamento de gorras de los chinos (?) no descuadran ningún presupuesto, y menos aún el de la UEFA. Pero la importancia del reconocimiento no está en lo material (ya dijo Zubizarreta, clásico como pocos, que al menos esperaba que no le obligaran a ponerse la visera por la calle), sino en el propio gesto. Ya sea porque en Europa aún hay muchos países en pañales, bien porque en otros la competencia es brutal, o quizás porque hasta hace quince años sólo se jugaban los partidos estrictamente necesarios, no hay muchos jugadores centenarios: en total, en el listado publicado por la UEFA a finales de agosto aparecían 111 nombres de 37 naciones.
Todos y cada uno de ellos bien merecen un homenaje, aunque sea algo cutre.

La mayoría de federaciones, siguiendo el consejo de la UEFA, han optado por hacerlos en los prolegómenos de algún partido que jugaran como local. Quieras que no, todo luce más en un estadio lleno de gente que conoce a los homenajeados y que está dispuesto a aplaudirlos. Sin embargo, la RFEF, que es muy suya (muy de Villar, se entiende), consideró que ni Liechtenstein ni Escocia tenían suficiente pedigrí para sacar a sus 4 centenarios a saludar al público de Las Gaunas o del Rico Pérez, y prefirió esperar al amistoso de Wembley.

Pero se ve que alguien lo pensó mejor y no encontró del todo correcto organizar una celebración así fuera de casa y precisamente el día en el que los ingleses rinden tributo a sus caídos en la 1ª Guerra Mundial. Porque no cabe en el mismo acto honrar a miles de muertos en una guerra y a un puñado de futbolistas 100 veces internacionales. Y porque no fuera a ser que se malinterpretara todo y aquí algún zopenco se pensara que el minuto de silencio era por la desaparición de Raúl de la selección y que las amapolas representaban la cagada de Zubi en aquel partido contra Nigeria.

Y como Costa Rica tampoco parece el escenario ideal para estos homenajes, y vaya usted a saber cuándo volveremos a jugar un partido decente en casa, al final todo se redujo a un sencillo acto en un salón de ídem, reservado únicamente a gente del fútbol y periodistas (importante la distinción en estos tiempos que corren). Algo descafeinado, cerrado al público en general cual vulgar cena de empresa, y en el que además faltó uno de los galardonados. Todo un éxito de organización, vaya.

Raúl no va, y nadie dice nada

Andoni Zubizarreta, Iker Casillas y Xavi Hernández recogieron el jueves su medalla y su gorrita (elemento que, por respeto, desde la jubilación de Iñaki Sáez la RFEF no debería usar). Raúl González no, porque no quiso. Así de simple. Se trataba sólo de un homenaje a varios de los grandes de nuestro fútbol por haber llegado a la redonda cifra de 100 partidos internacionales. Por cuenta de la UEFA, porque ni siquiera está ideado por la Federación Española. Algo totalmente aséptico y que no debería tener más lecturas que el reconocimiento a un mérito adquirido.

Sólo se trataba de ir, poner una sonrisa aunque fuera falsa y marcharse. Pero Raúl no fue. No creo que su presencia en Las Rozas para un acto así supusiera ninguna tensión insoportable para nadie. Cierto que Zubi es un futbolista retirado, que Iker y Xavi son miembros en activo de la Selección y que Raúl es una especie a medio camino, pero nadie iba a interpretar esto como una humillación pública a un jugador que debería tener asumido que ciertos tiempos ya no volverán. Nadie salvo, por lo que parece, el propio Raúl.

Allá él, y en su conciencia quede. Porque en una semana de parón por los compromisos internacionales, nadie con dos dedos de frente se cree que el Schalke 04 (con 9 jugadores convocados por sus respectivas selecciones) no permitiera que Raúl se ausentara un día para recoger un merecido premio, por mucha doble sesión de entrenamiento que tuvieran programada. Porque ese compromiso amistoso que se comentó que debían preparar no era más que una pachanga con los jugadores de los equipos juvenil y sub’23 del club de Gelsenkirchen. Pero aquí nadie dice nada del desplante del otrora siete de España, y no sé muy bien por qué. Igualito que las trincheras que se excavan cuando Del Bosque se muestra reacio a recibir la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, oiga. Mismo caso, distintas reacciones mediáticas. Me lo expliquen.

En fin. Si nada se tuerce, el año que viene Puyol (97 partidos con el de Wembley) alcanzará la centena de encuentros internacionales. Xabi Alonso (91) y Fernando Torres (90) están a las puertas de hacerlo, y Villa y Sergio Ramos (81 internacionalidades cada uno) lo tienen a tiro. Más pronto que tarde habrá que organizar otro sarao para darles la gorra (que mira que tiene cojones la cosa) a todos ellos. Veremos dónde está y dónde se mete entonces el cabezón de Raúl.

lunes, 27 de junio de 2011

Un año perdido... ¿y algo más?

Por snedecor
Erase una vez, en un reino muy muy lejano, una selección nacional de fútbol que no le importaba a nadie. Era este un equipo modesto en el panorama futbolístico internacional, de esos que están para rellenar las fases de clasificación, una escuadra que parecía incapaz de competir con sus todopoderosos vecinos continentales y que jamás acudía a las grandes citas balompédicas. Una selección humilde, sin apenas profesionales, porque en aquel país el fútbol todavía no era un medio para ganarse el pan, entrenada por uno de esos seleccionadores que llevan toda su vida en el cargo, porque sencillamente no hay más o porque, si los hay, ni siquiera en su propia Federación confían en que las cosas puedan mejorar con un cambio de técnico. Seguro que os hacéis una idea del tipo de equipo del que estamos hablando.

Pues contra todo pronóstico, y a pesar de sus muchas limitaciones, esa selección dejada de la mano de Dios estuvo acariciando durante varios meses el sueño de clasificarse para su primer Mundial. Pero esta no es la típica historia de un equipo que parte desde el más absoluto desahucio para acabar levantando la moral de todo un país, porque este país del que os hablo nunca se había preocupado demasiado de su selección de fútbol, y tampoco lo hizo cuando estaba tan cerca de la gloria. No, esta es la historia de un sueño mucho más modesto, el de un grupo de humildes futbolistas que, en silencio y a base de orgullo y esfuerzo, fueron recortando poco a poco la distancia que les separaba de un éxito sin precedentes. Desgraciadamente, su sueño se esfumó de la manera más cruel, cuando ya lo acariciaban con la punta de los dedos, al perder un partido que estaba prácticamente ganado frente a uno de esos antipáticos equipos que al final nunca hacen nada pero que acostumbran a destrozar este tipo de ilusiones.

Hubo lágrimas y lamentos, como os podéis imaginar, aunque como digo casi nadie se enteró. Por haber, hubo hasta una inútil goleada de despedida en una tarde de San Juan que sólo sirvió para acentuar la sensación de haber desperdiciado una oportunidad histórica. Sin embargo, los más optimistas pensaron que al menos se había puesto la primera piedra, y que los resultados seguirían mejorando en el futuro. Las buenas actuaciones durante esa fase de clasificación permitieron que algunas de sus estrellas encontraran equipo en otros países, lo que debería servir para que crecieran un poco más, y además las categorías inferiores de esta selección se empezaban a codear con las grandes potencias tradicionales. Sí, quizás la presencia en el Mundial absoluto hubiera significado el chispazo definitivo para que el fútbol calara en la nación, pero si todo iba por ese camino seguro que habría más oportunidades. Lo importante era que faltaba más de un año para que se iniciara la siguiente fase de clasificación y había motivos para la esperanza. Quizás entonces sí se lograra alcanzar ese sueño imposible.

El problema es que cuando eres una selección modesta que no le importa a nadie, las cosas nunca salen como esperas. Porque si esta selección le importara a alguien, hubiera sido más difícil que todo ese año transcurriera sin disputar un mísero amistoso, sin encontrar una fecha para reunir al grupo ni siquiera para entrenar, para probar nuevos jugadores o pulir esos errores que habían dado al traste con las esperanzas mundialistas. Si esta selección le hubiera importado a alguien, incluida su propia Federación, no se hubiera desaprovechado tanto tiempo, hipotecando las opciones de clasificación para la siguiente gran cita. Pero la realidad es la que es, y con el primer partido oficial fijado para septiembre, catorce meses después del último que jugaron, parece francamente complicado que este grupo de futbolistas pueda tener opciones serias de volver a pelear por su sueño.

Puede que estéis pensando en la típica desgracia de alguna pequeña selección caribeña o africana, o tal vez de Oceanía; en definitiva, de algún país sin tradición ni recursos y con una Federación que se dedica más a ver cómo puede llevárselo muerto que a trabajar por el fútbol. Pero supongo que también habréis sospechado que si aún no he dado ningún nombre es porque, a lo mejor, ese país tan lejano del que os hablo en realidad no está tan lejos. Y quizás no os sorprenda del todo saber que esa selección que estuvo a punto de meterse en el Mundial y que después no ha vuelto a jugar un partido ni a concentrarse en todo un año no es otra que la Selección Española de Fútbol… Femenino. Que, como digo, parece que no le importa ni a la RFEF.

lunes, 28 de marzo de 2011

Tú a Boston y yo al dinero

Por snedecor
No sabemos si se jugará el Lituania-España del martes por culpa del mal estado del césped del estadio Darisus ir Gireno de Kaunas, pero a dos meses vista podemos estar seguros de que no habrá problemas para disputar el último amistoso concertado por la RFEF. Absolutamente ninguno.

En este extraño mundo de la UEFA a alguien se le ocurrió colocar una semana de partidos internacionales justo después de la final de la Champions League, con la inmensa mayoría de ligas ya finalizadas (salvo las que no saben todavía cuándo finalizarán, como la nuestra) y los futbolistas pensando ya en sus paradisíacos destinos de vacaciones.

Con la experiencia de 2003, cuando en fechas similares perdimos en Zaragoza ante Grecia y no pasamos del 0-0 en Belfast, lo que nos acabó llevando a la repesca para estar en la Eurocopa de Portugal, la RFEF negoció hábilmente el calendario con sus rivales en el grupo de clasificación para la Euro2012 y evitó tener que jugar partidos oficiales en esas jornadas del 3, 4 y 7 de junio. Pero salvado ese escollo, rápidamente se puso a buscar rivales para disputar algún amistoso que reportara suculentos beneficios a las arcas federativas, que tampoco es cuestión de perder oportunidades. Llegados a este punto tal vez alguien debería preguntarse a dónde está yendo a parar todo el dineral que está generando la Selección últimamente, entre anuncios, bolos y demás, pero bueno, si eso ya otro día.

En fin. El negocio es el negocio y con una selección campeona del mundo los ofrecimientos brotan como las flores (y las alergias) en primavera. El año pasado se viajó a México, Argentina y Portugal para ganarse unos votos con los que lograr la organización del Mundial 2018 (mejor nos hubiera ido apoyando las maltrechas economías de esos “honraos“ compañeros de Villar en el Comité Ejecutivo de la FIFA), para unos partidos de los que el único recuerdo agradable que nos llevamos fueron las inolvidables fotos de nuestros internacionales en el Azteca, la Bombonera y el Monumental de Buenos Aires.

Este año todo parecía indicar que la Selección realizaría una siempre provechosa gira por Asia al finalizar la temporada; sin embargo, al final las conversaciones con los promotores chinos no han prosperado y Villar se ha buscado otro destino, otra vez al otro lado del charco.

Campeones del Mundo sobre césped artificial

Así que el 4 de junio España jugará en Boston ante Estados Unidos, en un partido incómodo por el viaje, el rival (una potente selección que se estará preparando para su torneo continental), la fecha (ya no digamos si prospera el parón de la LFP y la última jornada se tiene que disputar a la vuelta de este bolo) y el escenario.

Porque el Gillette Stadium, hogar de los New England Revolution de la MLS y de los New England Patriots de la NFL, construido a comienzos de siglo para sustituir al mítico Foxboro Stadium donde Luis Enrique se dejó las narices y la España de Clemente un mundial, es de césped artificial. Detalle que parece haber pasado desapercibido para los medios que han recogido y rebotado como loros desde el viernes la noticia de la confirmación de este amistoso. Pero claro, tampoco vamos a pedirles a los periodistas deportivos que se pongan a investigar. Aunque sólo haya que mirar la Wikipedia.

El Duraspine Pro, césped de última generación aprobado por la FIFA (se probó en los mundiales sub’17 y sub’20 de 2009) es actualmente uno de los pocos sobre el que se pueden disputar encuentros internacionales “A”. Desde 2010, el Gillette Stadium cuenta con esta superficie, que será muy buena y todo lo que quieran, pero que no deja de ser sintética. Las articulaciones acostumbradas al césped natural notan (y sufren) la diferencia, y de hecho no es raro ver a entrenadores de la MLS reservando jugadores tocados cada vez que viajan a Boston (o Seattle, cuyo estadio también cuenta con este terreno).

El riesgo de lesiones existe y se ve aumentado por la carga que acumulan nuestros internacionales después de dos años jugando casi sin parar, y futbolísticamente la adaptación al turf requiere tiempo para acostumbrarse a los botes y demás.

Sin embargo, y salvo que haya conseguido de la Federación Estadounidense un compromiso para instalar un tapete de hierba natural (cosa que no ha sido anunciada), no parece que a la RFEF le haya importado demasiado arriesgar el prestigio y la salud de sus futbolistas. 68.000 espectadores y un buen fajo de dólares parecen suficientes para pasar por alto esta nimiedad.

Suponemos que a medida que nos acerquemos a la fecha se irá montando el lío. Vosotros ya estáis informados.

martes, 8 de marzo de 2011

Visite el País de las Maravillas

Por Halftown
Los hechos: el pasado día 27 de febrero el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo firmó un acuerdo con el Real Madrid para promocionar internacionalmente España como destino turístico: “Visit Spain”. El ayuntamiento y la comunidad de Madrid pusieron su millón de euros por cabeza para añadir el estribillo “Visit Madrid” al eslogan.

No vamos a caer en la demagogia de que el pastizal que se deja el Estado en publicidad podría repartirse a los que hacen cola en el INEM y que así todos puedan comprarse el iPad 2 para meterse en Infojobs. Porque también se podría contra-argumentar que se han ahorrado un pico en contratar una agencia de publicidad… o al menos esperamos que no pagasen a nadie por currarse el “Visit Spain, visit Madrid” de la campaña.

En un país como España, donde el turismo representa el 10% del PIB (en Francia, líder mundial de la industria turística, apenas llega al 7%), el que vengan a no vengan guiris es fundamental para la economía del país. Por eso que si el Estado consigue atraer con su publicidad a nuevos clientes, bienvenido sea.

Dando por supuesto que ningún ente estatal se preocupa de medir la eficacia de la publicidad –total, tiran con la pólvora del Rey-, en FNF nos planteamos hasta qué punto tiene sentido pagar a Real Madrid por promocionar España.

Redundancias a gogó y valores que no son

Antes de meternos en honduras, hablemos del evento de lanzamiento de tan estupenda iniciativa. Además de al ministro Sebastián y al alcalde de Madrid, Florentino se llevó de atrezzo a la presentación de la campaña a Casillas, Ramos, Kaká, Benzema, Özil y Di María. Casillas y Ramos tiene sentido por su condición de españoles, Kaká por aquello de amortizar el fichaje quizá también. ¿Y los otros qué pintaban? Özil, además de dar mal en cámara, ni siquiera habla castellano.

Los que brillan en semejantes saraos son siempre los políticos. El ministro –que es colchonero como se ve en la foto, bufanda incluida- celebró que España comparta con el Madrid los valores de “esfuerzo, calidad, liderazgo, competitividad, etcétera”. Gallardón ni meneó sus frondosas cejas al decir que el Real Madrid es el activo más importante de la capital. Con un par.

Florentino, a lo suyo, habló de los valores del madridismo -humildad, esfuerzo, talento y entrega- de los que Cristiano Ronaldo, Mourinho y compañía hacen gala a la menor oportunidad.
El presidente madridista y el gobierno español, se siguen agarrando a supuestos valores que en los mundos de Yupi siguen siendo asociados a sus respectivas entidades. El Madrid en el siglo XXI no es más que un club del pelotón de la Champions -por mucho que siga vendiendo más camisetas que los demás- y España hace tiempo que perdió sus plumas de economía emergente, y su imagen sigue sepultada bajo kilos de paella, sangría, flamenco y éxitos deportivos.

¿Qué sentido tiene pagar al Real Madrid por promocionar a Madrid y España? Poco. El objetivo típico de este tipo de patrocinios es aumentar la notoriedad de la marca, pero resulta que la marca “Real Madrid” ya aglutina la marca “Madrid” (la marca “Atlético de Madrid” también). Es decir, que el hecho de que Madrid patrocine al Madrid es redundante, luego innecesario.

Que el Real Madrid patrocine a España es un tema aparte, quizá más absurdo incluso. El Estado español ya patrocina a la selección –otra redundancia ineficiente-, pero al menos el equipo de Del Bosque transmite unos valores de frescura, buen rollo y éxito que el Madrid, por mucho que se empeñe Florentino, está a años-luz de inspirar.

Apenas unos días después del acto en el Bernabéu, y en un ejemplo del café para todos característico del zapaterismo, el propio Miguel Sebastián anunció con las orejas gachas que se intentó un acuerdo similar con el FC Barcelona, pero la junta directiva entonces presidida por Laporta se negó.

Será por nacionalismo racalcitrante, o quizá porque el museo del Barça es ya el tercero más visitado de España detrás del Prado y el Reina Sofía. En cualquier caso, ya se le podía haber ocurrido preguntar a alguno de los periodistas si a nadie del ministerio de Industria, Comercio y Turismo le ha dado tiempo de ir a hablar con la junta directiva de Sandro Rosell en los seis meses que lleva en el cargo. Será que los periodistas españoles también viven en su propio mundo paralelo.

lunes, 2 de agosto de 2010

Ellos sí querían ganar

Canales por lo menos se llevó una camiseta FNF

Por Halftown (desde Caen)

Vaya por delante que, si hay un lugar en el que es complicado sobarles el morro a los franceses, ese lugar debe ser Caen, en plena Normandía. Y, sin embargo, durante 45 minutos España –en FNF nos resistimos a esa horterada de “la rojita”- parecía estar poniendo diez siglos de historia patas arriba.

Mira que lo avisaron antes de empezar el partido. Mientras el capitán español, el atlético Keko, hacía toda una declaración de intenciones al anunciar que en categorías inferiores lo importante no era ganar o perder, por la megafonía del estadio Michel D’Ornano se escuchaba la marcha imperial de Star Wars minutos antes de empezar el partido. Ni siquiera el aterrizaje en Francia de ese extraterrestre llamado Christophe Lemaitre ha conseguido aplacar la ira del personal al norte de los Pirineos. El aficionado francés, profundamente herido en su orgullo por los oscuros años de Raymond Domenech al frente de la selección, clamaba venganza. El imperio contraataca y esas cosas.

Y es que la ciudad de Caen tiene un componente simbólico para los franceses desde que allí montó su base de operaciones Guillermo el Conquistador, un tipo con los suficientes couilles como para juntar una flota y conquistar Inglaterra en pleno siglo XI.
La mística de Caen se mantiene entre los franceses casi mil años más tarde, incluso después de ver cómo los bombardeos aliados la dejaban hecha fosfatina durante el mes y medio que les costó conquistarla, tras haber desembarcado apenas veinte kilómetros al norte de la ciudad. La que hasta entonces había sido una ciudad medieval tardó poco en convertirse en una escombrera monumental. Tanta goma le dieron, que todavía el pasado mes de febrero tuvieron que desalojar a 20.000 personas del centro de Caen al descubrir una bomba de 500 kg en el sitio de una obra.

En lo futbolístico, en cambio, la ciudad de Caen tiene muy poca historia. El Caen acaba de emerger de la polvorienta Segunda francesa, y sólo es recordado porque su cantera ha escupido mentiras como Jérôme Rothen o Mathieu Bodmer, y a uno de los macarras que lastraron a Francia en el pasado Mundial: William Gallas.

Something to believe in

Con eso y con todo, el estadio de Caen se llenó para ver la final del Europeo sub 19. Si en España la inquietud era garantizar que había vida después de la generación xaviniesta, en Francia la obsesión era asegurar que un ridículo como el de Sudáfrica no se repetirá. Como en la canción de los Ramones, daba la sensación de que el aficionado francés necesitaba creer en que estos bleuets (literalmente, “azulitos”; en Francia también hay horteras) les devolverían el orgullo que los mayores habían pisoteado. Quizá por ello, la Secretaria de Estado para el Deporte, Rama Yade, se acercó desde París. Incluso Platini se tomó la molestia de desplazarse hasta Normandía para ver el partido. El único que faltó a la cita fue Laurent Blanc, cuya lista de pre-convocados para el amistoso Francia-Noruega (sin uno solo de los que fueron a Sudáfrica) había sido anunciada por la prensa unas horas antes.

La final en sí no tuvo mucha historia. Como suele pasar en categorías inferiores, hubo demasiados regates a ninguna parte, demasiado gesto buscando al cazatalentos en la grada. El equipo español dejó una primera parte que parecía calcada de las de sus mayores en Sudáfrica: mucha posesión, poca resolución. El medio campo español, con Thiago, Canales y Oriol Romeu, era un pinball gigante. Atrás, Bartra parecía no necesitar otro central a su lado. Un fútbol con un punto pretencioso, como si no hubiesen querido hacer sangre al rival en su propia casa, aunque es cierto que el exiguo 0-1 (gol de Rodrigo, uno de esos delanteros XL que tanto se estilan en categorías inferiores) con el que se fueron al descanso parecía más que suficiente para ganar el título.
En esos primeros 45 minutos, dio la sensación de que los franceses juveniles estaban hechos de la misma pasta que sus mayores. Ni un pase a derechas, y sus supuestas estrellas haciendo la guerra por su cuenta. Una señora no dejaba de reclamar a gritos balones à gauche, donde el realista Griezmann languidecía, medio lesionado el tobillo.

Después de la cerveza (afortunadamente con alcohol) del descanso, la cosa dio un giro de 180 grados. Los de rojo se arrastraban por el campo, entre agotados y apáticos. Así que los franceses, como poseídos por el espíritu de Guillermo el Conquistador, se liaron la manta a la cabeza. Ni siquiera un regalo del portero francés -Mandanda está creando escuela- sirvió para que España pusiera el segundo en el marcador. Después, la entrada de los lyoneses Tafer y Lacazatte incendió el partido, y el estadio D’Ornano acabó cantando el “on est champions”, inédito en la última década. Incluso por megafonía se animaron con el inevitable “We are the champions”, que sonó un poco fuera de tono por tratarse de un campeonato adolescente. Quizá eso ejemplifica mejor que nada la sed de victoria que tenían los franceses.

Mientras esperaban sobre el césped los crueles quince minutos que tardaron en entregar las medallas, los chavales de Luis Milla daban más la impresión de estar perplejos que tristes. Sólo el barcelonista Bartra -pedazo de central- se quedó de pie, agarrándose el pantalón mientras dejaba salir la mala hostia acumulada.

Dice el adagio que se aprende más de las derrotas que de las victorias. Al menos los chavales españoles habrán aprendido que, para ganar un título, hay que desearlo más que tu rival.

jueves, 15 de julio de 2010

Troiteiro, el Iniesta que no fue

Por Halftown
En septiembre de 1996, Jorge Troiteiro y Andrés Iniesta aterrizaban en Barcelona para convertirse en estrellas del fútbol. A sus doce años, Troiteiro había brillado con el Mérida en el mismo torneo de Brunete en el que Iniesta fue elegido mejor jugador. Aunque extremeño de adopción, Troiteiro nació, como Iniesta, en la Mancha: en Fuentealbilla Andrés, en Almansa Jorge.

Los mayores entre los canteranos del Barça de aquella época, Rufete, Puyol, Reina, Valdés, Arteta o Jofre, acogieron a los dos pequeños manchegos como a hermanos pequeños. Eran los únicos infantiles de La Masía. A diferencia de Andrés, Jorge era un chaval extrovertido. Mientras Andrés echaba de menos a su familia y lloraba cada vez que se despedía de ellos, Jorge tenía familiares en Badalona. Iniesta tenía que conformarse con las dos veces al mes que sus padres recorrían los 500 kilómetros que separan Fuentealbilla de Barcelona.

En un reportaje que les hizo El Mundo Deportivo al poco de fichar, los dos amigos posaban en la habitación que compartían en La Masía –Andrés en la litera de abajo-, con vistas sobre el cemento armado del Camp Nou. No tardaron en despuntar en categorías inferiores del Barça, Iniesta como un medio inventivo, Troiteiro como un hábil extremo zurdo. Tanto destacaba Jorge, que apenas dos años más tarde de su llegada el club ya le había puesto una cláusula de 300 millones de pesetas.

Sin embargo, mientras Iniesta debutaba con el Barça B con 17 años, a Troiteiro le invitaron a dejar el club en 2001. Como reconocía el propio Jorge en una entrevista de 2006, después de cinco años tuvo que dejar La Masía porque no tuvo cabeza. A saber lo que haría fuera del campo.

Déjà vu en azulgrana

Junio de 2010: el Villanovense, a pesar de ganar 3-2 al Toledo, desciende a tercera división por culpa de sus vecinos del Cacereño. Ni siquiera la llegada en diciembre de Jorge Troiteiro ha podido salvarles. El ex de la Masía aterrizó en Villanueva de la Serena (provincia de Badajoz, 24.000 habitantes) después de pasar dos años en el Lucena, con la espada de Damocles de los impagos sobre la cabeza y una denuncia al club ante la AFE. Justito de pasta –qué currito no lo estaría después de tres meses sin cobrar-, Troiteiro no tuvo más remedio que aceptar la oferta de un club cuyo presupuesto para la temporada 2009-2010 era de 242.000 euros.

Troiteiro, hoy de 26 años de edad, sigue midiendo 1,64. En plena madurez futbolística, su hoja de servicios es la del clásico trotamundos de Segunda B, después de pasar por la cantera del Atlético de Madrid, Linares, Melilla, Lucena y Villanovense. Parece un remake de otro aborto de crack de la cantera del Barcelona, José Antonio de la Sagra.

En navidades de 2008, mientras Andrés tenía fresco el sabor de la Eurocopa conseguida en Viena el verano anterior, Jorge hacía por fin su debut en la selección. El rival, Perú. Su selección, la extremeña.

Después del descenso con el Villanovense, Troiteiro ha decidido seguir cerca de casa y en Segunda B, y ha fichado por el Extremadura UD, secuela de aquel que llegó a Primera en los 90. Quizá el volver a vestir de azulgrana devuelva a Jorge Troiteiro el fútbol que se dejó por el camino.

jueves, 24 de junio de 2010

Los Jomeini del toque

Por Rocheteau
Si hubiese escrito este artículo tras el partido ante Suiza, algunos me acusarían de ventajista. Tras el de Honduras, de oportunista. Así que lo escribo a pocas horas de jugar contra Chile. NO ME GUSTA EL TIQUI-TACA. O, mejor dicho, es el peor estilo para un Mundial: multiplicas los riesgos, tiende a un barroquismo ineficaz y, salvo en contadas ocasiones, es el mejor modo de cavar la tumba de un equipo. ¿Que cuando funciona es orgásmico? Cuestión de afinidad: en clase de Historia siempre me cayó mejor Esparta que Atenas.

España tuvo un 74% de posesión contra Suiza. De media en los dos primeros encuentros, un 66%. Una burrada. Balance: una derrota y una victoria tristona. Axioma n.1: tener el balón no significa ganar, y menos aún crear peligro. Las dos ocasiones de Suiza fueron más claras que las de España, pese a los tropecientosmil tiros que la prensa blandía como prueba de la verdad suprema.

El otro día me topé con un titular en la portada de La Gazzetta dello Sport que decía: “¿La posesión del balón es eficaz? Antídoto al modelo Barça. El efecto Mou en Sudáfrica”. La teoría italiana puede estar equivocada, pero plantea argumentos objetivos: “El porcentaje de posesión cuenta una parte de la verdad, pero no dice a qué velocidad corría el balón”.

Es decir, que tiene poco mérito tener el balón cuando el rival te lo cede. Es más, ni siquiera lo persigue. Y, por tanto, no se cansa. Brasil tuvo un 72% frente a corea del Norte en el primer partido. ¿Jogo Bonito? No. Victoria 2-1 y justita. El diario italiano lo explica con un adjetivo delicioso: “El toque de los brasileños es menos jomeinista que el de los españoles”.

Dice la Gazzetta: El tiqui-taca “es un mecanismo complejo y frágil. Necesita premeditación, velocidad, brillantez y jugadores adecuados. Si falla uno de estos elementos, la máquina se gripa y se convierte en un laborioso y barroco monumento a la impotencia”. La única rapidez de España la han puesto Villa y Torres, y ha sido criticada por sacrílega, como si quebrase los mandamientos de la Torah de Luis Aragonés.

Porque algo de religioso hay en todo esto. En España se ha establecido como una extraña supremacía moral del tiqui-taca: teoría angelical según la cual este estilo entronca con todos el bien universal de Aristóteles, el 0,7% para África, pasando por la lucha de los Jedi, los federales en la guerra de Secesión y, claro, Barack Obama, que si jugase al fútbol sería un mediocentro del Barça y criado en La Masía..

Es como si Kárpov hubiese declarado tras perder el título ante Kasparov que su apertura era mucho más arriesgada que la del ogro de Bakú. Ignoro como se dice gilipichis en ruso, pero la prensa le habría dicho: “Anatoli, macho, pues cubre tu rey y déjate de milongas”, suponiendo que se diga “milongas” en ruso.

Contraataque y buenas noches

Dice el poeta, entre toques de arpa, que cuando tienes la pelota te defiendes porque el rival carece de ella y que jugar bien es el mejor modo de llegar a la victoria. Responde Carlo Ancelotti, el entrenador menos italiano de los entrenadores italianos: “Mentira. La posesión de balón tiene sentido sólo si se culmina, o sea, si sirve para crear espacios, hueco por los costados o liberar para el disparo. Si no, es arriesgadísima. En cuanto el enemigo corta tu aburrido (y algo presuntuoso) toqueteo, se van directos al contraataque y buenas noches a tu idea”. Vamos, que el toque sirve si juegas más o menos como Chile.

Pensaréis que, claro, qué se puede esperar de un diario italiano. El caso es que, el otro día, Mazinho escribía esto en El País, refiriéndose a la Brasil del odiado Dunga: “Hay equipos que sedefienden bien, pero atacan peor; otros son buenos moviendo la pelota, pero tienen errores atrás y lo pagan. Brasil se ha planteado ser buena en las dos áreas”. ¿No suena eso a fútbol total?

Y algunos objetarán que Mazinho era un mediocentro defensivo. Como Dunga. Resulta que el martes 22, leía en L’Équipe una crítica similar a la flacidez pendular de España: "Los dos partidos dejan la impresión de que España se ensimisma a veces en un juego de pases que gira sobre sí mismo. La frontera es estrecha entre la elaboración de un remolino frenético que desorienta al adversario y esta manera de ronronear y, a menudo, de mirarse jugar. Ayer fue tan fácil que España se quedó en lo fácil. Habrá que ser menos condescendientes para llegar hasta el final". Pero hay quien dirá que los franceses nos tienen siempre inquina.

Hete aquí que el hombre que más magia ha destilado con / y sin una pelota, Diego Armando Maradona, decía esto en una charla con Olé: “Si los arcos están de costado, España hubiese ganado 10 a 1. Porque la tienen, la tienen, la tienen, pero cuando van a atacar...”

Lo que no quita, por supuesto, para que todos, menos España, estemos equivocados. Como suele ser habitual...

jueves, 4 de marzo de 2010

Olés, existencialismo y porros en el Stade

Por Halftown
Por mucho que lo pinten, no es el Stade de France un estadio especial. Para empezar, porque sólo tiene doce años de historia, y para seguir porque la Historia sólo recuerda un partido allí disputado. Su mitología se resume en una gran victoria francesa, y una mano infame que valió una clasificación mundialista.

Aún así, hay que reconocer que la afición francesa, fría por naturaleza, respondió llenando prácticamente el estadio anoche. Agotados el ciclo de bonanza de su fútbol, la arrogancia natural del francés se transmuta en ironía cuando se habla del équipe de France actual.
Se respiraba apatía incluso antes de empezar el partido: los franceses salieron a calentar diez minutos después que la Selección. Cuando por fin aparecieron fue para hacer todo tipo de ejercicios físicos a palo seco, mientras los de Del Bosque afinaban su tiki-taka haciendo correr el Jabulani.

A pie de campo, paneles digitales alternaban publicidad de jamones España, de Teka y de la candidatura de España y Portugal para el Mundial 2018-2022, estos últimos realizados en esa tipografía tan creativamente bochornosa que es la Comic Sans. En los videomarcadores, un dibujo animado montaba un karaoke en el que pedía a la afición repetir mecánicamente el allez les bleus.

Cuando llegó el momento de anunciar los onces, descubrimos que Del Bosque reservaba a Xavi y a... Fernando José Torres. Juro que así lo anunciaron el speaker y el videomarcador.


Hablando del speaker, cuando se trata de fútbol de selecciones en Francia, no hay ni una ocasión en la que no se recuerde el Mundial del 98. Anoche no podía ser una excepción, y el hombre del micro aludió a la inauguración del Stade de France contra España, 1-0 gol de Zidane. Parecía que habían pasado mil años desde entonces: la Francia multicultural se ha convertido en una macedonia que juega al ralentí, y el 10 de la selección es suplente y se llama Govou. Anoche en St Denis, la ilusión era tan poca y la apatía era tan contagiosa, que ni siquiera La Marsellesa sonó con su fuerza habitual.

El final de la generación del 98

Mientras los de azul -ayer visitantes- movían la pelota y los bleus –ayer de blanco- la perseguían, los españoles en el campo se arrancaron con un crescendo de olés. Los aficionados franceses ignoraban al muñeco que les pedía aliento para los suyos. Un francés se levantó y reclamó orgullo a los suyos. Otro se encendió un porro. Alguno se sumaba a los olés españoles.

En la segunda parte España levantó el pie, y el Stade de France organizó un plebiscito sobre el responsable de la catástrofe, el hombre que ha logrado lo que ni siquiera George W. Bush consiguió: caer mal a todo un país. Domenech démission clamaba el estadio. El seleccionador galo, en otra exhibición de la inteligencia emocional que le caracteriza, quitó al último superviviente del 98, Henry, ante el abucheo general. A falta de 15 minutos tiró de populismo dando entrada a Cissé: recibió una ovación llena de sorna. La guinda del pastel fue dejar calentando a dos jugadores franceses hasta el pitido final.

Del Bosque, en cambio, sacó su mano izquierda a relucir: empezó el partido con cuatro jugadores del Madrid y cuatro del Barça, y acabó con tres y tres sobre el césped.

Sartre decía que el ser humano está condenado a ser libre. El equipo francés está condenado a hacer el ridículo en un Mundial en el que no merecían estar. Alea jacta est, Raymond Domenech.

domingo, 12 de julio de 2009

Bonello, cuando 12 goles duelen menos que un anuncio


Por Nunn
El tipo era el menos piernas de un equipo de piernas. El año anterior lo había intentado profesionalmente en un Segunda División alemana, pero se había vuelto a Malta a intentar relanzar su carrera. Era complicado: su selección jugaba la fase de clasificación para la Europa del 84 y en su visita a la isla, Irlanda denunció que el césped era impracticable no por seco, sino porque estaba lleno de cristales. ¿Hacían botellón los malteses donde se supone que su equipo nacional debía defender el honor del fútbol patrio? Puede. En cualquier caso, así era jodido ganar a España. Y poco podía hacer John Bonello, portero de la selección de Malta, el menos piernas de todos ellos..

Aun así, en la ida de aquella fase casi lo consiguen: fueron ganando 2-1, pero terminaron perdiendo 2-3 contra los de Miguel Muñoz. Pasados los meses llegó la vuelta. Malta venía de perder pocos días antes 5-0 con Holanda, el equipo que se jugaba la plaza para la Euro de Francia con España. Los naranjas lo dejaron hecho: España tenía que ganar por 11.

La historia la conocemos todos, porque antes de que la selección ganase cosas de veradd, teníamos el 12 a 1 a Malta. Bueno, hay detalles que se han perdido: que a Gordillo le anularon el gol 13 siendo legal; que Señor, el del ‘gol-de-Señor’, había fallado un penalti en la primera parte; que tras el primer gol de España, los dos equipos casi se lían a puñetazos porque los malteses no querían soltar el balón… Y Holanda, eliminada.

El pobre Bonello ya se vio asediado por los periodistas al llegar a Sevilla antes del partido, porque decían que estaba comprado... por Holanda. El tiempo demostró que no, ni tampoco por España, como muchos sospecharon. La Federación maltesa encargó una investigación y nunca halló nada. También se dijo que tras el partido, se retiró del fútbol y que fue un apestado en el país: tanto no sería, pues siguió con su carrera y hoy es el entrenador de porteros de la Federación.

Si bien la crónica del Malta Today de aquel encuentro decía que era “lo peor en la historia del fútbol maltés” y pedía que el equipo “reconsidere retirarse de las próximas competiciones”, tampoco hay que dejar de lado que entrenaban en un campo en el que hacían botellón. Que un día malo, aquello pudo pasar. Y el recuerdo se enterró, como el libro plagiado de Ana Rosa o Remedios Amaya, toda ella.

Pero entonces llegó el anuncio…

Habían pasado casi 23 años (hablamos de 2006) cuando Amstel, cervecera holandesa (qué ironía), tuvo la feliz idea de contratar a John Bonello para hacer uno de sus anuncios freaks: Amigo Mío Sólo Tú Eres Leyenda, era el acrónimo. Y sí, era leyenda.

Otra cosa es la puta gracia que le hizo a los malteses. Lógico. El anuncio buscaba al amigo perfecto, y ése era Bonello, que aparecía en el salón de su supuesta casa, vestido de portero de la época y con la camiseta de España enmarcada y colgada de la pared. “Nunca un solo hombre nos había unido tanto”, decía la voz en off, antes de pasear a Bonello por la Gran Vía en un descapotable, donde todo el país lo aclamaba y le inauguraban una calle con su nombre. Al final, el portero decía a cámara: “Amstel, la amistad sale de dentro”, en robótico castellano.
Con mala leche

Preguntado sobre el anuncio por un periodista del Malta Today a su regreso a casa, Bonello se pone a la defensiva. “Eres un poco maleducado, ¿no?”, le llega a decir cuando le pregunta cuánto ha cobrado por vender el orgullo patrio. En el artículo, Bonello defiende que el anuncio no pretende reírse del fútbol maltés ni hacer chanza del momento más duro de su historia. “No creo que sea un anuncio sarcástico. Simplemente es un anuncio de cerveza. Que el resultado fue humillante está claro. Es historia. Pero el mensaje es que los españoles estuvieron unidos en aquel partido. Quien piense que hacer ese anuncio es humillante simplemente es un ignorante. Me eligieron como deportista, no por ese partido”, llega a decir Bonello, muy posiblemente sin ruborizarse.

El periodista se va calentando, claro, ante lo que oye. Y Bonello, cada vez más a la defensiva: “Estoy orgulloso de ese anuncio. ¿Sabes que Amstel es propiedad de Heineken? Eso deberías escribir: que un maltés ha sido homenajeado y que se abren muchas oportunidades para mí”, dice. Y el periodista que transcribe las declaraciones del presidente de la Federación maltesa de la época (“está claro que el anuncio va con mala leche”, dice) y las de otro periodista, hermano de uno de los jugadores que estaban en aquel partido: “Si Bonello es amigo de los españoles, desde luego no es mi amigo”.

Y el artículo es duro, de un periodista herido porque cree que Bonello se ha reído de un país que no se quiere, y define a Bonello como el “rey sin corona de los malteses que se autodesprecian”. Uno se puede imaginar al cronista, rojo de ira, aporreando el teclado y yéndose suavecito a casa después de volcarse en el ordenador.

Suponiendo que el Malta Today no debe de tener mucha competencia, da la sensación de que todo dios leyó aquello. Y eso tiene que doler. Más que 12 goles, apostaría.

jueves, 11 de junio de 2009

El último gol de Mandela

Por Sebastián Dulbeca

"A finales de los 70 no sólo había mejorado mucho la calidad de la comida, la ropa y las camas con respecto a 1964, no sólo se habían terminado la recogida de algas y los trabajos forzosos en la cantera, sino que se habían añadido todo tipo de lujos inimaginables. Los presos podían ver películas, oír la radio en un sistema de altavoces por todas las instalaciones y, lo mejor de todo, hacer deporte. Incluido el tenis, curiosamente. También el fútbol, el pasatiempo favorito de la Sudáfrica negra. A insistencia de las autoridades, se añadió a la lista el rugby...". (El factor humano, John Carlin, Ed. Seix Barral, 2009).

Nelson Mandela pasó 18 de sus 27 años de reclusión en Robben Island planeando cómo sustituir el apartheid por una democracia no racial, y nunca descreyó de la capacidad del deporte para transformar el mundo.

Boxeador aficionado y fanático de la forma física (ha corrido una hora cada mañana desde que era un joven abogado libre), el prisionero 46664 supo casi desde su ingreso en aquel Alcatraz para presos políticos que desactivar el régimen segregacionista más vigoroso desde el III Reich pasaba por lograr preservar su dignidad y dirigir la lucha hacia el ámbito de lo irreprimible, de lo sentimental.

"No hay que apelar a la razón, sino a sus corazones", es el eslogan que perdura de una revolución -la pacífica transferencia de poder de la minoría blanca a la mayoría negra- rubricada simbólicamente por la victoria de la selección local de rugby (los Springboks) en la final de su Copa del Mundo, en 1995, sobre los All Blacks de Jonah Lomu.

Aquel partido salvó a una nación, precisa en un recomendable libro John Carlin, corresponsal en Sudáfrica entre 1989 y 1995 y amigo personal de Madiba. Fue la primera vez en la historia del país austral que el color de la piel quedó diluido, mezclado, intercambiado ante un acontecimiento de interés general.

La euforia acalló los tambores de guerra civil que hacían sonar nostálgicos y agoreros (más del bando afrikaner que del procedente de los suburbios). Social, cultural e incluso económicamente, Sudáfrica ha progresando tanto desde entonces que ya es la indiscutible potencia del continente.

Quién sabe si la FIFA estaba pensando en ese ejemplarizante acontecimiento o en las pecuniarias posibilidades de explotación de un evento planetario cuando le concedió la organización del Mundial 2010: el primero que se celebrará en suelo africano. Lo que sí parece evidente es que, con 91 años y alejado de las decisiones de Estado desde 1999, se antoja el mejor y más popular homenaje (nada del concierto al uso en Hyde Park) en vida a la leyenda Mandela. Un nuevo tributo balompédico a quien, también en casa, levantó por sorpresa la Copa de África de Naciones en 1996.


Si el venerable ex presidente es mucho, poco o nada futbolero lo saben mejor que nadie Carlin y el entrenador argentino Ángel Cappa. Éste tuvo oportunidad de comprobarlo en 2005, cuando dirigía al Mamelodi Sundowns, el Atlético de Madrid local, al que condujo al triunfo en la Charity Cup y al tercer puesto liguero. "No diría que es un auténtico forofo, pero sí que le gusta el deporte en general", comenta vía telefónica el periodista de El País, que acaba de estar sobre el terreno con Michael Robinson a un año del inicio de la competición. Coincide Cappa: "Siempre aparece con gran orgullo compartiendo los logros de cualquier deporte de su país".

La Santísima Transición

Mandela, hombre-puente, personifica el paso del triunfo deportivo de la Sudáfrica blanca (rugby) al de la negra (fútbol) y la posterior integración. Carlin ofrece una anécdota al respecto: "En la final que los Bafana Bafana ganaron en 1996 todo salió bien, pero para llegar hasta allí habían tenido que vencer a Ghana en semifinales. Mandela sabía de la dificultad de ese partido, así que antes del mismo bajó al vestuario, en una escena muy similar a que había protagonizado un año antes durante el Mundial de rugby. Allí se dirigió a los jugadores y los iluminó con su particular carisma. Cuando se iba a marchar, se giró y les dijo solemnemente: 'Mis hijos, dejo el país en vuestras manos'. Sudáfrica ganó contra todo pronóstico 3-0. En la final volvió a imponerse, esta vez a Túnez, 2-0".

Aquella brillante generación acaudillada por el jugador del Leeds Lucas Radebe (el grupo británico Kaiser Chiefs adoptó el nombre del club de procedencia de su capitán) y el inefable Doctor Khumalo apenas encuentra correspondencia en la selección que tiene ante sí el desafío de representar con dignidad al 16% de la población mundial (repartida en los 53 países comprendidos entre el Estrecho y el Cabo de Buena Esperanza) en su propio territorio.

Así ha quedado de manifiesto en la convocatoria de la inminente Copa Confederaciones, sin un mal McCarthy que echarse a la boca. Habrá que conformarse con Pienaar (casualidades: idéntico apellido al del capitán Springbok triunfante en el 95)...

"El temor de cara a 2010 es no estar a la altura. La gente ve difícil pasar a segunda ronda", expone Carlin, quien se muestra más preocupado por la seguridad. "Que se produzcan incidentes relacionados con la delincuencia durante el campeonato puede afectar a la imagen de un país que tiene un tremendo dinamismo".

Are we human or are we dancers?

Será curioso, sugiere el hombre que ha conseguido embarcar a Clint Eastwood y Morgan Freeman en una película basada en El factor humano, ver el contraste con la China de los últimos JJOO. "Todo el mundo se comportaba como en una coreografía mecánica. Tampoco será como en los también anglos EEUU, donde todo parecía marciano a ojos de la gente. En Sudáfrica habra una participación masiva, ebullición, júbilo".

Ángel Cappa, entrenador revelación con Huracán en el actual Clausura, comenta que aún le conmueve evocar el trayecto de su antiguo equipo en autobús hasta el estadio. "Entonaban dentro del vestuario e incluso al salir al campo canciones espirituales en las que se animaban entre todos. Se unían en oración, abrazados, y también me incluían a mí. Recuerdo que los aficionados acudían a los partidos disfrazados y, muchos de ellos, con trompetas y otros instrumentos musicales que no dejaban de tocar en todo el partido".

El antiguo inquilino de los banquillos de Real Madrid, Tenerife, Racing de Avellaneda y Atlante guarda un recuerdo vivificante de su temporada en Pretoria. Llegó a la capital administrativa a propuesta de un amigo argentino, Óscar Fullone, "el técnico más laureado en África con más de 25 títulos", que trabajaba entonces para el Mamelodi. "No lo dudé. Viajé en Navidad tres días para tantear y el 2 de enero aterricé de nuevo en Johannesburgo. Me pareció muy seductor el reto de ir a un país y a un fútbol de los que tenía un conocimiento superficial y lleno de tópicos".

Fue recibido "con respeto y expectación", descubrió unas infraestructuras de categoría amateur ("en oposición a las del rugby y cricket; eso en lo deportivo, porque luego la red de autopistas, aeropuertos, hoteles... es excelente") y se sorprendió del "buen nivel técnico". "Algunos jugadores superaban la media de calidad de Argentina y España". En contra de lo que pueda pensarse, Cappa habla de sincronización con balón de por medio. "Demuestran respeto e interés por el fútbol europeo y sudamericano".

'Estudioestadioadictos'

"No te preocupes, que si vas de vacaciones no te perderás el Barça-Villarreal"
, bromea Carlin. "Liga y Premier se siguen con mucha atención a través del satélite y el cable. Puedes encontrar gente analfabeta tan superalfabetizada en cuestiones de fútbol como en el Bernabéu o en Old Trafford. No te quepa duda de que un fuerte contingente de población irá en el Mundial con España, porque su juego gusta".

El reportero lamenta que los seleccionados por Joel Santana en el torneo local no atraigan más público a los estadios. "Si el equipo nacional fuera más fuerte, tendría mayor seguimiento, como ocurre con el rugby. El problema es arrastrar blancos al fútbol. Ellos prefieren verlo por la tele".

Con alivio respira al dejar por fin en el olvido los años de mayor infamia en los que había una Primera División sólo para jugadores blancos y otra exclusivamente para negros. "Todo se hacía en paralelo, fuera en la vida deportiva o en la social. La liga de los negros congregaba a más gente y ofrecía momentos muchísimos más vibrantes. Cuando Mandela salió de la cárcel se produjo la fusión de ambas".

Para entonces Carlin había obrado un milagro: encontrarle algo bueno al apartheid. "Estuve con 50.000 personas en un estadio en el que era el único blanco y puedo decir que fue fantástico".

domingo, 3 de mayo de 2009

'No kangaroos in Austria', sólo tarta y besos

Por Pedro Sousa
Enviado especial
De Austria recordaba el 9-0 que le metió España en Mestalla, los conciertos de música clásica de Año Nuevo, el piñazo que se metió Jörg Haider con su Mercedes el 11 de octubre del año pasado y alguna banderola pegada en los coches (líneas rectas, por favor, tipo Volvo) de los austriacos playeros que visitan España.

Me intrigaba saber cómo sería un país lleno de austriacos playeros, el mismo país en el que España tocó la gloria y yo pude verlo en mi casa. Se nota que no ganaron ellos. Las empresas, las galerías, los aparcamientos, las calles periféricas... parece que han cerrado o están a punto de hacerlo. Puede pasar una hora sin que entre nadie a un supermercado y es fácil ver calles de 300 metros sin un solo bajo comercial. En todo esto encuentro gran parecido con el Berlín de hace cuatro años. De hecho, las referencias entre ambas ciudades son constantes.

Puede que Viena y Austria tengan un problema de identidad. Así, por encima, Austria parece un país perfectamente anexionable. Cierto que las calles del centro están más animadas, la comida no es tan cara (o en España lo es demasiado) y algunos pubs se ponen hasta arriba de gente bebiendo cerveza. Los austriacos son serios y no les gusta mucho la gente de fuera. Hablan bajo o no hablan. Un andén del metro en silencio, un aeropuerto callado. Camisetas con el lema No kangaroos in Austria triunfan entre el turisteo, copado por japoneses, italianos y alemanes.

Sorprende que se haya puesto de moda el mismo perfume entre los autóctonos, notas intensas, agradables emanaciones tirando a amargas, precisas, pero saturan cuando en un par de días adviertes que todos los vieneses, niños, mujeres y hombres, se rocían el cuello con la misma pócima.

Hay un lado muy bueno, interesante. Puedes ver la Stephansdom, aunque si te vas de Viena sin verla tampoco ocurre nada. Puedes ver el Hofburg, el Belvedere, el Palacio de Schombrüm, la Staatopera, el Museo de Bellas Artes o montarte en la noria de El Tercer Hombre y sentirte Harry Lime por unos instantes (featuring John Wyatt).

Pero si tuviera que escoger un monumento no sabría con cuál quedarme. No hay que tirar monedas a una fuente de mármol ni subir en ascensor a lo más alto de una torre de acero. Los únicos tópicos de Viena son la sachertorte (tarta de chocolate) y El Beso de Gustav Klimt, y con ambos puedes deleitarte sin sufrir ningún colapso.

Para los españoles hay otro tópico desde junio y tiene nombre de jugador austriaco: Ernst Franz Hermann Happel. Y ahí no vale nada de lo de arriba, porque el Ernst Happel está en el Prater de Viena pero podría estar en cualquier otro rincón de Europa. El campo asoma perdido en un mar de bosques y praderas regadas por el Danubio. Un óvalo resplandeciente con estructuras de acero en lo alto que huele a césped y ha comenzado a segregar historia. El ejemplo de cómo un gol puede convertir un conglomerado de hormigones y hierros en templo.

Por algún sitio estarán grabados un 0-0 con penaltis, un 3-0 y un 1-0 con copa. Ahora sólo hay silencio. El Ernst Happel respira convertido en monumento, ahí, anclado en la historia del fútbol y con el contador sumando años. A dos horas de peregrinaje del centro del Viena, aunque haya una línea de metro que llegue hasta la misma puerta. No hay alergia al polen que te pare. No ladran los perros. No hay alemanes mirando. Hasta aquí, señores, hay que llegar caminando.